Cuantos Son Los Dones Del Espíritu Santo?

Cuantos Son Los Dones Del Espíritu Santo
Reseña – La vida moral de los cristianos está sostenida por los dones del Espíritu Santo. Los siete dones son: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Es verdad que «Los Dones del Espíritu Santo» son distintos y variados porque Él no se repite. Pero esta multiplicidad de carisma está destinada a conjuntarse y complementarse.

¿Cuántas y cuáles son los dones del Espíritu Santo?

Cuáles son los dones del Espíritu Santo y qué frutos concede al cristiano Pentecostés El Greco 06/08/2022 Actualizada 13:13 Diez días después de la ascensión de Jesucristo, bajó el Espíritu Santo sobre los apóstoles, como se lo había prometido Cristo (Lc 24, 49); 50 días después de su resurrección, coincidiendo además, con una antigua fiesta, celebrada en el Antiguo Testamento, por el fin de la cosecha (Dt 16, 9-10).

Desde entonces los cristianos contamos con la protección del Santo paráclito, que sostiene nuestra vida moral con sus dones, que nos hacen dóciles para seguir los impulsos del Espíritu Santo (Cat.1830). Según el punto 1831 del catecismo de la Iglesia Católica: «Los siete dones del Espíritu Santo son: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios.

Pertenecen en plenitud a Cristo, Hijo de David (Is 11, 1-2). Completan y llevan a su perfección las virtudes de quienes los reciben, Hacen a los fieles dóciles para obedecer con prontitud a las inspiraciones divinas.»

Don de sabiduría : El don de sabiduría o «espíritu de discernimiento» nos concede entender lo que viene de Dios y lo que no, con el fin de cumplir su voluntad. El Espíritu nos inspira caridad y nos concede una visión plena de Dios. Don de entendimiento : Este don nos concede escrutar la Palabra de Dios, y entender las verdades que nos revela a través de nuestra historia personal. Nos ayuda a ver lo que Dios nos quiere decir o mostrar. (Jer 24,7). Don de consejo : Nos ayuda a orientar nuestra vida y la de nuestros prójimos; con la ayuda del Espíritu sabremos discernir y elegir el buen camino, distinguir la verdad de la mentira, lo bueno de lo malo. Don de ciencia : También llamado don de conocimiento, nos otorga no un conocimiento mundano, si no el conocimiento profundo del pensamiento de Dios, que ve hasta lo más profundo de nuestros corazones. Don de piedad : Es la apertura total a la voluntad de Dios, que nos permite actuar como Jesucristo, dando la vida si es preciso. La piedad no es más (ni menos) que poner a Dios en el centro de tu vida. Según el Youcat «Piedad es otra palabra para la entrega a Dios» Don de fortaleza : Nos ayuda a superar las dificultades y tentaciones del día a día. Hace firme la fe y no deja atemorizar al cristiano ante las amenazas del maligno y sus persecuciones. Concede una confianza plena en Dios nuestro Padre. Don de temor de Dios : Ser temeroso de Dios, no es tenerle miedo. Es más bien todo lo contrario, es conocer que Él es el sumo bien y que fuera de Él y de su voluntad sólo se encuentra tristeza y perdición. Quien tiene este don pone la voluntad de Dios por encima de todo y hace lo posible para vivir de acuerdo con los mandamientos de Dios.

Según el punto 1832 del catecismo de la Iglesia Católica: «Los frutos del Espíritu son perfecciones que forma en nosotros el Espíritu Santo como primicias de la gloria eterna. La tradición de la Iglesia enumera doce: «caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad» (Ga 5,22-23).»

Amor : El Espíritu Santo es la tercera persona de la Santísima Trinidad, que es fruto del amor entre el Padre y el Hijo, es la Caridad sin límites. Éste es el primer fruto y origen del resto, pues como dice San Pablo, sin amor nada vale (1 Co 12,31—13,13). Este fruto se manifiesta amando a Dios con todo el corazón, con todas nuestras fuerzas y con toda la mente y al prójimo, viendo en el a Cristo. Alegría : Este fruto nace de quien experimenta y tiene la caridad, es el gozo profundo del alma. Es la satisfacción de estar en Dios, de hacer el bien, de saberse victorioso sobre la muerte. Paz : Quien es verdaderamente alegre experimenta también la Paz profunda de abandonarse a la voluntad de Dios. Es fruto de la verdadera alegría, que dista mucho de los gozos materiales. Es la certeza de estar seguro bajo la mano de Dios a pesar de la adversidad de la vida terrena. Paciencia : Paciente es aquel que no se turba ante las adversidades de la vida ni las tentaciones de satanás. La paciencia nos da tranquilidad y armonía para con las demás criaturas. Longanimidad : Es la perseverancia ante las dificultades, nos da ánimos y coraje ante el mal. Es el saber esperar la Providencia Divina, cuando se escapa a nuestra lógica, además de conferir al alma amplitud de miras y generosidad. Benignidad : Nos concede ser gentiles para con los demás. Es la constante indulgencia y afabilidad; nos permite tratar a los demás con una dulzura especial. Bondad : Es el fruto palpable de la benignidad con quien más sufre y lo necesita. Nos presta a ocuparnos del prójimo y beneficiarlo; infundiendo en el alma el espíritu de Jesucristo de entrega al otro. Mansedumbre : Es la resistencia ante los impulsos que provoca la injusticia, sobre todo ante las reacciones violentas. Frena la ira y la cólera, se opone al rencor y la venganza. Fidelidad : Quien es fiel, da testimonio de Jesucristo, quien fue fiel hasta el final. Mantenerse fiel al amor de Dios, teniendo certeza de la verdad. Modestia : Es la disposición de dignificar nuestro cuerpo y forma de vida para ser un verdadero templo del espíritu santo. Continencia : Como su propio nombre indica consiste en mantener en orden y contener las apetencias y placeres materiales. Es decir, contener la concupiscencia. Castidad : Es la victoria del cristiano sobre la carne, para ser templo vivo del Espíritu Santo. Quien es casto reina sobre su cuerpo, con paz, sintiendo la alegría de una amistad íntima con Dios.

: Cuáles son los dones del Espíritu Santo y qué frutos concede al cristiano

¿Dónde se encuentran los 7 dones del Espíritu Santo en la Biblia?

En el Nuevo Testamento encontramos en varios pasajes listas de los ‘ dones del Espíritu Santo ‘, muchas de ellas se cruzan – por ejemplo Rom 12,6-8; 1 Cor 12,8-10; 1 Cor 12,28-31; Ef 4,7.11f.; 1 Pedro 4,10-11. Tradicionalmente en la iglesia se habla de ‘siete’ dones del Espíritu Santo.

¿Que los 7 dones del Espíritu Santo?

Reseña – La vida moral de los cristianos está sostenida por los dones del Espíritu Santo. Los siete dones son: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Es verdad que «Los Dones del Espíritu Santo» son distintos y variados porque Él no se repite. Pero esta multiplicidad de carisma está destinada a conjuntarse y complementarse.

¿Cuántos dones hay en la Biblia y cuáles son?

Cómo obtener dones espirituales – El Señor tiene muchos dones espirituales y desea concedérnoslos, pero debemos prepararnos para recibirlos. Si lo hacemos, nos serán dados aquellos dones que el Señor sabe que estemos preparados para recibir. No obstante, pocos son los hombres que gozan de todos estos dones: ‘Porque no a todos se da cada uno de los dones; pues hay muchos dones, y a todo hombre le es dado un don por el Espíritu de Dios.

A algunos les es dado uno y a otros otro, para que así todos se beneficien’ (D. y C.46:11–12). Nuestra responsabilidad es descubrir cuáles dones hemos recibido y vivir dignamente para usarlos. Muy a menudo se nos dice cuáles son los dones que tenemos o cuáles son los que debemos buscar cuando somos apartados para un oficio o llamamiento o cuando recibimos la bendición patriarcal.

Por ejemplo, a un misionero fue llamado a un país extranjero puede que se le prometa el don de lenguas para ayudarlo a aprender el nuevo idioma. A un maestro se le puede decir que busque el don de enseñar. Los niños pueden recibir ayuda de sus padres para ubicar los dones espirituales que necesiten desarrollar.

El Salvador nos ha mandado que busquemos los mejores dones (véase D. y C.46:8). Estos incluyen dones tales como la fe, el testimonio, la revelación y la sabiduría. Mientras hablaba acerca de los dones espirituales, el presidente Joseph F. Smith dijo una vez: ‘Yo opino que hay muchos miembros de esta Iglesia que han sido bautizados para la remisión de sus pecados, y que se les han impuesto las manos para otorgarles el don del Espíritu Santo, pero que en verdad nunca han recibido tal don, es decir, las manifestaciones de él.

¿Por qué? Porque nunca ordenaron su vida como para poder recibir tales manifestaciones. Nunca se humillaron; nunca tomaron los pasos que los prepararían para recibir la compañía del Espíritu Santo. Por lo tanto, pasan por esta vida sin recibir este conocimiento (‘Seek Ye Earnestly the Best Gifts,’ Ensign, junio de 1972, pág.3).

Aunque debemos buscar constantemente los dones del Espíritu, debemos buscarlos por las razones correctas. Nuestro Padre Celestial no está complacido con aquellos que desean recibir señales simplemente para satisfacer su curiosidad (véase Mateo 12:39). No se requiere ningún esfuerzo o preparación para desear tales señales.

Debemos buscar con empeño los dones espirituales, lo que significa que debemos tener las razones correctas mientras nos preparamos para recibirlos. ¿Cómo podemos recibir los dones del Espíritu? Para recibir los dones del Espíritu debemos hacer lo siguiente:

¿Qué son los 5 ministerios de la Biblia?

Ministerios falsos – Además de los verdaderos ministerios, la Biblia habla claramente sobre falsos ministerios.

Jesús habló acerca de falsos profetas. ‘Porque se levantarán falsos cristos y falsos profetas, y harán grandes señales y maravillas, para extraviar, si es posible, aun a los escogidos’ (Mateo 24:24). Pablo escribió acerca de falsos apóstoles. ‘Porque tales hombres son falsos apóstoles, obreros engañadores, disfrazándose como apóstoles de Cristo’ (2 Cor 11:13). Pedro escribió acerca de falsos profetas y falsos maestros. ‘Pero también se levantaron falsos profetas entre la gente, así como habrá falsos maestros entre ustedes, que introducirán secretamente herejías destructivas’ (2Pedro 2:1). Jeremías y Ezequiel hablaron acerca de los falsos pastores (vea Ezequiel 34:1).

Los falsos apóstoles imitan a los verdaderos apóstoles. Los falsos profetas imitan a los verdaderos profetas. Los falsos maestros imitan a los verdaderos maestros. Los falsos pastores imitan a los verdaderos pastores. Los nuevos creyentes son muy vulnerables.

  1. Los bebés humanos llevaran cualquier cosa a sus bocas.
  2. No pueden distinguir buena comida de mala comida.
  3. Ni siquiera saben qué es comida y qué no.
  4. Los nuevos creyentes son similares.
  5. No pueden distinguir la comida espiritual del veneno espiritual.
  6. ¿Cómo podemos proteger a los nuevos creyentes de falsos ministerios? La respuesta es verdaderos ministerios.

Los verdaderos ministerios protegen a los jóvenes creyentes de falsos ministerios. Pablo explicó esto a los Efesios. Veamos nuevamente lo que escribió: ‘Y él dio a los apóstoles, a los profetas, a los evangelistas, a los pastores y maestros, para equipar a los santos para la obra del ministerio, para edificar el cuerpo de Cristo, hasta que todos alcancemos el unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo, para que ya no seamos niños, zarandeados por las olas y arrastrados por todo viento de doctrina, con astucia humana, con astucia en engaños’ (Efesios 4:11-14).

Los profetas tienen el don de discernir de espíritus. Los verdaderos profetas pueden reconocer falsos profetas. Incluso si los falsos profetas están citando muchas escrituras, los verdaderos profetas sabrán en sus corazones que un falso profeta no es de Dios. Los verdaderos maestros reconocerán a los falsos maestros.

Los verdaderos maestros comprenderán el verdadero significado de las Escrituras y reconocerán la interpretación incorrecta. Podrán explicar por qué y cómo la enseñanza falsa es incorrecta. Los pastores querrán proteger y alimentar a sus ovejas. Los falsos maestros son lobos con piel de oveja.

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¿Qué son los 9 frutos del Espíritu Santo?

Inspirado en la porción bíblica del libro de Gálatas 5:22-23 titulada Los frutos del espíritu, «Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz,paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley», los frutos del espíritu están representados en los nueve aceites esenciales que

¿Cuáles son los dones y su significado?

Los Dones del Espíritu Santo: Significado Los dones del Espíritu Santo son los medios y habilidades imperecederos proporcionados por el Espíritu Santo, tercera persona de la Santísima Trinidad, de los cuales el creyente obtiene de Dios las gracias y carismas adecuadas para llevar la vida terrena con santidad, y servir a Dios por el beneficio común de la humanidad y de la Iglesia.

  1. Hay numerosas menciones a los Dones del Espíritu Santo en las escrituras sagradas, mayoritariamente en el Nuevo Testamento.
  2. En el Antiguo Testamento, en pasajes como El Génesis, el Éxodo o en El Libro de los Números entre otros.
  3. En el Nuevo Testamento, las referencias al Espíritu Santo son múltiples, contando con u total de 261, mencionándose en todos los libros del Nuevo Testamento con diferentes nombres.

Destaca en el Evangelio según San Lucas: cuando Jesús dice a sus discípulos que no se preocupen si son detenidos ‘porque el Espíritu Santo les enseñará a esa misma hora lo que ustedes deben decir’ (12:12).

¿Cuáles son los significados de los 12 frutos del Espíritu Santo?

Vidriera en la Catedral de la Iglesia de Cristo en Dublín, que representa los frutos del Espíritu Santo junto con modelos que los representan, es decir, el Buen Pastor que representa el amor, un ángel que sostiene un pergamino de Gloria in excelsis Deo que representa la alegría y a Jesucristo, Job que representa la longanimidad, Jonatán fe, Rut mansedumbre y bondad, Moisés mansedumbre, y Juan Bautista templanza.

Ejecutado por Hardman & Co. en la década de 1870. ​ Los Frutos del Espíritu Santo son perfecciones que forma en las personas el Espíritu Santo como primicias de la gloria eterna doce atributos de una persona o comunidad que vive de acuerdo con el Espíritu Santo, Según el Catecismo de la Iglesia católica, que sigue la versión de la Vulgata, los doce frutos del Espíritu son caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia y castidad,’ ​ ​ Esta tradición fue defendida por Tomás de Aquino en su obra Suma Teológica ​ y reforzado en numerosos catecismos católicos, incluyendo el Catecismo de Baltimore y el Catecismo de Penny, además del citado Catecismo de la Iglesia católica,

Los frutos del Espíritu Santo que se enumeran en la Epístola a los Gálatas son nueve: la caridad, el gozo, la paz, la longanimidad, la benignidad, la bondad, la fe, la mansedumbre y la continencia. ​ Los frutos se contrastan con las obras de la carne expresadas en el capítulo cinco de la Epístola a los Gálatas de san Pablo que le preceden inmediatamente en este capítulo y que son: la fornicación, la impureza, la lujuria, la idolatría, la hechicería, las enemistades, los pleitos, los celos, las iras, las riñas, las discusiones, las divisiones, las envidias, las embriagueces, las orgías y cosas semejantes.

¿Cuántos dones y ministerios hay?

Los dones y los ministerios espirituales Dios concede a todos los miembros de su iglesia, en todas las épocas, dones espirituales para que cada miembro los emplee en amante ministerio por el bien común de la iglesia y de la humanidad. Concedidos mediante la operación del Espíritu Santo, quien los distribuye entre cada miembro según su voluntad, los dones proveen todos los ministerios y las habilidades que la iglesia necesita para cumplir sus funciones divinamente ordenadas.

De acuerdo con las Escrituras, estos dones incluyen ministerios –tales como fe, sanidad, profecía, predicación, enseñanza, administración, reconciliación, compasión, servicio abnegado y caridad–, para ayudar y animar a nuestros semejantes. Algunos miembros son llamados por Dios y dotados por el Espíritu para ejercer funciones reconocidas por la iglesia en los ministerios pastorales, de evangelización y de enseñanza, particularmente necesarios con el fin de equipar a los miembros para el servicio, edificar a la iglesia con el objeto de que alcance la madurez espiritual, y promover la unidad de la fe y el conocimiento de Dios.

Cuando los miembros emplean estos dones espirituales como fieles mayordomos de la multiforme gracia de Dios, la iglesia queda protegida de la influencia destructora de las falsas doctrinas, crece gracias a un desarrollo que procede de Dios, y se edifica en la fe y el amor (Hech.6:1-7; Rom.12:4-8; 1 Cor.12:7-11, 27, 28; Efe.4:8, 11-16; 1 Tim.3:1-13; 1 Ped.4:10, 11).

LAS PALABRAS QUE JESÚS EXPRESÓ JUSTO ANTES de ascender al cielo habrían de cambiar la historia. ‘Id por todo el mundo –comisionó a los discípulos–, y predicad el evangelio a toda criatura’ (Mar.16:15). ¿A todo el mundo? ¿A toda criatura? Los discípulos debieron de haber pensado que se trataba de una tarea imposible.

Cristo, que conocía su impotencia, los instruyó para que no abandonaran Jerusalén, ‘sino que esperasen la promesa del Padre’. Luego les aseguró: ‘Recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra’ (Hech.1:4, 8).

  1. Después de la ascensión de Jesús al cielo, los discípulos pasaron mucho tiempo en oración.
  2. La armonía y la humildad reemplazaron la discordia y los celos que habían caracterizado buena parte del tiempo que pasaron con Jesús.
  3. Los discípulos estaban convertidos.
  4. Su estrecha comunión con Cristo y la unidad resultante constituyeron la preparación necesaria para el derramamiento del Espíritu Santo.

Así como Jesús recibió una unción especial del Espíritu que lo capacitó para realizar su ministerio (Hech.10:38), también los discípulos recibieron el bautismo del Espíritu Santo (Hech.1:5), que los capacitaría para testificar. Los resultados fueron asombrosos.

  1. El mismo día que recibieron el don del Espíritu Santo, bautizaron a unas tres mil personas (ver Hech.2:41).
  2. Los dones del Espíritu Santo Cristo ilustró los dones del Espíritu Santo con una parábola: ‘El reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes.

A uno dio cinco talentos y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos’ (Mat.25:14, 15). El hombre que se fue lejos representa a Cristo, quien subió al cielo. Los ‘siervos’ son sus seguidores, que fueron ‘comprados por precio’ (1 Cor.6:20), a saber, ‘con la sangre preciosa de Cristo’ (1 Ped.1:19).

Cristo los redimió para el servicio, ‘para que los que viven ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos’ (2 Cor.5:15). A cada siervo, Cristo le concedió dones según su capacidad, ‘y a cada uno su obra’ (Mar.13:24). Junto con otros dones y capacidades (ver el cap.21 de esta obra), estos dones representan los talentos especiales que imparte el Espíritu.1 En un sentido especial, Cristo le concedió a su iglesia estos dones espirituales en el Pentecostés.

‘Subiendo a lo alto –dice Pablo– dio dones a los hombres’. De ese modo, ‘a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo’ (Efe.4:8, 7). El Espíritu Santo es el agente que distribuye ‘a cada uno en particular como él quiere’ (1 Cor.12:11) los dones que le permiten a la iglesia cumplir la tarea que se le ha asignado.

El propósito de los dones espirituales El Espíritu Santo concede una capacidad especial a todo los cristianos, permitiéndoles ayudar a que la iglesia cumpla su misión divina. Armonía en la iglesia. A la iglesia de Corinto no le faltaba ningún don espiritual (1 Cor.1:4, 7). Desgraciadamente, discutían como niños sobre cuáles dones eran los más importantes.

Preocupado por las divisiones en la iglesia, Pablo escribió a los corintios acerca de la verdadera naturaleza de esos dones, y cómo debían obrar. ­Explicó que los dones espirituales son concedidos por gracia. Del mismo Espíritu viene una ‘diversidad de dones’, que lleva a una ‘diversidad de ministerios’ y a una ‘diversidad de operaciones’.

Pero Pablo hace énfasis en que ‘Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo’ (1 Cor.12:4-6). El Espíritu distribuye dones a cada creyente para la edificación y el desarrollo de la iglesia. Las necesidades de la obra del Señor determinan qué distribuye el Espíritu, y a quiénes se los da. No todos reciben los mismos dones.

Pablo declaró que el Espíritu le da a uno sabiduría; a otro, conocimiento; a otro, fe; a otro, milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, lenguas; y a otro, interpretación de lenguas; ‘pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere’ (vers.11).

  1. El agradecimiento por la operación de un don en la iglesia debe ser dirigido al Dador, y no a la persona que ejerce el don.
  2. Y, por cuanto los dones se entregan a la iglesia y no al individuo, quienes los reciben no deben considerarlos su propiedad privada.
  3. Por cuanto el Espíritu distribuye conforme a lo que le parece, ningún don debe ser despreciado o pasado por alto.

Ningún miembro de la iglesia tiene el derecho de ser arrogante por habérsele encargado alguna función específica, ni nadie debería sentirse inferior porque se le ha asignado una posición humilde.1. Un modelo para seguir. Pablo usó el cuerpo humano para ilustrar la armonía que debe existir en la diversidad de dones.

El cuerpo tiene muchas partes, cada una de las cuales contribuye en forma especial al todo. ‘Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso’ (vers.18). Ninguna parte del cuerpo debería decir a otra: ‘¡No te necesito!’ Todas dependen unas de otras, y ‘los miembros del cuerpo que parecen más débiles son los más necesarios; y aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a estos vestimos más dignamente; y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con más decoro.

Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad; pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba’ (vers.21-24). El mal funcionamiento de cualquier órgano afecta todo el cuerpo. Si el cuerpo no tuviera cerebro, el estómago no funcionaría; y si no tuviera estómago, el cerebro no serviría de nada.

  1. Así también, la iglesia sufriría si le faltara cualquiera de sus miembros, no importa cuán insignificante parezca.
  2. Ciertas partes del cuerpo que son estructuralmente más débiles, necesitan protección especial.
  3. Uno puede funcionar sin una mano o una pierna, pero no sin el hígado, el corazón o los pulmones.

Normalmente exponemos nuestro rostro y nuestras manos, pero cubrimos otras partes del cuerpo con vestiduras, con propósitos de modestia o decencia. Lejos de estimar livianamente los dones menores, debemos tratarlos con mayor cuidado, porque la salud de la iglesia depende de ellos.

  • Dios deseaba que la distribución de dones espirituales en el seno de la iglesia evitara la ‘desavenencia en el cuerpo’, produciendo en cambio un espíritu de armonía e interdependencia, para que ‘los miembros todos se preocupen los unos por los otros.
  • De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan’ (vers.25, 26).
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Así que, cuando un creyente sufre, toda la iglesia debe saberlo y ayudar al sufriente. Únicamente cuando dicho individuo haya sido restaurado, estará segura la salud de la iglesia. Después de comparar el valor de cada uno de los dones, Pablo hace una lista con varios de ellos: ‘Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas’ (vers.28; ver también Efe.4:11).

  1. Por cuanto ningún miembro posee todos los dones, el apóstol anima a todos a procurar ‘los dones mejores’ (vers.31), refiriéndose a los que sean más útiles para la iglesia.2 2.
  2. La dimensión indispensable.
  3. Los dones del Espíritu Santo, sin embargo, no son suficientes por sí mismos.
  4. Hay ‘un camino aun más excelente’ (vers.31).

Cuando Cristo vuelva, los dones del Espíritu pasarán; sin embargo, el fruto del Espíritu es eterno. Consiste en la virtud eterna del amor y la paz, la bondad y la justicia que el amor trae consigo (ver Gál.5:22, 23; Efe.5:9). Si bien desaparecerán la profecía, las lenguas y el conocimiento, la fe, la esperanza y el amor permanecerán.

Y ‘el mayor de ellos es el amor’ (1 Cor.13:13).3 Este amor que Dios concede (agápē, en griego) es un amor sacrificado y abnegado (1 Cor.13:4-8). Es ‘el tipo más elevado del amor, que reconoce algo de valor en la persona u objeto amado; un amor que se basa en principios y no en emociones; un amor que surge del respeto por las cualidades admirables de su objeto’.4 Los dones desprovistos de amor causan confusión y divisiones en la iglesia.

El camino más excelente, por lo tanto, consiste en que cada uno de los que reciben dones espirituales posea también este amor enteramente abnegado. ‘Seguid el amor; y procurad los dones espirituales’ (1 Cor.14:1). Viviendo para la gloria de Dios. Pablo se refirió a los dones espirituales también en su epístola a los romanos.

Al hacer un llamado a cada creyente para que viva para gloria de Dios (Rom.11:36-12:2), Pablo usa nueva­mente las partes del cuerpo para ilustrar la diversidad y, a la vez, la unidad que caracteriza a los creyentes que se unen a la iglesia (12:3-6). Reconociendo que tanto la fe como los dones espirituales tienen su fuente en la gracia de Dios, los creyentes permanecen humildes.

Mientras más dones se conceden a los creyentes, mayor es su influencia espiritual, y más profunda debe ser su dependencia de Dios. En Romanos 12, Pablo menciona los siguientes dones: Profecía (expresión inspirada, proclamación), ministerio (servicio), enseñanza, exhortación (dar ánimo), repartimiento (compartir), liderazgo y misericordia (compasión).

  • Tal como lo hace en 1 Corintios 12, termina su discusión con el mayor principio del cristianismo, a saber, el amor (1 Cor.13:13).
  • Pedro presentó el tema de los dones espirituales colocando como telón de fondo el hecho de que ‘el fin de todas las cosas se acerca’ (1 Ped.4:7).
  • La urgencia de la hora requiere que los creyentes usen sus dones.

‘Cada uno según el don que ha recibido –exhorta el apóstol–, minístrelo a los otros como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios’ (vers.10). Tal como lo hace Pablo, Pedro enseña que estos dones no son para la glorificación del individuo, sino ‘para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo’ (vers.11).

  • Pedro también asocia el amor con los dones (vers.8).
  • El crecimiento de la iglesia.
  • En su tercera y final discusión de los dones espirituales, el apóstol Pablo insta a los creyentes a que vivan ‘como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor.

Solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz’ (Efe.4:1-3). Los dones espirituales contribuyen a promover la unidad que hace que la iglesia crezca. Cada creyente ha recibido ‘la gracia conforme a la medida del don de Cristo’ (Efe.4:7).

El mismo Jesús ‘constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros’. Estos dones constituyen ministerios orientados hacia el servicio, y son dados ‘a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo’ (Efe.4:11-13).

Los que reciben dones espirituales deben servir especialmente a los creyentes, preparándolos para las clases de ministerio que se ajustan a sus dones. Esto edifica la iglesia hacia una madurez que alcanza la plena estatura de Cristo. Estos ministerios aumentan la estabilidad espiritual y fortalecen a la iglesia contra las falsas doctrinas, de manera que los creyentes ya no sean ‘niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo’ (Efe.4:14, 15).

  • Finalmente, en Cristo, los dones espirituales producen tanto la unidad como la prosperidad de la iglesia.
  • De él, ‘todo el cuerpo bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor’ (vers.16).

Si la iglesia ha de experimentar el crecimiento que Dios desea, cada miembro debe usar los dones de gracia que él provee. Como resultado, la iglesia experimenta un crecimiento doble: en el número de sus miembros y en la cantidad de dones espirituales disponibles.

  • En esto también el amor es parte de este llamado, ya que la iglesia puede lograr esta clase de edificación y crecimiento únicamente por medio del uso de estos dones en el amor.
  • Implicaciones de los dones espirituales Un ministerio común.
  • La Escritura no apoya la idea de que el clero debe ministrar mientras que los laicos se limitan a calentar los asientos y esperar para recibir su alimento.

Tanto los pastores como los laicos componen la iglesia, el pueblo adquirido por Dios (1 Ped.2:9). Unidos, son responsables del bienestar de la iglesia y de su prosperidad. Han sido llamados para trabajar juntos, cada uno según sus propios dones especiales que Cristo le ha concedido.

La diferencia de dones resulta en una variedad de ministerios o servicios, todos unidos en su testimonio con el fin de extender el Reino de Dios y preparar al mundo para encontrarse con su Salvador (Mat.28:18-20; Apoc.14:6-12). El papel de los ministros. La doctrina de los dones espirituales coloca sobre los hombros del ministro la responsabilidad de preparar a la congregación.

Dios ha establecido apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, con el fin de equipar a su pueblo para el ministerio. ‘Los ministros no deberían hacer la obra que pertenece a la iglesia, de este modo agotándose e impidiendo que otros cumplan sus deberes.

Deberían enseñar a los miembros a trabajar en la iglesia y en la comunidad’.5 El ministro que no tiene el don de preparar a otros no debe ocuparse del ministerio pastoral, sino actuar en alguna otra parte de la obra de Dios.6 El éxito del plan que Dios tiene para la iglesia depende de la buena voluntad y la capacidad que muestren sus pastores en la preparación de los miembros para que estos usen los dones que han recibido de Dios.

Los dones y nuestra misión. Dios concede dones espirituales para beneficiar a todo el cuerpo, y no simplemente a los individuos que los reciben. Y, tal como el receptor no recibe el don para sí mismo, así también la iglesia no recibe la totalidad de los dones para sí misma.

Dios dota a la comunidad de la iglesia con dones que la preparan para cumplir ante el mundo la misión que él le ha asignado. Los dones espirituales no son la recompensa por una obra bien hecha, sino que son las herramientas que permiten hacer bien el trabajo. El Espíritu, por lo general, concede dones que son compatibles con los talentos naturales de un individuo, si bien los talentos naturales por sí solos no constituyen dones espirituales.

Se requiere el nuevo nacimiento para que una persona sea llena con la energía del Espíritu. Debemos nacer de nuevo para ser dotados de dones espirituales. Unidad en la diversidad, no uniformidad. Algunos cristianos procuran hacer que todos los demás creyentes sean como ellos.

  1. Este no es un plan divino sino humano.
  2. El hecho de que la iglesia permanece unida a pesar de la diversidad de los dones espirituales comprueba la naturaleza complementaria de dichos dones.
  3. Indica que el progreso de la iglesia de Dios depende de cada creyente.
  4. Dios desea que todos los dones, ministerios y operaciones que se manifiestan en la iglesia actúen unidos en la obra de construir sobre el fundamento que ha colocado la iglesia a través de los siglos.

En Jesucristo, la principal piedra del ángulo, ‘todo el edificio bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor’ (Efe.2:21). El propósito de los dones: la testificación. Los creyentes reciben diversidad de dones, lo que indica que cada uno debe cumplir un ministerio individual.

  1. Sin embargo, todos los creyentes deberían ser capaces de testificar acerca de su fe, compartir sus creencias y hablar a otros acerca de lo que Dios ha hecho en su vida.
  2. El propósito con el que Dios concede cada don, no importa cual sea este, es capacitar al que lo posee para que dé testimonio.
  3. El fracaso en el uso de los dones espirituales.

Los creyentes que rehúsan emplear los dones espirituales hallarán no solo que estos se atrofian, sino también que al hacerlo están poniendo en peligro su vida eterna. Con amorosa preocupación, Jesús pronunció la solemne amonestación de que el siervo que no usó su talento no era otra cosa que un ‘siervo malo y negli­gente’, el cual despreció la recompensa eterna (Mat.25:26-30).7 El siervo infiel admitió libremente que su fracaso había sido deliberado y premeditado.

Por eso, debió llevar la responsabilidad por su decisión. ‘En el gran día final del Juicio, los que han ido a la deriva, evitando oportunidades y haciéndoles el quite a las responsabilidades, serán clasificados por el gran Juez con los malhechores’.8 El descubrimiento de los dones espirituales Si los miembros desean participar con éxito en la misión de la iglesia, deben comprender sus dones.

Los dones funcionan como una brújula, dirigiendo al que los posee hacia el servicio y el goce de la vida abundante (Juan 10:10). En la medida en que elegimos ‘no reconocer, desarrollar y ejercer nuestros dones (o simplemente los descuidamos), la iglesia es menos de lo que podría ser.

Menos de lo que Dios quería que fuera’.9 El proceso de descubrimiento de nuestros dones espirituales debería caracterizarse por los siguientes rasgos:10 La preparación espiritual. Los apóstoles oraron con diligencia pidiendo la capacidad de hablar palabras que llevaran a los pecadores a Jesús. Eliminaron las diferencias y el deseo de la supremacía que se habían interpuesto entre ellos.

La confesión del pecado y el arrepentimiento los hizo entrar en una relación estrecha con Cristo. Los que aceptan a Cristo hoy necesitan una experiencia similar en preparación para el bautismo del Espíritu Santo. El bautismo del Espíritu no es un acontecimiento único; podemos experimentarlo diariamente.11 Necesitamos rogar al Señor que nos conceda ese bautismo, porque le imparte a la iglesia poder para testificar y proclamar el evangelio.

Para hacer esto, debemos entregar continuamente nuestra vida a Dios, permanecer enteramente en Cristo y pedirle sabiduría para descubrir nuestros dones (Sant.1:5). El estudio de las Escrituras. Si estudiamos con oración lo que el Nuevo Testamento enseña acerca de los dones espirituales, le permitiremos al Espíritu Santo impresionar nuestra mente con el ministerio específico que tiene para nosotros.

Es importante que creamos que Dios nos ha concedido por lo menos un don para ser usado en su servicio. Abiertos a la conducción providencial. No debemos usar nosotros al Espíritu, sino que él debe usarnos, ya que es Dios quien obra en su pueblo ‘así el querer como el hacer, por su buena voluntad’ (Fil.2:13).

  • Es un privilegio estar dispuestos a trabajar en cualquier línea de servicio que la providencia de Dios presente.
  • Debemos darle a Dios la oportunidad de obrar a través de otros para solicitar nuestra ayuda.
  • De este modo, deberíamos estar listos para responder a las necesidades de la iglesia dondequiera que estas se presenten.
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No deberíamos tener temor de probar cosas nuevas, pero al mismo tiempo debemos sentirnos libres de informar acerca de nuestros talentos y vivencias a los que piden nuestra ayuda. Confirmación proveniente del cuerpo. Por cuanto Dios concede estos dones para edificar a su iglesia, podemos esperar que la confirmación final de nuestros dones surja del juicio del cuerpo de Cristo, y no de nuestros propios sentimientos.

  • A menudo es más difícil reconocer los dones propios que los de otros.
  • No solo debemos estar dispuestos a escuchar lo que otros nos digan acerca de nuestros dones, sino también es importante que reconozcamos y confirmemos los dones de Dios en los demás.
  • Nada genera mayor entusiasmo ni sentimiento de logro que saber que estamos ocupando la posición del ministerio o del servicio que la Providencia había dispuesto para nosotros.

¡Cuán grande es la bendición que recibimos al emplear en el servicio de Dios el don especial que Cristo nos ha concedido por medio del Espíritu Santo! Cristo anhela compartir con nosotros sus dones de gracia. Hoy podemos aceptar su invitación y descubrir lo que pueden hacer sus dones en una vida llena del Espíritu.

  • Acceda a nuevos contenidos en: http://adv.st/enestocreemos17 Referencias 1. Ver, por ejemplo, Elena de ­White, Palabras de vida del gran Maestro, pp.262, 263.
  • No siempre podemos distinguir fácilmente entre lo que es sobrenatural, lo que es heredado y nuestras capacidades adquiridas.
  • En aquellos que se hallan bajo el control del Espíritu, estas capacidades con frecuencia se entremezclan armoniosamente.2. Ver Richard Hammill, ‘Spiritual Gifts in the Church Today’, Ministry (julio de 1982), pp.15, 16.3. En el sentido más amplio, el amor es un don de Dios, puesto que todas las buenas cosas vienen de él (Juan 1:17).

Es el fruto del Espíritu (Gal.5:22), pero no constituye un don espiritual en el sentido de que el Espíritu Santo lo ha distribuido a algunos creyentes y no a otros. A todos se nos dice: ‘Seguid el amor’ (1 Cor.14:1).4. Comentario bíblico adventista, t.6, p.773.5. White, ‘Appeals for Our Missions’, en Historical Sketches of the Foreign Missions of the Seventh‑day Adventists (Basilea, Suiza: Imprimerie Polyglotte, 1886), p.291.

Ver también Rex D. Edwards, A New Frontier‑Every Believer a Minister (Mountain View, California: Pacific Press, 1979), pp.58-73.6. Ver J. David Newman, ‘Seminar in Spiritual Gifts’, manuscrito inédito, p.3.7. Acerca de la gravedad de esta condición, ver White, ‘Home Discipline’, Review and Herald (13 de junio de 1882), p.

,8. Comentario bíblico adventista, t.5, p.499.9. Don Jacobsen, ‘What Spiritual Gifts Mean to Me’, Adventist Review (25 de diciembre de 1986), p.12.10. Ver Roy C. Naden, Discovering your Spiritual Gifts (Berrien Springs, Michigan: Institute of Church Ministry, 1982); Mark A.

¿Qué es el don de la sabiduría?

Dones del Espíritu Santo: Don de Sabiduría – Comunidad Católica Shalom El Don de la Sabiduría o Palabra de Sabiduría nos revela el diagnóstico, la causa, la raíz del problema (una situación, un hecho). Este don sigue al, Nos revela el tratamiento, cómo actuar a partir de lo que nos fue revelado por el Don de la Ciencia.

Por la Palabra de Ciencia, Dios revela la raíz de algo qué pasa o qué pasó. Por la Palabra de Sabiduría, Dios nos revela como actuar, cómo poner en práctica la Palabra de Ciencia, cómo proceder. Puede manifestarse a través de una palabra oral, una palabra escrita, una visión, una sensación, una emoción o un sueño.

El Don de la Sabiduría es un don carismático del Espíritu Santo, don gratuito de Dios, que da gracia al hombre, lo inspira a saber cómo debe ser su comportamiento en cada situación, cada vez que tiene que resolver un hecho o un problema. Inspira al hombre como actuar y hablar inteligentemente en situaciones concretas de su vida o de su comunidad, llevándolo a decidir correctamente y de acuerdo con la voluntad de Dios en el día a día, en el matrimonio, en el trabajo, en la educación de los hijos, en las relaciones con los hermanos y en su vida cristiana.

  • Es una orientación de Dios sobre cómo vivir cristianamente (Lucas 18: 18-30).
  • También nos lleva a enseñar o explicar verdades religiosas.
  • Por lo tanto, la Palabra de Sabiduría es una palabra, actitud o acción que hace que los acontecimientos procedan de acuerdo con la voluntad de Dios, o que las personas se den cuenta de la verdad que antes no conocían.

Ejemplos de la Palabra de Sabiduría en las Sagradas Escrituras: I Reyes 3,16-28 – La Palabra de Sabiduría del Rey Salomón, «Corta al niño vivo por la mitad y dale la mitad a una y la otra mitad al otro», hizo que la verdadera madre renunciara a su hijo, pues no quería verlo muerto y así se descubrió la verdad y la justicia.

– Mt 22: 15-22 – «Dale al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». Jesús estaba en una posición incómoda, ya que si decía que pagasen el impuesto al César sería considerado como un traidor a los judíos, si decía que no pagasen, sería considerado como un insuflador del pueblo contra los romanos.

Sería arrestado en ambos casos. El poder del Espíritu Santo, a través de la Palabra de Sabiduría, liberó a Jesús de la prisión y calló la boca del pueblo. – Jn 8,1-11 – La mujer adúltera. La ley protegía a los que lapidaron y condenaron a muerte a la mujer, Jesús por la Palabra de Sabiduría: «Quien de ustedes estuviera sin pecado, sea el primero en arrojarle una piedra».

  1. Sintiéndose acusados ​​por la propia conciencia, los acusadores se retiraron uno por uno.
  2. La Palabra de Sabiduría guía la conducta del hombre en cada situación.
  3. Es un don de orientación.
  4. A través de él descubrimos el plan de Dios para nuestra propia vida, para la vida de otra persona o comunidad.
  5. Nuestra colaboración es esencial Los Carismas del Espírito, concedidos a todos por ocasión del Bautismo e intensificados en la confirmación, también son llamados de dones del Espírito Santo.

Él nos capacita con estos dones para que sirvamos a la Iglesia de Cristo, a través de los hermanos(as). Los carismas son, por tanto, dones de poder para el servicio de la comunidad cristiana. Algunas condiciones para recibir y perseverar en la vida carismática: Simplicidad y pureza de corazón; perseverancia en la meditación de la Palabra de Dios; Vida de Oración; Deseo de servir a los hermanos como Jesús (Lc.22, 27); Constancia a la recepción de los dones espirituales (siempre abiertos para ser los canales de la acción de poder del Espírito en nosotros).

Traducción: Marjori Small Bibliografía Consultada Bíblia Ave-Maria Estudo Bíblico Enchei-vos Carismas – Coleção Paulo Apóstolo O despertar dos Carismas Catecismo da Igreja Católica Christisfidelis Laice Como usar los carismas – Benigno Juanes Lumen Gentium _

: Dones del Espíritu Santo: Don de Sabiduría – Comunidad Católica Shalom

¿Cuáles son los dones y los frutos del Espíritu Santo?

Vidriera en la Catedral de la Iglesia de Cristo en Dublín, que representa los frutos del Espíritu Santo junto con modelos que los representan, es decir, el Buen Pastor que representa el amor, un ángel que sostiene un pergamino de Gloria in excelsis Deo que representa la alegría y a Jesucristo, Job que representa la longanimidad, Jonatán fe, Rut mansedumbre y bondad, Moisés mansedumbre, y Juan Bautista templanza.

  • Ejecutado por Hardman & Co.
  • En la década de 1870.
  • ​ Los Frutos del Espíritu Santo son perfecciones que forma en las personas el Espíritu Santo como primicias de la gloria eterna doce atributos de una persona o comunidad que vive de acuerdo con el Espíritu Santo,
  • Según el Catecismo de la Iglesia católica, que sigue la versión de la Vulgata, los doce frutos del Espíritu son caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia y castidad,’ ​ ​ Esta tradición fue defendida por Tomás de Aquino en su obra Suma Teológica ​ y reforzado en numerosos catecismos católicos, incluyendo el Catecismo de Baltimore y el Catecismo de Penny, además del citado Catecismo de la Iglesia católica,

Los frutos del Espíritu Santo que se enumeran en la Epístola a los Gálatas son nueve: la caridad, el gozo, la paz, la longanimidad, la benignidad, la bondad, la fe, la mansedumbre y la continencia. ​ Los frutos se contrastan con las obras de la carne expresadas en el capítulo cinco de la Epístola a los Gálatas de san Pablo que le preceden inmediatamente en este capítulo y que son: la fornicación, la impureza, la lujuria, la idolatría, la hechicería, las enemistades, los pleitos, los celos, las iras, las riñas, las discusiones, las divisiones, las envidias, las embriagueces, las orgías y cosas semejantes.

¿Qué es el don de Dios en Juan 4 10?

‘ Si conocieras el don de Dios, y quien es el que te dice: Dame de beber; tu le pedirías, y el te daría agua viva’ Juan 4 : 10 ).

¿Cuántos son los frutos?

Punto segundo · De los Frutos del Espíritu Santo · · P. ¿Qué cosa son los frutos del Espíritu Santo? R. Que son: Actus perfecti procedentes ex speciali motione Spiritus Sancti, quibus homo operatur suaviter, et delectabiliter. Llámanse frutos del Espíritu Santo, por proceder del hombre fecundado de este divino Espíritu, mediante su virtud, que es su semilla.P.

¿Cuántos son los frutos del Espíritu Santo? R. Que son doce, es a saber: Caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fe, modestia, continencia, y castidad. Así los numera el Apóstol ad Galat. Cap.5. Los tres primeros perfeccionan el alma en sus bienes, dentro de sí misma; porque mediante ellos ama a Dios con gozo y paz, sin que las pasiones la perturben, que es un felicísimo estado.

La paciencia y longanimidad perfeccionan el alma dentro de sí misma, para superar las adversidades interiores, y exteriores de esta vida, y el que se le dilate el gozar de los bienes de glora. La bondad, benignidad, mansedumbre, y fe perfeccionan el alma, en orden al prójimo, comunicándole sin ira ni fraude, sino antes bien con sinceridad, benignidad, y fidelidad los bienes, así espirituales, como temporales.

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