Espíritu Santo

Conociendo al Espíritu Santo

Que Es Transfiguracion En La Biblia?

Que Es Transfiguracion En La Biblia
Importancia – La transfiguración es uno de los milagros de Jesús en los Evangelios. ​ ​ ​ Este milagro es único entre otros que aparecen en los evangelios canónicos, en tanto el milagro le sucede a Jesús mismo. ​ Tomás de Aquino consideraba que la transfiguración era ‘el mayor milagro’ en el sentido de que complementaba el bautismo y mostraba la perfección de la vida en el Cielo,

​ La transfiguración es uno de los cinco hitos principales en la narrativa del evangelio de la vida de Jesús, siendo los otros su bautismo, crucifixión, resurrección y ascensión, ​ ​ En 2002, el papa Juan Pablo II introdujo los Misterios Luminosos en el rosario, que incluyen la transfiguración. En las enseñanzas cristianas, la transfiguración es un momento crucial, y el entorno en la montaña se presenta como el punto donde la naturaleza humana se encuentra con Dios: el lugar de encuentro de lo temporal y lo eterno, con Jesús mismo como punto de conexión, actuando como puente entre el cielo y la tierra.

​ Además, los cristianos consideran que la transfiguración cumple una profecía mesiánica del Antiguo Testamento según la cual Elías regresaría nuevamente después de su ascensión ( Malaquías 4: 5-6). Gardner (2015, p.218) afirma que: El último de los profetas escritores, Malaquías, prometió el regreso de Elías para mantener la esperanza del arrepentimiento antes del juicio ( Mal.4: 5-6 ),

  1. El mismo Elías reaparecería en la Transfiguración.
  2. Allí aparecería junto a Moisés como un representante de todos los profetas que esperaban la venida del Mesías ( Mateo 17: 2–9; Marcos 9: 2–10; Lucas 9: 28–36 ).
  3. El sacrificio redentor de Cristo fue el propósito para el cual Elías había ministrado mientras estaba en la tierra,

Y fue la meta sobre la cual Elías le habló a Jesús durante la Transfiguración.
Importancia – La transfiguración es uno de los milagros de Jesús en los Evangelios. ​ ​ ​ Este milagro es único entre otros que aparecen en los evangelios canónicos, en tanto el milagro le sucede a Jesús mismo. ​ Tomás de Aquino consideraba que la transfiguración era ‘el mayor milagro’ en el sentido de que complementaba el bautismo y mostraba la perfección de la vida en el Cielo,

​ La transfiguración es uno de los cinco hitos principales en la narrativa del evangelio de la vida de Jesús, siendo los otros su bautismo, crucifixión, resurrección y ascensión, ​ ​ En 2002, el papa Juan Pablo II introdujo los Misterios Luminosos en el rosario, que incluyen la transfiguración. En las enseñanzas cristianas, la transfiguración es un momento crucial, y el entorno en la montaña se presenta como el punto donde la naturaleza humana se encuentra con Dios: el lugar de encuentro de lo temporal y lo eterno, con Jesús mismo como punto de conexión, actuando como puente entre el cielo y la tierra.

​ Además, los cristianos consideran que la transfiguración cumple una profecía mesiánica del Antiguo Testamento según la cual Elías regresaría nuevamente después de su ascensión ( Malaquías 4: 5-6). Gardner (2015, p.218) afirma que: El último de los profetas escritores, Malaquías, prometió el regreso de Elías para mantener la esperanza del arrepentimiento antes del juicio ( Mal.4: 5-6 ),

El mismo Elías reaparecería en la Transfiguración. Allí aparecería junto a Moisés como un representante de todos los profetas que esperaban la venida del Mesías ( Mateo 17: 2–9; Marcos 9: 2–10; Lucas 9: 28–36 ). El sacrificio redentor de Cristo fue el propósito para el cual Elías había ministrado mientras estaba en la tierra,

Y fue la meta sobre la cual Elías le habló a Jesús durante la Transfiguración.

¿Qué significado tiene la palabra transfiguración?

Descripción –

Este artículo o sección necesita referencias que aparezcan en una publicación acreditada, Este aviso fue puesto el 18 de febrero de 2013.

Lo que se entiende por transmigración es un cambio de estado o de nivel de referencia que excluye por definición la idea de un retorno a un estado o nivel que ya ha sido pasado. La transmigración del Atman ‘individual’ (el alma) sólo puede corresponder a un caso particular de la transmigración del Paramatman (el Espíritu, el Brahman ), para cual, no obstante, puede probarse deseable emplear algún término tal como ‘peregrinación’.

  • ​ La transmigración es algo así como el viaje que realiza el Espíritu a través de las diversas formas de vida a las que anima momentáneamente, mientras dura su vida, para luego retirarse sin sufrir cambio alguno.
  • Es el Espíritu, quien alimenta la chispa divina de la vida que está ubicada en el ventrículo más recóndito del corazón o guhâ (refiriéndose al centro del ser individual, tradicionalmente simbolizado por este).

Se confunde frecuentemente con la metempsicosis, diferenciándose de esta en que involucra al ser real y no sólo la herencia directa o indirecta de las características psicofísicas del difunto. ​ También se le confunde constantemente con la reencarnación, llegando a considerase sinónimos, siendo la transmigración el paso del ser a otros estados de existencia, que están definidos por condiciones enteramente diferentes de aquellas a las cuales está sometida la individualidad humana (con la sola restricción de que, mientras se trate de estados individuales, el ser está revestido siempre de una forma, lo que no podría dar lugar a ninguna representación espacial, más o menos modelada sobre la de la forma corporal); quien dice transmigración dice esencialmente cambio de estado, ​ en cambio en la reencarnación se vuelve al mismo estado humano, no así en la creencia sobre la metempsicosis, donde se puede encarnar en minerales, vegetales o animales.

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¿Que nos enseña la Transfiguración?

El mensaje de la Transfiguración de Jesús nos ofrece motivaciones de fondo para este propósito, enfatizando la necesidad de sembrar semillas de nueva humanidad, de compasión y generosidad, de justicia e inclusión.

¿Cuál fue el motivo de la Transfiguración de Jesús?

LOS Evangelios pasan por alto la semana subsiguiente a los acontecimientos que acabamos de referir. Podemos suponer, sin peligro de equivocarnos, que se dedicó el tiempo, en parte por lo menos a instruir a los Doce con respecto al inminente cumplimiento de la misión del Salvador sobre la tierra, cuyas circunstancias espantosas los apóstoles difícilmente creían posibles de llevarse a efecto.

Pasada la semana, a Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a Juan, b y con ellos ascendió a una alta montaña, donde podrían estar razonablemente seguros de no hallar interrupción humana. c Allí los tres apóstoles presenciaron una manifestación celestial que no tiene paralelo en la historia. Se conoce en los anales bíblicos como la Transfiguración de Cristo.

d Una de las razones porque el Señor se apartó fue para orar, y esta transcendental investidura de gloria vino sobre El mientras oraba. Los apóstoles se habían quedado dormidos, pero el refulgente resplandor de la escena los despertó, y contemplaron con temor reverente a su Señor glorificado.

  • La apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente.’ Aunque eran de materia terrenal, ‘sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve, tanto que ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos’; ‘y resplandeció su rostro como el sol’.
  • Así fue como Jesús se transfiguró delante de los tres testigos privilegiados.

Lo acompañaban y conversaban con el Señor otros dos personajes, también en un estado de esplendor glorioso. Los apóstoles se enteraron, por medios que no nos son revelados, probablemente a través de la conversación que estaban sosteniendo, que estas dos personas eran Moisés y Elías el Profeta; y el tema de su conferencia con Cristo se refería a ‘su partida, que iba Jesús a cumplir en Jerusalén’.

Cuando estaban para apartarse los profetas visitantes, ‘Pedro dijo a Jesús: Maestro, bueno es para nosotros que estemos aquí; y hagamos tres enramadas, una para ti, una para Moisés, y una para Elías, no sabiendo lo que decía’. Indudablemente Pedro y sus compañeros estaban turbados, ‘espantados’ en extremo; y quizá a esto se deba la sugerencia de hacer tres enramadas.

Pedro ‘no sabía lo que hablaba’; sin embargo, aunque sus palabras parecen ser confusas y obscuras, se aclaran un poco si recordamos que en la fiesta anual de los Tabernáculos, se acostumbraba erigir un pequeña enramada para cada adorador individual, dentro de la cual podía apartarse y entregarse a su devoción.

El objeto de la proposición de Pedro parece haber sido la de demorar la partida de los visitantes. La sublime y pavorosa solemnidad de la ocasión no había llegado aún a su punto culminante. Mientras Pedro hablaba, ‘una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo Amado, en quien tengo complacencia; a él oíd’.

Era Elohim, e el Padre Eterno, que hablaba; y al escuchar esa voz de Majestad suprema, los apóstoles ‘se postraron sobre sus rostros’. Jesús llegó y los tocó, diciendo: ‘Levantaos, y no temáis’. Cuando alzaron los ojos, vieron que nuevamente estaban a solas con El.

  • La impresión que la anterior manifestación causó en los tres apóstoles habría de ser inolvidable; pero les fue mandado expresamente que a nadie hablaran de ello sino hasta después que el Salvador hubiese resucitado de los muertos.
  • Estaban confundidos por el significado de lo que el Señor había dicho acerca de su próxima resurreción de los muertos.

Habían escuchado llenos de tristeza, y ahora, contra su voluntad, estaban llegando a comprender la terrible certeza de que su querido Maestro tendría que ‘padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto’.

  • F Esto les había sido declarado previamente sin ambigüedad, con palabras que no podían prestarse a ninguna interpretación figurada; y con igual claridad se les dijo que Jesús se levantaría de nuevo; pero de este acontecimiento sólo tenían una comprensión nebulosa.
  • La reiteración actual de estas enseñanzas no parece haber dado a los tres un entendimiento más claro de la resurrección de su Señor de entre los muertos, que el que habían tenido antes.
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Parece que ningún concepto definitivo tenían de lo que significaba la resurrección, pues leemos: ‘Y guardaron la palabra entre sí, discutiendo qué sería aquello de resucitar de los muertos.’ g El carácter definitivo del mandato del Señor de que a nadie dijeran lo que había acontecido en el monte sino hasta después que resucitara de los muertos, les impidió que lo comunicaran aun a sus compañeros entre los Doce.

Posteriormente, después que el Señor hubo ascendido a su gloria, Pedro testificó osadamente a la Iglesia concerniente al maravilloso suceso: ‘Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad.

Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia. Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo.’ h Y Juan, confesando reverentemente delante del mundo la divinidad del Verbo, el Hijo de Dios hecho carne a fin de venir a vivir entre los hombres, solemnemente afirmó: ‘Y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.’ i El propósito divino manifestado en la Transfiguración puede ser tan incomprensible para la mente humana como lo es formarse un concepto completo de su esplendor consiguiente cuando se describe verbalmente.

Sin embargo, se destacan ciertos aspectos de los resultados logrados. La manifestación fortaleció y alentó a Jesús. La expectativa de los acontecimientos que inmediatamente lo esperaban, por fuerza debe haber sido deprimente y desalentadora en extremo. Al recorrer fielmente el camino de la obra de su vida, había llegado a la orilla del valle de las sombras de la muerte, y era preciso vigorizar la parte humana de su naturaleza.

Así como al finalizar los angustiosos momentos del ayuno de cuarenta días y la tentación personal de Satanás, j lo ministraron ángeles enviados de lo alto, y en la hora agonizante de su sudor de sangre, nuevamente iba a ser fortalecido por el ministerio de ángeles, k también ahora, en este período crítico y decisivo, el principio del fin, acudieron visitantes del mundo invisible para consolarlo y animarlo.

Los evangelistas del Nuevo Testamento no informan toda la conversación que se llevó a cabo en la entrevista de Jesús con Moisés y Elías el Profeta. La voz de su Padre, cuyo Primogénito El era en el mundo de los espíritus, así como su Unigénito en la carne, fue una confirmación suprema; sin embargo, la voz se dirigió a los tres apóstoles más bien que a Jesús, que, en la ocasión de su bautismo, ya había recibido la aceptación y testimonio del Padre.

La versión más completa de lo que el Padre declaró a Pedro, Santiago y Juan es la que hallamos en S. Mateo: ‘Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd.’ Aparte de la proclamación de la naturaleza divina de su Hijo, las palabras del Padre también fueron categóricas y portentosas.

  • Moisés, promulgador de la ley, y Elías, representante de los profetas—entre quienes especialmente descollaba por la distinción de no haber gustado la muerte l —habían ministrado a Jesús y lo habían obedecido.
  • Con el mandamiento, ‘a él oíd’, se atestiguó el cumplimiento de la ley y la preeminencia del Mesías sobre los profetas.

Se había establecido una dispensación nueva, la del evangelio, respecto de la cual la ley y los profetas sólo habían sido una preparación. Los apóstoles ya no habían de guiarse por Moisés ni Elías el Profeta, sino por El, su Señor, Jesús el Cristo. Los tres apóstoles escogidos, ‘el Hombre de Piedra, y los Hijos del Trueno’ habían visto al Señor en gloria; y se maravillaron de que tal cosa pudiera acontecer en esa época, en vista de que según ellos interpretaban las Escrituras, se había predicho que Elías el Profeta antecedería el advenimiento triunfante del Mesías.

  • Mientras descendían de la montaña, preguntaron al Maestro; m ‘¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?’ Jesús confirmó la profecía de que Elías vendría primero, es decir, antes del advenimiento glorioso del Señor en que estaban pensando.
  • Mas os digo—añadió—que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos.

Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista.’ Antes del nacimiento del Bautista, el ángel Gabriel le anunció a Zacarías que su hijo Juan obraría ‘con el espíritu y el poder de Elias’ en calidad del precursor del Cristo, n y en su memorable tributo a la fidelidad y grandeza del Bautista, Jesús había afirmado que Juan era ese Elías particular.

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El contexto indica que las palabras de Jesús, en la ocasión de referencia ‘y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir’, o por lo general no serían aceptadas inteligiblemente. No fue posible que Jesús haya dado a entender que Juan y Elías el Profeta eran la misma persona; ni el pueblo pudo haber tomado sus palabras en ese sentido, porque los judíos repudiaban la falsa doctrina de la transmigración o reencarnación de los espíritus.

p La aparente dificultad deja de existir si se toma en cuenta que en las Escrituras no se intenta distinguir entre Elías Tisbita q y cualquier otra persona llamada Elías. La declaración de Gabriel, de que Juan, que aún no nacía en ese tiempo, tendría ‘el espíritu y el poder de Elías, indica que el nombre ‘Elías’ es el título de un oficio.

  1. Todo restaurador, precursor o enviado de Dios a preparar el camino para acontecimientos mayores en el plan del evangelio, es un Elías.
  2. De hecho, el apelativo ‘Elías’ es al mismo tiempo un nombre personal y un título.
  3. En la dispensación actual, tanto el antiguo Elías, que perteneció a la época de Abraham—mediante el espíritu de cuyo oficio muchos han ministrado en distintas épocas—así como Elías el Profeta, han aparecido en persona y conferido su autoridad particular y separada a los portadores del santo sacerdocio en los últimos días, y las llaves que ellos ejercieron mientras estuvieron en la tierra existen actualmente en la Iglesia restaurada de Jesucristo.

La autoridad de Elías es menor que la de Elías el Profeta, pues la primera es una de las funciones del orden aarónico o menor del sacerdocio, mientras que la segunda pertenece al sacerdocio mayor o de Melquisedec. La profecía de Malaquías, de que antes del ‘día de Jehová, grande y terrible’, Elías el Profeta vendría a la tierra para ‘volver el corazón de los padres hacia los hijos y el corazón de los hijos hacia los padres’, r no se llevó a efecto en la misión de Juan el Bautista ni en la de ningún otro ‘Elías’; s su cumplimiento total se verificó el día 3 de abril de 1836, cuando Elías el Profeta se apareció en el Templo de Kirtland, Estado de Ohío, y confirió a José Smith y a Oliverio Cowdery las llaves de la autoridad que hasta ese momento él había tenido.

¿Por qué es importante la Transfiguración?

3. Jesús será glorificado, y nosotros junto a Él. – Pero la transfiguración también nos dice algo más. Esta no es la primera vez que los sinópticos registran una voz hablando desde el cielo diciendo: ‘Este es mi Hijo amado en quien me he complacido’. Eso también lo vemos en el bautismo de Jesús (Mt.3:17; Mr.1:11; Lc.3:22).

Aunque las palabras sean prácticamente las mismas, su significado en la transfiguración parece ser diferente. El bautismo señala la muerte de Jesús, su juicio; Dios se complace en su disposición a sufrir el castigo que los pecadores merecen. La transfiguración, en cambio, señala la resurrección de Jesús: es un anticipo de su reivindicación, de su resplandeciente glorificación.

Aunque su muerte pudo haberlo puesto en duda, la resurrección confirmará que Jesús es el Hijo amado de Dios, en quien Él se complace (ver Ro.1:4; Fil.2:5–11). La gloria de Jesús anticipada en la transfiguración no es solo para Jesús. Por la misericordia y la gracia sublime de Dios, nosotros, los que hemos puesto nuestra fe en Cristo, también seremos glorificados.

  • Por último, no podemos dejar de mencionar que la gloria de Jesús anticipada en la transfiguración no es solo para Jesús.
  • Por la misericordia inmensa y la gracia sublime de Dios, nosotros, los que hemos puesto nuestra fe en Cristo, también seremos glorificados.
  • ¿No es eso lo que enseña la Biblia? ‘Así es también la resurrección de los muertos.

Se siembra un cuerpo corruptible, se resucita un cuerpo incorruptible; se siembra en deshonra, se resucita en gloria Así también está escrito: ‘El primer hombre, Adán, fue hecho alma viviente’. El último Adán, espíritu que da vida’, 1 Corintios 15:42–45.

  1. Pero todos nosotros, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu’, 2 Corintios 3:18.
  2. Porque nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también ansiosamente esperamos a un Salvador, el Señor Jesucristo, el cual transformará el cuerpo de nuestro estado de humillación en conformidad al cuerpo de su gloria, por el ejercicio del poder que tiene aun para sujetar todas las cosas a Él mismo’, Filipenses 3:20-21.

La transfiguración nos debe llenar de gozo, ya que en ella vemos nuestra redención, prometida y cumplida, y anticipamos nuestra gloria futura junto a Jesús, nuestro Señor y Salvador. Unidos a Él por medio de la fe, nosotros también somos hijos de Dios, en quienes el Padre se complace.

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