Como Describe La Biblia El Cielo?

Como Describe La Biblia El Cielo
Como Describe La Biblia El Cielo?

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En la Biblia, la palabra ‘cielo’ aparece 276 veces solo en el Nuevo Testamento. El cielo es un lugar real y se describe como la hermosa morada de aquellos que han confiado en Jesucristo como su Salvador. Pablo dijo que fue ‘arrebatado hasta el tercer cielo’, pero no se le permitió decir lo que vio allí (2 Corintios 12:1-9).

¿Como dice la Biblia que es el cielo?

Concepciones – Existen abundantes y diversas fuentes para concepciones del Cielo. La visión típica del creyente parece depender en gran medida de su tradición religiosa particular. Diversas religiones han descrito el Cielo como poblado por ángeles, dioses o héroes, El Cielo suele ser interpretado como un lugar de felicidad eterna,

¿Cómo se entiende el cielo?

En astronomía, cielo es sinónimo de esfera celeste: una bóveda imaginaria sobre la cual se distribuyen el Sol, las estrellas, los planetas y la Luna. La esfera celeste se divide en regiones denominadas constelaciones. En la mitología romana, Caelus era el dios del cielo, equivalente al Urano griego.

¿Dónde se encuentra el paraíso de la Biblia?

¿Estuvo aquí el paraíso? Hace 11.000 años, un grupo de cazadores-recolectores asentado entre los ríos Tigris y Éufrates tuvo la idea de ‘domesticar el trigo’. Según los investigadores, allí estuvo el Paraíso Terrenal del que habla la Biblia. Y el Señor plantó un jardín en Edén, mirando al Este, y puso al hombre dentro?.

Esta parábola bíblica sobre el origen de la humanidad fue recogida en distintas formas por infinidad de leyendas orientales y occidentales. Si los chinos y los musulmanes tienen su particular jardín del Edén, los celtas creyeron fervientemente en Avalon, y los cabalistas, en un campo primordial ‘devastado por los que allí entraron’.

Aunque los estudiosos del Antiguo Testamento consideran que el texto sagrado es poco más que un mito, algunos arqueólogos empiezan a sospechar que podría ser una especie de guía para desvelar aspectos oscuros de los primeros pasos de la civilización.

El egiptólogo británico David M. Rohl va secretas para localizar geográficamente el lugar exacto donde estuvo ubicado el Paraíso. Tras cotejar fuentes bíblicas con textos antiguos, Rohl señala que el primer granero de la humanidad se encontraba a orillas del lago Urmía, cerca de la ciudad de Tabriz, en la frontera de Turquía e Irán, y a dos pasos de los míticos yacimientos sumerios de Irak.

Y lo sorprendente es que Rohl podría estar dando en la diana. No lejos del lago Urmía se encuentra el yacimiento de Göbekli Tepe -Monte Ombligo-, un conjunto megalítico descubierto en 1995 que se halla en el curso superior de los ríos Éufrates y Tigris, en la región donde la Biblia situaba el Paraíso, en un solitario desierto de piedra caliza en el sudeste de Turquía, cerca de las fronteras de Siria, Irak e Irán.

  1. Hace unos 11.500 años, en ese punto estratégico del planeta, varios escultores del Paleolítico tallaron signos y dibujos en las columnas que adornaban el recinto sagrado donde el clan rendía culto a los muertos.
  2. Aquel grupo de cazadores-recolectores fue capaz de dar los primeros pasos para domesticar el trigo salvaje que crecía de forma espontánea en las laderas de la cordillera de Tauro y en las fértiles tierras que rodean los lagos Van y Urmía.

Podría decirse que el origen de la agricultura se encontró en esa región del planeta. Al menos eso es lo que desvelan los estudios genéticos llevados a cabo por expertos alemanes e italianos asociados al prestigioso Instituto Max Planck para la Investigación de Cultivos de Colonia, en Alemania. Göbekli Tepe, fundamental para entender el pasado La arqueología coincide con las investigaciones de ingeniería genética vegetal. Según Ezequiel 28:14, el jardín del Edén estaba emplazado en un monte sagrado, como el Göbekli Tepe. Asimismo, este yacimiento se encuentra muy cerca de la ciudad de Urfa, donde la Biblia sitúa la gruta en la que nació Abraham, y en cuyo entorno ‘se percibe un gran peso mitológico’, en palabras de Klaus Schmidt, de la Universidad de Heidelberg y director de las excavaciones de este misterioso yacimiento turco.

De acuerdo con una versión de la Biblia original hebrea, Abraham salió de Urfa para emprender camino hacia la tierra prometida en torno a 1800 a.C., lo que pudo contribuir a que la parábola de Adán y Eva apareciera en el Antiguo Testamento. Tras más de 100.000 años de era glaciar, los vientos templados de Eurasia volvieron a soplar en la zona alta de Mesopotamia, facilitando la floración en las suaves colinas que salpican los campos que rodean Göbleki Tepe.

Schmidt cree que esta joya arqueológica es fundamental para averiguar cómo vivían esos cazadores-recolectores y cómo contribuyeron al nacimiento de aquel primer huerto de la humanidad, el legendario jardín primigenio del que habla David Rohl. ‘Es evidente que aquí vivieron unos seres humanos que trataron de comunicar algo a otros congéneres de una forma perdurable’, señala Schmidt.

  • El arqueólogo alemán está convencido de que este lugar, ubicado en una pequeña montaña, es un ejemplar único, ‘con la energía arquitectónica y mítica de un Stonehenge’, pero infinitamente más arcaico.
  • Su desenterramiento plantea grandes interrogantes.
  • Uno de ellos tiene que ver con su datación, ya que el conjunto fue construido unos mil años antes de la revolución neolítica, lo que definitivamente echa por la borda la creencia de que este tipo de construcciones se llevaron a cabo tras el nacimiento del cultivo del trigo y la ganadería.

Ahora sabemos que su construcción se realizó un milenio antes que el primitivo conjunto de piedra y tierra de Jericó que era considerado el más antiguo hasta que fue descubierto el yacimiento de Göbleki Tepe. Altas columnas talladas con figuras de animales Este primigenio templo de la edad dorada del Paleolítico está armado con varias columnas en forma de T de unos tres metros de altura que fueron excavadas de una pieza a partir de la roca de la cima. Sus pulidas superficies muestran relieves con figuras de animales: zorros, gacelas, patos,grullas, jabalíes y un león.

  1. Otra sorpresa es que en el centro del santuario hay otras dos columnas más grandes, de unos seis metros de altura, que están cubiertas de signos jeroglíficos indescifrables.
  2. Este hallazgo desvela que sus moradores pensaban en el más allá y que sentían la irrefrenable necesidad de transmitir sus creencias a otras generaciones.
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Schmidt cree que Göbekli Tepe era un grandioso espacio sagrado dedicado al culto de los muertos, ya que en su interior no se han encontrado restos de utensilios domésticos ni trazas de enterramientos. ‘Allí se reunían los sacerdotes alrededor de grandes fogatas para oficiar actos rituales en honor de los antepasados’, señala Schmidt.

Pero más sorprendente todavía fue el descubrimiento de la estatua más antigua hallada hasta ahora, desenterrada hace años por arqueólogos turcos de la Facultad de Herran en el yacimiento de Balikligöl, en la cueva sagrada de la ciudad de Urfa, donde la tradición hebrea situaba el nacimiento de Abraham.

La estatua, que muestra a un hombre que coge sus genitales con las manos, fue esculpida mil años antes de la construcción del santuario de Göbekli Tepe. Con sus enigmáticos ojos de obsidiana que miran fijamente a los espectadores del siglo XXI, la arcaica figura podría representar a un primitivo dios de la reproducción. Un vergel comparado con el actual terreno pedregoso Las gentes que se reunían alrededor del montículo sagrado cazaban gacelas y otros animales en un territorio feraz, muy distinto al actual terreno pedregoso que sirve de refugio a la guerrilla separatista turca del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK).

  1. Los cazadores-recolectores de Göbekli Tepe aprendieron a cercar grandes extensiones de prados de grano para protegerlos de los animales.
  2. Aquel primigenio huerto natural pudo haber sido el embrión de la revolución del Neolítico; o si se prefiere, el embrión del legendario Paraíso que describe el Génesis, donde se dice que Adán recibió el encargo de cultivar y conservar el jardín del Edén Según apunta el egiptólogo británico David Rohl en su libro Legend: The Genesis of Civilisation Paraíso se encontraba a orillas del lago Urmía, no muy lejos de Göbekli Tepe.

En aquellos campos, los descendientes del artista que esculpió la estatua de Balikligöl descubrieron la forma de cultivar el trigo silvestre. Curiosamente cerca de ese lugar han aparecido figuras de arcilla cuyo origen se remonta en torno a 8500 a.C. ‘Entonces el Señor Dios modeló al hombre de arcilla del suelo, sopló en su nariz aliento de vida.’.

Si algunos arqueólogos sospechan que ese fragmento del Antiguo Testamento presenta ciertas similitudes con la industria de arcilla de la alta Mesopotamia, David Rohl se atreve a afirmar que la Biblia aporta datos fidedignos que desvelan cómo se produjo el amanecer de la humanidad, lo que a su vez abre nuevas perspectivas sobre la historia bíblica de la Creación.

‘Una vez creado el Paraíso, Jehová tomó al hombre y le puso en el huerto del Edén, para que lo labrara y lo guardase’. Pese a lo controvertidas que resultan sus propuestas, lo cierto es que algunas parábolas del Génesis guardan similitud con los acontecimientos reales que tuvieron lugar hace miles de años en los campos que rodean los lagos Van y Urmía, enclavados en el llamado ‘Creciente Fértil’, una amplia región que abarca el sur de Turquía, Irak, Irán, Siria, Palestina y Egipto. Rohl relaciona el Edén con los ríos que riegan esa zona Rohl recuerda que el Paraíso de la Biblia es un idílico jardín repleto de fuentes de agua. Curiosamente, en la cordillera de Tauro, muy cercana al yacimiento de Göbekli Tepe, nacen más de diez ríos.

‘Y salía del Edén un río para regar el huerto, y de allí se repartía en cuatro ramales’, dice el Génesis. Los cuatro ríos primigenios eran el Pisón, el Gibón, el Hidekel -nombre hebreo del Tigris- y el Éufrates. De acuerdo con la teoría de Rohl, la verdadera identidad de los ríos Gibón y Pisón fue revelada por Reginald Walker, un erudito británico ya fallecido que publicó sus hallazgos en 1986.

En esa región del planeta fluyen las aguas de río Aras. Pero antes de la invasión islámica del siglo VIII, tal y como descubrió Walker, el río Aras era conocido como el Gaihun, equivalente al hebreo Gibón. Por su parte, David M. Rohl encontró diccionarios victorianos que se refieren a ese río como el Gibón- Aras.

¿Pero existe ese río? En su libro, Walker afirma que el Pisón es simplemente una derivación del hebreo Uizon -muy parecido a Pisón-, nombre de un acuífero que riega las tierras de la región.Pero Walker hizo otro descubrimiento. Se trata de la villa de Noqdi, que podría ser la tierra de Nod, el lugar donde se exilió Caín tras asesinar a Abel.

Según Rohl, la localización de Noqdi encaja perfectamente con lo escrito en el Génesis: ?Y salió Caín delante de Jehová, y habitó en la tierra de Nod, que se encuentra al este del EdénUtilizando todo tipo de fuentes, no sólo las bíblicas, el controvertido egiptólogo británico afirma que los habitantes del Paraíso emigraron a Mesopotamia en el sexto milenio a.C., estableciéndose en Sumeria, donde floreció una gran cultura que dio lugar a la invención de la escritura y a la creación de Uruk, considerada la primera gran ciudad de la humanidad.

Según la Biblia, la llanura de Sumer, al sur de la ciudad de Zagros, es el lugar donde emigraron los descendientes de Adán tras el diluvio universal.La llamada ?ruta de la cerámica? aporta pruebas de aquella migración. La cerámica más antigua aparece en el norte de los montes Zagros y es del séptimo milenio a.C.

La siguiente generación de cacharros de barro es del sexto milenio y se ha encontrado al sur de los Zagros. Las primeras piezas de cerámica ‘moderna’, con una antigüedad de cinco mil años, se han desenterrado en Uruk. David Rohl recuerda que algunas leyendas antiguas recogen las mismas parábolas y mitos que la Biblia.

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¿Qué dice la Iglesia sobre el cielo?

La Iglesia siempre ha mirado al cielo. Es algo que parece obvio, pero también puede resultar curioso, pues se puede mirar al cielo de diferentes formas. En el firmamento podemos buscar el origen del cosmos, el devenir de los tiempos, la vida en otros planetas e incluso a Dios. Podemos buscarlo todo e incluso, el todo, Diagrama del modelo heliocéntrico del sistema solar incluido en el manuscrito de Copérnico. Wikimedia Commons No son pocos los religiosos que han compaginado su fe cristiana con la ciencia. San Agustín fue ordenado obispo en plena Edad Media. Tenía una particular idea cosmológica sobre la creación y el tiempo, aunque nada que ver con la revolución que causó Nicolás Copérnico, con su De revolutionibus orbium coelestium, al afirmar que la Tierra giraba en torno al Sol.

Este monje polaco desmontó la idea bíblica equivocada de que el Sol era quien giraba en torno a nuestro planeta. Ya en el siglo XX, el sacerdote belga Georges Lemaître resolvió las ecuaciones de Albert Einstein, mostrando que eran compatibles con la existencia de un universo en expansión, a partir de una singularidad inicial o big bang,

Esta demostración echaba por tierra la concepción clásica de la Iglesia, que defendía un cosmos homogéneo e inmutable. La idea preconcebida de una Iglesia en continuo conflicto con la ciencia no es del todo cierta. Es más, el estudio de la naturaleza, como una cuestión deseable para conocer mejor a Dios, ha estado siempre presente a lo largo de la historia eclesiástica.

¿Qué dice la Biblia que en dónde vive Dios?

Asi que, ¿en dónde habita Dios hoy? – Para aquellas personas que creen en Cristo, Él no sólo es el Creador que mora en los cielos, lejos, muy lejos de nosotros; Él es también el Espíritu vivificante que mora en nosotros, en nuestro espíritu humano, Él ha entrado en nuestro universo personal al entrar en nuestro ser.

Ya no es un Dios lejano, sino nuestro Redentor y Salvador, quien está cerca de nosotros puesto que Él vive en nosotros. Debido a que está tan cerca de nosotros, Él está disponible a nosotros a cualquier hora y en cualquier lugar y puede suplir todas nuestras necesidades consigo mismo. Dios está cerca de nosotros, más cerca de lo que cualquier otra persona lo puede estar.

Esto es un hecho. Sencillamente necesitamos enfocarnos en nuestro espíritu donde está Él y acudir al Señor en fe. Mientras aprendemos a cómo vivir y andar por el espíritu, al contactarlo y conversar con Él durante el día, disfrutaremos más y más aquello que Dios tiene para nosotros y lo que Él desea ser para nosotros en nuestras vidas.

¿Dónde se encuentra el paraíso de Adán y Eva?

El Paraíso estaba en Africa – Adán y Eva comieron la manzana entre Sudáfrica y Tanzania Se llegó a decir que estaba en el actual Irak, en Arabia, hasta en Galicia. Pero no. Nuestros ‘primeros padres’ vivieron felices y dichosos hace 200.000 años en un jardín del Edén en.

Africa. Así lo aseguran científicos de EEUU, y así lo proclama el Vaticano JOSE MANUEL VIDAL El Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado. El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos de ver y buenos de comer; además, el árbol de la vida en mitad del jardín y el árbol de conocer el bien y el mal’ (Génesis 2, 8-9).

¿Dónde estaba el jardín del Edén? ¿Existió la cuna de la Humanidad? ¿Se puede localizar geográficamente o es un puro mito religioso? Estas y otras preguntas que intrigaron, desde siempre, a la Humanidad, ya tienen respuestas. Y respuestas científicas, confirmadas por el mismísimo Vaticano: Nuestros primeros padres vieron la luz en las sabanas y en las selvas de Africa.

Fueron africanos y de piel negra. El Vaticano ha descubierto, pues, el Paraíso terrenal o, al menos, la región donde Adán y Eva habrían sido creados, según el relato bíblico. El jardín del Edén estuvo en el sureste de Africa, hace unos 200.000 años. En concreto, en la zona comprendida entre Sudáfrica y Tanzania.

Desde allí, ‘los descendientes de Adán y Eva emigraron a los demás continentes’. Era una de las múltiples incógnitas sin resolver que presenta la Biblia. Como la del diluvio universal o la del Arca de Noé. Y el descubrimiento no lo ha dado a conocer un teologuillo progre.

La ubicación del jardín del Edén, también conocido como Paraíso terrenal, la acaba de desvelar nada menos que la jerarquía vaticana en una solemne asamblea de la Pontificia Academia para la Vida, celebrada en Roma. El encargado de exponer el estudio ante los sabios del Papa fue el jesuita italiano Angelo Serra, catedrático de genética de la Universidad del Sacro Cuore de Milán.

El descubrimiento ha sido posible gracias a las últimas investigaciones sobre el ADN, el fósil molecular, como lo definió el padre Serra. Estos estudios, realizados en varias universidades de Arizona y de California, han conducido, según explicó el padre Serra, al descubrimiento, primero, de la ‘Eva mitocondrial’, mediante el análisis de las mitocondrias (corpúsculos presentes en el citoplasma de las células) que pasan a los descendientes a través de la madre.

  1. Después se descubrió el Adán a través del análisis del ADN del cromosoma del padre.
  2. Tal y como explica el catedrático jesuita, los científicos han llegado a la siguiente conclusión, que el Vaticano hace suya: ‘El Edén, donde el hombre aparece por primera vez con la estructura biológica del hombre moderno, hace 100.000 o 200.000 años, estuvo situado en una región del sureste de Africa.

Desde allí el homo sapiens sapiens se fue extendiendo hacia Asia y hacia Europa, donde, hace 30.000 o 50.000 años, se formaron las poblaciones de las que descienden las distintas razas actuales’. Un lugar delicioso Una tesis que encaja a la perfección con la doctrina oficial de la Iglesia sobre el tema.

‘¿Quiénes fueron nuestros primeros padres?’, preguntaba el Catecismo. Y respondía: ‘Nuestros primeros padres fueron Adán y Eva, y de ellos descendemos todos los hombres’. ‘¿Dónde colocó Dios a nuestros primeros padres?’, seguía inquiriendo el Catecismo. Y contestaba: ‘Dios colocó a nuestros primeros padres en un lugar delicioso, llamado Paraíso terrenal’.

Y no sólo eso, sino que, además, Dios les adornó de todo tipo de privilegios: ‘Del don divino de la gracia y de otros dones que los libraban de la inclinación al pecado, del dolor y de la muerte’. Unos dones concedidos ‘para ellos y para todos sus descendientes’, con la única condición de que ‘no comiesen del árbol de la ciencia del bien y del mal’.

Pero esta situación idílica y estos privilegios se perdieron, porque nuestros primeros padres ‘no obedecieron el precepto de Dios, pues Eva, engañada por el demonio, comió el fruto prohibido y dio de comer a Adán, que también comió’. Y añade el catecismo: ‘Nuestros primeros padres fueron echados del paraíso, y quedaron sometidos a la lucha con las pasiones, al dolor y a la muerte’.

Y de ahí que todos sus descendientes nazcamos con el pecado original ‘heredado de nuestros primeros padres’. Si bien el común de los fieles comulga con esta doctrina, aprendida en su niñez, los teólogos y exégetas bíblicos, de todas las tendencias, sostienen, desde hace ya varias décadas, que ‘los once primeros capítulos del libro del Génesis no son históricos’, como dice el biblista español José Luis del Valle.

Y por lo tanto, tampoco el relato del Edén. Amor y felicidad Según otro prestigioso biblista español, Antonio Salas, ‘los datos bíblicos no pueden ser interpretados en sentido literal sino religioso. El enfoque teológico del relato sugiere que se trata más de una situación que de un lugar. El autor sagrado, recurriendo a la idea del Paraíso, trata de decir que donde rige la fuerza del amor sólo puede respirarse felicidad’.

Según los exégetas, el Paraíso es, pues, un símbolo, ‘válido para expresar cómo el hombre, por ser imagen divina, comunicaba su fuerza amorosa’, como explica el padre Salas. Otras corrientes teológicas van todavía más allá. El teólogo portugués Armindo dos Santos asegura que ‘el Paraíso terrenal, el diablo y el pecado original nunca existieron’.

  • A su juicio, ‘la expresión hebrea gan eden se tradujo por jardín del Edén, cuando en realidad eden significa vega, llanura irrigada, y gan, huerta.
  • Es decir, el texto habla de una huerta en una vega como lugar donde Dios colocó al hombre.
  • Este lugar no es el Paraíso, el jardín de las delicias, sino una huerta fértil’.
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El investigador portugués afirma que la concepción tradicional del Paraíso fue introducida por la Iglesia en el Nuevo Testamento, pero no existe en el Génesis. El pecado original tampoco existió ‘La pareja humana, Adán y Eva, estaba en proceso de creación; no tenía condición humana y, por lo tanto, no gozaba de conocimiento, de discernimiento del bien o del mal.

Luego no podían pecar’ Y sin embargo, fueron muchos los estudiosos de la Biblia, que no exégetas, los que se esforzaron por ubicar geográficamente este fantástico Paraíso, regado por varios ríos según el relato bíblico. ‘En Edén nacía un río que regaba el jardín y después se dividía en cuatro brazos: el primero se llama Pisón y rodea todo el territorio de Javila, donde se da oro; el oro del país es de calidad, y también se dan allí ámbar y ónice.

El segundo río se llama Guijón, y rodea el país de Cus. El tercero se llama Tigris, y corre al este de Asiria. El cuarto es el Eufrates’ (Génesis 2, 10-14). Los datos manejados por el autor del Génesis inducen a situar el jardín del Edén en la antigua Mesopotamia, es decir, en el actual Irak.

Y ésta era la tesis dominante hasta mediados de siglo. Otros investigadores, como el libanés Kamal Salibi, sostienen que el jardín del Edén ‘existió realmente y estaba situado en Wadi Bishah, en la zona oriental de Asir’, es decir en el oeste de la actual Arabia Saudí. Incluso el profesor gallego José López escribió toda una tesis tratando de demostrar que el paraíso terrenal había estado en Galicia.

Un Adán y una Eva Para los teólogos serios, la que tiene la última palabra en todo este asunto es la ciencia. Y según el Vaticano, la ciencia ha hablado. Y su diagnóstico es que existió el Edén y que estuvo en Africa. Pero además la ciencia parece demostrar, a juicio de las autoridades vaticanas, una hipótesis teológica mucho más importante: el monogenismo.

  1. Es decir, que en el principio fue una sola pareja, la de Adán y Eva, de la que descendemos todos los seres humanos.
  2. Hasta ahora, los teólogos se decantaban por lo contrario, el poligenismo, que sostiene que los hombres son descendientes de diversos Adanes y Evas.
  3. Pero eso planteaba problemas al dogma del pecado original.

Porque, si hubo más de una primera pareja, ¿quién pecó? En cambio, la tesis monogenista es más fácil de explicar y plantea menos problemas teológicos. Por eso, la jerarquía se frota las manos ante estas investigaciones que la corroboran. La ciencia, ajena a la polémica teológica, viene estudiando el tema desde 1989.

Fue entonces cuando ‘estudiando las informaciones genéticas contenidas en los cromosomas, los científicos comenzaron a analizar las secuencias de las moléculas que se encuentran en ellos. Hay 6.000 millones en un ser humano y 3.000 millones en un óvulo o en un espermatozoide. Pero, al final, los estudios han dado resultado: el homo sapiens nació en Africa’, concluye satisfecho el padre Serra.

De confirmarse estos estudios, se desvelaría uno de los grandes enigmas y, una vez más, se probaría que la Biblia tiene razón: que nuestros primeros padres fueron Adán y Eva y que vivieron en el jardín del Edén. Un Paraíso que no estaba en Mesopotamia, sino en Africa.

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