A Que Edad Murio Moises Biblia?

A Que Edad Murio Moises Biblia
Deuteronomio 34

  • 1 Y subió Moisés de los campos de Moab al monte Nebo, a la cumbre del Pisga, que está enfrente de Jericó; y le mostró Jehová toda la tierra de Galaad hasta Dan,
  • 2 y todo Neftalí, y la tierra de Efraín y de Manasés, toda la tierra de Judá hasta el occidental,
  • 3 y la parte, y la llanura y el valle de, ciudad de las palmeras, hasta Zoar.

4 Y le dijo Jehová: Esta es la tierra de la cual a Abraham, a Isaac y a Jacob, diciendo: A tu descendencia la daré. Te he permitido verla con tus ojos, mas no pasarás allá.

  1. 5 Y allí, siervo de Jehová, en la tierra de Moab, conforme a la palabra de Jehová.
  2. 6 Y él lo en el valle, en la tierra de Moab, enfrente de Bet-peor; y ninguno conoce el lugar de hasta hoy.
  3. 7 Y era Moisés de edad de ciento veinte años cuando murió; sus ojos nunca se oscurecieron, ni perdió su vigor.

8 Y lloraron los hijos de Israel a Moisés en los campos de Moab treinta días. Y así se cumplieron los días de llanto y de luto por Moisés.9 Y hijo de Nun estaba lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés había sus manos sobre él; y los hijos de Israel obedecieron e hicieron como Jehová mandó a Moisés.

  • 10 Y nunca más se levantó en Israel como Moisés, a quien Jehová conoció,
  • 11 por todas las señales y prodigios que le envió Jehová a hacer en la tierra de Egipto contra Faraón y todos sus siervos, y contra toda su tierra,
  • 12 y por toda aquella poderosa y por todos los hechos grandiosos y terribles que realizó Moisés ante los ojos de todo Israel.

¿Cuántos años vivió Moisés de la Biblia?

¿Qué significa el número cuarenta en la Biblia? – finanzas.com, del latín tardío «quadragesima», significa 40 días, un número que no fue escogido al azar para este periodo de reflexión que se abre con el miércoles de ceniza y se prolonga hasta la Semana Santa.

Cuarenta fueron los días que pasó Jesús en el desierto antes de iniciar su vida pública, pero ¿por qué precisamente 40? «La referencia básica en la Biblia al número cuarenta son los cuarenta años pasados en el desierto por el pueblo de Israel (no solo por Moisés). También se habla de los cuarenta días que estuvo Elías en el monte Horeb.

Las tentaciones de Jesús aluden a los cuarenta días de éxodo», explica Santiago Guijarro, catedrático de Nuevo Testamento en la Facultad de teología de la Universidad Pontificia de Salamanca.

  • El número 40 aparece en más de cien ocasiones en la Biblia:
  • -Cuando Dios envió el diluvio, «cuarenta días y cuarenta noches estuvo lloviendo sobre la tierra» ()
  • -«Isaac tenía 40 años cuando se casó con Rebeca» (Génesis 25,20). También Esaú cuando contrajo matrimonio con Judit (Gén 26, 34)

-Moisés guió al pueblo de Israel durante 40 años por el desierto hasta la Tierra Prometida y pasó 40 días de oración en el monte Sinaí antes de recibir las Tablas de la Ley (Deuteronomio 9, 9-11). De Moisés reza la Biblia que vivió 120 años (Dt 34,7), una vida que San Esteban dividió en tres etapas (Hch 7, 20-40): 40 años en Egipto, otros 40 como pastor en la tierra de Madián y 40 años de travesía por el desierto. Miércoles de ceniza – EFE

  1. -Los que cometían un exceso y eran castigados no debían recibir «en ningún caso» más de cuarenta azotes «para evitar que aquel compatriota sufra un castigo demasiado duro y se sienta humillado», según el Antiguo Testamento. ()
  2. -Goliat desafió a los israelitas por espacio de 40 días () hasta que fue vencido por David
  3. -David reinó 40 años (1Re 2,11), el mismo tiempo que su antecesor Saúl (Hch 13, 21) y que su hijo Salomón (1Rey 11, 42)
  4. -El profeta Elías pasó 40 días en ayunas en el desierto hasta encontrarse con Dios en el monte Horeb (1Re 19,8)
  5. -Jonás anunció que Nínive sería destruida a los 40 días s(Jon 3,4)
  6. -Jesús fue presentado en el Templo a los 40 días de su nacimiento (Lc 2, 22) tal como mandaba la Ley (Lv 12)

,Cuarenta días pasó Jesús en el desierto () y tras su crucifixión, el tiempo en el que se apareció a sus discípulos fue precisamente de 40 días () antes de la Transfiguración. «Es por tanto un hecho evidente el tener en cuenta el sentido del número 40 que se halla en la base del Antiguo y del Nuevo Testamento.

  1. No se trata de un simbolismo secundario, sino constitutivo», afirmaba el salesiano José Aldazabal Larrañaga en su obra «Celebrar la Cuaresma».
  2. «El sentido bíblico más antiguo es probablemente un tiempo en que Dios ejerce su fuerza amenazadora con vistas a la conversión,
  3. Este sería el sentido principal de los 40 días del diluvio», según Aldazábal, quien señala que «es también el tiempo en que Dios pone a prueba a su pueblo cuando le dice: «Y tienes que acordarte de todo el camino que Jehová tu Dios te hizo andar estos cuarenta años en el desierto, a fin de humillarte, de ponerte a prueba para saber lo que estaba en tu corazón, en cuanto a si guardarías sus mandamientos o no».

«En la Biblia, el número cuatro simboliza el universo material, seguido de ceros significa el tiempo de nuestra vida en la tierra, seguido de pruebas y dificultades », se explica en, Para la Iglesia el número de 40 días siempre ha sido un tiempo de penitencia, marcado por el ayuno.

  • «La duración de la Cuaresma tiene, sin duda, también su origen en los acontecimientos del éxodo», subraya Guijarro antes de relatar cómo «inicialmente reproducía el proceso de los catecúmenos hasta llegar al bautismo, un proceso en el que se reproducía la experiencia de encuentro con Dios vivida por el pueblo en aquellos momentos fundantes».

: ¿Qué significa el número cuarenta en la Biblia? – finanzas.com

¿Cuando murió Moisés de la Biblia?

Moisés

Moisés מֹשֶׁה
Nacimiento Siglo XIV a.C.​ Gosén,​ Antiguo Egipto
Fallecimiento Siglo XIII a.C.​ Monte Nebo
Residencia Egipto, Península del Sinaí y Madián
Religión Judaísmo

¿Dónde habla de la muerte de Moisés?

Yahveh habló a Moisés aquel mismo día y le dijo: «Sube a esa montaña de los Abarim, al monte Nebo que está en el país de Moab, frente a Jericó, y contempla la tierra de Canaán que yo doy en propiedad a los israelitas. En el monte al que vas a subir morirás, e irás a reunirte con los tuyos, como tu hermano Aarón murió en el monte Hor y fue a reunirse con los suyos,

  1. El largo deambular de los israelitas estaba ahora a punto de concluir.
  2. Esa generación malvada que había provocado a Dios mediante la murmuración y la rebelión, alcanzó su final según la amenaza divina, y sus hijos permanecieron junto a las aguas del Jordán, esperando a que llegara el mandato para atravesarlas y expulsar a los cananeos.

La tierra que manaba leche y miel se podía ver perfectamente, la tierra que se había prometido a Jacob, Abraham e Isaac, la misma cuyos descendientes poseerían y para lo cual Egipto había sido arrasada con plagas y una columna mística de fuego y nubes había surcado el desierto.

  1. Fue un momento triunfante de gran entusiasmo: muchos debieron haber contemplado impacientemente el río, lo único que ahora les separaba de su herencia, y debieron anhelar el permiso para franquear esta última barrera y pisar el suelo que a partir de entonces sería suyo.
  2. ¿Y quién si no estaría mucho más emocionado, quién más deseoso de cruzar el Jordán que el gran líder del pueblo a quien se había encomendado librarlos del cautiverio, y que había soportado dócilmente su insolencia e ingratitud durante cuarenta años llenos de peligros y de penalidades? Era la única recompensa terrenal que el capitán de Israel podía recibir, aquella que, siendo un instrumento a la hora de acercar a su nación a la misma linde de su herencia, le permitiera contemplarlos a todos felizmente asentados y disfrutar, a su edad avanzada, del hermoso espectáculo de las doce tribus repartiéndose los campos y los viñedos que sus padres tanto habían añorado.

O, si esto era demasiado, y él debía delegar en aquellos más jóvenes la conducción de Israel a la batalla contra los poseedores de la tierra, podría haber por lo menos contemplado la riqueza de los valles, las colinas soleadas, los arroyos brillantes, y así haberse quedado satisfecho, a través de la experiencia real, de la importancia del legado, pensamiento que tanto le había animado en medio de los miles de peligros y de trabajos agotadores.

Pero aunque después de Moisés no aparecería ningún otro profeta tan honrado y fiel, aunque se le había permitido hablar cara a cara con el Señor y había recibido signos de aprobación divina, que no se concedieron ni antes ni se han otorgado desde entonces a ningún miembro de nuestra raza, Moisés había pecado, y la pena merecida fue que no entraría en la Tierra prometida.

Sus deseos y plegarias más fervientes no pueden hacer nada por conseguir la absolución de la sentencia: sólo puede limitarse a ascender al monte Nebo y desde allí, a vislumbrar una panorámica distante de las extensiones de Canaán, pero no cruzará el Jordán ni plantará sus pies en la tan deseada Palestina.

¡Decreto extraño y aparentemente duro! El pecado en sí mismo no parecía extraordinariamente atroz, pero no se puede escapar a la retribución amenazante, ya que la obediencia prolongada e inamovible no puede hacer nada frente a la ofensa solitaria, y al mediador que en tantas ocasiones ha intercedido con éxito por los miles de israelitas, se le niega la bendición que se atrevió a pedir para sí mismo.

Observad a la congregación reunida: ¿quién duda de que en su vasto seno hay muchos que han contribuido enormemente a la provocación del Todopoderoso y que aportarán a Canaán la impureza de sus corazones y la ingratitud de sus espíritus? Y sin embargo, todos pasarán el Jordán, todos seguirán al arca, repleta de tesoros sacramentales, conforme las aguas se dividen a su paso, rindiendo homenaje al símbolo de la divinidad.

Nadie será dejado atrás salvo aquel que fue el primero de entre los siervos de Dios, que habría sentido la alegría más pura y ofrecido la alabanza más pródiga al penetrar en la tierra que había sido prometida a sus ancestros. Aarón ya había fallecido: este padre del sacerdocio levítico había ofendido a Moisés y, en consecuencia, le fue negado el privilegio de ofrendar el primer sacrificio en Canaán, y así, de consagrar la herencia ante el Señor.

Y ahora Moisés debe también reunirse con los suyos. Se le ha concedido un tiempo mayor que a Aarón puesto que ha sido más recto y más obediente, y se le ha permitido acercarse más a la Tierra prometida, y en verdad, hasta el punto de verla, pero el Señor no olvida su palabra, y ahora por tanto, llega este mensaje sorprendente, «Sube a esta montaña y muere en ella, para reunirte con tu pueblo, de igual modo que tu hermano Aarón murió en el monte Hor y se reunió con su gente».

  • El mandato fue obedecido sin un murmullo.
  • Este hombre de Dios, «cuyo ojo no se había apagado ni se había perdido su vigor», ascendió a la cumbre de Pisga y allí, el Señor, asistiendo milagrosamente su vista, le mostró «la tierra entera: Galaad hasta Dan, todo Neftalí, la tierra de Efraím y de Manasés, toda la tierra de Judá, hasta el mar occidental, el Négueb, la vega del valle de Jericó, ciudad de las palmeras, hasta Soar»,

Una vez hecho esto, su alma espiró en la manos de su Hacedor y «el Señor le enterró en el valle, en el país de Moab, frente a Bet Peor», pero ningún ojo humano vio esta misteriosa disolución, y «nadie hasta hoy ha conocido su tumba», Por consiguiente, consideramos esto una parte muy interesante e instructiva de la historia sagrada que presenta un material inmenso discursivo digno de ser aprovechado.

Nuestro objetivo consiste por tanto en ilustraros con su examen, y pensamos que cuando veáis las verdades, que tendremos que poner ante vosotros y que son únicamente aquellas que os resultan familiares después de tantas veces escucharlas, las encontraréis tan importantes que esto justificará su repetición frecuente.

Será necesario que inspeccionemos el pecado del que se acusa a Moisés, que implicó su exclusión de Canaán. Tras ello, tendremos que tener en cuenta las circunstancias peculiares de su muerte. Existen por tanto dos divisiones generales alrededor de las cuales nuestra temática girará de modo natural.

  • En primer lugar, nos detendremos en por qué Dios se negó a permitir que Moisés pasara el Jordán, y en segundo lugar, pondremos atención a la narración de su ascenso al monte Nebo, y su expiración ante la tierra que no penetraría.
  • Ahora bien, recordaréis que, poco después de que los israelitas salieran de Egipto, estaban afligidos por la falta de agua en el desierto y tan indignados contra Moisés que casi llegaron a lapidarlo.

En esta ocasión, Dios orientó a Moisés para que tomara la vara con la que había ejecutado tales milagros en Egipto y que golpeara la roca en Horeb. Esto hizo y de ella brotó agua en abundancia. Normalmente se acepta que esta roca de Horeb era un componente tipológico de Cristo y que la circunstancia de la roca que no manaba agua hasta que Moisés la golpeó, representaba la importante verdad de que el Mediador debía recibir los golpes de la ley antes de que él pudiera ser la fuente de la Salvación ante un mundo agotado destinado a perecer.

  • Esto es a lo que San Pablo se refiere cuando dice de los judíos, «Y todos bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la misma bebida espiritual que les seguía, y la roca era Cristo»,
  • Parece que las aguas que chorreaban de la roca de Horeb, asistieron a los israelitas durante el tránsito principal de su peregrinaje por el desierto y esto es lo que tenemos que comprender cuando el apóstol afirma que la roca les siguió (la roca en sí misma no les siguió, sino la corriente que brotó de esa roca), una bella representación del hecho de que, si Cristo fue una vez golpeado o una vez sacrificado, una corriente dadora de vida acompañaría constantemente a la Iglesia en el desierto.

No volvemos a leer nada relativo a la escasez de agua hasta casi treinta y siete años después, cuando la generación que había salido de Egipto fue destruida por su descreencia, cuando sus hijos estaban a punto de entrar en Canaán. Es probable que Dios entonces permitiera que fallara el suministro de agua para que los israelitas recordaran que él los mantenía milagrosamente y enseñar, lo que siempre estaban dispuestos a olvidar, su dependencia de la protección del Todopoderoso.

Con toda seguridad necesitaban la lección, puesto que en cuanto vieron que carecían de agua, mostraron la misma falta de fe que sus padres habían manifestado, y en vez de confiar dócilmente en Dios que durante tanto tiempo había cubierto sus necesidades, «se amotinaron contra Moisés y Aarón» y los vilipendiaron cruelmente por haberlos sacado de Egipto.

Se pide a Moisés, como en la ocasión anterior, que tome su vara para extraer agua de la roca. Pero debéis observar cuidadosamente la diferencia entre el mandato que ahora se le da y aquel que recibe en Horeb. En el último caso, Dios le dice claramente, «vete, que allí estaré yo ante ti, sobre la peña en Horeb; golpearás la peña, y saldrá de ella agua para que beba el pueblo»,

Pero en el ejemplo actual la directriz es, «Hablad luego a la peña en presencia de ellos, y ella dará sus aguas», En un caso, se le ordenó expresamente a Moisés que golpeara la roca, en el otro, que sólo la hablara. Y no podemos sino considerar que hubo algo muy significativo en esto. La roca, como hemos supuesto, tipificaba a Cristo, que sería una vez golpeado por la vara de la ley, pero sólo una vez, viendo que «mediante una sola oblación ha llevado a la perfección para siempre a los santificados»,

Una vez golpeada, no se pide nada más de nadie después de la escasez salvo hablar ante esta roca: rezar, si podemos utilizar esta expresión, para abrir el costado atravesado del Cordero de Dios y provocar que broten frescas corrientes de ese manantial destinadas a purificar a las naciones.

Por ello, si la roca hubiera sido golpeada nuevamente, habría violado la integridad y la belleza de la tipología Crística y habría representado la necesidad de que Cristo fuera dos veces sacrificado, oscureciendo así todo el plan evangélico. Sin embargo, esto es lo que hizo Moisés y al hacerlo, desagradó profundamente a Dios.

Os hemos mostrado que la orden a Moisés y a Aarón fue de lo más patente, «Hablad luego a la peña en presencia de ellos». Pero cuando vemos cómo el mandato fue obedecido, leemos lo siguiente: «Convocaron Moisés y Aarón la asamblea ante la peña y él les dijo: «Escuchadme, rebeldes.

  • ¿Haremos brotar de esta peña agua para vosotros?»,» Y Moisés alzó la mano y golpeó la peña con su vara dos veces»,
  • ¿Podéis estar tan ciegos, hermanos míos, para no ver que aquí Moisés pecó gravemente? Es evidente que se sentía exasperado e irritado espiritualmente: su lenguaje lo demuestra, «Escuchadme rebeldes»,

Indudablemente que eran rebeldes, pero fue manifiestamente en un arranque de pasión humana, en vez de indignación sagrada, cuando Moisés utilizó entonces tal término. Y observad cómo prosiguió, «¿Haremos brotar de esta peña agua para vosotros?» ¿Quiénes sois vosotros, ¡Oh Moisés y Aarón!, para que habléis como si la virtud estuviera en vosotros, cuando sois verdaderamente hombres con pasiones y debilidades similares a las nuestras? El salmista, al relatarnos la historia de su nación durante su peregrinaje por el desierto pudo describir perfectamente cómo Moisés se sintió en esta ocasión provocado hasta el punto de expresarse impetuosa y desmedidamente, «En las aguas de Meribá le enojaron, y mal le fue a Moisés por culpa de ellos, pues le amargaron el espíritu, y habló a la ligera con sus labios»,

Pero ésta no fue su única ofensa ni quizá la principal. En lugar de actuar sólo como se le había pedido, y hablar a la roca, levantó su mano y la golpeó ciertamente por dos ocasiones. ¿Esto se debió meramente a la irritación del momento o fue a causa de una descreencia real? ¿Olvidó simplemente la orden o temió que una sola palabra no bastaría, viendo que en la circunstancia anterior de la roca no había manado agua hasta ser golpeada con la vara? Probablemente existió cierto grado de desconfianza, o si no, no habría golpeado dos veces, y no gozaba de una fe vigorosa cuando una ira perversa se adueñó de su mente.

Y como consecuencia, el legislador mostró pasión, arrogancia e incredulidad: la pasión, cuando se dirigió a la multitud en el lenguaje de un hombre irritado; la arrogancia, cuando habló como si fuera su propio poder el que pudiera extraer el agua, y la incredulidad en tanto en cuanto golpeó cuando se le había pedido que únicamente hablara.

Parece probable que fue el escepticismo el que provocó especialmente a Dios, puesto que cuando continuó reprendiendo por los pecados, lo hizo en estos términos, «Por no haber confiado en mí, honrándome ante los israelitas, os aseguro que no guiaréis a esta asamblea hasta la tierra que les he dado»,

Para nosotros, acostumbrados como tan felizmente lo estamos, a ofender mucho más gravemente que Moisés, incluso cuando lo peor se ha dicho agravando su pecado, puede parecer que Dios trató duramente a su siervo, pronunciando inmediatamente en su frase que Moisés no guiaría a la congregación a la tierra que les sería dada.

Fue una oración a través de la cual el propio Moisés experimentó la severidad, puesto que se describe a sí mismo suplicando encarecidamente por la remisión. Pero rogó en vano; es más, parece haber sido repelido con indignación, puesto que es así como manifestó la cuestión de la súplica: «Pero, por culpa vuestra, Yahveh se irritó contra mí y no me escuchó; antes bien me dijo: «¡Basta ya! No sigáis hablándome de esto» »,

Debe sin embargo recordarse que los ojos de todo Israel estaban puestos sobre Moisés y Aarón y que cuanto más enaltecida era su situación y más eminente su piedad, se hacía más imperioso que Dios determinara su acontecer, probando así que él no toleraría ningún pecado, ni tan siquiera en aquellos a los que más ama y aprueba.

No es por el hecho de que un hombre goce ampliamente del favor de su Hacedor por lo que puede esperar escapar de las retribuciones temporales de una falta. Por el contrario, puesto que no puede sostener sus recompensas eternas, existe una razón de peso por la que lo temporal no puede ser condonado, puesto que si se hiciera así, su pecado sería totalmente ignorado y por lo tanto, aparentemente pasado por alto por Dios.

Y aunque Moisés había sido singularmente piadoso y obediente, ¿quién no puede percibir que la rareza de su pecado sólo habría hecho que su ausencia de castigo fuera más notoria, mientras dio lugar, por otra parte, a una lección mucho más impresionante, relacionada con el odio al pecado por parte de Dios y su determinación de que nunca quedaría sin recompensa? Toda la asamblea había visto el pecado cometido; si hubieran apreciado también que había pasado desapercibido ante los ojos de Dios, podrían haber argumentado que la impaciencia y la incredulidad eran excusables para determinadas personas o bajo ciertas provocaciones.

Pero cuando se enteraron de que Aarón moriría en el monte Hor, y Moisés en el monte Nebo, porque no habían creído que Dios les santificaría ante los ojos de la congregación, se les enseñó, incluso más impresionantemente que cualquier cosa que les había acontecido a ellos o a sus padres, que el pecado necesariamente desencadena, bajo todas las circunstancias, la ira del Todopoderoso, que el grado de rectitud, bien sea anterior o posterior, no puede compensar la más mínima transgresión, y que la notoriedad como santo asegura más que evita algún tipo de fatalidad llegada como castigo, cuando se produce el menor desvío de la estricta línea del deber.

Y la lección no debería perder ni un ápice de su carácter imponente por el hecho de haberse producido siglos atrás y bajo una dispensa en la que sucedían mayores sanciones temporales que en la nuestra. Si tuviera que juzgar la naturaleza perversa de la incredulidad, si tuviera que estimar cómo la menor desconfianza de su palabra provoca al Altísimo, no sabría dónde fijar mi atención mejor que en Moisés, detenido en el mismo umbral de Canaán, porque, en una ocasión aislada cuando había demasiadas razones para sentirse indignado, mostró falta de confianza en Dios y sobrepasó los límites de su mandato.

Las miles de personas que cayeron en el desierto «a causa de su incredulidad», no alertan tan enfáticamente como este único individuo, expulsado de la Tierra prometida. Eran hombres atrevidos y disolutos que con frecuencia y fieramente desafiaron a Dios en el desierto. Pero él fue el más dócil de la tierra: su cara, parece ser, todavía brillaba con el resplandor celestial, como cuando descendió del monte tras comunicarse con Dios, y no tengo constancia de ningún otro ejemplo que se haya registrado durante todos los años que transcurrieron desde la salida de Egipto en el que nunca llegó a demostrar la más mínima deficiencia en su fe.

¿No nos proporciona éste una señal que demuestra que la descreencia, en cualquier grado y con todo paliativo, almacena para nosotros material con el que acusarnos, y que si, simplemente nos alejamos de la palabra que nos da Dios y no actuamos según sus preceptos, no dejando que repare sus buenas promesas, nos exponemos a su insoportable indignación, quedándonos como único recurso el cumplimiento de sus amenazas? Estemos seguros de que Dios no pasa por alto, sino que más bien percibe con total exactitud, con un deseo intenso para premiarnos, esas dudas y desconfianzas que a menudo se encuentran en el mejor de sus siervos, y que, si no castiga en el instante a su pueblo cuando éste no satisface implícitamente sus mandatos, no es porque considere que la ofensa es pequeña, sino porque ve adecuado diferir la retribución.

Y si alguno de vosotros ruega con intensidad para ser simplemente obediente y para que la razón le acompañe con sus sugerencias, siendo particularmente difícil adherirse estrictamente a la revelación; si encuentra alguna excusa para los defectos de su fe cuando es sorprendido o se ve rodeado por circunstancias penosas, o se siente constantemente agobiado o generalmente firme, le enviamos para que contemple a Moisés, ansioso por entrar en Canaán y que casi dentro de sus límites, se le ordenó para que ascendiera al monte Nebo para morir allí.

Y creemos que difícilmente se atreverá a tomarse a la ligera en lo sucesivo la menor desconfianza de Dios cuando descubra que este eminente santo expiró en el mismo margen de la herencia prometida, sólo porque, en un momento de debilidad, había golpeado la roca a la que se le había dictado sencillamente hablar.

  • Tal fue entonces la ofensa de Moisés: una ofensa que estamos quizá dispuestos a infravalorar, porque somos propensos a la impaciencia y al escepticismo, y de la cual, probablemente, sobrevaloramos el castigo, sin considerar que la expiación fue completamente temporal.
  • Es verdad que Dios se enfadó con Moisés y que él mostró su ira defraudando a una de sus esperanzas más queridas, pero el enojo se agotó en un único decreto, en que debía morir en Nebo, puesto que esta montaña sería la puerta del paraíso.

Examinemos sin embargo los pormenores que se narran en nuestro texto sobre la partida de Moisés. La condena fue que Moisés no debería llevar a la congregación a Canaán, aunque su ejecución literal no prohibía que se aproximara hasta los mismos confines de la tierra, ni que no pudiera contemplar el territorio.

Y según Dios, quien siempre templa el juicio con la misericordia, aunque nunca perdona su dictamen, concedió a su siervo tanta indulgencia como la que contenía la severidad de sus términos, haciendo que padeciera al acercarse hasta el mismo límite del Jordán para posteriormente dirigirle hacia una montaña desde la cual avistar la amplia extensión del patrimonio esperado.

Aun así, la hora de la muerte ha llegado para Moisés, independientemente de la gracia con la que recibe esta orden; y a pesar de que tiene que partir de esta vida porque ha enfadado a Dios, su adiós será suavizado con muestras de favor. Se produce una extraña mezcla de severidad y amabilidad en la orden, «Sube a esa montaña de los Abarim y contempla la tierra de Canaán y muere en el monte al que vas a subir»,

  1. Prevalece la rigidez: debes morir, aunque ahora te encuentres en pleno vigor, aunque tu mente o tu cuerpo goce de plenas capacidades.
  2. Pero también destaca la bondad: debes morir, pero no cerrarás tus ojos sobre el mundo hasta que no se hayan deleitado con la vista de los valles y las montañas que Israel poseerá.

No obstante, no es la severidad ni la dulzura la que es más notoria a lo largo del pasaje, sino la manera sencilla y espontánea en la que la orden se emite. «Sube y muere». Si Dios hubiera invitado a Moisés a un banquete o le hubiera conminado a llevar a cabo la obligación más común, no lo habría hecho con tanta familiaridad o soslayando lo que es doloroso o difícil, de modo que no fue nada complicado para Moisés morir.

Había estimado deliberadamente «como riqueza mayor que los tesoros de Egipto el oprobio de Cristo» y durante tiempo lo hizo así «porque tenía los ojos puestos en la recompensa», Y aunque habría vivido gustosamente un poco más para completar el trabajo en el que se había implicado durante años, sabía que morir significaría entrar en una tierra de la que Canaán, con todo su esplendor, no era sino una sombra.

Por lo tanto, Dios podía hablarle de la muerte del mismo modo que le habría hablado de un descanso durante el sueño, como si no hubiera nada grandioso en el acto de la disolución, nada ante lo cual la naturaleza humana pudiera empequeñecerse. Sin embargo, no podemos perdernos en elucubraciones si Moisés hubiera mostrado reticencia, puesto que partiría de esta vida de una manera misteriosa y casi pavorosa.

  1. En cualquier caso, morir es algo solemne y nuestra naturaleza, cuando se reúne a causa del acto de la desintegración, parece requerir todas las plegarias y bondades de nuestros amigos, pero no estar muy dispuesta a encontrarse con el enemigo final con compostura.
  2. La habitación en la que un buen hombre fallece se ve ocupada normalmente por parientes afectuosos que rodean su cama para observar cada una de sus miradas y captar cada una de sus palabras: le susurran verdades alentadoras y hablan animadamente de la tierra mejor a la que se apresura, aunque a menudo se ven obligados a volver sus rostros para que el moribundo no se apene ante las lágrimas que su propia pérdida genera.

Y todo esto en cierta manera quita valor al terror de la muerte. No se trata de que si el agonizante estuviera solo, Dios no le sostendría igualmente consolándole con su gracia, sino que existe algo en la instrumentalidad visible que se adapta especialmente a nuestra naturaleza, puesto que estamos dispuestos a la sensibilidad de la ayuda de modo que mientras habitamos en la carne, apenas nos comprometemos con la esencia puramente espiritual.

Eliminemos a todos los parientes y amigos de la habitación del enfermo, y, ¿no acontece una escena de desolación extraordinaria, una escena ante la cual cada uno de nosotros retrocedemos y que presenta ante la mente un retrato de abandono tal que el simple pensamiento de que esta es nuestra suerte bastaría para amargarnos el resto de nuestros días? Con todo, Moisés moriría solo; ningún amigo le acompañaría a Pisga ni ningún pariente estaría cerca cuando expiró su alma.

«Sube a esa montaña y muere allí». ¡Muerte extraña en un lecho hacia el que se me ordena ascender! Mi ojo no se ha oscurecido, mi fuerza no se ha quebrantado, ¿qué enfermedad poderosa y repentina se apoderará de mí en ese monte? ¿Permaneceré allí sin que mi dolor sea aliviado? Y luego, cuando mi alma tras un largo esfuerzo se libere, ¿será mi cuerpo abandonado como un resto deshonrado la presa de las bestias del campo y de las aves del aire? ¿Esperáis que tales pensamientos no saturaron y perturbaron la mente del gran legislador cuando recibió la directriz de nuestro texto? No puedo encontrar palabras para expresaros lo que opino del misterio y la atrocidad de la escena por la que Moisés tuvo que pasar.

Separarse del pueblo al que se sentía tiernamente vinculado, subir sin un solo compañero a la montaña de la que nunca más retornaría, ascender a la elevada cumbre para cumplir el propósito expreso de forcejear con la muerte, aunque desconocía sus terrores y su forma; marchar con su fuerza indemne para encontrarse en un lugar salvaje, solo con su Creador, para ser consumido por una lenta enfermedad o ser arrebatado por un remolino de viento o abatido por un relámpago.

Pienso que habría sido menos duro si hubiera sido llamado a morir como un mártir, a ascender al patíbulo en vez de a la montaña y a arrostrar los gritos de los perseguidores sangrientos en vez de la soledad y la falta de respiración en la cima de Pisga.

Y para mí, nunca porta Moisés semejante aire de sublimidad moral como cuando le contemplo abandonando el campamento con el propósito expreso de renunciar a su alma en las manos de su Hacedor. Nunca me parece su fe tan significativa, tan profundamente entregada ni tan elegantemente triunfante. Le observo con sobrecogimiento, como cuando con la vara de Dios en su mano, permanece ante el faraón y consterna al orgulloso monarca mediante los prodigios que opera.

Y posee una magnificencia temible en su aspecto cuando con su brazo estirado, se planta en la orilla del Mar Rojo y ruega a sus aguas que se dividan para que los miles de israelitas puedan atravesarlas y pisar tierra seca. Efectivamente. Y, ¿quién puede mirarle sin emociones de asombro, y casi de temor, a medida que desciende del monte Sinaí mientras el fuego y el trueno del Señor golpean con terror en los corazones de la asamblea para que pueda comunicarse en secreto con Dios y recibir de sus labios decretos y estatutos? Pero en esta ocasión y en las semejantes, las mismísimas circunstancias en las que se sitúa, fueron calculadas para animar al líder, y cuando reflexionamos sobre los poderes inmensos que le fueron otorgados, no podemos evitar sorprendernos ante su capacidad para soportarlos tan heroicamente.

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La gran prueba de la fe no residió en la oscilación ni en el golpe de la vara que a menudo mostró su dominio sobre la naturaleza, ni estuvo en el ascenso a la montaña de la que esperaba regresar con leyes propicias para gobernar a la multitud turbulenta. Fue la deposición de la vara lo que requería una fe robusta, y el coraje espléndido se hizo manifiesto en la subida a la cima donde, con la roca como refugio y el ancho cielo como tejado, y alejado de toda compañía humana, se sometería ante la condena, «Polvo eres y en polvo te convertirás»,

Y por lo tanto, mantenemos de nuevo que si examináramos a Moisés en todo su esplendor, cuando su majestuosidad moral es más llamativa, y la fe y el atrevimiento de un verdadero siervo de Dios son ensalzados sobremanera para que los imitemos, entonces no es en la ruptura de las cadenas de un pueblo largamente esclavizado, ni tampoco cuando dirige a una multitud populosa a través del desierto, ni mucho menos cuando se le permite entrar en una comunión íntima con el Todopoderoso en donde debemos fijar nuestra atención, sino más bien cuando abandona el campamento sin un solo asistente, sabiendo que conforme asciende la pendiente, quizá deteniéndose en ocasiones para volver a mirar al pueblo al que, a pesar de su ingratitud, amó tiernamente, es cuando realmente está obedeciendo la extraña y escalofriante orden de «Sube a la montaña y muere allí, para reunirte con los tuyos».

No podemos acompañar a Moisés en este misterioso viaje. No conocemos los pormenores de lo que ocurrió en la cima de Pisga y donde la revelación permanece silenciosa, no nos concierne hacer conjeturas. Sólo estamos informados de que el Señor le mostró una gran parte de la tierra de Canaán y después le dijo, «Te dejo verla con tus ojos, pero no pasarás a ella»,

Y aquí, justo cuando la curiosidad ha sido fuertemente avivada, puesto que ¿quién no desea fervientemente conocer el modo exacto por el cual Moisés partió de esta vida, estar presente en esta escena final y observar su despedida?, la narración se cierra con un comunicado sencillo, «Allí murió Moisés, servidor de Yahveh, en el país de Moab como había dispuesto Yahveh»,

  • Pero por lo menos tenemos constancia de que Dios estuvo con su siervo durante esta hora de separación y soledad y que, cuando Moisés se recostó para morir, visiones numerosas de la largamente prometida Canaán le habían alegrado el ánimo.
  • Y, ¿podemos pensar que Moisés falleció contento y dichoso, simplemente porque su vista había descansado sobre las aguas del Jordán y captado los movimientos de los cedros del Líbano? ¿Fue sólo la contemplación del paisaje natural lo que regocijó al hombre de Dios, y fueron llanamente los valles los que despertaron su constante risa y las cumbres coronadas de belleza las que se fusionaron en un panorama glorioso, igual que el patrimonio que se había prometido a los hijos de Abraham? Apenas podemos pensar esto.

Podemos creer que el deseo de Moisés de entrar en Canaán fue un deseo espiritual: él asoció Canaán con una revelación íntegra de Cristo y pudo haber pensado que, una vez admitido en la tierra que el Mesías pisaría en la plenitud de los tiempos, aprendería más del redentor del mundo que de lo que había sido capaz de extraer de las profecías y tipologías existentes.

En su propia plegaria ante Dios, desaprobando la condena que su impaciencia e incredulidad había provocado, habló como si existiera un lugar que deseaba especialmente que se le permitiera contemplar: «Déjame, por favor, pasar y ver la tierra buena de allende el Jordán, esa buena montaña y el Líbano»,

Los pensamientos sobre «Esa buena montaña», ¿se referían al monte Moria, donde Abraham ofreció a Isaac, y que sería la escena de un sacrificio de lo cual esto sólo había sido una figura? ¿Era Sión sobre el cual quería depositar su vista, sabiendo que un día muy lejano sería consagrado por las pisadas del Profeta y testigo de sus penas, cuya venida se le había encomendado vaticinar a él mismo? De hecho, decimos nuevamente que no podemos pensar que fuera simplemente el deseo de contemplar el rico paisaje de Canaán, sus fuentes y arroyos, sus olivos y viñas, lo que impulsó a Moisés a implorar el permiso para cruzar el Jordán.

Sabía que en esta tierra se cumpliría la promesa original, que allí estaba la semilla de la mujer que aplastaría la cabeza de la serpiente. Sabía que en esta tierra aparecería el Salvador al que habían anhelado los profetas y del cual él mismo era un elemento tipológico significativo, el Salvador en quien sentía que todas sus esperanzas estaban centradas, pero cuya misión y persona sólo serviría como un débil aprendizaje de las revelaciones ya concedidas.

Y, ¿por qué no pudo ser que Moisés anhelara pisar Canaán debido a que su mente ya estaba poblada de acontecimientos augustos de siglos venideros? Del mismo modo que para nosotros Palestina sería una escena de interés incomparable, no porque sus montañas sean nobles y sus valles encantadores, sino porque está hostigada por la memoria de todo lo que es querido para un cristiano, donde cada flor se alimenta de su sangre y cada rincón está santificado con la presencia de Cristo.

  • Para Moisés debió ser mediante sucesos anticipados, mientras que para nosotros lo sería por medio del recuerdo de esos hechos que la tierra de Judea predicaría mediante cada colina, fuente y árbol.
  • Pero los séquitos y procesiones de las profecías fueron tan espléndidos, aunque no tan evidentes, como son ahora los de la historia, y si el legislador, con privilegios para hacer incursiones en el futuro y contemplar en las sombras místicas la redención de la humanidad, no era capaz de asociar, como nosotros sí podemos, diversas escenas con las variadas transacciones en las que los pecadores tienen interés, podía por lo menos vincular toda la tierra de Canaán con el rescate prometido de una raza y considerar toda su extensión como un «terreno sagrado», como el que rodeaba a la zarza ardiente en Horeb.

Y del mismo modo que nosotros, que portamos el recuerdo de todo lo que se hizo «por nosotros los hombres y por nuestra salvación», podemos sentir que la visita a Judea reforzaría nuestra fe y daría calor a nuestra devoción, viendo que muerto debe estar ciertamente el corazón que dejó de latir en el jardín de Getsemaní y en el monte del Calvario, así también Moisés, empujado por el impulso profético, debió experimentar en qué consistiría el despertar de emociones más elevadas y la obtención de visiones más claras, la entrada y el caminar por la tierra que finalmente la presencia de Silo consagraría.

Por esto es por lo que pudo ser que el legislador deseó tan fervientemente atravesar el Jordán y cuando llegó a la cima de Pisga y Dios le mostró la tierra, pudo haber sido por la revelación de los misterios que tan ardientemente se había afanado por penetrar por lo que su espíritu se regocijó y su muerte quedó despojada de todo terror.

Miró más de un espectáculo hermoso desde la cumbre del monte, pero puesto que las llanuras, los viñedos, los pueblos y los ríos estaban destinados a desfilar ante sus ojos, Dios, quien expresamente debía estar con él para instruirle pudo haberle enseñado cómo cada lugar estaría asociado con la gran palabra de la salvación humana.

Su mirada reposa sobre Belén pero, ¡contemplad!, ya una estrella mística cuelga sobre el pueblecito solitario y aprende algo relativo a la fuerza de la predicción que él mismo ha constatado, «de Jacob avanza una estrella, un cetro surge de Israel», Las aguas de un lago se encaraman por debajo de él pero, ¡mirad!, una forma humana camina sobre su superficie agitada, y aprende que igual que Noé, cuya historia él ha relatado se refugió en el arca, así todos los que se aparten de la injusticia, encontrarán seguridad en un Ser al que ninguna tormenta puede doblegar ni ninguna ola engullir.

Y ahora se observa una montaña a la que sin embargo no iluminan los rayos alegres del sol como hasta ese momento habían iluminado a la visión panorámica, sino que nubes horrorosas quedan suspendidas a su alrededor y sobre ella como si fuera la escena de alguna tragedia ante la que la naturaleza se encoge para no presenciarla.

  1. Esto encordona la contemplación del legislador: se trata de la «ansiada montaña» que ha suplicado ver.
  2. Y tiene una cruz sobre su cima, alguien muy superior a Isaac está amarrado al altar y el Ser al que ha visto sobre las aguas, está expirando en agonía.
  3. Las transacciones del gran día de la Expiación encuentran así su explicación: el misterio del chivo expiatorio se cierra sobre sí mismo y Moisés, una vez que ha recibido el significado de la tipología que a él mismo se le ha encomendado instituir, está preparado para exclamar, «Señor, deja ahora a tu siervo partir en paz, dado que mis ojos han visto tu salvación»,

Consecuentemente, pudo ocurrir que antes de que Moisés abandonara esta vida, Dios no sólo le mostrara la Tierra prometida, sino que elaborara una especie de parábola sobre la redención. Y ante esta suposición, podemos entender perfectamente por qué Moisés estaba tan ansioso por ver Canaán antes de morir y por qué la visión sería un vehículo que le ayudaría a morir felizmente.

Indudablemente, no puedo evitar sentir, conforme sigo con mi pensamiento a Moisés hasta la cumbre de Pisga, que el hombre de Dios no se eleva hasta esa altura simplemente para deleitar sus ojos con un desarrollo glorioso de la escena, y llenarse de satisfacción mediante una inspección real de la hermosura y riqueza del patrimonio que Israel estaba a punto de poseer.

Y cuando me entero de que el mismísimo Dios acompañó a éste, al más grande de los profetas para asistir su visión e informarle sobre el territorio que yacía por debajo de sus pies, no puedo pensar que la divina comunicación sólo aludía a los nombres de las ciudades y a los confines de las tribus.

En su lugar, debo creer que lo que Moisés buscó y Dios garantizó fue un conocimiento mucho más pleno de lo que se forjaría en Canaán para el perdón del pecado, que, igual que Belén, Nazaret, Tabor y Sión quedaban honrados en semejante cuadro, era su asociación con la promesa del Mesías la que los hacía interesantes ante los ojos del complacido espectador, y que, por lo tanto, se trataba literalmente de preparar a Moisés para la muerte al mostrarle «la Resurrección y la Vida» sobre la que Dios le hablaba diciendo «Sube a esa montaña y contempla la tierra de Canaán y muere allí para reunirte con los tuyos».

Y allí en efecto Moisés falleció: su espíritu entró en un estado separado y ningún amigo humano estuvo cerca para hacer los últimos honores ante sus restos. Pero Dios no abandonaría al cuerpo del mismo modo que no lo había hecho con el alma de su siervo, ya que ambos eran suyos por la creación y ambos se convertirían en doblemente suyos por la redención.

Por tanto se añade a la excentricidad de la narrativa, y quizá sea el hecho más raro de todos, que «Le enterró en el valle, en el país de Moab, frente a Bet Peor. Nadie hasta hoy ha conocido su tumba», ¡Maravilloso enterramiento! Ninguna mano humana cavó la tumba, ninguna voz entonó el réquiem, salvo los ángeles, los «ángeles de la guarda» que son nombrados para asistir a los herederos de la salvación, prepararon sus miembros y el sepulcro.

Identificamos con los ángeles la ejecución de los últimos ritos del difunto profeta porque en otro pasaje de la Escritura, aunque oscuro, figura que los ángeles fueron en cierta manera los guardianes del cuerpo, puesto que leemos en la Epístola de San Judas: «En cambio el arcángel Miguel, cuando altercaba con el diablo disputándose el cuerpo de Moisés»,

¿Por qué este especial misterio y cuidado con respecto al cuerpo de Moisés? Se ha supuesto que, proclives como eran los israelitas hacia la idolatría, podrían haberse sentido tentados, si hubieran conocido el sepulcro de su gran legislador, a convertirlo en la escena de ceremonias supersticiosas. Pero esto parece ser en el mejor de los casos una suposición insuficiente, especialmente cuando el enclave de su sepulcro, aunque no el punto exacto, se definió tolerablemente como «un valle en el país de Moab frente a Bet Peor», lo cual significa que se detalló demasiado bien para dar lugar a la superstición, si hubiera existido algún deseo de honrar idólatramente los restos del difunto.

Pero recordaréis que Moisés, aunque debía morir antes de entrar en Canaán, reaparecería y se haría presente en esa tierra siglos antes de la resurrección general. Cuando se transfiguró en el monte Tabor, ¿quiénes fueron esas formas fulgurantes que permanecieron a su lado y «hablaban de su partida, que iba a cumplir en Jerusalén»?,

¿Quiénes sino Elías y Moisés: Elías que fue ascendido sin ver la muerte para que entrara, en cuerpo y alma, en el cielo, y Moisés que había muerto realmente y cuya alma había sido separada del cuerpo, pero cuyo cuerpo había sido encomendado a la protección angélica para que estuviera listo para participar en la brillante comunicación sobre el monte Tabor? El cuerpo, que había sido dejado sobre Pisga, reapareció en Tabor y se dan pruebas de que aquellos que yacen durante siglos en la tumba, alcanzarán tal gloria durante la segunda venida de Cristo, como aquellos que serán transformados «en un instante, en un pestañear de ojos» y que resucitarán de sus sepulcros.

Elías, de todos los que se encontraban vivos en la tierra, será transformado sin presenciar la muerte y en tanto en cuanto estos seres representativos emerjan en igual esplendor, así también, creemos, que lo harán los rápidos y los muertos cuando todo lo tipificado en la transfiguración se cumpla en los prolegómenos del juicio final.

  1. Pero carecemos de espacio para extendernos en esto.
  2. Debemos pasar de la muerte y el enterramiento misterioso de Moisés y preguntarnos si no veis que destacan grandes lecciones espirituales en la serie de acontecimientos que brevemente hemos revisado.
  3. No necesitamos deciros que el cautiverio de Israel en Egipto fue una representación llamativa de la condición moral de toda la raza humana, como si el pecado la hubiera vendido a un capataz.

Y cuando las cadenas del pueblo se rompieron y Dios les liberó «con mano fuerte y tenso brazo», todo el proceso fue eminentemente típico de nuestra propia emancipación de la esclavitud. Pero, ¿por qué no pudo Moisés, que había comenzado esto, completar el gran trabajo de la liberación? ¿Por qué tras sacar al pueblo de Egipto no pudo asentarse con ellos en Canaán? ¿Por qué aunque Moisés era el representante de la ley, ésta no puede conducirnos a lugares celestiales? La ley es como «nuestro pedagogo hasta Cristo» que puede disciplinarnos durante nuestro peregrinar por el desierto, pero si, cuando alcanzamos el Jordán, no está ni Josué ni Jesús (los nombres son los mismos) para acometer la labor de ser nuestro guía, nunca podremos traspasarlo y poseer aquella tierra que Dios ha preparado para su pueblo.

Por lo tanto, creemos que estaba prefijado que habría un cambio de líderes para que todos pudieran saber que si la ley actúa mediante el terror, el Evangelio es el único que puede librar a un hombre de la esclavitud del pecado, al estar provisto de misericordia que puede abrirle la entrada al reino de los cielos.

A Moisés se le ordenó que resignara a su pueblo ante Josué: «Los actos del mismo Dios», dice el obispo Hall, «fueron alegorías y donde la ley termina, allí empieza el Salvador. Podemos ver la Tierra prometida en la ley, pero sólo Jesús, el Mediador del Nuevo Testamento puede conducirnos ante ella».

  • Así Moisés nos instruye mediante su muerte a quién debemos volver la vista para lograr la admisión en la Canaán celestial.
  • Además nos alecciona sobre cómo debemos emplazarnos si queremos que nuestra última hora sea de amor y paz.
  • Debemos morir en la cima de Pisga: debemos morir con nuestra mirada puesta en Belén, en Getsemaní y en el Calvario.

No se trataba, como nos hemos aventurado a suponer, de la gloria del paisaje cananeo la que satisfizo al líder moribundo y le fortaleció para la partida. Fue más bien la visión del Ser que pisaría esta tierra y que santificaría sus escenarios mediante sus lágrimas y su sangre.

Y, de modo semejante, cuando un cristiano está a punto de morir, no es tanto por las vistas de la extensión majestuosa del paraíso de Dios, de las ondulaciones del río de cristal, de los centelleos de las calles doradas, por lo que debe buscar ser reconfortado, sino que sus ojos con los de Moisés deben posarse sobre el pesebre, el huerto y la cruz, para así, fijando cada una de sus esperanzas en su Precursor, poder confiar en que se le permitirá la entrada abundantemente en el reino «preparado para vosotros desde la creación del mundo»,

«Sube a esa montaña y muere allí»: ¡Oh! Que todos nosotros podamos vivir en tal estado preparatorio hacia la muerte de modo que cuando nos llamen para partir, podamos ascender la cima desde la cual la fe mira adelante hacia todo lo que Jesús ha sufrido y hecho y podamos exclamar «espero tu salvación, O Yahveh», y yacer junto a Moisés en Pisga y despertar con Moisés en el paraíso.

¿Quién vivió 777 años en la Biblia?

El Génesis cuenta que el abuelo de Noé fue el más longevo de los patriarcas del Antiguo Testamento. De ahí el dicho «Ser más viejo que Matusalén» – Matusalén, el viejo de los 969 años 15/09/2014 Actualizado 11/11/2014 a las 09:07h. Cuenta el libro del Génesis que Matusalén vivió nada menos que 969 años antes de morir, superando en 604 días la edad de su padre Enoc, todo un récord con el que se ha ganado merecidamente su lugar en el dicho de «más viejo que Matusalén».

El abuelo de Noé fue el octavo patriarca antediluviano, es decir anterior al Diluvio universal, según el pasaje 5:21-27 del Génesis : «Vivió Enoc sesenta y cinco años, y engendró a Matusalén. Y caminó Enoc con Dios, después que engendró a Matusalén, trescientos años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Enoc trescientos sesenta y cinco años.

Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios. Vivió Matusalén ciento ochenta y siete años, y engendró a Lamec. Y vivió Matusalén, después que engendró a Lamec, setecientos ochenta y dos años, y engendró hijos e hijas. Fueron, pues, todos los días de Matusalén novecientos sesenta y nueve años; y murió».

  • Matusalén fue el más longevo de los patriarcas del Antiguo Testamento, aunque Noé llegó a vivir 950 años, según el mismo capítulo del Génesis y Adán hasta 930.
  • Antes del Diluvio universal, las edades superaban los centenares de años, según el texto bíblico.
  • Del fin de esta longevidad, algunos encuentran explicación en la cólera de Dios que se materializó en el Diluvio y que alcanzó la edad de los hombres: «Que sus días sean ciento veinte años».

Hay quien ha atribuido el recuento bíblico de los años a una confusión entre los ciclos lunares con los solares, por lo que la edad real del patriarca bíblico sería de unos 72 años, admirable en todo caso en unos tiempos con una esperanza de vida mucho menor.

¿Qué significan los 40 años en la Biblia?

– Al igual que en nuestros días la palabra cuarentena en cuanto a tiempo físico, no tiene nada que ver con los 40 días originales, sin embargo, se sigue guardando ese nombre, aunque una persona esté confinada dos días. Así en la literatura bíblica ciertos números tenían un significado especial más allá del puramente aritmético – cuarenta era el período de tiempo de una generación y significa el paso de un tiempo largo.

Puede también significar un período de prueba, de maduración, que acaba en una nueva situación: los 40 días y 40 noches del diluvio, con la promesa de una nueva vida sobre la tierra; los 40 años de los israelitas en el desierto acaban con la entrada en la Tierra Prometida; los 40 días y noches de ayuno de Jesús acaba con su ‘triunfo’ sobre el diablo.

Según San Lucas, Jesús acaba su paso por la tierra a los cuarenta días de su Resurrección, significando la consumación de su trabajo de redención y entrada en el cielo. Quedará Pentecostés. Durante su vida terrenal sometió su cuerpo a toda clase de vejaciones, pesares, dolores, angustias, a través de las cuales redimió nuestra condición humana: ‘No hay mayor amor que dar la vida por los que se ama:’ Y de forma cruenta la dio por nosotros.

  • La Ascensión es la otra cara, o completa la cara, del cuerpo de Jesús humillado, destrozado, ‘roto’.
  • Nuestra fe profesa que Jesús es verdadero hombre y, verdadero Dios: Jesús Hombre se ofrece y es glorificado por Jesús Dios.
  • Con su Ascensión un cuerpo humano, el suyo, como el nuestro disfruta ya un lugar privilegiado en la gloria celestial, ganándonos con ello el derecho a que también nuestros cuerpos participen de ese estado celestial.

Y tirando del hilo: Intuyendo a San Pablo en su: ‘ Lo que ojo no vio, ni oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios nos tiene preparado para los que le aman.’ 1Cor 2,19. Cuando: ‘me conoceré como soy conocido ‘1Cor 13,12. Y siguiendo tirando del hilo, refiriéndonos a personas que después de muertas clínicamente han tenido que volver a sus cuerpos – y de nadie se ha debido oír que dijera : qué suerte! ¡De buena me he librado! – siendo ya la muerte para todos ellos un deseo; algunos de ellos, mencionando su incapacidad de expresar lo que vieron y sintieron, comentaron cosas como que’ el color era música’.

El mismo San Pablo 2Cor 12,3 tuvo su parte en algo parecido:’ Si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé, Dios lo sabe, fue arrebatado al paraíso y oyó palabras inefables que el hombre no puede pronunciar’ Me gustaría escuchar el sentir, de lo que, para un músico, por ejemplo, podría suponer, vivir ese estado atemporal, siendo él mismo música con toda la belleza, finura, pureza, elegancia que un estado así debe conllevar.

Lo mismo para un pintor, con toda la gama de colores expresando ese complemento con la música. Y así, todos y cada uno de nosotros, inmersos en el estado atemporal de Dios, inmersos en el corazón de Dios, donde el deseo: ‘que se para el reloj’ que hayamos podido sentir durante nuestra vida, es nuestro estado.

¿Qué dice Deuteronomio 34?

Deuteronomio 34

  • 1 Y subió Moisés de los campos de Moab al monte Nebo, a la cumbre del Pisga, que está enfrente de Jericó; y le mostró Jehová toda la tierra de Galaad hasta Dan,
  • 2 y todo Neftalí, y la tierra de Efraín y de Manasés, toda la tierra de Judá hasta el occidental,
  • 3 y la parte, y la llanura y el valle de, ciudad de las palmeras, hasta Zoar.

4 Y le dijo Jehová: Esta es la tierra de la cual a Abraham, a Isaac y a Jacob, diciendo: A tu descendencia la daré. Te he permitido verla con tus ojos, mas no pasarás allá.

  1. 5 Y allí, siervo de Jehová, en la tierra de Moab, conforme a la palabra de Jehová.
  2. 6 Y él lo en el valle, en la tierra de Moab, enfrente de Bet-peor; y ninguno conoce el lugar de hasta hoy.
  3. 7 Y era Moisés de edad de ciento veinte años cuando murió; sus ojos nunca se oscurecieron, ni perdió su vigor.

8 Y lloraron los hijos de Israel a Moisés en los campos de Moab treinta días. Y así se cumplieron los días de llanto y de luto por Moisés.9 Y hijo de Nun estaba lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés había sus manos sobre él; y los hijos de Israel obedecieron e hicieron como Jehová mandó a Moisés.

  • 10 Y nunca más se levantó en Israel como Moisés, a quien Jehová conoció,
  • 11 por todas las señales y prodigios que le envió Jehová a hacer en la tierra de Egipto contra Faraón y todos sus siervos, y contra toda su tierra,
  • 12 y por toda aquella poderosa y por todos los hechos grandiosos y terribles que realizó Moisés ante los ojos de todo Israel.

¿Qué dice Deuteronomio 31?

Pero ahora Yavé, tu Dios, irá delante de ti; él destruirá a tu vista estas naciones y tú las desalojarás. Es Josué quien estará al frente de ustedes, como ya lo tiene dicho Yavé.

¿Por qué tardaron 40 años en llegar a la tierra prometida?

Estudios Justicia del Señor en el horizonte de su misericordia Andrés Ferrada FACULTAD DE TEOLOGÍA PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE [email protected] Resumen: El castigo divino es uno de los temas centrales del Libro de los Números, en especial de Nm 10,11-36,13 que describe la marcha de 40 años del pueblo por el desierto.

La punición se muestra como la intervención judicial del Señor que sentencia castigos según criterios de justicia: básicamente los sancionados merecen el castigo en razón de sus culpas. Este enfoque pareciera no condecirse con la bondad y misericordia que resplandecen en la autorevelación del Señor en el Pentateuco (principalmente en Ex 20,5-6 y 34,6a-7).

A través del estudio de la sentencia divina de Nm 14,11-35, que condena a la generación del Sinaí a morir en el desierto sin entrar en la tierra prometida, se intenta mostrar que la justicia y la misericordia se corresponden y, por lo mismo, que decretar justicia implica un modo de hacer misericordia.

  1. Palabras clave: Libro de los Números, justicia, misericordia, culpa, castigo, pena de muerte, peregrinación por el desierto.
  2. Abstract: Divine punishment is one of the central themes of the Book of Numbers, especially in Nm 10:11-36:13, where is described the 40 years wandering of the people through the wilderness.

The penalty is shown as the judicial intervention of the Lord, who sentences according to criteria of justice: basically the sanctioned deserve punishment because of their guilt. This approach seems not tackled under the goodness and mercy as they shine in the self-revelation of God in the Pentateuch (mainly Ex-34:6a-7; 20: 5-6).

Through the study of divine judgment of Nm 14:11-35, which condemns Sinai generation to die in the desert without entering in the Promised Land, we intend to show that justice and mercy are corresponding and, therefore to decree justice implies a way of showing mercy. Key words: Book of Numbers, justice, mercy, guilt, punishment, death penalty, wandering in the wilderness Introducción El pueblo de la alianza debe peregrinar cuarenta años por el desierto debido a su desobediencia al Señor.

Este es uno de los contenidos esenciales que trasmite el Libro de los Números 1, En efecto, Israel debe vagar ese largo tiempo a causa de su rebeldía, que ha merecido tal punición divina. El Señor lo expresa sin ambages en la larga sentencia que pronuncia, en diálogo con Moisés, ante la constatación del grave delito de los israelitas: ellos han murmurado contra el Señor y así lo han despreciado (cf.

Nm 14,11-35, particularmente en los vv.32-35). ¿Cuáles son los criterios en que se funda el castigo divino? ¿Ira o justicia? ¿Venganza o misericordia? Solo el estudio detenido de la sentencia antes mencionada permitirá dilucidar estas interrogantes. Se realizará del siguiente modo: primero un análisis contextual del veredicto; luego, se harán algunas consideraciones diacrónicas; después, se abordarán las principales líneas teológicas contenidas en él; y, finalmente, se reflexionará sobre los criterios en que se sustenta.1.

Contexto literario de la sentencia divina de Nm 14,11-35 a) El castigo divino en el Libro de los Números El castigo divino es un tema recurrente en el Libro de los Números. En efecto, en él se narra que Dios castiga sucesivas rebeliones 2 : comenzando en Taberá con los lamentos del pueblo por la carencia de carne, a los que Dios responde con el envío de miles de codornices, pero también con la plaga subsiguiente en la que murieron ‘una muchedumbre de glotones’ (Nm 11,33-34).

Luego las quejas de María y de Aarón, arrogándose la profecía en desmedro de Moisés, que enardecen la ira del Señor, quien envía la lepra sobre aquella mujer (Nm 12,1-16). Después, la rebelión del pueblo, azuzada por los nefastos reportes de los espías, que termina con el castigo de la generación del Sinaí (Nm 13-14), cuya resolución es objeto de la presente reflexión.

Sigue la violación del sábado por un hombre, quien es condenado a muerte (Nm 15,32-36). Posteriormente, la insurrección de Coré, Datán, Abirón y los rubenitas, más doscientos cincuenta hombres principales, quienes se abrogaban la dignidad sacerdotal contra Moisés y Aarón; Dios interviene y hace que la tierra se los trague (Nm 16,1-35).

  • Más adelante, las quejas del pueblo sediento en Cades, con la reacción del Señor que hace brotar agua de la roca por la intervención de Moisés y el castigo divino contra él y su hermano Aarón por haber desconfiado de Dios en ese trance (Nm 20,1-13).
  • También, las murmuraciones de los israelitas contra Dios, mientras van de camino por el desierto, y el envío de serpientes abrasadoras como punición (Nm 21,4-9).

Finalmente, los israelitas en Peor se adhieren al culto a Baal arrastrados por las mujeres moabitas con quienes fornican: Dios los castiga con una plaga (Nm 25). Es claro, hay casos de rebeliones comunitarias y rebeldías personales o de grupos determinados, pero todas terminan con la punición divina, aunque en muchas de ellas se observa también que se abren posibilidades de perdón.

La contrapartida ante esta desoladora experiencia de Israel es su fidelidad al Señor. En efecto, en la medida en que el pueblo sigue la voluntad divina, derrota a sus enemigos y conquista su tierra, tomando posesión de ella: Jormá (Nm 21,1-3); derrota a Sijón y conquista la tierra de los amorreos (Nm 21,21-31); acaba con Og, rey de Basán, y se apodera de su país (Nm 21,32-22,1); guerrea contra Madián y lo vence (Nm 25,16-18; 31,1-12).

En síntesis, es el panorama en el que se enmarca gran parte del Libro de los Números (Nm 10,11-36,13 3 ) -y el resumen inicial del Libro del Deuteronomio (Dt 1,1-4,43)- que relatan los cuarenta años de peregrinación del pueblo por el desierto. La línea gruesa del mensaje es diáfana: en buena medida se narra una seguidilla de castigos por las rebeliones de los israelitas contra la voluntad divina, jalonada de sus victorias en la Transjordania cuando siguen los designios del Señor; estas últimas incluso se pueden considerar el inicio de la conquista de la tierra prometida 4,

  1. B) La sentencia divina de Nm 14,11-35 La sentencia divina de Nm 14,11-35 pertenece al relato de la exploración de la tierra prometida y sus consecuencias que abarca los capítulos 13 y 14 del Libro de los Números.
  2. En la narración, los israelitas dan crédito al tinte aterrador que va tomando el relato de la mayoría de los exploradores enviados a la tierra prometida.

Ellos la denuestan advirtiendo sobre la peligrosidad de sus habitantes, pese al cariz contrario de Caleb y Josué que, al contrario, instan a los israelitas a ingresar al país, arguyendo que el Señor está con su pueblo (cf. Nm 13,25-14,9). La rebelión supone que Dios en el Sinaí había ordenado al pueblo la inmediata entrada y toma de posesión de la tierra prometida.

Esta orden, sin embargo, solo es explícita en el texto paralelo de Dt 1,6-8: El Señor, nuestro Dios, nos habló así en el Horeb: «Ya han estado bastante tiempo en esta montaña. ¡En marcha!, partan y entren en la montaña de los amorreos, y donde todos sus vecinos de la Arabá, la montaña, la tierra baja, el Négueb y la costa del mar; en la tierra de Canaán y el Líbano, hasta el río grande, el río Éufrates.

Miren: Yo he puesto esa tierra ante ustedes; vayan a tomar posesión de la tierra que Yahveh juró dar a sus padres Abraham, Isaac y Jacob, y a su descendencia después de ellos». El Señor reitera la orden poco después en Cades Barnea, luego de que el pueblo hizo el primer trecho del camino desde el Horeb (cf.

  1. Dt 1,21). Esta comprensión no pertenece solo al resumen inicial, sino también al cuerpo del relato del Deuteronomio, pues se vuelve a hacer alusión a este mandato más adelante en Dt 9,22-23.
  2. En el Libro de los Números se narra el movimiento de Israel de otro modo 5,
  3. En Nm 10,11-36 encontramos el ofrecimiento que hace Moisés a su cuñado Jobab para que acompañe al pueblo, de modo que lo guíe por el desierto: ‘nosotros partimos para el lugar del que ha dicho el Señor: se los daré’ (Nm 10,29).
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Es claro, en esta tradición Moisés y el pueblo entienden que la llegada a la tierra prometida requerirá de un camino por el desierto relativamente prolongado. La orden del Señor, trasmitida a Moisés, al menos no es explícita; solo con un cierto esfuerzo se la puede armonizar con la petición que hace Moisés a su cuñado de prestar el servicio de guía.

  1. En efecto, inmediatamente se relatan las tres primeras jornadas por el desierto (cf.
  2. Nm 10,33-36) y, luego, algunos episodios de quejas contra el Señor y contra Moisés (Nm 11,1-12,16).
  3. Todo ello en un recorrido en dos etapas: De Quibrot Hatavá a Jaserot (cf.
  4. Nm 11,35) y desde ese lugar al desierto de Parán (cf.

Nm 12,16). Se debe notar que en la descripción no se indica ninguna orden divina en relación al desplazamiento de Israel. En Nm 13,1-2, sin embargo, se narra la orden dada por el Señor a Moisés, para que envíe exploradores a la tierra prometida. Debía consistir en una comitiva de doce hombres principales, uno por cada tribu.

  • Así, Moisés envió la comitiva para que informara sobre el don que el Señor estaba por darles (cf.
  • Nm 13,3.17-20).
  • Esta orden divina no se contiene en el relato paralelo del Deuteronomio.
  • Es más, en aquella narración Moisés concede la petición de los israelitas y aprueba el envío de espías sin mediar orden divina alguna (cf.

Dt 1,22-23) 6, El relato inicial de la exploración deja la impresión de que los espías harán un reporte muy positivo de la tierra que el pueblo de Israel tiene que conquistar (Nm 13,17-24). Sin embargo, el informe va adquiriendo matices espeluznantes y desalentadores en razón del poderío de los habitantes del país y la fortificación de sus ciudades (cf.

Nm 13,27-29.3133). Enseguida, los exploradores recomiendan no subir a aquella tierra. Solo se opone Caleb, uno de los expedicionarios (Nm 13,30), aunque más adelante, se sabrá que también Josué se opuso junto con Caleb (Nm 14,6-9). Sorprendentemente, con todo, en la sentencia divina que sigue a esta nota aclaratoria, se ignora la oposición de este segundo expía.

En efecto, se dirá que solo Caleb será eximido de la pena de muerte (Nm 14,24) y, precisamente, por haber obedecido puntualmente lo que había ordenado el Señor. Con todo, Josué reaparecerá más adelante en la narración, junto a Caleb, entre los liberados de la pena capital en el desierto (Nm 14,30).

La omisión inicial de la reacción de Josué junto a la de Caleb a la negativa postura de los espías (Nm 13,30) y también su ausencia en Nm 14,24, no se resuelven con la mera lectura sincrónica. En efecto, si Nm 13 y 14 se tratara de un escrito unificado resultarían contradictorias y hasta altamente absurdas algunas cuestiones que se podrían desprender del texto, tal como lo leemos en su forma actual.

Por ejemplo, cabría plantearse las siguientes preguntas: – ¿Por qué el narrador olvidó a Josué cuando describió que Caleb, contrarrestando los nefastos reportes de los otros espías, animaba al pueblo a subir a la tierra prometida? (cf. Nm 14,30). Se hubiera esperado que de alguna manera incluyera también a Josué en esa reacción, así como lo hace poco después, cuando narra que Caleb y Josué rasgaron sus vestiduras en señal de oposición a la murmuración del pueblo, precisamente suscitada por esos reportes (cf.

  1. Nm 13,30 y Nm 14,6-9).
  2. ¿Sucede que el Señor corrigió su mala memoria -su desvarío- en la larga sentencia que pronuncia contra los culpables, pues en un primer momento solo eximió a Caleb del castigo en razón de su fidelidad, pero luego junto a él también excluyó a Josué? (cf.
  3. Nm 14,24 y 14,30) 7,2.

Consideraciones diacrónicas: un coro polifónico del perdón Las interrogantes recién planteadas ameritan, ciertamente, una solución desde el punto de vista diacrónico. En efecto, encuentran respuestas satisfactorias solo si se comprende que la sentencia divina de Nm 14,11-35, que sanciona la rebelión de Israel en Cades en el desierto de Parán (cf.

Nm 13,25), es la fusión de elementos de distintos origen. Esto es, si se la entiende no como una sola voz, sino como una suerte de coro polifónico. Por eso, a continuación se auscultarán las distintas voces que componen el coro polifónico que ofrece el relato actual, permitiendo también observar el aporte de cada una.

Las operaciones que se ejecutarán serán básicamente tres: una breve comparación intrabíblica, el recurso a los lugares paralelos, como primera aproximación; luego el estudio de las tensiones internas en el discurso de Nm 14,11-35 para individuar las distintas voces que lo componen; finalmente, el contraste de ellas con textos relacionados para percibir algunas notas teológicas con que contribuyen a formar el coro actual.

  • A) Breve comparación con los paralelos contenidos en Dt 1,19-46 En Dt 1,19-46 se contienen algunas tradiciones escritas paralelas a las que aparecen en Nm 13-14.
  • En Dt 1,34-37 8 llama la atención que se nombre solo a Caleb entre los exceptuados de la pena capital, decretada a causa de la incredulidad del pueblo, precisamente por la misma razón que se arguye en Nm 14,24: ‘porque me siguió cabalmente’ (expresión correspondiente exactamente a la de Dt 1,36).

Sin embargo, en Nm 14,24 no se dice explícitamente que Caleb se haya opuesto al pavoroso relato de los espías que instaban al pueblo a no subir inmediatamente a la tierra prometida, como era el querer del Señor. Esto último se expresa en Nm 13,30. Esa oposición también aparece en el libro del Deuteronomio en Dt 1,29-32, pero está en boca de Moisés, aunque de modo más extenso y explícitamente poniendo como fundamento de la oposición la confianza en el Señor.

Esta conexión, si bien se supone, no aparece en Nm 13,30. Otro punto a considerar en este parangón radica en que en Dt 1,38, el Señor incluye a Josué entre los que entrarán en la tierra prometida, pero no lo hace en razón de una participación análoga a la de Caleb en la oposición a la rebeldía del pueblo, como se describe en Nm 14,6-9.

En Dt 1,38 se limita a la aseveración de que será Josué, el ‘ayudante’ de Moisés, quien conducirá la entrada del pueblo en la tierra prometida, en contraste con su ‘jefe’ excluido por decisión divina a causa de su debilidad, pues cedió ante la petición de los israelitas de primero explorar la tierra antes de subir a conquistarla (cf.

  • Dt 1,22.37).
  • Aunque habría todavía más elementos a considerar, de esta comparación se desprende que muy probablemente en Nm 13-14 se reelaboran las mismas tradiciones escritas que se reportan en Dt 1,19-46 sobre el suceso en cuestión.
  • Sendos textos lo hacen de un modo diferente.
  • Cabe señalar que en la disposición del libro del Deuteronomio hay un elemento ausente: la intercesión de Moisés en favor del pueblo.

Es precisamente en esa argumentación donde se pone al descubierto con mayor claridad la razón del perdón divino. b) Tensiones al interior de la sentencia divina de Nm 14,11-35 En la sentencia de Nm 14,11-35, el Señor comunica a Moisés que acabará con el pueblo que lo ha desdeñado y ha desconfiado de él (v.11) y que hará del mismo Moisés un nuevo pueblo elegido (v.12).

  • Moisés intercede por los israelitas, logrando aplacar al Señor con sus argumentos (vv.14-19), quien perdona al pueblo pero sentencia que los culpables no verán la tierra prometida: es decir, morirán antes de que el pueblo acceda al país (vv.20-24).
  • Establece una excepción: solo Caleb y su clan tomarán posesión de la tierra (cf.v.24) en atención al espíritu que lo movió y a que lo siguió cabalmente (= obediencia).

Es evidente que esta excepción contrasta con la primera decisión divina: ¿por qué solo se tiene en cuenta a Caleb y a su clan una vez que se ha perdonado al pueblo? ¿Consiste el perdón del Señor en la preservación de los inocentes representados en Caleb y su progenie? La narración continúa y se impone otra contradicción.

En los vv.26-27 el Señor profiere preguntas retóricas que en cierta medida son paralelas y retoman interrogantes similares planteadas en el v.11. En todos estos versículos se contienen preguntas que se autoplantea el Señor como reacción ante el desdén y la desconfianza del pueblo frente a los espeluznantes reportes de los exploradores (v.11) y a la murmuración consecuente de los israelitas (vv.26-27).

El v.27 puede ser leído como una vuelta atrás. Un detalle relevante al comparar estos versículos radica en que en el v.11 el interlocutor del Señor es solo Moisés, mientras que en el v.26, se agrega también a Aarón. Acto seguido, se repite la misma punición, ‘no entrarán en la tierra’ los israelitas que han murmurado contra el Señor (v.30), aunque se agregan especificaciones tanto de la pena como de las personas a las que se les aplica.

  1. Respecto de la sanción se aclara que consiste en la pena capital: los culpables morirán en el desierto (‘caerán’, ‘sus cadáveres caerán’; ‘no quedará ninguno en el desierto: todos deben morir’, cf.
  2. Vv.29.32-33.35).
  3. Con todo, se amplía el número de los eximidos de esta pena: además de Caleb (y su descendencia, se supone; cf.v.24), se exceptúa a Josué, hijo de Nun (v.30), y a todos los pequeñuelos, esto es, todos aquellos por cuya eventual perdición los israelitas había murmurado (cf.v.3 y v.31).

Ciertamente, se refiere a los menores de veinte años, quienes no son considerados sujetos de responsabilidad penal (cf.v.29). Estos, sin embargo, ‘cargarán con la infidelidad’ de sus padres siendo nómades por el desierto hasta que toda la generación del Sinaí, salvo los exceptuados, caigan por el camino (v.33).

Cuarenta años trashumando, un año por cada día de exploración del país, con la finalidad de que los culpables comprendan qué significa la rebelión contra el Señor (v.34). c) Delimitación de los componentes de la sentencia divina El lector atento queda algo desconcertado por esta tercera clarificación de la pena que el Señor quiere infligir al pueblo rebelde, la cual se especifica mucho más como hemos observado, poniendo alguna tensión respecto de las descripciones anteriores.

Para considerar todas ellas como provenientes de una sola mano se deben hacer complementos que no están en el texto como, por ejemplo, que al perdón otorgado por el Señor al pueblo gracias a la intercesión de Moisés (cf.v.20) sucede un nuevo plan punitivo, algo distinto al original (vv.21-24; cf.v.12).

Decisión que luego tiene un nuevo ajuste (vv.29-35). Solo la consideración de que la sentencia divina es fruto de la fusión coordinada de elementos de distinto origen permite despejar satisfactoriamente estas contradicciones y explicar la forma actual del texto. En ella distinguimos 9 : i. Condena divina e intercesión de Moisés con su inmediata acogida por parte del Señor (Nm 14,11b-23a) No pocos estudios 10 reconocen que la condena divina e intercesión de Moisés y su inmediata acogida por parte del Señor en Nm 14,11b-23a es un añadido posterior en una sentencia condenatoria más antigua delimitada en Nm 14,11a.23b-24(25) (letra b).

Se trata de la intercesión de Moisés ante el Señor, quien ha manifestado su voluntad de terminar con el pueblo y hacer del mismo Moisés un nuevo pueblo elegido (v.12). En efecto, esta resolución divina contrasta con la propuesta en la breve sentencia de Nm 14,11a.23b-24(25).

En esta última, todos los israelitas deben perecer mientras que solo Caleb y su clan tomarán posesión de la tierra (cf. Nm 14,24). Con la interpolación de Nm 14,11b-23a, ese desenlace aparece en la forma actual de la sentencia divina como una primera etapa de perdón y esperanza. ii. Sentencia condenatoria que exime solo a Caleb de la pena capital (Nm 14,11a.23b-24) Este breve discurso contiene la sentencia divina contra el pueblo rebelde en el que se engarza el añadido recién referido.

Es fuertemente paralela a la sentencia divina reportada en Dt 1,35-36. En efecto, en ambas se exceptúa a Caleb de la pena capital, posibilitándole ver la tierra prometida y entrar en ella, al tiempo que a sus descendientes poseerla como heredad. Además, parece evidente que esta sentencia proviene de la misma mano a la que pertenece sino todo, una buena parte, del material comprendido en Nm 13,28-33, es decir, la segunda parte del reporte de los espías hebreos que entraron en Canaán: la dramática relación que intenta disuadir a los israelitas de que entren a tomar posesión de la tierra prometida a causa de la fuerza y número de sus habitantes 11,

  1. Se debe notar que el lector atento observa fácilmente la tensión entre el añadido de los vv.11b-23a y el texto donde fue insertado, los vv.11a.23b-24(25).
  2. El punto central radica en que implican dos resoluciones divergentes: en el añadido, Moisés y su posteridad tomarán posesión de la tierra prometida; mientras que en la sentencia más antigua, lo harán Caleb y sus descendientes.

iii. Sentencia divina condenatoria que exime a Josué y a los pequeñuelos de la pena capital (Nm 14,26-35) La sentencia divina de Nm 14,26-35 forma parte con alta probabilidad de una unidad más larga, comprendida en Nm 14,1-10.26-38*. Claro está, no sin reelaboraciones y ajustes menores posteriores, sobre todo para coordinarla con los otros elementos del capítulo.

  • Con mucha probabilidad también está estrechamente vinculada al relato sacerdotal, principalmente por su relación explícita con la narración del censo, relato claramente sacerdotal, y por el uso de vocabulario sacerdotal característico 12,
  • En efecto, la rebelión 13 cunde en el pueblo con tintes de desesperación y llanto (cf.

Nm 14,1) y luego acaba en crasa murmuración (cf. Nm 14,2-3; cf. Nm 14,27.29.36). En ese angustioso trance, los israelitas se deciden a nombrar un jefe que los lleve de regreso a Egipto, derechamente marcha atrás. Así, la rebelión se vuelve una inversión del Éxodo (cf.

  • Jr 2,18; Is 30,1-3) 14,
  • En efecto, los israelitas manifiestan el deseo de volver a la servidumbre en Egipto.
  • Prefieren ser siervos del faraón a vivir en la libertad de siervos del Señor 15,
  • Recurren a medios humanos -la elección de un caudillo- ante las vicisitudes, desechando la confianza en el Señor.

Se muestran incrédulos, pese a que Josué y Caleb insisten en la bondad de la tierra que el Señor les quiere dar y de que sus habitantes son ‘pan comido’ (Nm 14,6-9). Ante esta situación, el Señor sentencia a aquella generación a morir a causa de su murmuración en Nm 14,26-35.

  1. Se salvarán los pequeñuelos: los menores de edad (Nm 14,29), quienes serán introducidos en la tierra prometida y la poseerán (Nm 14,31), precisamente aquellos respecto de quienes se argüía que serían tomados en cautiverio por los habitantes del país (Nm 14,3 cf.v.31).
  2. Además de ellos, Caleb y Josué 16 serán los únicos adultos eximidos de la pena capital decretada (Nm 14,30).

Esta consideración encuentra confirmación en la narración de la ejecución de la sentencia en Nm 14,36-38, pues nuevamente en el v.38 17 se afirma que Josué y Caleb sobrevivieron a la masacre. En la forma actual del capítulo 14, esta sentencia aparece como una suerte de rectificación y/o ampliación de lo dicho en el v.24, sin que explícitamente se manifieste.

Con todo, el lector atento puede notar que aumentan las tensiones que provoca la lectura sincrónica del relato de Nm 13-14: Por una parte, Caleb no es el único exceptuado de la pena capital, sino también Josué. Por otra, no solo la posteridad de Moisés (Nm 14,12) o la de Caleb (Nm 14,24) estarían en el plan del Señor para ser merecedoras de la heredad prometida, sino también los pequeñuelos, los menores de edad, de todas las tribus (Nm 14,31).

Como se dice más arriba, no pueden sino surgir preguntas irresolubles desde la sincronía: ¿Es que el Señor tiene tres planes diferentes? ¿O rectifica su plan original, ampliando el alcance del perdón? En consecuencia, una consideración diacrónica resuelve adecuadamente las tensiones.

Cabe preguntarse, sin embargo, ¿por qué no se re-escribió toda la historia y se las evitó?, ¿por qué se prefirió solo hacer añadidos y reelaboraciones menores que saltan a la vista de cualquier observador? La respuesta excede el propósito de esta reflexión, pero grosso modo se debe afirmar que el Israel postexílico, por una parte, no tiene los medios materiales suficientes para hacerlo 18 y, por otra, en la literatura israelita rige la ‘ley de la conservación’ 19, es decir, que no se pierde nada o casi nada de las distintas tradiciones que confluyen en la comunidad postexílica, integrando en un solo relato compuesto todas esas tradiciones.3.

Hilos teológicos en las tres voces del perdón divino La detección de tradiciones escritas fundidas en Nm 13-14 induce a constatar en este pasaje la confluencia de aproximaciones teológicas diversas, las cuales pueden diferenciarse también desde el punto de vista diacrónico: a) Teología no sacerdotal contenida en la sentencia de Nm 14,11a.23b-24 (25): Esta sentencia sanciona la cancelación del plan divino, por el cual las doce tribus de Israel debían tomar posesión de la tierra prometida.

La condena consiste en la declaración perentoria de que solo Caleb entrará a la tierra y sus descendientes la poseerán. Resulta significativa, pues Caleb se relaciona con la tribu de Judá en la forma actual del relato 20, De hecho, figura como el espía de esa tribu enviado junto a los otros de los once restantes clanes (Nm 13,6).

La falta de los israelitas es descrita con el verbo desdeñar (nS) usado en Nm 14,11a y 23b), es decir, el desprecio del Señor y de su poder para hacer frente a los robustos habitantes del país y para asaltar sus fortificaciones (cf. Nm 13,28-31). b) Teología deuteronomista en la condena divina e intercesión de Moisés en Nm 14,11b-23a A la breve sentencia mencionada en el punto anterior, se integra la intercesión de Moisés con que obtiene el perdón divino ante la decisión del Señor de herir al pueblo y desheredarlo, pretendiendo hacer con Moisés un nuevo comienzo de la historia de salvación (Nm 14,12).

  1. La decisión divina es una sentencia casi idéntica a la pronunciada por el Señor contra los israelitas a causa de la crisis del becerro de oro (cf.
  2. Ex 32,7-10).
  3. La razón de fondo radica en que el Señor constata la gran desconfianza del pueblo, que significa en concreto un desdén hacia el mismo Señor.
  4. La causa de la sanción, en definitiva, es la falta de fe del pueblo, la cual se relaciona directamente con su incapacidad de entender los signos hechos por Dios a favor de Israel tanto en Sinaí, como en el desierto.

En efecto, en Ex 32,9 se habla de un pueblo de ‘dura cerviz’. Esta actitud comporta ‘la no escucha de la voz del Señor’ (cf. Nm 14,22b), esto es, la desobediencia, que naturalmente implica una ruptura de la alianza establecida con Yhwh 21, Estas dos actitudes, en realidad, constituyen una crasa estupidez, que se agrava por el paso del tiempo.

  • Dios ha multiplicado sus ‘signos’ (Nm 14,11b.22) e Israel no ha comprendido la bondad de la obediencia.
  • Todo hace pensar de que se trata de una teología de marcado cuño deuteronomista: tanto el vocabulario, como el contenido es semejante al del Deuteronomio.
  • Entre otros rasgos 22, Dios ha hecho ‘signos’ a favor de Israel que le deben dar seguridad en que continuará favoreciéndolo (Nm 14,11.22 y Dt 4,34; 6,22-23; 7,19, etc.); el Señor quiere hacer de Moisés un gran pueblo (Nm 14,12b; Ex 32,10; Dt 9,14); el motivo de la ‘fama del Señor’ en la intercesión (Nm 14,13-16; Ex 32,12 y Dt 9,28); la descripción de Dios misericordioso (Nm 14,18; Ex 20,6; 34,7; Dt 5,10; 7,9-10) y el delito mismo, no escuchar la voz (Nm 14,22b y Dt 4,30; 8,20; 9,23, etc.).

En efecto, la intercesión de Moisés es casi como un remedo de su súplica a favor de los culpables después del incidente del becerro de oro (cf. Ex 32,10-14). Los argumentos esgrimidos son prácticamente los mismos: ‘el qué dirán los otros pueblos’, es decir, la ‘fama del Señor’ (Nm 14,13-16; cf.

  1. Ex 32,11-14) y la revelación de la misericordia infinita del Señor (Nm 14,17-19; cf.
  2. Ex 34,6-9) 23,
  3. En este último argumento, además, Moisés explícitamente alude a la automanifestación divina en el Sinaí (cf.v.17).
  4. La súplica de Moisés templa la ira destructiva inicial del Señor (Nm 14,12), quien anuncia la muerte de todos los que vieron la gloria de Dios y las señales que él realizó en Egipto y en el desierto (Nm 14,22; cf.

Ex 32,35). c) Teología sacerdotal en la segunda sentencia del Señor en Nm 14,26-35 La segunda sentencia del Señor es parte del material Nm 14,1-10.2638* 24, Se trata de la condena divina que tiene como origen la saturación del Señor ante las quejas que los israelitas le hacen.

Ya no resiste más la murmuración del pueblo y decide que morirán todos los que habían sido censados 25, Éste dato pone a la luz que se trata de un relato perteneciente a la corriente teológica sacerdotal, uno de cuyos rasgos característicos es la tendencia hacia la ‘exacta identificación de las personas y los lugares’ 26,

Este rasgo se observa profusamente en Nm 1-4 donde se describe el censo de la generación del Sinaí, sobre todo en las largas y nutridas listas en las que se contabilizan todos los que están llamados a ser depositarios de la bendición divina. Por eso, es la teología que mejor se acomoda al apelativo griego del libro: Números.

  • Esta misma preocupación que se observa en la orden de enviar a un explorador por cada tribu (Nm 13,1-2), pues ello conlleva que todas ellas tengan parte activa en la conquista (Nm 13,3-16).
  • En la sentencia se declara que todos los adultos morirán (Nm 14,29), solo restarán Caleb, Josué y los pequeñuelos, esto es, los que en ese momento no tenían uso de razón suficiente como para ser responsables de sus actos.

Ellos podrán ver la tierra que sus mayores han ‘despreciado’ (Nm 14,31). El verbo usado para describir el delito de los israelitas es m 3 s, que designa la acción de rechazo o desprecio 27, Por esta actitud, el ‘desprecio’ 28, los adultos de Israel caerán en el desierto 29,

El deprecio de los exploradores ha consistido en una ‘calumnia’ contra la tierra prometida ( diBBâ `al‐hä’ärec en Nm 14,36-37; cf.13,32-33: diBBaT hä’ärec ), con la cual han inducido al pueblo a murmurar contra el Señor (Nm 14,2-3). Por eso, los primeros en morir serán los espías (Nm 14,3637). Si bien la falta de los israelitas es algo diferente en esta segunda sentencia en relación a la anterior, apunta a lo mismo, pues el desprecio de la tierra implica el desdén hacia el Señor 30,

Nos enfrentamos a la teología de los relatos sacerdotales, que se capta bien si se la observa desde un paradigma que incluya los principales relatos atribuidos a la escuela, en una suerte de estructura de los mismos 31, Esta se basa en unos textos programáticos fundamentales: Gn 1,1-2,4a (creación); 9,1-17 (alianza postdiluviana); 17 (alianza con Abrahán) y Ex 6,2-8 (historia de Israel).

  • En estos programas se plantea una historia en dos partes: la historia de la humanidad y la historia de Israel; cada una subdividida, a su vez, en dos fases.
  • La historia de Israel se subdivide en la historia de los antepasados (los patriarcas) y la historia del pueblo.
  • La articulación entre estas dos fases es remarcada por Ex 2,23b-25 y 6,2-8, pues en ellos se recuerdan las promesas hechas por Dios a los patriarcas (Ex 2,24 y 6,5).

De hecho, Dios había prometido tres cosas a Abraham: – Una gran descendencia (Gn 17,2-6) que se cumple en Gn 47,27 y Ex 2,7. – Ser su Dios (17,7-8), es decir, la soberanía del Señor sobre su pueblo que se realiza cuando Él pasa a habitar en medio de su pueblo (Ex 25,8; 29,45-46 y sobre todo 40,34-35).

– Una tierra (17,8). Con todo, esta última promesa queda incumplida en el Pentateuco. Los relatos sacerdotales aclaran el porqué: se debe a un fallo del pueblo, del cual es responsable. ‘La generación del éxodo no ha querido conquistar la tierra según el plan del Señor y por ello ha sido condenada a morir en el desierto.

La segunda generación entrará en la tierra prometida a los patriarcas (Nm 14,26-38)’ 32, En síntesis, en Nm 13-14 han sido coordinadas al menos tres voces teológicas, de distinto origen, que forman un coro bastante armónico que con matices canta narrativamente que la posesión de la tierra prometida no será realizada por la generación del Sinaí a causa de su infidelidad y desconfianza para con el Señor.4.

  • Justicia y misericordia: criterios fundamentales de la sentencia divina A la luz de lo dicho, se colige que la sentencia divina estudiada está sustentada en la justicia.
  • En efecto, el castigo está asociado a la falta de confianza del pueblo en el Señor, precisamente porque esta carencia atenta contra la esencia misma de la alianza 33,

En el Decálogo se manifiesta el estatuto primordial del pacto que sellarán el Señor y los israelitas, toda vez que el Señor lo pronuncia directamente delante de ellos (Ex 20,1-17; cf. Dt 5,6-22, especialmente el último versículo). En algunas de sus disposiciones encontramos los dos principios que hacen patente que la confianza es el núcleo de la fidelidad exigida por la alianza: a) en Ex 20,2 el Señor declara ‘Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar en esclavitud’.

  1. Se trata del sustrato de la alianza: Él es justo y por su propia iniciativa ha actuado en favor del oprimido (cf.
  2. Ex 2,23b-25; 3,6-9), aunque no solo para restablecer la justicia, por ejemplo, devolver a los israelitas el estatuto de huésped (cf.
  3. Gn 46) que el nuevo faraón le había conculcado (cf.
  4. Ex 1-5), sino también para hacerlos su propiedad personal (cf.

Ex 19,3-5). Por esta razón, Israel no puede tener otros dioses delante del Señor (es el primer mandamiento: Ex 20,3), ni siquiera ídolos ante los cuales prosternarse (Ex 20,4-5a); b) El Señor es celoso y, por lo mismo, amante, justo y misericordioso a la vez.

Así reza Ex 20,5b-6 34 :,porque yo soy el Señor, tu Dios, un Dios celoso, que castigo la culpa ( `äwön ) de los padres en los hijos, hasta la tercera y cuarta generación, si ellos me aborrecen; y tengo misericordia ( Hesed ) a lo largo de mil generaciones, si me aman y cumplen mis mandamientos. Sin embargo, desde una aproximación superficial, la punición del Señor pareciera ser un acto de justicia que no se condice exactamente con su bondad original.

Es más, ante la posibilidad de la muerte como condena divina para el trasgresor, pareciera incluso razonable sostener que lo mejor para el condenado habría sido seguir siendo esclavo en Egipto. Entonces, en cierta medida, las murmuraciones de los israelitas podrían tener al menos algo de razón (cf.

Nm 14,2-3). Ciertamente, la muerte como sanción para los rebeldes es entendida por la sentencia de Nm 14,11-35 (y en el resto del Libro de los Números y del Pentateuco) como desaparición de la existencia, y no como punición medicinal en vista a una vida mejor en el más allá. En efecto, en el Pentateuco una vida postmortem no se encuentra por ninguna parte explícitamente afirmada, sino solo incoada, por ejemplo, en las maldiciones y bendiciones que comportan el cumplimiento y el incumplimiento de la alianza, respectivamente (cf.

Dt 30,15-20; Lv 26,3-41). De hecho, la muerte es la maldición suprema. Pero, al mismo tiempo, Dios no se muestra injusto, ni tampoco despiadado. Las intercesión de Moisés en Nm 14,11b-23a, en especial en los vv.17-19 (así como en su intercesiones de Ex 32-33 y también las de Abrahán en Gn 19) indica que el corazón del Señor es misericordioso, ‘tardo a la ira y lleno de amor’, que no paga como merecen los culpables, pero al mismo tiempo que es justo y, por eso, no deja impune el pecado y la trasgresión 35,

  • En una palabra, que la justicia y la misericordia son dos facetas inseparables en el Señor.
  • Vale la pena notar que en Nm 14,17-19 se utilizan dos de los términos bíblicos más relevantes para designar la infidelidad de los israelitas 36 : `äwön, es decir, culpa o situación de iniquidad y peša`, esto es, delito o acto de rebelión 37,

En cuanto a la gracia, usa dos expresiones características del vocabulario que indica el favor divino en el Antiguo Testamento: ´erek ´aPPayim : es decir, lento a la cólera, o sea, paciente y rab-Hesed 38, esto es, lleno de amor, o sea, amor gratuito, generoso, bondadoso (cf.

Jl 2,13; Jon 4,2; Ne 9,17) 39, Incluso aún más relevante resulta considerar que en esta parte de su intercesión, Moisés le recuerda al Señor su automanifestación, cuando él accedió a perdonar al pueblo de su infidelidad a la alianza, aún trascurridos solo 40 días de su establecimiento, aseverando de sí mismo en Ex 34,6a-7: El Señor es un Dios compasivo y bondadoso, lento para enojarse ( ´erek ´aPPayim ), y lleno en amor ( rab-Hesed ) y fidelidad.

Él mantiene su amor ( Hesed ) a lo largo de mil generaciones y perdona la culpa ( `äwön ), la rebeldía ( peša` ) y el pecado; sin embargo, no los deja impunes, sino que castiga la culpa ( `äwön ) de los padres en los hijos y en los nietos, hasta la tercera y cuarta generación.

Esta autorevelación en cierta medida completa la manifestación de su enigmático nombre: ‘seré el que seré’ (Ex 3,14). En efecto, pone de manifiesto que el Señor existe en favor de Israel, incluso cuando este no merece sino la destrucción y el abandono. Israel comprende que ello se debe solo a la grandeza del amor del Señor ( Kî lü`ôläm HasDô, ‘porque eterno es su amor’, Sl 136,1ss; cf.

Sl 117,2). En Nm 14,17-18 se encuentra condensado este mismo mensaje en labios de Moisés. Ahora ante la murmuración de los israelitas desencadenada por los informes de los espías, que degenera en un intento de regresar a Egipto, el caudillo de Israel intercede nuevamente a fa vor del pueblo rebelde apelando a la memoria del Señor de su misma automanifestación: Por eso, Señor, manifiesta la grandeza de tu poder, como tú lo has declarado, cuando dijiste: «El Señor es lento para enojarse ( ´erek ´aPPayim ) y está lleno de amor ( rab-Hesed ).

  1. Él tolera la culpa ( `äwön ) y la rebeldía ( peša` ), pero no las deja impunes, sino que castiga la culpa ( `äwön ) de los padres en los hijos y en los nietos hasta la cuarta generación».
  2. La formulación es menos florida en vocabulario que su antecedente (Ex 34,6-7), pero no menos expresiva, ya que Moisés pide al Señor que perdone la culpa del pueblo, precisamente en atención a su ‘gran amor’: Kügödel HasDekä, ‘porque grande es tu amor’ (Nm 14,19).

Conclusión La sentencia divina de Nm 14,11-35, si bien se sustenta en la justicia del Señor, pues, de hecho, recalca que solo los culpables serán ajusticiados, mientras que los inocentes se verán incólumes; no se la puede comprender sino desde el horizonte de la misericordia divina que es aun más grande que su justicia.

En efecto, en Nm 14,18 (y en Ex 34,7) es manifiesto que el Señor no deja impune las culpas; al contrario, estas son castigadas aunque en una proporción ínfima en relación al perdón y a la misericordia: el Señor castiga hasta la tercera o cuarta generación en relación a las mil generaciones por las que mantiene su amor y fidelidad (Ex 34,7).

Si bien en Nm 14,18 está ausente la referencia a las ‘mil generaciones’ 40, debe suponérsela pues se trata de una alusión explícita del discurso de Ex 34,7. La desproporción significa que el Señor mantiene su amor y perdona la culpa eternamente, mientras que su punición es solo temporal.

Esta disparidad se deja ver también en la petición de perdón que de inmediato Moisés formula al Señor en Nm 14,19: la razón fundamental para que el Él perdone, es decir, decrete justicia, es precisamente la grandeza de su amor. La desproporción pone ante una profunda revelación de la identidad divina: Yhwh, el Señor, Dios de misericordia.

Pareciera que en Nm 14 se obviara la conciencia de la responsabilidad personal, o al menos fuera proclive a una cierta imputación de culpas ajenas a los inocentes, las de los padres a los hijos, nietos y hasta los bisnietos. Se debe afirmar que la responsabilidad personal no está desarrollada en estos versículos.

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Sin embargo, en las dos versiones de la sentencia divina, las dos voces que se describen coordinadas, a saber, en Nm 14,22-24 (probablemente texto deuteronomista) y Nm 14,29-32 (probablemente texto sacerdotal) no se decreta la punición de los hijos por el pecado de los padres, sino que se acentúa que los castigados son responsables de sus actos; incluso Dios les ha tolerado ya diez veces sus estúpidas pruebas (Nm 14,22) 41,

Además, los inocentes quedan libres de todo castigo: Josué, Caleb y los privados de uso de razón. En conclusión, la punición de los padres en los hijos en Nm 14,18-19 (y también en Ex 20,5-6; 34,7-8) es una expresión simbólica que enfatiza la desproporción entre la misericordia y la justicia del corazón de Dios.

  • En efecto, esta desproporción es el horizonte de sentido principal, en el cual se debe interpretar el castigo que comporta la peregrinación de Israel por el desierto.
  • Notas 1 Para un detallado status quaestionis del estudio de Nm 13-14 y del Libro de los Números en general resulta muy últil su explicación razonada en M.

Olickal, Rebellion in the Wilderness and Rejaection of the Land. An Exegetical Study of Numbers 13-14 (Jerusalem: SBF, 2012), 8-47. Pasa revista a las distintas corrientes y aproximaciones al pasaje con la consideración bastante nutrida de los principales autores y obras.2 Seguimos la interpretación general del libro de J.-L.

Ska, «Estructura del libro de los Números», en Introducción a la lectura del Pentateuco. Claves para la interpretación de los cinco primeros libros de la Biblia, Íbid. (Estella: Verbo Divino, 2001), 59-63. Cf. otras propuestas complementarias como, por ejemplo, D.T. Olson, Numbers. Interpretation. A Bible Commentary for Teaching and Preaching (Louisville: John Knox Press, 1996), 1-8 ó F.

Varo, Números (Bilbao: Desclée de Brouwer, 2008), 113. Este último califica a Nm 13-14 como comienzo de las murmuraciones de todo el pueblo después de rebeliones propuestas por grupos marginales (Nm 11) y de los cercanos a Moisés (Nm 12).3 Para la estructura del libro seguimos a Knierim en la presentación que hace Ska, Introducción, 59-63.

Otras estructuraciones complementarias: Olson, Numbers, 3-7 plantea una estructura bipartita en base a los dos censos contenidos en el libro: Nm 1, que reporta la generación del éxodo y de la alianza del Sinaí, la misma que será punida por su desprecio del Señor; y Nm 26, que da cuenta de la generación siguiente, los que entrarán en la tierra prometida.

Nm 13-14, siempre según Olson, conecta ambos censos. En efecto, en 14,29 se afirma que morirán ‘todos los registrados en el censo, de todos los que tienen más de veinte años’; refiere al primer censo explícitamente y se usa la expresión ‘los que tienen más de veinte años’, la cual se utiliza repetidas veces en Nm 1: vv.1.18.20.22.24.26.

La conexión de Nm 13-14 y el segundo censo es aún más explícita porque en la conclusión de este se alude directamente a Nm 14,6.29-30 (y, además, se vincula expresamente con el primer censo): ‘Estas son las personas registradas por Moisés y el sacerdote Eleazar, cuando hicieron el censo de los israelitas en las estepas de Moab, junto al Jordán, a la altura de Jericó.

Entre estos no figuró ninguno de los que Moisés y el sacerdote Aarón habían registrado en el desierto del Sinaí. Porque el Señor había dicho acerca de ellos: «Morirán en el desierto». Ninguno de ellos sobrevivió, excepto Caleb, hijo de Iefuné, y Josué, hijo de Nun’ (Nm 26,63-65).

Cf. también en Olson, Numbers, 86-87.4 Ska, Introducción, 61-62 afirma que ‘por primera vez el texto dice que Israel «ha conquistado un territorio» y que se «ha establecido». Estos verbos aparecen en Nm 21,21-26, espec.21,25.31. El verbo clave está en Nm 21,24: yrs («conquistar»): «Israel lo venció a filo de espada y conquistó su territorio (wayyiras) desde el Arnón hasta el Yaboc.».

A partir de este momento, la narración está orientada hacia la conquista. Así, Nm 32 contiene las instrucciones para el reparto de los territorios de Transjordania y Nm 34 los de Cisjordanía. Nm 21,10-20 hace de transición entre estas dos etapas de la marcha por el desierto.

  • Y los oráculos de Balaán (Nm 22-24) ocupan un puesto clave en esta estructura, al inicio de la conquista.
  • En estos capítulos queda demostrado de diversos modos que nadie podrá oponerse al plan divino’,5 Varo, Números, 113 hace referencias precisas respecto a las variantes del texto en el Pentateuco Samaritano, varios manuscritos griegos minúsculos y la Hexapla siríaca en los cuales se añade al inicio de Nm 13 un texto muy cercano a Dt 1,20-23, mostrando un intento de armonizar las diferencias entre los relatos de Nm y Dt.6 La aprobación por parte de Moisés de la propuesta de expedición al país, a iniciativa de los israelitas, será también la razón por qué se le privará de entrar en la tierra prometida (cf.

Dt 1,37; 3,26; 34,4).7 Algunos intérpretes recientes se esfuerzan en señalar que o no hay contradicciones ni duplicados, o si los hay no son significativos para la lectura del relato en su forma actual, de modo que no prestan mayor atención a la diacronía del texto.

Olickal, Rebellion, 34-40 señala los estudios de Gordon J. Wenham (1981, 1997), Jacob Milgrom (1990), Timothy R. Ashley (1993), David Olson (1996) y David Volgger (2010); a los cuales se pueden sumar otros que, aunque dan mayor cabida a la investigación histórico-crítica, la combinan significativamente con el análisis sincrónico: Jules de Vaulx (1972) y Michael Widmer (2004).

En este mismo sentido debe considerarse el completo estudio de B.A. Levine, Numbers 1-20. A New Translation with Introduction and Commentary (Doubleday: The Anchor Yale Bible, 1993), 345-381, especialmente 347-349.8 Cf. el estudio comparativo contenido de H.J.

Curzer, «Spies and Lies: Faithful, Courageous Israelites and Truthful Spies», JSOT 35 n.° 2 (2010). También cf. la breve comparación sinóptica en V. Sénechal, «Quel horizon d’écriture pour Nb 14,11-25», en The Books of Leviticus and Number, ed. Por Th. Römer (Leuven: Uitgeverij Peeters, 2008), 610-612.9 Se corresponde bastante con el ya clásico estudio de K.

Sakenfeld, «The Problem of Divine Forgiveness in Numbers 14», CBQ 37 n.° 3 (1975): especialmente en 320 distingue: a) Antigua tradició n épica (Nm 14,1b.4.11a.23b-25), que asigna a JE según la división de fuentes de la Hipótesis Documental Clásica; b) Intercesión de Moisés (Nm 14,11b-23a), que correspondería a una tradición pre-P, que fue incorporada como suplemento en la antigua tradición épica; c) Edición final perteneciente a un autor o editor P que da un marco más amplio a las tradiciones más antiguas.10 Esta delimitación es sostenida por varios importantes exégetas del período final de la hegemonía de la Hipótesis Documental Clásica: M.

  • Noth, Das vierte Buch Mose: Numeri (Göttingen: Vandenhoeck & Ruprecht, 1966), 117; G.W.
  • Coats, Rebellion on the Wilderness: The Murmuring Motif in the Wilderness Traditions of the Old Testament (Nashville: Abingdon Press, 1968), 138-140; S.E.
  • McEvenue, The Narrative Style of the Priestly Writer (Rome: Biblical Institute Press, 1971), 97.

También, en los estudios más recientes de O. Artus, Études sur livre des Nombres. Récit, Histoire et Loi Nb 13,1-20,13 (Fribourg-Göttingen: Éditions Universitaires- Vandenhoeck & Ruprecht, 1966), 137.145 y Sénechal, «Horizon», 612-614. Seguimos a Ska, Introducción, 133-134, que estima que se trata de un añadido redaccional posterior a los pasajes más antiguos de Nm 13-14 por las siguientes razones: a) teología y estilo diferente respecto de aquellos pasajes y otros relatos de permanencia en el desierto.

Es evidente su cercanía con Ex 32,7-14 y algunos textos deuteronómicos. En nota el autor pone de manifiesto los principales paralelos con aguda precisión; b) el verbo ‘despreciar’ aparece en Nm 14,11a y 14,23b, pero no en Nm 14,11b-23a, de modo que se puede leer, aunque no con completa fluidez, un continuo sobre el que se añadió un texto ‘denso’ en contenido teológico.

Esta misma asignación la sostiene E. Blum, Studien zur Komposition des Pentateuch (Berlin-New York: Walter de Gruyter, 1990), 133-134 (aunque delimita el texto Nm 14,11-25). Cf. también: Ph.J. Budd, Numbers (Wako: Nelson Reference & Electronic, 1984), 152-153.162 refiere el texto a la literatura deuteronomista; E.W.

  • Davies, Numbers (London: Marshal Pickering, 1995), 142-145 hace lo mismo.
  • Sakenfeld, «Forgiveness», 323-328 considera este texto un suplemento pre-P inserido en el antiguo relato épico de Nm 14,1b.4.11a.23b-25 (que atribuye a JE), siguiendo los análisis de la Hipótesis Documental Clásica, aunque solo levemente lo conecta con la literatura deuteronomista.

Sobre todo, analiza el texto en comparación con Ex 34,6-9. Sénechal, «Horizon», 614-628 estudia las relaciones de dependencia entre Ex 32,7-14; Dt 9,12-14.26-29 y Nm 14,11-25, todos relatos que contienen intercesiones de Moisés a favor del pueblo, concluyendo que Nm 14,11b-23a es más reciente que el resto, más que probablemente sea postdeuteronomista y postsacerdotal, inserido en ese lugar precisamente para conectar el pecado del Sinaí/Horeb con el pecado de Cades, como queda implícito en la referencias de Nm 14,17 a Ex 34,6-9.

En un estudio más reciente M. Konkel, Exodus 32-34 and Quest for an Enneateuch (Leiden: Brill, 2012), 183-184 tambié n relaciona Nm 14:17-20 con Ex 34, 8-9.11 En Nm 13,29 se dan referencias concretas de los nombres de los pueblos que habitan la tierra prometida, que se vuelven a citar resumidamente en Nm 14,25a.12 Para un consideración detenida del estilo y vocabulario, cf.

Mc Evenue, Narrative Style, 103-117, especialmente 103-105.13 Cf. Ex 17,1-17; Nm 20,1-5; 21,4-6; Dt 9,7.22-24: Sl 78,19-42; 95,8-11; 106,13-29, etc.14 Cf.G.J. Wenham, Numbers. An Introduction & Commentary (Leicester: Inter-Varsity, 1981), 120-121. Cf. Sakenfeld, « Forgiveness», 321; Levine, Numbers, 377 habla de un ‘anti-Éxodo’; cf.

  1. También S.
  2. Boorer, «The Place of Numbers 1314* and Numbers 20:2-12* in the Priestly Narrative (Pg)», JBL 131 n.° 1 (2012): 56-57.15 Siguiendo la reflexión de G.
  3. Auzou, De la servitude au service.
  4. Étude du livre de l’Exode, 3 a, ed.
  5. Paris: Éditions de l’Orante, 1968).
  6. Wenham, Numbers, 123 subraya que se trata de un rasgo irónico del relato, pues a través de la punición, al menos en parte, Dios da curso al propósito de los rebeldes de no entrar en la tierra que desprecian temiendo la fuerza de sus moradores.16 Llama la atención que en los vv.6 y 38 el orden de nominación sea Josué y Caleb, mientras que el inverso en el v.30.17 Es interesante reparar que en este versículo se los nombra de orden inverso que como se hace en el v.30.18 Cf.

Ska, Introducción, 237-242 trata la ‘ley de la economía’ de la literatura israelita antigua: con referencias históricas precisas muestra los altos costos y las dificultades de la escribanía del Israel antiguo, con interesantes parangones con la misma función social en otras culturas del Medio Oriente Antiguo y Grecia.19 Cf.

Ska, Introducción, 231-233.20 No pocos autores señalan que Nm 13-14 tiene a su base una tradición calebita, que sería un relato antiquísimo de la conquista de la región de Hebrón. Se conectaría con otros relatos relacionados con Caleb, de los cuales hay vestigios en otros lugares bíblicos (cf. Nm 32,12; Jos 14,6).

Esta tradición habría sido reelaborada e incorporada al sistema de las 12 tribus, haciendo de Caleb el espía de la tribu de Judá (Nm 13,6). Cf. Budd, Numbers, 143-144, con referencias bibliográficas.21 Sakenfeld, «Forgiveness», 330 concluye que el suplemento pre-P (vv.11b-23a), supone una alianza condicionada, bilateral.

En efecto, para textos no P del Pentateuco, sobre todo de cuño deuteronomista, la alianza es preferentemente condicionada, por ejemplo, Dt 4,39-40; 30,15-20. Cf. Konkel, Exodus 32-34, 183-184.22 Se reportarán a continuación los principales elementos señalados por Ska, Introducción, 134, n.40.23 Olson, Numbers, 83-84 nota, eso sí, que hay una progresión de uno a otro relato: mientras que en Ex 32,12 se refiere a la reputación del Señor entre los egipcios; en Nm 14,13-16, no solo entre ellos, sino también entre los cananeos.

En Ex 32,13 alude a las promesas hechas a los ancestros del Génesis; en Nm 14,18, a las recientes promesas del Señor hechas a Moisés que encontramos en Ex 34,69. Estas observaciones son congruentes con el hecho evidente que Nm 14,17-19 remite directamente a la sentencia con la cual el Señor resuelve la crisis del becerro de oro.T.R.

Ashley, The book of Numbers (Grand Rapids: William Eedermans Publishing Company, 1993), 255 destaca también que en los vv.13-19 se repiten los argumentos de Ex 32,11-14: la reputación del Señor entre las naciones si destruye a su pueblo (vv.13-16) y su mostración como un Dios misericordioso (vv.17-19).

Cf.A.R. Petterson, «The Flying Scroll That Will Not Acquit the Guilty: Exodus 34,7 in Zechariah 5,3», JSOT 38 n.° 2 (2014).24 Para un análisis detallado de la atribución a P de gran parte de esta sección, sobre todo desde el punto de vista del estilo, cf.

McEvenue, Narative Style, 112-117. También cf. Sakenfeld, «Forgiveness», 328-330 y Boorer, «Place», 54-58.25 En esta parte de la sentencia se percibe con claridad que el perdón concedido por el Señor consiste en la preservación del pueblo por una decisión libre de Dios. Esto supone una concepción de la alianza más bien de corte bilateral y condicionada.

Sin embargo, Sakenfeld, «Forgiveness», 330 señala que esta concepción de la alianza pertenece al nivel pre-P, en el cual estaría incorporada la intercesión mosaica (vv.11b-23a). Señala, precisamente que en este contexto el perdón divino se entiende como la preservación del pueblo que Dios hace, no aplicando las disposiciones del pacto bilateral (cf.

Nm 14,12). En definitiva en base a su automanifestación que le es recordada por Moisés (cf. Nm 14,17-19 referido a Ex 34,6-7).26 Mc Evenue, Narative Style, 91, remitiéndose a los ejemplos contenidos en H. Holzinger, Einleitung in den Hexateuch (Freiburg: J.C.B. Mohr, 1893), 350-352.27 Diccionario bíblico Hebreo-Español, 1.a ed., s.v.

« m´s ».28 En la sentencia antigua antecedente, Nm 14,11a.23b-24(25), en cambio el verbo con que se designa la falta de los israelitas es n´c, ‘desdeñar’ en el v.11a y en el v.23b. Ambos verbos son distintos, aunque con sentidos fuertemente sinonímicos.

  • Cf. Diccionario bíblico Hebreo-Español, 1.a ed., s.v.
  • « n´c ».29 Wenham, Numbers, 120 señala que en las antiguas leyes de Oriente los que emitían falsas acusaciones recibían la pena que hubieran recibido injustamente los acusados (cf.
  • Dt 19,16-19).
  • Ashley, Numbers, 230-231 destaca que el castigo proviene de la boca de los punidos (‘out of their own mouths’), algo así como el popular adagio en español: ‘por donde pecas, pagas’).30 Varo, Números, 118 puntualiza que la rebelión ‘es sobre todo un rechazo de Dios’.31 Seguimos muy de cerca la reflexión de Ska, Introducción, 209-216.32 Íbid., 213; cf.

Olson, Numbers, 86-87.33 Cf. Boorer, «Place», 56-57.34 La comparación entre Ex 20,5-6; 34,7-6 y Nm 14,17-19, resulta muy diáfana en Sakenfeld, «Forgiveness», 319.323-328; también en Olson, Numbers, 82-84; Ashley, Numbers, 258-259; Levine, Numbers, 379-381.35 Se trata de una especie de fórmula o confesión de fe que está en las tres partes de la Biblia Hebrea.

  1. Se repite, aunque con algunas variaciones y no siempre con todos los términos aludidos.
  2. Cf., por ejemplo, en la Ley: Ex 20,6; 34.6-7; Nm 14,18; Dt 4,31; 5,10; 7,9-10; en los Profetas: Jr 32,18; Jl 2,13; Jon 4,2 y Na 1,3; y en los otros escritos: Sl 86,15; 103,8; 116,5; 145,8-9; Ne 9,17b.31.36 En este párrafo se retoma con alguna modificación los argumentos tratados en A.

Ferrada, ‘Nota de interpretación: YHWH, el Señor, Dios de Misericordia’, en S. Fernández, J. Noemi y R. Polanco, eds., Multifariam, Suplementos a Teología y Vida (Santiago: Anales de la Facultad de Teología 1, 2010), 86.37 En Ex 34,7 se incluye, además de los dos términos mencionados, Há†ä´â otra designación bastante común de pecado o ruptura e infidelidad a la alianza.

  1. En Ex 20,5b-6 solo se usa `äwön,
  2. Para la revisión de la terminología del pecado en el Antiguo Testamento, cf.A.
  3. Meis, Antropología Teológica.
  4. Acercamiento a la paradoja del hombre, 3.a ed.
  5. Ediciones Universidad Católica de Chile: Santiago, 2013), 136-137.38 Sakenfeld, «Forgiveness», 324 señala que esta expresión se usa restrictivamente solo referida a Yhwh.39 En Ex 34,6-7 se incluyen otros más: raHûm de raHámîm, entrañas maternas y, por lo mismo, connota un amor entrañable, tierno, como el de una madre por su hijo (cf.

Os 2,21); Hannûn de Hën, es decir, clemente, en relación con la actitud del poderoso que se inclina sobre el pequeño y, por lo tanto, denota clemencia y benignidad (cf. Ex 33,12-17; Sl 86,15; 103,8); ´émet (a la raíz de amén), es decir, fiel, designando la fidelidad del Señor consigo mismo, con sus promesas y, por tanto, cierto y seguro (cf.

  1. Jos 2,14; 2Sam 2,6).
  2. Hasta cierto punto esta multiplicidad se puede atribuir al carácter concreto de la mentalidad judía, de modo que cada uno de los términos usados designa un aspecto de la bondad divina.
  3. Para una revisión de los términos que indican gracia divina en el Antiguo Testamento, cf.
  4. Meis, Antropología Teológica, 134-136.

Se ha retomado con alguna modificación Ferrada, ‘YHWH, el Señor’, 89.40 No pocas traducciones del pasaje vierten lä´áläpîm en ‘por millares’, el sentido literal de la palabra; otras interpretan la palabra en relación a la paradoja que expresa el contexto: ‘por mil generaciones’ en contraste con ‘tercera y cuarta generación’.

¿Quién se casó con Moisés?

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¿Qué año nació Moisés?

Moises. Hoy 17 de Agosto de 1.152 a.C. (fecha aproximada) nace Moises. Moises en el Coran. Por Aisha Stacey (© 2012 Tanto en el judaísmo como en el cristianismo, Moisés es una figura central. Él es el hombre del Antiguo Testamento más mencionado en el Nuevo Testamento, guió a los israelitas fuera de la esclavitud en Egipto, se comunicaba con Dios y recibió los Diez Mandamientos.

  • Moisés es conocido como líder religioso y como legislador.
  • En el Islam, Moisés es amado y respetado, él es tanto profeta como mensajero.
  • Es mencionado 140 veces en el Coran y su historia está repartida por varios capítulos.
  • Es la historia más larga y detallada de un profeta en el Corán y se analiza con gran exhaustividad.

La palabra profeta (Nabi en árabe) se deriva de la palabra Naba, que significa buenas noticias. El mensaje de Dios es revelado y el profeta divulga las buenas nuevas entre su gente. Un mensajero, por otro lado, viene con una misión específica, generalmente transmitir un nuevo ordenamiento de Dios.

  1. Todo mensajero es un profeta, pero no todo profeta es un mensajero.
  2. El Islam enseña que todos los profetas llegaron a sus pueblos con la misma proclama: ‘Adorad sólo a Allah, pues no existe otra divinidad salvo Él’.
  3. Corán 11:50).
  4. Moisés llamó a los hijos de Israel a adorar sólo a Dios y estableció las leyes prescritas en la Tora.

‘Hemos revelado la Torá. En ella hay guía y luz. De acuerdo a ella, los Profetas que se sometieron a Allah emitían los juicios entre los judíos, los rabinos y juristas según lo que se les confió del Libro de Allah y del cual eran testigos.’ (Corán 5:44) El Corán es un libro de orientación para toda la humanidad.

  • No es un libro de historia; sin embargo, contiene información histórica.
  • Dios nos pide que contemplemos las historias de los profetas y reflexionemos sobre ellas, de modo que podamos aprender de sus pruebas, tribulaciones y triunfos.
  • La historia de Moisés contiene muchas lecciones para la humanidad.
  • Dios dice que el relato de Moisés y el Faraón en el Corán es verdadero.

Es una historia de intriga política y de opresión que no conoció límites. ‘Te narramos parte de la verdadera historia de Moisés y del Faraón, para quienes creen. Por cierto que el Faraón fue un tirano en la Tierra. Dividió a sus habitantes en clases y esclavizó a un grupo de ellos, degollando a sus hijos varones y dejando con vida a las mujeres; por cierto que fue un corruptor.’ (Corán 28:3-4) Moisés nació en uno de los momentos más políticamente cargados de la historia.

El Faraón de Egipto era la figura de poder dominante en la tierra. Era tan increíblemente poderoso que se refería a sí mismo como a un dios, y nadie estaba inclinado o en condiciones de disputar esto. Él dijo: ‘Yo soy vuestro Señor supremo.’ (Corán 79:24) El Faraón ejercía su autoridad e influencia sin esfuerzo sobre toda la gente en Egipto.

Utilizaba la estrategia de divide y vencerás. Estableció las diferencias de clases, dividió a la gente en grupos y tribus, y los puso a uno contra otro. Los judíos, los hijos de Israel, fueron puestos en el nivel más bajo de la sociedad egipcia. Eran los esclavos y sirvientes.

  • La familia de Moisés estaba entre los hijos de Israel.
  • Egipto en la época era la superpotencia del mundo conocido.
  • El poder supremo descansaba en manos de unos pocos.
  • El Faraón y sus ministros de confianza dirigían todos los asuntos, como si la vida del pueblo fuera de poca o ninguna importancia.
  • La situación política era en cierto modo similar al mundo político del siglo XXI.

En una época en la que los jóvenes de todo el mundo son utilizados como carne de cañón por los juegos políticos y militares de los más poderosos, la historia de Moisés es particularmente pertinente. De acuerdo con el erudito islámico Ibn Kazir los hijos de Israel hablaban vagamente sobre que uno de los hijos de su nación se levantaría para arrebatarle el trono de Egipto al Faraón.

Quizás era sólo el sueño persistente de un pueblo oprimido, o tal vez una profecía antigua, pero la historia de Moisés comienza aquí. Un anhelo de libertad junto con el sueño de un rey tirano. El pueblo de Egipto estaba influenciado por los sueños y las interpretaciones de los sueños. Los sueños ocuparon un lugar predominante en la historia del profeta José y una vez más, en la historia de Moisés el destino de los hijos de Israel se ve afectado por un sueño.

El Faraón soñó que uno de los hijos de Israel crecía hasta la edad adulta y se apoderaba de su trono. Fiel a su papel, el Faraón reaccionó con arrogancia y dio la orden de que todos los niños varones nacidos entre los hijos de Israel fueran asesinados.

Sus ministros percibieron sin embargo, que esto llevaría a la aniquilación total de los hijos de Israel y a la ruina económica de Egipto. ¿Cómo —se preguntaron— funcionaría el imperio sin esclavos y sirvientes? La orden fue alterada: los niños varones serían asesinados un año, pero perdonados al siguiente.

El Faraón llegó a ser tan fanático que enviaba espías o agentes de seguridad para que buscaran a las mujeres embarazadas. Si alguna mujer daba a luz a un hijo varón, este era asesinado de inmediato. Cuando la madre de Moisés quedó preñada del niño destinado a liderar a los hijos de Israel fuera de la esclavitud, ocultó su embarazo.

  1. Sin embargo, Dios quiso hacerle un favor a los débiles y oprimidos, y los planes del Faraón fueron frustrados.
  2. Y quisimos agraciar a quienes fueron esclavizados en la Tierra y les convertimos en líderes ejemplares y sucesores.
  3. Les dimos poder sobre la tierra, e hicimos que el Faraón, Hamán y sus huestes vieran lo que temían.’ (Corán 28:5-6) La película ‘Los diez mandamientos’ – Los diez mandamientos (en inglés: The Ten Commandments) es una película estadounidense épica de 1956, dirigida y producida por Cecil B.

DeMille, filmada en VistaVision (color proporcionado por Technicolor) y distribuida por Paramount Pictures. Dramatiza la historia bíblica de la vida de Moisés, un príncipe egipcio adoptado que se convierte en el líder de su verdadero pueblo, la esclavizada nación hebrea, y por lo tanto dirige el éxodo al Monte Sinaí, donde recibe los Diez Mandamientos de parte de Dios.

La película está protagonizada por Charlton Heston en el papel principal, Yul Brynner como Ramsés II, Anne Baxter como Nefretiri, Edward G. Robinson como Datán, Yvonne De Carlo como Séfora, Debra Paget como Lilia y John Derek como Josué; y destacada por Sir Cedric Hardwicke como Seti, Nina Foch como Bitia, Martha Scott como Yochabel, Judith Anderson como Memnet y Vincent Price como Baka.

Rodada en Egipto, el Monte Sinaí, y la península del Sinaí, Los diez mandamientos es la última y más exitosa película dirigida por DeMille. Es una versión parcial de su película muda del mismo título de 1923, y cuenta con uno de los sets de filmación más grandes en la historia del cine.

También fue la película más cara realizada al momento de su estreno. Recaudó más de 65 millones de dólares en la taquilla estadounidense. Es la sexta película más taquillera de todos los tiempos, con un total ajustado por inflación de más de un billón de dólares. Ganó un Oscar a los mejores efectos especiales, además obtuvo seis nominaciones, a la mejor película, a la mejor dirección artística, a la mejor fotografía, al mejor montaje, al mejor sonido, y al mejor vestuario.

La escena de Moisés abriéndose paso por el mar Rojo ya es considerada por muchos críticos como clásica en la historia del cine. : Moises. Hoy 17 de Agosto de 1.152 a.C. (fecha aproximada) nace Moises. Moises en el Coran.

¿Qué pasó con Moisés en la Biblia?

LÍDER DEL DESIERTO – Como líder, Moisés se enfrentó a muchas pruebas en el desierto. Los israelitas podrían ser ingobernables y desagradecidos. Ellos se quejaban mucho pese a que Dios demostró una y otra vez que proveería a sus necesidades. Los israelitas necesitaban instrucciones claras y efectivas.

Después de una victoria militar sobre los amalecitas, ellos acamparon en la base del Monte Sinaí, donde Dios le dio a Moisés los Diez Mandamientos, escritos con su propio dedo sobre dos tablas de piedra. Mientras Moisés estaba lejos, en cima de la montaña, los israelitas hicieron una estatua de un becerro de oro para adorarla.

Cuando regresó al campamento y vio la conducta idólatra de los israelitas, Moisés enfureció y arrojó las tablas de piedra con los Diez Mandamientos al suelo. Moisés subió la montaña una vez más para suplicarle a Dios que perdonara a los israelitas. Siguiendo las instrucciones de Dios, Moisés talló dos tablas para reemplazar las rotas.

  • Moisés permaneció en la montaña ayunando, orando y conversando con Dios durante cuarenta días.
  • Cuando Moisés finalmente regresó por la ladera de la montaña, la gente se aterró porque su rostro resplandecía con la luz de la gloria de Dios.
  • Moisés fue un gran líder que murió mientras guiaba al pueblo a la tierra prometida, Canaán.

Aún hoy, los judíos le dan a este héroe bíblico el título de Legislador de Israel. Para aprender más sobre este héroe, Moisés, lee en tu Biblia los siguientes libros: Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. ENLACES

¿Cuál es el nombre de la esposa de Moisés?

Séfora en el cine – En la película Los diez mandamientos (1956) dirigida por Cecil B. DeMille, Séfora es interpretada por la actriz y cantante canadiense Yvonne De Carlo, Para este papel, De Carlo aprendió a tejer en telar de mano y viajó a Egipto, junto con el resto del equipo de filmación.

En la película de animación El príncipe de Egipto, Séfora aparece por primera vez cuando los sacerdotes Hotep y Huy, tras secuestrarla, la ofrecen al príncipe Ramsés como concubina. Ramsés rehúsa y se la regala a Moisés, su hermano adoptivo. Moisés más tarde la ayuda a escapar. Ambos se reencuentran cuando Moisés huye de Egipto tras matar a un capataz.

Poco a poco, él se gana su respeto y su amor, y finalmente se casan. Séfora acompaña a Moisés a liberar al pueblo hebreo y lo apoya en su empresa. En todo momento, Séfora es presentada como una mujer independiente, valiente y con carácter. En 2014 Séfora es interpretada por la actriz española María Valverde en la producción de Ridley Scott llamada ‘ Exodus: Gods and Kings ‘.

¿Qué hizo Moisés en los siguientes 40 años?

Hechos 7:23-47 »Cuando Moisés tenía cuarenta años, decidió ir a visitar a los israelitas, porque eran de su propia nación. De pronto, vio que un egipcio maltrataba a un israelita. Sin pensarlo mucho, defendió al isr | Traducción en Lenguaje Actual (TLA) | Descargue La Biblia App ahora »Cuando Moisés tenía cuarenta años, decidió ir a visitar a los israelitas, porque eran de su propia nación.

  • De pronto, vio que un egipcio maltrataba a un israelita.
  • Sin pensarlo mucho, defendió al israelita y mató al egipcio.
  • »Moisés pensó que los israelitas entenderían que Dios los libraría de la esclavitud por medio de él.
  • Pero ellos no pensaron lo mismo.
  • Al día siguiente, Moisés vio que dos israelitas se estaban peleando.

Trató de calmarlos y les dijo: ‘Ustedes son de la misma nación. ¿Por qué se pelean?’ »Pero el que estaba maltratando al otro se dio vuelta, empujó a Moisés y le respondió: ‘¡Y a ti qué te importa! ¿Quién te ha dicho que tú eres nuestro jefe o nuestro juez? ¿Acaso piensas matarme como al egipcio?’ »Al oír eso, Moisés huyó de Egipto tan pronto como pudo, y se fue a vivir a Madián.

En ese país vivió como extranjero, y allí nacieron dos de sus hijos. »Pasaron cuarenta años. Pero un día en que Moisés estaba en el desierto, cerca del monte Sinaí, un ángel se le apareció entre un arbusto que ardía en llamas. Moisés tuvo mucho miedo, pero se acercó para ver mejor lo que pasaba. Entonces Dios, con voz muy fuerte le dijo: ‘Yo soy el Dios de tus antepasados.

Soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.’ »Moisés empezó a temblar, y ya no se atrevió a mirar más. Pero Dios le dijo: ‘Quítate las sandalias, porque estás en mi presencia. Yo sé muy bien que mi pueblo Israel sufre mucho, porque los egipcios lo han esclavizado.

  1. También he escuchado sus gritos pidiéndome ayuda.
  2. Por eso he venido a librarlos del poder egipcio.
  3. Así que prepárate, pues voy a mandarte a Egipto.’ »Los israelitas rechazaron a Moisés, y le dijeron: ‘¿Quién te ha dicho que tú eres nuestro jefe o nuestro juez?’ Pero Dios mismo lo convirtió en jefe y libertador de su pueblo.

Esto lo hizo por medio del ángel que se le apareció a Moisés en el arbusto. »Con milagros y señales maravillosas, Moisés sacó de Egipto a su pueblo. Lo llevó a través del Mar de los Juncos, y durante cuarenta años lo guio por el desierto. Y fue Moisés mismo quien les anunció a los israelitas: ‘Dios elegirá a uno de nuestro pueblo, para que sea un profeta como yo.’ »Moisés estuvo con nuestros antepasados en el desierto, y les comunicó todos los mensajes que el ángel de Dios le dio en el monte Sinaí.

Esos mensajes son palabras que dan vida. »Pero los israelitas fueron rebeldes. No quisieron obedecer a Moisés y, en cambio, deseaban volver a Egipto. »Un día, los israelitas le dijeron a Aarón, el hermano de Moisés: ‘Moisés nos sacó de Egipto, pero ahora no sabemos qué le sucedió. Es mejor que nos hagas un dios, para que sea nuestro guía y protector.’ »Hicieron entonces una estatua con forma de toro, y sacrificaron animales para adorarla.

¿CUÁNTOS AÑOS TENÍA MOISÉS? – Consultas Bíblicas

Luego hicieron una gran fiesta en honor de la estatua, y estaban muy orgullosos de lo que habían hecho. Por eso Dios decidió olvidarse de ellos, pues se pusieron a adorar a las estrellas del cielo. »En el libro del profeta Amós dice: ‘Pueblo de Israel, durante los cuarenta años que anduvieron por el desierto, ustedes nunca me presentaron ofrendas para adorarme.

  1. En cambio, llevaron en sus hombros la tienda con el altar del dios Moloc y la imagen de la estrella del dios Refán.
  2. Ustedes se hicieron esos ídolos y los adoraron.
  3. Por eso, yo haré que a ustedes se los lleven lejos, más allá de Babilonia.’ »Allí, en el desierto, nuestros antepasados tenían el santuario del pacto, que Moisés construyó según el modelo que Dios le había mostrado.

El santuario pasó de padres a hijos, hasta el tiempo en que Josué llegó a ser el nuevo jefe de Israel. Entonces los israelitas llevaron consigo el santuario para ocupar el territorio que Dios estaba quitándoles a otros pueblos. Y el santuario estuvo allí hasta el tiempo del rey David.

  • »Como Dios quería mucho a David, este le pidió permiso para construirle un templo donde el pueblo de Israel pudiera adorarlo.
  • Sin embargo, fue su hijo Salomón quien se lo construyó.
  • TLA: Traducción en Lenguaje Actual Compartir : Hechos 7:23-47 »Cuando Moisés tenía cuarenta años, decidió ir a visitar a los israelitas, porque eran de su propia nación.

De pronto, vio que un egipcio maltrataba a un israelita. Sin pensarlo mucho, defendió al isr | Traducción en Lenguaje Actual (TLA) | Descargue La Biblia App ahora

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