De Donde Provienen Los Palestinos Segun La Biblia?

De Donde Provienen Los Palestinos Segun La Biblia
Palestina – Historia El asentamiento de los cananeos (pueblo que junto a los filisteos está en el origen del pueblo palestino) en la tierra que se conoció como Canaán, y que luego se llamaría Palestina, tuvo lugar entre el 3000 y el 2500 a.C. Los jebuseos, una de las tribus cananeas, levantaron allí un poblado al que llamaron Urusalim, (Jerusalén), «ciudad de la paz».

  1. Hacia el año 2000 a.C.
  2. Pasó por Palestina otro pueblo semita nómade, los hebreos, conducido por Abraham.
  3. Siete siglos más tarde, volvieron, procedentes de Egipto, doce tribus hebreas al mando de Moisés.
  4. Se trabaron violentos combates por la posesión de la tierra.
  5. Cuatro siglos después David unificó el reino judío.

Tras la muerte de su hijo Salomón, los hebreos se dividieron en dos reinos, Israel y Judea, que más tarde cayeron en manos de los asirios (721 a.C.) y los caldeos (587 a.C.). En esta última fecha Nabucodonosor destruyó Jerusalén y llevó a los judíos en cautiverio a Babilonia.

  • Palestina fue conquistada por Alejandro Magno en el 332 a.C y quedó bajo dominio griego.
  • A su muerte retornó al imperio egipcio de los Ptolomeos.
  • Más tarde fue dominada por los seléucidas de Siria.
  • Una rebelión encabezada por Judas Macabeo restableció un estado judío en el año 67 a.C.
  • En el 63 a.C.
  • Palestina fue incorporada al Imperio Romano.

Los romanos reprimieron severamente la resistencia de los macabeos, zelotes y otras tribus judías. Como parte de esa represión fueron crucificados miles de rebeldes, alrededor del año 30 d.C., en los tiempos de Jesús de Nazareth. En el 70 d.C. el emperador romano Tito destruyó el Templo de Salomón.

  • Años más tarde, en el 135 d.C., los judíos fueron expulsados de Jerusalén y el emperador Adriano construyó una ciudad pagana sobre sus ruinas.
  • A partir del año 330 Palestina quedó bajo el dominio Bizantino.
  • En el año 638 Omar Al-Khattaab entró en Jerusalén, puso fin a la era bizantina y dio inicio la era árabe-islámica.

Según la tradición islámica, en esa ciudad ascendió al cielo el profeta Mohamed (Mahoma), con lo que Jerusalén adquirió carácter sagrado para las tres grandes religiones monoteístas, nacidas de un tronco común. La fe islámica y el idioma árabe unificaron a los pueblos semitas, excepto los judíos.

  • Con breves intervalos de dominación parcial de los cruzados cristianos y los mongoles en los siglos XI, XII y XIII, Palestina tuvo gobiernos árabes durante casi un milenio e islámicos durante un milenio y medio.
  • En 1516 el Imperio Otomano conquistó Jerusalén y mantuvo allí su hegemonía hasta el fin de la Primera Guerra Mundial.

A partir de 1878 comenzaron a establecerse los primeros asentamientos de judíos en Palestina, impulsados por el movimiento sionista. Alrededor de 25 mil inmigrantes entraron ilegalmente desde el este de Europa. El barón francés de origen judío Edmond Rotschild apoyaba económicamente las actividades sionistas.

  • En 1895 el total de la población de Palestina ascendía a 500 mil personas: 453 mil eran árabes palestinos y ocupaban 99% de la tierra; 47 mil eran judíos y eran dueños del 5% de la tierra.
  • El Fondo Nacional Judío, fundado por el V Congreso Sionista, se encargó de comprar tierras y entre 1904 y1914 se produjo la segunda ola migratoria.

En 1909 se instaló el primer kibutz (granja colectiva) al norte de Yaffa. Al estallar la Primera Guerra Mundial, Inglaterra prometió la independencia de las tierras árabes bajo el gobierno otomano, incluyendo Palestina, a cambio de su apoyo contra Turquía, aliado de Alemania.

  • En 1917, el ministro de Relaciones Exteriores británico envió una carta al barón Rotschild (conocida como «Declaración Balfour») en la que comprometía los esfuerzos de Inglaterra para la creación de un Hogar Nacional Judío.
  • Los palestinos realizaron su primera conferencia en 1919 y se opusieron a la Declaración Balfour, pues aspiraban a la creación de un Estado Palestino independiente, tal como los británicos habían prometido a cambio de su apoyo durante la guerra.

En 1920 la Conferencia de San Remo garantizó el mandato británico sobre Palestina. Dos años más tarde el Consejo de la Liga de las Naciones promulgó un mandato que promovía el establecimiento en ese territorio de un Hogar Nacional para el pueblo judío.

Durante seis meses los palestinos realizaron huelgas y movilizaciones en protesta por las confiscaciones de tierra y la inmigración ilegal, que tenía por objeto aumentar la escasa población judía y justificar sus aspiraciones territoriales. El gobierno inglés publicó un nuevo «Libro Blanco», que restringía la inmigración judía y ofrecía la independencia de Palestina al cabo de 10 años.

La resolución fue rechazada por los sionistas, quienes organizaron milicias y lanzaron una campaña sangrienta contra británicos y palestinos. El 9 de abril de 1948, un destacamento de la organización «Irgun», comandado por Menahem Begin, invadió la aldea de Deir Yassin y asesinó a 254 civiles.

El terror provocó el éxodo de decenas de miles de palestinos. Al fin de la Segunda Guerra Mundial, las Naciones Unidas aprobaron la partición de Palestina (Resolución 181). Los palestinos, que constituían el 70% del total de la población y tenían el 92% de la tierra, fueron reducidos al 43% del territorio.

El resto fue entregado a los judíos, que representaban el 30% de la población y poseían sólo el 8% de la tierra. Jerusalén se consideró dentro del 1% que quedaría como zona internacional. El 14 de mayo de 1948 los judíos proclamaron el Estado de Israel.

  1. Al día siguiente estalló la primera Guerra Árabe-israelí y y nació el «conflicto de Oriente Medio».
  2. Palestina quedó dividida en tres partes: la que ocupaba Israel; la ribera occidental del Jordán (Cisjordania) que pasó a Jordania, y Gaza, que quedó bajo la administración de Egipto.
  3. Unos 700 mil palestinos fueron expulsados de sus hogares, huyeron a los países vecinos y se instalaron en campos de refugiados.

En 1964 se creó la a Organización para la Liberación de Palestina (OLP), para defender los intereses del pueblo palestino y afirmar su identidad a nivel regional e internacional. En 1969 Yasser Arafat fue elegido presidente de la organización. Los grupos palestinos que actuaban en la clandestinidad, como Al Fatah, desconfiaban de esa organización promovida por los gobiernos árabes y también de su énfasis en la lucha diplomática.

Convencidos de que la recuperación del territorio sólo sería posible a través de operaciones militares, el 1° de enero de 1965 realizaron la primera acción armada en Israel. En 1967 estalló la Guerra de los Seis Días: Israel ocupó todo Jerusalén, el Golán sirio, el Sinaí de Egipto y los territorios palestinos de Cisjordania y Gaza.

La ONU llamó a Israel a retirarse de los territorios árabes ocupados por la fuerza y declaró el derecho de los palestinos al retorno y a la autodeterminación. La derrota de los ejércitos árabes reforzó la convicción de que la lucha guerrillera era el único camino.

  • En marzo de 1968, durante un combate en el pueblo de Al Karameh, los palestinos obligaron a los israelíes a replegarse.
  • La escaramuza pasó a la historia como la primera victoria de las armas palestinas.
  • Los grupos armados se integraron a la OLP y obtuvieron el respaldo de los gobiernos árabes.
  • El fortalecimiento político y militar de los palestinos fue percibido como una amenaza por el rey Hussein de Jordania, que hasta entonces había actuado como su representante y portavoz.

En setiembre de 1970 esta situación se volvió insostenible. Elementos de la resistencia palestina en Jordania, conocidos como fedayines (del árabe fida’i, «el que sacrifica su vida por la causa») fueron atacados por fuerzas del rey Hussein, compuestas mayoritariamente por beduinos, en respuesta a varios secuestros de aviones civiles perpetrados por el Frente de Liberación Palestina, liderado por George Habash.

Una guerra civil de 10 días derivó en 3.500 muertes y gran destrucción material en Jordania. La OLP fue expulsada de Jordania e instaló su cuartel general en Beirut. El nuevo exilio redujo la posibilidad de realizar acciones armadas dentro de Israel y surgieron grupos radicalizados como «Setiembre Negro», cuyo nombre derivó de la lucha entre fuerzas del gobierno jordano y fedayines palestinos, que realizaron atentados contra instituciones y empresas israelíes en Europa y otras partes del mundo.

La dirección de la OLP pronto comprendió la necesidad de cambiar su táctica; sin abandonar la lucha armada, inició una gran ofensiva diplomática y pasó a dedicar gran parte de sus esfuerzos a consolidar la unidad e identidad palestinas. La Conferencia de Argel de los No Alineados, celebrada en 1973, identificó por primera vez el problema palestino, en lugar de la rivalidad entre Israel y los países árabes, como la clave del conflicto en Oriente Medio.

En 1974 una conferencia cumbre de la Liga Árabe reconoció a la OLP como «único representante legítimo del pueblo palestino». En octubre de ese año la OLP fue admitida como observadora por la Asamblea General de la ONU, que reconoció el derecho del pueblo palestino a la autodeterminación e independencia.

El 10 de noviembre de 1975, la Asamblea General de Naciones Unidas adoptó, por una votación de 72 a 35 (con 32 abstenciones), la Resoulción 3379, que estableció que el «sionismo es una forma de racismo y discriminación racial». La resolución fue revocada el 16 de diciembre de 1991, por una votación de 111 contra 25 (y 13 abstenciones).

El programa de la OLP, acordado en 1968, llamaba a sostener la lucha armada contra la «ocupación sionista», para liberar toda Palestina, incluyendo las fronteras internacionales del Estado de Israel, reconocidas antes de la guerra de 1967. «La lucha armada es la única vía para liberar Palestina. Esta es la estrategia general, no meramente una fase táctica».

Ello implicaba, necesariamente, el fin del actual Estado de Israel. No obstante, sin renunciar a esta meta, la OLP pasó a admitir como «solución temporal» el establecimiento de un Estado palestino independiente «en cualquier parte del territorio eventualmente liberado por las armas o del que Israel se retire».

En 1980, el primer ministro israelí Menahem Begin y el presidente egipcio Anwar Sadat firmaron, con mediación estadounidense, un acuerdo de paz en Camp David. Israel se comprometía a retirarse de la península del Sinaí. Poco después se multiplicaron los asentamientos en Cisjordania, con apropiación de tierras palestinas aumentando la tensión en los territorios ocupados.

Sucesivas votaciones contrarias a estas medidas en las Naciones Unidas quedaron desprovistas de todo efecto práctico, ya que el veto estadounidense en el Consejo de Seguridad hacía imposible cualquier tipo de sanción contra Israel. En julio de 1982, en un intento de «resolver definitivamente» el problema palestino, fuerzas israelíes invadieron Líbano.

  1. Buscaban destruir la estructura militar de la OLP, capturar el mayor número posible de sus dirigentes, que desarrollaban ataques a lo largo de la frontera norte de Israel, anexar la parte sur del Líbano e instalar en Beirut un gobierno dócil.
  2. La masacre ocurrida en los campamentos de refugiados de Sabra y Shatila, llevada a cabo por el Ejército Libanés bajo las ordenes del Ministro de Defensa Israelí, Ariel Sharon, hizo surgir la simpatía internacional para con el sufrimiento del pueblo palestino.

El cuartel general de la organización pasó a instalarse en Túnez y, en recorrida por Europa, Yasser Arafat fue recibido con honores de jefe de Estado en varios países, en particular en el Vaticano. Discretamente la OLP inició conversaciones con dirigentes israelíes proclives a una solución negociada con los palestinos.

La invasión del Líbano hizo surgir grupos pacifistas pequeños pero activos dentro de Israel, que reclamaban un diálogo con la OLP. Algunos grupos palestinos radicales cuestionaron esa aproximación y discreparon con la línea política de Arafat. La OLP se dividió y sus fracciones se enfrentaron, a veces violentamente.

En 1987, tras años de dificultades internas, el Congreso Nacional Palestino, reunido en Argel, recompuso la unidad de la OLP. Ese mismo año los funerales de varios jóvenes palestinos muertos en enfrentamientos con patrullas militares israelíes llevaron a nuevas confrontaciones, huelgas generales y protestas civiles.

  1. Comenzó la Intifada (levantamiento popular) en la franja de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Oriental.
  2. La Intifada marcó una nueva etapa en la lucha palestina: por primera vez la población –jóvenes, niños y ancianos– se levantaba contra del ejército de ocupación.
  3. Muchos civiles desarmados arrojaban piedras en las luchas callejeras, hecho que causó impacto mundial debido a la utilización, por parte de la ocupación israelí, de armamento pesado para reprimir las protestas.

La Intifada duró aproximadamente cinco años y socavó la ya precaria economía de los habitantes de los territorios ocupados. El 14 de noviembre de 1988, el Consejo Nacional Palestino (parlamento en el exilio), reunido en Argel, proclamó el Estado Palestino Independiente, de acuerdo a la resolución 181 de Naciones Unidas de 1948 que dividía Palestina en dos estados, uno judío y otro árabe palestino.

Esto implicaba aceptar al Estado de Israel. Días después, 54 países reconocieron al nuevo Estado. Arafat fue elegido presidente palestino y en esa condición habló en la Asamblea General de la ONU. Repudió el terrorismo, aceptó la existencia de Israel y pidió el envío de fuerzas internacionales a los territorios ocupados.

Como consecuencia de su discurso, el presidente estadounidense Ronald Reagan decidió iniciar conversaciones con la OLP. Al estallar la Guerra del Golfo en 1991, las simpatías proiraquíes del pueblo palestino se expresaron claramente. Este apoyo privó a la OLP del sostén financiero de las ricas monarquías del Golfo, contrarias al régimen de Irak.

En setiembre de 1991 Arafat fue confirmado como presidente de Palestina y de la OLP, y el Consejo Nacional Palestino aceptó la renuncia de Abu Abbas, líder del Frente de Liberación de Palestina. Abbas fue condenado en rebeldía por un tribunal italiano a cadena perpetua por el secuestro del crucero «Achille Lauro», en 1985.

En 1991, auspiciada por Estados Unidos y la ex URSS, comenzó en Madrid la primera Conferencia de Paz para Oriente Medio. Palestinos e israelíes acordaron el reconocimiento mutuo. En setiembre de ese año se firmó en la Casa Blanca la Declaración de Principios entre Israel y la OLP, que estableció un plazo de cinco años para la retirada de Israel de los territorios ocupados y para la discusión del estatuto definitivo de la franja de Gaza, Cisjordania y Jerusalén oriental, culminando con el establecimiento de un Estado Palestino independiente.

  1. El parlamento israelí ratificó el reconocimiento de la OLP y la Declaración de Principios.
  2. El Consejo Central de la OLP aprobó, por su parte, el texto acerca de la autonomía.
  3. Hamas y Hizbollah en el campo palestino, así como los colonos de los asentamientos ubicados en los territorios ocupados y la extrema derecha, del lado israelí, se opusieron al acuerdo.

En un clima de hostilidad, se pospuso la retirada militar israelí de Gaza y Jericó, prevista para el 13 de diciembre. En mayo de 1994, Rabin y Arafat firmaron el acuerdo de autonomía «Gaza y Jericó primero», mientras continuaba la retirada israelí, lo que permitió el regreso de soldados del Ejército de Liberación de Palestina exiliados en Egipto, Yemen, Libia, Jordania o Argelia.

  • Luego de 27 años de exilio Arafat llegó a Gaza en julio y asumió como jefe del Ejecutivo de la Autoridad Nacional Palestina (ANP).
  • En las zonas donde regía la autonomía palestina comenzó una afluencia de inversiones de capitales palestinos y extranjeros, además de la ayuda internacional, para preparar los cimientos del futuro Estado.

La lucha entre el histórico líder de la OLP y sus adversarios islamistas, opuestos a los acuerdos con Israel, se hizo cada vez más violenta. Arafat quería que Hamas participara en las elecciones generales palestinas de enero de 1996, lo que le hubiera dado mayor legitimidad a su liderazgo.

  • Los islamistas boicotearon los comicios.
  • Arafat fue elegido presidente con 87% de los votos y los candidatos oficialistas obtuvieron 66 de las 88 bancas en juego.
  • La elección de Benyamin Netanyahu, líder conservador del Likud, como primer ministro israelí (ver Israel) en mayo agravó la tensión entre ambos países.

Las difíciles negociaciones culminaron con el retiro de las tropas israelíes de la ciudad de Hebrón en 1997. Ese mismo año, y en base a los acuerdos entre ambas partes, se logró la liberación de presos políticos palestinos de las cárceles israelíes. A fines de 1997 se produjo un quiebre en las conversaciones, debido a que Netanyahu desconoció lo acordado y continuó con la construcción de nuevos asentamientos ilegales.

  1. El hecho originó fuertes enfrentamientos y duras condenas internacionales.
  2. Arafat manifestó que, vencido el plazo de cinco años establecido en compromisos asumidos, él declararía un Estado Palestino independiente con capital en Jerusalén Oriental.
  3. En 2000, el presidente estadounidense Bill Clinton invitó a Arafat y al primer ministro israelí Ehud Barak a reunirse en Camp David.

Las propuestas norteamericanas e israelíes para un acuerdo definitivo no cumplían las demandas palestinas básicas: no se desmantelaban los asentamientos ilegales de Cisjordania, no se contemplaba el retorno de los refugiados ni el control palestino de las fronteras.

Jerusalén, ciudad santa para musulmanes y judíos, se convirtió en el mayor obstáculo para la negociación ya que las partes pretendían erigir allí su capital. La tensión se agravó con la visita del ex ministro de defensa israelí Ariel Sharon a la explanada de las mezquitas, en Al Quds/Jerusalén, lugar sagrado para musulmanes y judíos.

Fue el inicio de una nueva Intifada; una serie de ataques suicidas con bomba en centros urbanos isreaelíes provocaron numerosas vícitmas civiles israelíes y Tel Aviv retomó sus bombardeos sobre poblaciones palestinas que dejaron 400 muertos. La victoria de Sharon en las elecciones israelíes de febrero 2001 fue un nuevo golpe al proceso de paz.

  1. Ese mes la secretaría general de Naciones Unidas dio a conocer un documento que señalaba que el bloqueo económico impuesto por Israel en Cisjordania y la franja de Gaza ponía al gobierno de Arafat al borde del colapso por falta de fondos.
  2. El enviado especial de la ONU a Medio Oriente, Terje Roed-Larsen, advirtió que si otros países no apoyaban monetaria y urgentemente a los palestinos (según el informe se necesitaban 1.000 millones de dólares para el resto de ese año) la violencia se incrementaría.

Durante los meses siguientes los combates aumentaron. La arremetida israelí y el estancamiento de las negociaciones aumentaron la resistencia contra la ocupación y Sharon respondió con asesinatos selectivos a presuntos terroristas y amplió su ofensiva atacando núcleos y pueblos palestinos con helicópteros y barcos de guerra.

  1. Varios cientos de palestinos murieron durante la rebelión y las acciones militares continuaron con la ocupación de los territorios bajo relativo control palestino.
  2. Tras los ataques contra Nueva York y Washington del 11 de setiembre de 2001, Sharon creyó que la opinión pública internacional y la actitud de los gobiernos occidentales podría volverse a su favor, y profundizó su ofensiva contra la rebelión palestina.

Debido a la necesidad de sumar aliados a su campaña antiterrorista contra el régimen talibán afgano, George W. Bush prefirió mantenerse distante y evitar confrontaciones con el resto de los países árabes. Numerosos atentados suicidas realizados por militantes radicales palestinos señalaron una nueva fase del enfrentamiento.

Para reforzar la seguridad, Sharon limitó el tránsito de bienes y personas a través de las fronteras de Cisjordania y la franja de Gaza desde el inicio de la insurrección. La medida perjudicó tanto a obreros como a empresas palestinas. En diciembre Sharon cortó toda negociación con Arafat. La nueva estrategia israelí pasaba por no considerar al líder palestino como interlocutor válido.

Las restricciones al movimiento de bienes y personas en Israel y los territorios ocupados tras 18 meses de rebelión situaron a la economía palestina al borde de la quiebra. El cierre continuado de los puestos fronterizos causó daños irreparables. El desempleo se triplicó, afectando a casi el 30% de la mano de obra palestina.

En marzo se celebró en Beirut la cumbre de países árabes, a la que Arafat no pudo asistir porque Sharon lo mantuvo sitiado en su búnker de Ramala durante más de un mes. Pese al caos que marcó su inicio, la cumbre culminó con la aprobación de un plan de paz que incluía una decisión histórica: los firmantes se comprometían a reconocer al Estado de Israel, siempre que éste se retirara a las fronteras anteriores a 1967 y permitiera el regreso de los tres millones de refugiados palestinos, y la formación de un Estado palestino con parte de Jerusalén como su capital.

Israel calificó de «inaceptable» la propuesta. En abril Al Fatah, Hamas, Jihad Islámica, el Frente Popular y el Frente Democrático para la Liberación de Palestina, acordaron por primera vez un plan de lucha común «para hacer frente a todo ataque israelí».

  • La mayoría de los 82 suicidas que habían atacado objetivos en Israel y en los asentamiento judíos desde el comienzo de la Intifada, militaban en esas organizaciones integristas.
  • Ese mismo mes, el campo de refugiados de Jenín fue escenario de sangrientos bombardeos israelíes y cientos de palestinos murieron.
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Terje Roed-Larsen, el enviado de la ONU, calificó de «desastre humanitario moralmente repugnante» lo ocurrido en Jenín y declaró a Sharon «persona no grata». Tras las incursiones en Jenín y otras áreas bajo relativo control de la ANP, Israel hizo prisioneros a unos 5 mil palestinos.

En junio de 2002 Bush llamó a los palestinos a repudiar el liderazgo de Arafat y buscar un líder que no estuviese «comprometido con el terrorismo». En diciembre Arafat postergó la realización de elecciones, responsabilizando a Israel. En marzo de 2003, Mahmoud Abbas (un político moderado, conocido como Abu Mazen) asumió como primer ministro palestino.

En abril, Bush presentó a Sharon y a Abbas un nuevo plan de paz conocido como «Hoja de Ruta», impulsado por el denominado «Cuarteto de Medio Oriente» (EE.UU., la UE, Naciones Unidas y Rusia), que debía conducir a la creación de un Estado palestino y a la solución de todos los problemas pendientes para el año 2005.

Acusado por los sectores radicales de hacer demasiadas concesiones a Israel, Abbas renunció en julio. La violencia se intensificó. A ello se sumó la construcción de un muro de separación en Cisjordania, que según Israel buscaba impedir el ingreso de terroristas. Los palestinos consideraron el muro como un intento por demarcar unilateralmente las fronteras con un eventual Estado palestino, en condiciones ventajosas para Israel.

La Asamblea General de la ONU exigió que Israel detuviera la obra, pero la Unión Europea y EE.UU. pidieron a la Corte Internacional de Justicia que se abstuviera de pronunciarse sobre la legalidad de la construcción. La barrera privó a miles de palestinos de acceder a servicios esenciales como el agua, la salud y la educación, así como a fuentes de ingresos como la agricultura y otras formas de empleo.

  1. En marzo de 2004, tras un doble atentado suicida de Hamas en el puerto de Ashdod, Israel respondió con un plan de «asesinatos selectivos» de líderes de movimientos radicales palestinos.
  2. Con un misil disparado desde un helicóptero, Israel mató al líder espiritual de Hamas, el jeque Ahmed Yassin, de 67 años, cuando salía de una mezquita de Sabra (Gaza).

Aunque el asesinato provocó el rechazo unánime de la comunidad internacional, EE. UU. vetó en el Consejo de Seguridad de la ONU una moción de condena. Sharon anunció, en abril de 2004, el «Plan de separación unilateral con los palestinos» que incluía la evacuación de los asentamientos de la franja de Gaza y el desmantelamiento de seis colonias de Cisjordania.

  1. A cambio, Israel pretendió el apoyo de EE.UU.
  2. Para el mantenimiento de «bloques de colonias» en Cisjordania, donde vive la mayoría de los 230 mil colonos israelíes, y una declaración del presidente Bush negando el derecho al retorno de los refugiados palestinos.
  3. En octubre, las fuerzas israelíes demolieron las casas de cientos de palestinos y derribaron obras de infraestructura, matando a más de 70 personas en lo que constituyó el ataque más cruento en la Franja de Gaza en años.

El ataque se realizó luego de que dos niños israelíes murieran a causa del disparo de un cohete por parte de Hamas. El 11 de noviembre de 2004, Arafat murió en París. El funeral de Estado se realizó en El Cairo (Egipto). Finalmente Arafat sería enterrado en la sede del cuartel de la Autoridad Nacional Palestina en Ramala, pese a su deseo de ser enterrado en Jerusalén (denegado por Israel).

  • Rauhi Fatuh, presidente del Consejo Legislativo Palestino, asumió la presidencia de la ANP por 60 días, hasta la celebración de elecciones generales, mientras Abbas fue nombrado presidente del comité ejecutivo de la OLP.
  • En las elecciones de principios de febrero de 2005, Abbas, candidato del Fatah, fue elegido presidente de la ANP con 62% de los votos e inmediatamente intentó persuadir a los grupos radicales Hamas y Jihad Islámica para que suspendieran sus ataques sobre Israel.

En febrero, Abbas consiguió convencer a Hamas y a la Jihad de que declarasen un período extraoficial de alto al fuego. Con este frágil marco, Abbas y Sharon anunciaron la voluntad de encontrarse en Egipto para iniciar conversaciones, pero este encuentro nunca se produjo.

En agosto, el ejército israelí concluyó el operativo de retirada de Gaza, que incluyó la evacuación –en muchos casos forzosa– de unos 8.500 colonos, poniendo fin a 38 años de ocupación militar de la zona. La continuación de este proceso se convirtió en una incógnita cuando Sharon sufrió una hemorragia cerebral y entró en coma en enero de 2006.

Ese mes, inesperadamente, Hamas ganó las elecciones parlamentarias y obtuvo 76 de los 132 escaños en disputa. El Fatah se negó a participar del nuevo gobierno formado por Ismail Haniyeh, quien asumió como primer ministro en febrero. El primer ministro israelí interino, Ehud Olmert, anunció que no negociaría con el nuevo gobierno a menos que Hamas renunciara a la violencia y reconociese al Estado de Israel, y dejó de transferirle los fondos derivados de impuestos e ingresos aduaneros recaudados por Israel en nombre de la ANP.

  1. El congelamiento de las transferencias de fondos israelíes y la suspensión de la millonaria ayuda económica de EE.UU.
  2. Y la UE, dejaron al gobierno palestino al borde de la asfixia financiera.
  3. El gobierno del Hamas resistió las presiones internacionales para lograr que reconociese a Israel y solicitó ayuda a los países musulmanes para poder pagar sueldos públicos atrasados durante meses.

Durante todo el período, Israel continuó con su política de «asesinatos selectivos» de líderes y militantes de organizaciones palestinas. En mayo, enfrentamientos entre policías leales a Fatah y una nueva fuerza de seguridad creada por Hamas hicieron surgir temores de una guerra civil entre palestinos.

Abbas, en una difícil situación desde la llegada de Hamas al poder, anunció que convocaría un referéndum sobre el reconocimiento a Israel y la viabilidad de la coexistencia pacífica de dos Estados –uno israelí y otro palestino– como solución al conflicto. El primer ministro y líder de Hamas, Ismail Haniya fue sustituido por Abbas en junio de 2007 por Salam Fayyad.

El presidente justificó la decisión aduciendo una «emergencia nacional». El premier israelí Olmert y el presidente Abbas se reunieron, en agosto de 2007, en Cisjordania. Ambos se mostraron conformes y optimistas sobre la posible creación de un estado palestino.

¿Cómo se llamaba Palestina antes de Cristo?

No es fácil reducir una historia larga a un artículo. Lo intentaré. El pequeño espacio que se disputan árabes y judíos se encuentra ubicado en un conflictivo lugar. Las crónicas más viejas documentan pulseadas entre Egipto al sur y Mesopotamia al norte.

  • Luego vinieron las sangrientas conquistas asirias, babilonias, persas, griegas, romanas, árabes, cristianas, turcas e inglesas, hasta llegar al día de hoy, en que se eterniza la confrontación entre pueblos arraigados a esa tierra que, para respaldar sus derechos, se basan en sus propias narrativas.
  • Un chiste judío propone que los antiguos israelitas marcharon de Egipto a Canaán por la tartamudez de Moisés.

Dios le ordenó: ‘Lleva mi pueblo a la Tierra Prometida, la tierra que mana leche y miel; llévalo a Canadá’, y Moisés repitió a sus columnas con gran esfuerzo: ‘¡Vamos a Can can na án!’. Y allí los encajó. El vocablo Palestina no existía. No es mencionado ni una vez en la Biblia ni en ningún otro documento de la antigüedad.

  1. Los israelitas consiguieron unificar a las diversas tribus y pueblos que habitaban entre el río Jordán y el Mediterráneo.
  2. David, mil años antes de la era cristiana –había nacido en la aldea de Belén ( Beth-léjem, en hebreo, ‘casa del pan’)–, convirtió en su capital el vecino y estratégico caserío jebuseo, ubicado a pocos kilómetros al norte; le impuso el nombre de Jerusalén (en hebreo, ‘ciudad de la paz’).

Su hijo Salomón construyó allí el Templo. Después se produjo una escisión entre los habitantes del norte y el sur del pequeño país. El norte se llamó Reino de Israel y el sur, Reino de Judá. Los asirios conquistaron y destruyeron el reino del norte. Siglos después los babilonios hicieron lo mismo con el del sur.

Unas siete décadas más tarde el emperador Ciro, de Persia, auspició el regreso a Jerusalén de los exiliados de Judá, quienes ya habían empezado a cantarle salmos de exquisita inspiración: Si me olvidara de ti, oh Jerusalén,/ mi diestra se paralice/ y mi lengua se pegue al paladar. Luego de la breve conquista helénica, los macabeos recuperaron la independencia de Eretz Israel (Tierra de Israel), que duró hasta la conquista romana.

Los emperadores Vespasiano y Tito tuvieron que poner el pecho para frenar las sublevaciones judías y arrasaron Jerusalén, el Templo y varias fortalezas. Pero la resurrección de Judea era un problema que no lograban impedir. No olvidemos que un agravio adicional a Jesús –herido con infinita crueldad y aparentemente derrotado– fue instalar sobre la cruz una sigla elocuente: INRI (Jesús el Nazareno, Rey de los Judíos).

¡Vaya rey!, se burlaron los romanos mientras disputaban sus despojos. ¿Y Palestina? Todavía nada, inexistente. Un siglo y medio después de Cristo se produjo otra importante sublevación. Jerusalén estaba en ruinas, el templo arrasado, las fortalezas de Herodion y Masada hechas añicos. Un guerrero llamado Bar Kojbá reinició la lucha, enloqueció a varias legiones romanas y consiguió una relativa independencia.

Los romanos tuvieron que mandar la desproporcionada cifra de ochenta mil hombres, al mando del famoso general Julio Severo. Cuando consiguieron penetrar en la última fortaleza de Bar Kojba, tras un prolongado sitio, lo encontraron muerto, pero enrollado por una serpiente.

El oficial romano exclamó: ‘Si no lo hubiese matado un dios, ningún hombre lo habría conseguido’. Adriano era el emperador de turno. En su libro Memorias de Adriano, Marguerite Yourcenar dedica muchas páginas a ese levantamiento. El emperador lucubró cómo poner fin a las reivindicaciones de los judíos por su querida Judea y su venerada Jerusalén.

Primero les prohibió visitar Jerusalén, convertida en una guarnición militar, y pronto cambió el nombre a la ciudad por el de Aelia Capitolina, Al mismo tiempo, cambió la denominación de Judea o Israel por Palestina, ¡En ese momento apareció Palestina por primera vez! ¡Era el siglo II d.C.! ¿De dónde se obtuvo el vocablo? Fue otra ofensa romana.

  • Palestina se escribía en latín Phalistina y hacía referencia a los filisteos, que la Biblia menciona desde Josué hasta David.
  • Significa ‘pueblo del mar’.
  • Habían llegado desde Creta, probablemente tras la implosión de la civilización minoica, y se establecieron en la costa suroeste del territorio.
  • Jamás lograron conquistar el resto del país y terminaron integrados por completo en el reino de David.

Nunca más hubo filisteos ni grupo alguno que los reivindicase. Se convirtieron en judíos. Quizás Einstein, Kafka, Marc Chagall, Ariel Sharón, Golda Meir y muchos otros notables descienden de antiquísimos filisteos convertidos en judíos, ¿quién lo puede saber? La palabra Phalistina, además, no tuvo suerte.

A ese territorio –que adquirió relevancia extraordinaria por la Biblia, base del cristianismo y luego del Corán– los judíos lo siguieron llamando Eretz Israel (tierra de Israel) y los cristianos Tierra Santa, y después los árabes lo bautizaron Siria Meridional, Los cristianos fundaron el efímero reino latino de Jerusalén en la primera Cruzada, y durante el Imperio Otomano se convirtió en una provincia irrelevante: el vilayato de Jerusalén.

El país perdió brillo, se despobló y secó. Viajeros del siglo XIX como Pierre Loti y Mark Twain testimonian en sus escritos que atravesaban largas distancias sin ver un solo hombre. Los nacionalismos judío y árabe nacieron casi al mismo tiempo. El judío a fines del siglo XIX y el árabe a principios de XX.

Este último floreció en Siria, a cargo de pensadores y activistas cristianos que recibieron influencias europeas. Los sirios acusaron a los sionistas, es decir, a los nacionalistas judíos, ¡de haber inventado la palabra Palestina para quedarse con Siria Meridional! En realidad, ese nombre había resucitado como una palabra neutra frente al desmoronamiento del Imperio Turco.

*** La presencia judía en Tierra Santa fue una constante asombrosa. El alma judía añoraba año tras año, siglo tras siglo, milenio tras milenio, la reconstrucción de Eretz Israel con intenso fervor, parecido al que, mucho antes, había florecido junto a los nostálgicos ríos de Babilonia.

  1. Nunca dejaron de repetir: ‘¡El año que viene en Jerusalén!’.
  2. A fines del siglo XIX empezaron a llegar oleadas de inmigrantes que se aplicaron a edificar el país con caminos, kibutzim, escuelas, institutos técnicos y científicos, forestación obsesiva, universidades, teatros, naranjales, una orquesta filarmónica, aparatos administrativos.

En 1870 fundaron en Mikvé Israel la primera escuela agrícola de la región. Cuando terminó la Primera Guerra Mundial, Palestina fue desprendida de Siria y quedó en manos del conquistador británico por mandato de la Liga de Naciones. Quienes nacían en esa tierra eran palestinos, fuesen judíos o árabes.

  1. Antes de la independencia, que volvió a recuperar la palabra Israel, los judíos se llamaban a sí mismos palestinos,
  2. Y hablaban de ‘volver a Palestina’.
  3. El actual Jerusalem Post se llamaba Palestine Post y la Filarmónica de Israel se llamada Filarmónica de Palestina,
  4. ¡Pero eran entidades judías! Los antisemitas de Europa, toda América y Africa del norte les gritaban: ‘¡Judíos, váyanse a Palestina!’.

Palestina era reconocida como el hogar de los judíos incluso por quienes los odiaban. Los árabes tardaron en tomar conciencia de su propia identidad nacional. Al principio, hasta saludaron como beneficiosa la presencia del sionismo, como lo atestigua el encuentro entre Jaim Weizman, presidente de la Organización Sionista Mundial, y el rey Feisal de Irak.

Pero Gran Bretaña, advertida de la compulsión judía por su emancipación, cortó dos tercios de la Palestina que le habían adjudicado e inventó el reino de Transjordania, donde instaló al hachemita Abdulá, hijo del jerife de La Meca. Cometió el delito de quitar derechos a los judíos, que reclamaban parte de ese territorio, y lo convirtió en el primer espacio Judenrein (limpio de judíos) antes del nazismo, porque no permitía que allí se instalase judío alguno.

Tenebroso antedecente, desde luego. Pronto Gran Bretaña advirtió que sus aliados en la zona eran los árabes, no los judíos, y creó la Liga Árabe en 1945, para mantener su poder colonial. Olvidó que estaba allí para favorecer la construcción de un Hogar Nacional para el pueblo judío, el único que de forma permanente y con grandes sacrificios exigía la reconstrucción del país que le había dado su gloria.

Es cierto que algunos judíos preferían que esa misión la cumpliese el Mesías y otros se volcaron a la causa de la revolución comunista, pero el núcleo central se agrupó en torno al sionismo, palabra que significaba –simple y elocuentemente– el renacimiento nacional y social del pueblo que más agravios, persecuciones y matanzas había sufrido en dos mil años.

Después de la Segunda Guerra Mundial arreció la demanda emancipadora judía. La potencia colonial llevó el caso a las Naciones Unidas para provocar su condena. El tiro le salió al revés: las Naciones Unidas votaron el fin del Mandato Británico y la partición de Palestina en dos Estados, uno judío y otro árabe (no establecía que alguno se llamase Palestina, sino que eran parte de Palestina).

Los judíos celebraron la resolución, pero los países árabes en conjunto decidieron violarla sin escrúpulos y barrer ‘todos los judíos al mar’, como lo atestiguan documentos de la época. El secretario general de la Liga Árabe amenazó con efectuar matanzas que dejarían en ridículo las de Gengis Khan. La guerra, por lo tanto, se presentaba como un hecho inminente.

Y apuntaba a un nuevo genocidio, pocos años después del Holocausto. No había pudor en seguir asesinando judíos. Ni siquiera los que rechazaban semejante conducta propusieron una condena rotunda y eficaz. El flamante Estado de Israel (nombre que adoptó, basado en la expresión hebrea Eretz Israel ) no tenía armas –¿quién las vendería a un cadáver?– y debió enfrentar a siete ejércitos enemigos con las uñas y los dientes.

  1. Fue una lucha desesperada.
  2. ¡Los israelíes no contaban con un solo tanque ni un solo avión! La mayor parte de su armamento fue robado o arrancado a los británicos.
  3. Numerosos combatientes eran espectros que acababan de arribar, luego de sobrevivir en los campos de exterminio nazis.
  4. O triunfaban o morían.

Fue la guerra en que cayó la mayor cantidad de judíos. En algunos lugares recurrieron a estrategemas para impulsar la rendición o la huida de sus enemigos, en otros atacaron sin clemencia. Sabían qué les esperaba en caso de ser vencidos. Los árabes estaban fragmentados entre quienes defendían sus tierras y quienes habían invadido y luchaban sin convicción.

Al cabo de varios meses, con treguas que eran quebradas por alguno de los bandos, se llegó al armisticio y el trazado de fronteras arbitrarias. Como consecuencia de esa guerra desigual –iniciada por los árabes–, aparecieron los refugiados. Refugiados árabes y refugiados judíos. Estos últimos eran los ochocientos mil judíos expulsados de casi todos los países árabes en venganza por la derrota.

Los recibió Israel, pese a sus dificultades iniciales, y los integró a la vida normal, pese a que en ese tiempo y durante varios años debió sufrir un interminable bloqueo y mantener un estricto racionamiento. Los seiscientos mil refugiados árabes, en cambio, fueron encerrados por sus hermanos en campamentos, donde se los aisló y sometió a la pedagogía del odio y el desquite.

Transjordania usurpó Cisjordania y Jerusalén Este, medida que justificaba su cambio de nombre; a partir de 1949, en efecto, se empezó a llamar Jordania (ambos lados del río Jordán); Egipto se quedó con la Franja de Gaza. La ocupación árabe de esos territorios duró 19 años. En esas casi dos décadas, ¡jamás se pensó ni reclamó crear un Estado árabe palestino independiente compuesto por Cisjordania, Jerusalén Oriental y Gaza! Ningún presidente, rey o emir árabe o musulmán visitó Jerusalén Oriental, convertida en un vilorrio sucio e irrelevante.

No se permitía que los judíos fuesen a rezar al Muro de los Lamentos. Sólo después de la Guerra de los Seis Días (conflagración que se produjo por la insistente provocacion árabe), se produjo la ocupación israelí de esos territorios y otros más (toda la Península del Sinaí, los Altos del Golán y trocitos de Transjordania).

Entonces la historia pegó un brinco. *** La Guerra de los Seis Días cambió la relación de fuerzas en el conflicto árabe-israelí, Digo bien, porque hasta ese momento no era un conflicto palestino-israelí, Los árabes de Palestina se llamaban ‘árabes de Palestina’, no ‘palestinos’. La diferencia es importante.

Como señalamos en la primera entrega, también los judíos se llamaban ‘palestinos’ a sí mismos. El enfrentamiento se daba entre el Estado de Israel y todos los Estados árabes que habían intentado destruirlo desde antes de su nacimiento, violando la sabia y ecuánime resolución de las Naciones Unidas que ordenaba la erección de un Estado árabe y un Estado judío, lado a lado, con vínculos económicos fraternales.

  1. Esa partición, votada en la Asamblea General el 29 de noviembre de 1947, se basaba en la distribución demográfica de entonces.
  2. A los árabes se les otorgaba sus principales ciudades (y casi todos los sitios bíblicos, además); a los judíos, sus ciudades, colonias y la mayor parte del desierto.
  3. Los judíos lo celebraron, aunque muchos con tristeza, porque se quedaban sin porciones ligadas a su historia nacional y religiosa.

La guerra que los Estados árabes se empecinaron en llevar adelante, con el manifiesto propósito de realizar una matanza ‘que pusiera en ridículo a Gengis Khan’, produjo una catástrofe a ellos mismos. Hasta el día de hoy es sorprendente la falta de autocrítica por parte de esos Estados: iniciaron un conflicto cruel e innecesario, se privaron de tener un vecino moderno y estimulante como Israel y ocasionaron el sufrimiento de sus hermanos más débiles radicados en Palestina.

  1. Además, no realizaron esfuerzos para integrarlos, sino que los persiguieron, discriminaron y hasta asesinaron en forma masiva, como en el Septiembre Negro de 1971.
  2. Allí cayeron más árabes palestinos por las balas jordanas y sirias que en todos los enfrentamientos con Israel.
  3. Antes y despúes cientos de miles tuvieron que pasar varias generaciones en campamentos, mantenidos por la limosna internacional.

Es el único caso de un alto cupo de refugiados que no pudo ser resuelto en tantas décadas, pese a la inversión multimillonaria que nutrió a una burocracia enorme y corrupta. Se convirtieron en un material humano que recibe cuadalosas inyecciones diarias de victimización y resentimiento.

  1. Por lo cual quedan imposibilitados de trabajar en forma sostenida hacia un futuro mejor.
  2. El presidente de Egipto, Gamal Abdel Naser, adquirió un fuerte liderazgo gracias a su empeño panarabista, su acercamiento con la Unión Soviética y su alianza con los países no alineados (entre los que figuraban países cuya no alineación al capitalismo o al comunismo era una grosera hipocresía, como China, Cuba o Yugoslavia).
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Consiguió formar con Siria la República Arabe Unida, que era el comienzo de una federación destinada a unir todo el mundo árabe. Su propósito no entraba en contradicción con la existencia de Israel, según entendió este país, y David ben Gurión le propuso integrarse a su proyecto.

Naser no quiso ni siquiera escucharlo y redobló su agresividad. Bloqueó el Estrecho de Tirán, que permite el acceso al Golfo de Akaba, y de esa forma pretendió matar el puerto israelí de Eilat. Manifestó que ansiaba convertir en realidad el sueño de arrojar a los judíos al mar mediante la demolición de Israel, como lo testimonia la prensa de entonces.

Compró gran cantidad de armas para llevar a cabo ese propósito. Las súplicas internacionales destinadas a evitar otro genocidio resultaron estériles. Iba a realizar su ataque mediante una pinza mortal: Egipto desde el sur y Siria desde el norte. Siria expresó su acuerdo mediante disparos cotidianos desde las alturas del Golán contra las poblaciones israelíes que rodeaban el bíblico lago de Galilea.

  • Aba Eban, canciller de Israel, recorría angustiado las principales capitales del mundo para rogar que disuadieran al presidente egipcio.
  • Fue inútil, porque Naser llegó al extremo de exigir que las Naciones Unidas retirasen las tropas que evitaban los choques entre ambos países; quería tener libre la ruta de su masivo ataque bélico.

Ante un mundial estupor, el entonces secretario general de la ONU, el birmano U Thant, le dio el gusto y ordenó la evacuación de esas tropas. Naser tenía luz verde para iniciar los combates. No sólo los judíos, sino millones de personas se conmovieron ante la inminencia de una tragedia que reproduciría el Holocausto.

  1. Fue entonces cuando estalló la Guerra de los Seis Días, porque horas antes del colosal ataque árabe la aviación israelí tomó la iniciativa y pudo cambiar el curso de la historia.
  2. Al principio las emisoras árabes mintieron a sus audiencias informando sobre inexistentes triunfos.
  3. El primer ministro de Israel, Levy Eshkol, pidió al rey Husein de Jordania que no se incorporase a la agresión de Egipto y Siria, porque Israel no quería un tercer frente.

Pero Husein, presionado por Naser, avanzó sobre Jerusalén y otros puntos de la larga y accidentada frontera. Entonces Israel, luego de aplastar a egipcios y sirios, tuvo que dirigirse tamabién contra los jordanos. En esa contienda les arrebató Cisjordania, que usurpaban desde 1948.

La opinión pública internacional no podía salir del asombro. El diminuto Israel volvía a ganar. En los organismos internacionales el bloque comunista, aliado con los árabes, puso el grito en el cielo y exigió la devolución incondicional de los territorios conquistados, sin tener en cuenta –¡de nuevo!– la responsabilidad de Egipto, Siria y Jordania, ni exigir que firmasen la paz.

Los verdaderos territorios conquistados eran la península del Sinaí y las alturas del Golán, que no se consideraban parte de Palestina desde el trazado de fronteras que realizaron, con cierta arbitrariedad, las potencias coloniales luego del desmembramiento del Imperio Otomano.

  • Técnicamente, Cisjordania y Jerusalén fueron liberadas de la ilegítima ocupación jordana, y la Franja de Gaza de la ocupación egipcia: los israelíes no lucharon contra los árabes-palestinos, sino contra Estados árabes poderosos que ocupaban buena parte de la Palestina histórica.
  • Ya es hora de disipar esta confusión.

No obstante su victoria, Israel propuso grandes devoluciones territoriales a cambio de la paz. Como respuesta, la Liga Arabe se reunió en Jartum y, estimulada por Naser, escupió a Israel los famosos Tres Noes: No a las negociaciones con Israel, No al reconocimiento de Israel, No a la paz con Israel,

Es decir, continuar con el odio y los enfrentamientos. Israel, por el contrario, decidió en forma unilateral que todas las mezquitas y los lugares sagrados del islam fueran administrados por autoridades musulmanas. Las ciudades y aldeas árabes debían estar a cargo de intendentes árabes democráticamente electos, muchos de los cuales, como el de Belén, permanecieron en el cargo durante décadas y mantuvieron excelentes relaciones con el Gobierno israelí.

Cientos de miles de árabes de Gaza y Cisjordania encontraron trabajo en las poblaciones de Israel. Los benefició el turismo, que habían desconocido hasta entonces. Parte significativa de sus productos eran comprados por los mismos israelíes. Se registraron encuentros entre judíos y árabes que habían sido amigos antes de 1948 e incluso se celebraron casamientos mixtos.

Después de la Guerra de Iom Kipur, en 1973 (también iniciada por Egipto), el nuevo presidente de Egipto, Anuar el Sadat, empezó a reconocer que no tenía sentido negar la existencia de un país tan sólido como Israel. Ante la sorpresa universal, decidió visitar Jerusalén. Aunque esperaba ser bien recibido, no esperaba que lo aplaudieran y agasajaran con una lluvia de júbilo y gratitud.

Empezaron las negociaciones con el duro Menajem Beguin y, en menos de un año, se firmó la paz entre ambos países. A cambio de la paz, Beguin aceptó entregar hasta el último grano de arena del desierto del Sinaí. Y no sólo arena: entregó aeropuertos, pozos de petróleo, rutas, centros turísticos y hasta ordenó la evacuación de la populosa ciudad de Yamit, construida entre Gaza y el Sinaí, para que nada de Israel permaneciera en territorio egipcio.

  • El encargado de evacuar por la fuerza a los colonos judíos fue Ariel Sharón.
  • Este general no imaginaba que, mucho después, debería repetir el operativo en la Franja de Gaza.
  • Con esta cesión de tierras equivalentes a casi tres veces el tamaño de Israel, caía la acusación de su vocación expansiva, por lo menos entre quienes piensan con lógica.

Por supuesto que esta paz fue duramente condenada por todos los demás países árabes. En el tratado con Egipto, Israel prometió la autonomía de los árabes que habitaban Gaza y Cisjordania. Autonomía significaba otorgarles el manejo de todas las áreas, menos la defensa y las relaciones exteriores.

Es decir, no llegaban a la independencia ni a la soberanía. Así lo entendió Beguin, pero seguramente Sadat pensaba que la autonomía conduciría, de forma inexorable, a la independencia. La idea de los dos Estados que viven y prosperan uno al lado del otro, que nació en la saboteada partición de 1947, resucitaba con fuerza.

Gracias al contacto directo con los israelíes, que resultaba inspirador, los árabes de Palestina tomaron conciencia de su identidad nacional y se aplicaron a la conformación de una narrativa que les otorgase respaldo. *** Se debe hacer justicia al fenómeno nacional palestino, que era irrelevante en la primera mitad del siglo XX.

  1. En el curso de los últimos años consiguió hacerse reconocer por la Liga Árabe, las Naciones Unidas y el mismo Estado de Israel.
  2. Desde 1948 (independencia de Israel) hasta 1967 (Guerra de los Seis Días), Falistín (Palestina, en árabe) había dejado de existir.
  3. Durante 19 años una porción del mapa lo ocupaba Israel y la otra, Jordania y Egipto.

Lo repito porque es esencial recordarlo. En mayo de 1964 se fundó la OLP (Organización para la Liberación de Palestina), integrada por centenares de hombres que componían Al Fatah, Al Saiqa y el Frente Popular para la Liberación de Palestina. Las tres entidades eran laicas y se inspiraban en el apasionado nacionalismo que durante los años 60 acompañó la descolonización en África y Asia; la última era marxista-leninista.

  1. No estaban contaminados por el fundamentalismo islámico, que advino más adelante.
  2. En 1967 apoyaron la obsesión bélica del presidente Naser, que concluyó en un desastre, como ya narré: Israel derrotó a quienes pretendían aniquilarlo y se extendió desde el Canal de Suez hasta las alturas del Golán.
  3. Los árabes palestinos pasaron de la ocupación jordana y egipcia a la insospechada y mareante ocupación israelí.

La OLP eligió profundizar la vía terrorista en lugar de proponer negociaciones. Siguió el modelo de los fedayines que Naser había espoleado a cruzar la frontera de Gaza para cometer cientos de atentados. Además, se dedicaron a asaltar aviones, atacar aeropuertos, asesinar deportistas, poner bombas en ómnibus escolares, disparar contra viviendas civiles.

  • Adquirieron notoriedad porque contrastaban con los sectores que aspiraban a conseguir un acuerdo pacífico.
  • Por esa época el gentilicio palestino se asociaba con la palabra terrorista,
  • Pero, de a poco, fue otorgando resonancia a la expresión pueblo palestino, que se refería ahora sólo a los árabes de Palestina.

Se la martilló con vigor creciente, a pesar de que muchos aún negaban su existencia real. Muchos israelíes se seguían considerando tan palestinos como los árabes. En 1970 la OLP había logrado constituir una fuerza considerable en Jordania, casi un Estado dentro del Estado, y decidió tomar el gobierno de ese país, que históricamente había formado parte de Palestina.

En otras palabras, ya exisitía un Estado palestino llamado Jordania, hecho que la OLP no ignoraba, por supuesto, y pretendía sacar beneficio de esta situación. El rey Husein reaccionó ferozmente y se calcula que sus tropas mataron a miles de hermanos en septiembre de 1971, llamado desde entonces Septiembre Negro.

Las despavoridas columnas de Arafat huyeron hacia Siria, pero el presidente Asad les cerró la entrada con impiadosos cañones y ametralladoras. De forma poco clara –tal vez autorizados por Israel– llegaron al Líbano, donde también se empeñaron en formar un Estado dentro del Estado, con un laberinto de túneles y barrios controlados por completo, hasta que explotó la sangrienta guerra civil.

La OLP controlaba el sur del país, y desde ahí lanzaba ataques diarios contra las poblaciones fronterizas de Israel. En 1974 consiguió ser reconocida por la Liga Árabe como ‘única representación legítima del pueblo palestino’, noticia que puso en aprietos a la dirigencia árabe moderada. Menajem Beguin, que había firmado una generosa paz con Egipto, decidió silenciar las baterías palestinas del Líbano, que atacaban a diario, impiadosamente, centros civiles de Galilea.

Sus fuerzas llegaron rápido hasta Beirut y en el trayecto fueron recibidas con alivio, flores y alimentos por las poblaciones cristianas del Líbano, sometidas a los asaltos de la pinza sirio-musulmana. Los dirigentes de la OLP tuvieron que huir a Túnez.

En noviembre de 1988, durante una reunión del Consejo Nacional Palestino en Argel, Arafat anunció el establecimiento del Estado Independiente de Palestina y aceptó las resoluciones 242 y 338 de las Naciones Unidas, que no son precisas, porque hablan de la devolución de los territorios conquistados: no dice ‘todos’.

Esa inteligente decisión fue premiada al mes siguiente por Estados Unidos, que aceptó iniciar un diálogo diplomático directo con la OLP. Los avances se quebraron cuando Arafat apoyó la invasión a Kuwait de Sadam Husein, lo que le enemistó con Occidente y con la mayoría de los países árabes que hasta ese momento lo habían sostenido.

  1. En 1993 Simón Peres e Isaac Rabin decidieron resucitar al debilitado Arafat para conseguir la solución del largo conflicto.
  2. La primera Intifada había tenido el mérito de consolidar la flamante identidad nacional árabe-palestina, incluso entre los israelíes.
  3. Era un buen momento, entonces, para un recononcimiento recíproco y avanzar hacia la tan postergada paz.

Se firmaron los Acuerdos de Oslo, que les valió a los tres personajes citados el Premio Nobel de la Paz. Nacióla Autoridad Nacional Palestina y empezó la transferencia de poderes. Los temas más difíciles quedaron para el final, cuando los aceitase una mayor confianza mutua.

  1. Pero sucedió lo contrario, debido a la acción de los grupos armados autónomos que la Autoridad Palestina no quiso inhibir.
  2. Al Fatah, liderado por el mismo Yaser Arafat, constituyó las Brigadas de Al Aqsa, que cometían crímenes condenados en inglés y felicitados en árabe.
  3. Engordaban los grupos fundamentalistas Hamás y Yihad Islámica, que no aceptaban ningún acuerdo.

Arafat, en lugar de ejercer la posición del estadista que monopoliza el poder, seguía con las ilusiones del guerrillero que dejaba hacer a los terroristas para minar la resistencia israelí. Alcanzó cumbres del doble discurso. Condenaba cada atentado mientras estimulaba su multiplicación.

  • Las primeras mujeres asesino-suicidas fueron jóvenes palestinas que calificó de ‘rosas de nuestra causa’.
  • Era evidente que mentía: su objetivo no era la paz con Israel, sino destruirlo con otros medios.
  • En el encuentro de Camp David, durante la presidencia de Clinton, los palestinos habían logrado un avance que no hubieran soñado años antes: la pronta creación de un Estado árabe-palestino independiente sobre casi todos los territorios ocupados y la soberanía compartida de Jerusalén.

Pero Arafat resistió las presiones, pateó el tablero y logró que los palestinos no dejaran de perder la oportunidad de volver a perder la oportunidad Regresó haciendo la uve de la victoria (¿qué victoria?), mientras el primer ministro de Israel –que había cedido más de lo que hubiera aceptado Rabin– volvió derrotado.

A los pocos días, con la pueril excusa de un paseo de Ariel Sharón por la explanada del Templo (que había consentido Jamil Jagrib, responsable palestino de seguridad), desencadenó la injustificada y criminal segunda Intifada, que duró cinco años, con miles de muertos por ambas partes, exacerbación del odio en lugar de la confianza y un empeoramiento profundo de la calidad de vida palestina.

El rechazo a las concesiones de Camp David fue una siniestra repetición de los Tres Noes lanzados en Jartum. Bloqueó el camino de los acuerdos y cargó dinamita a la violencia. Pero consiguió que el mundo viese a los palestinos como la víctima inocente, inerme e indiscutible; por lo tanto, impermeable a cualquier crítica.

Todo lo que hacían se justificaba por el martirio de la cruel ocupación. De esa forma, nadie exigió a la Autoridad Palestina que ejerciera el monopolio de la fuerza y pusiese fin a la metralla de los atentados. Nadie exigió que invirtiera en salud, educación y construcción en vez de en armas los multimillonarios recursos que recibía de la Unión Europea y los Estados Unidos.

Ni siquiera que terminase con la enorme corrupción que hasta un intelectual palestino como Edward Said criticó, encendido de rabia. Gran parte del dinero volaba hacia bancos extranjeros. La viuda de Arafat es ahora una millonaria que disfruta las delicias de París mientras se conmueve por el heroísmo de los suicidas (ni ella ni su hija piensan suicidarse, por supuesto).

Grandes desafíos enfrenta el nacionalismo palestino en este momento, un nacionalismo que nació secular y ahora ha caído bajo la influencia de la teocracia fundamentalista, que amenaza con provocar escisiones internas muy profundas. ¿Debemos repetir que nunca existió un Estado árabe independiente en Palestina? ¿Que nunca Jerusalén fue la capital de ningún Estado árabe o musulmán, ni siquiera cuando Saladino expulsó a los cruzados, o el imperio turco se extendió por la región, o Jordania usurpó la parte oriental? Debido a esa carencia, el nacionalismo palestino racional y moderado necesita escribir una narrativa que le brinde respaldo, sin recurrir a la fabulación que lo haga insostenible.

Debe resignarse a no alcanzar la vastedad, riqueza y resonancia de la narrativa judía, porque ésta tiene 3.500 años de historia. El contraste es demasiado grande. El Estado palestino no será la obra de un milagro, como no lo fue el Estado de Israel. Los judíos lo reconstruyeron con lágrimas, sudor y sangre.

No fue un regalo de nadie. Antes de la independencia –vuelvo a insistir–, los sionistas ya habían creado ciudades, kibutzim, caminos, universidades, teatros, colegios, sistemas de riego, orquestas sinfónicas, puertos, métodos para fertilizar el desierto, hospitales, museos, forestaciones, centros de investigación.

Los palestinos pueden exhibir los derechos que les otorga un período de vida menor, en el que también derramaron lágrimas y sangre, además de nacer en ese territorio o extrañarlo desde el exilio. Pero no alcanza con sangre y lágrimas. Falta el sudor: ¡construir en vez de destruir! *** Las últimas elecciones palestinas (enero de 2006) complicaron la situación, aunque muchos pensamos que la volvieron más diáfana.

  1. Esas elecciones fueron ganadas de manera impecable por el grupo fundamentalista Hamás.
  2. Para conocer la ideología que lo sustenta es obligatorio conocer su Carta Fundacional,
  3. Constituye una guía también impecable, ya que este tipo de organizaciones no anda con vueltas: dice lo que piensa y hace lo que dice.

No nos perdamos algunas citas elocuentes. En el preámbulo afirma: Israel existirá y continuará existiendo hasta que el islam lo destruya, tal como destruyó a otros en el pasado. Y en el artículo 6 se dice: El Movimiento de Resistencia Islámico es un movimiento cuya alianza es con Alá y cuya forma de vida es el islam.

Su objetivo es izar el estandarte de Alá sobre cada porción del suelo palestino. El artículo 7 expresa su ardiente antisemitismo: El Día del Juicio Final no llegará hasta que los musulmanes se enfrenten a los judíos y los maten a todos. Entonces, los judíos se esconderán detrás de las rocas y de los árboles, y las rocas y los árboles gritarán: ‘¡Oh, musulmán, hay un judío escondido detrás de mí! ¡Ven y mátalo!’.

El artículo 22 es extenso, pero ofrece evidencias de su inspiración en los libelos que, a su vez, alimentaron el Mein Kampf, de Adolf Hitler. Reúne todas las calumnias que diferentes tendencias inventaron sobre los judíos. También manifiesta su alucinante carácter reaccionario.

Los judíos han conspirado contra nosotros durante mucho tiempo y han acumulado grandes riquezas materiales y gran influencia. Con su dinero, tomaron el control de los medios. Con su dinero, provocaron revoluciones en distintas partes del mundo. Estuvieron detrás de la Revolución Francesa, de la Revolución Comunista y de la mayoría de las revoluciones.

Con su dinero, crearon organizaciones secretas –tales como los masones, el Rotary Club y el Club de Leones–, que se están diseminando por el mundo con el fin de destruir sociedades y llevar a cabo los intereses sionistas. Estuvieron detrás de la Primera Guerra Mundial y crearon la Liga de las Naciones, por medio de la cual podían gobernar el mundo.

Estuvieron detrás de la Segunda Guerra Mundial, por medio de la cual lograron enormes ganancias financieras. No hay ninguna guerra en ningún lugar del mundo en la que ellos no intervengan. Quienes suponen que Hamás se conforma con un Estado palestino que permita alguna coexistencia con Israel deben fijarse en el artículo 11: La tierra de toda Palestina es un ‘waqf’ consagrado para futuras generaciones islámicas hasta el Día del Juicio Final.

Nadie puede renunciar a esta tierra ni abandonar ninguna parte de ella. Los ideales de un Estado árabe palestino, democrático y pluralista, donde tengan derechos no sólo los judíos, sino también los cristianos, quedan destruidos por el categórico artículo 13: Palestina es tierra islámica.

  1. Esto es un hecho.
  2. La guerra es orlada con febril exaltación.
  3. El artículo 33 borra cualquier duda: Las filas se cerrarán, los luchadores se unirán con otros luchadores y las masas de todo el mundo islámico acudirán al llamado del deber proclamando en voz alta: ¡Viva la yihad! Este grito llegará a los cielos y seguirá resonando hasta que se alcance la liberación, los invasores hayan sido derrotados y logremos la victoria de Alá.

No deja espacio para las iniciativas de paz, que son condenadas en otra parte del feroz artículo 13: Las iniciativas de paz y las supuestas soluciones pacíficas, así como las conferencias internacionales, se contradicen con los principios de Hamás. Esas conferencias son un inaceptable medio para designar árbitros de las tierras del islam a los infieles.

No hay solución sin la yihad. Las iniciativas, las propuestas y las conferencias internacionales de paz son una pérdida de tiempo. La demonización del sionismo permanece anclada en centenarios mitos paranoicos, cuya fuente falsa y venenosa no tienen pudor en revelar, como lo ilustra el artículo 32: La confabulación del sionismo no tiene fin; después de Palestina querrán expandirse desde el Nilo hasta el Éufrates.

Cuando hayan terminado de digerir el área sobre la que hayan puesto sus manos, codiciarán más espacio. Su plan ha sido diseñado por los ‘Protocolos de los Sabios de Sión’. No hace falta ser avispado para advertir que proyectan sobre el diminuto Israel su propia hambre de expansión territorial.

Son ellos quienes aspiran a un califato que se extienda desde el Atlántico hasta Indochina, y luego más. En sus escuelas enseñan que España pertenece al islam y deberá ser recuperada, El objetivo más alto no es ahora la creación de un Estado palestino, sino la victoria universal de la fe y la legislación islámicas.

Su programa aspira a que rijan las leyes de la sharía, imposibles para la civilización occidental. Como lo expresa el delirante artículo 22, hasta la Revolución Francesa es abominable, y seguro que las tres famosas palabras – libertad, igualdad, fraternidad – serán sospechosas.

A Hamás, sin embargo, no lo votaron por este programa teocrático-nazi, sino por la corrupción, ineficacia e hipocresía de Al Fatah y los líderes de la Autoridad Palestina. Una encuesta reveló que el 75% de los palestinos que votaron por Hamás aspiraban a la solución de un Estado propio que conviviera lado a lado con Israel.

Hamás se presentó como la única opción que tenía las manos limpias. No ganó por su fanatismo reaccionario y judeofóbico, sino por el desencanto de los palestinos. La irresponsable segunda Intifada, desencadenada por la hipócrita Administración anterior, trajo la parálisis de una solución negociada.

Además, produjo un incremento de las muertes, las represalias, la desocupación y la miseria. A Hamas ya no le alcanzará con lavarse las manos y echar la culpa de todo a Israel. La mayoría de los israelíes no está entusiasmada con la ocupación de territorios palestinos, si esa ocupación empeora su seguridad y su calidad de vida.

Pero tomará decisiones unilaterales mientras la otra parte no sea una genuina socia para la paz. Lo hizo al retirarse del Líbano sin exigir contrapartidas, y al retirarse de Gaza de la misma forma. Muchos opinan que fueron decisiones equivocadas. Comparto esa crítica.

Ambas retiradas pretendían demostrar que Israel no desea mantener la ocupación de zonas donde hay mayoría árabe. La respuesta, sin embargo, no fue de comprensión ni de amistad, sino lluvias de misiles. *** En un reportaje, a una nena árabe de tres años y medio le preguntaron si odiaba. Dijo que sí, que odiaba a los judíos.

¿Por qué? Porque son monos y cerdos. ¿Quién lo dice? Lo dice el Corán. Es verdad que el Corán lo dice, pero como todo libro religioso extenso, escrito en circunstancias históricas determinadas, exhibe expresiones contradictorias, algunas durísimas y otras más dulces que la miel.

  • Igual sucede con la Biblia.
  • Corresponde a los hombres interpretar esos textos y enfatizar sus contenidos nobles.
  • Históricamente el odio a los judíos fue más intenso entre los cristianos que entre los musulmanes.
  • Los cristianos acusaban a los judíos de ser ‘los asesinos de Dios’, los musulmanes sólo de haber enmendado la Biblia para que no figurase el anuncio de la llegada de Mahoma.
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Ambos son hechos deleznables (de haber sido ciertos), pero más horrible, desde luego, es el primero. Si los judíos pudieron ‘asesinar a Dios’ –como se predicó durante centurias desde todos los púlpitos–, ¿qué puede impedir que cometan otros crímenes, y de lo más atroces? Se los acusó de envenenar los pozos cuando había una peste (y se carneaba entonces judíos con entusiasmo enérgico), se los acusó de utilizar la sangre de niños cristianos para amasar el pan de la Pascua (¡?) (y nació el delirante y repetido libelo del crimen ritual, que llevaba a renovadas y jubilosas matanzas).

El judío fue el Shylock voraz por una libra de carne, el judío pobre que se despreciaba por sucio y débil o el rico que rapiñaba sin culpa. Fue el personaje siniestro de Los Protocolos de los Sabios de Sión, que redactó la policía secreta del Zar para estimular los pogromos. Fue El judío internacional del resentido Henry Ford.

En Mein Kampf, Hitler prometía hacer lo que finalmente hizo ante la indiferencia de la civilización occidental. Auschwitz. Haj Amín el Huseini, el amigo de Hitler El plan nazi de encerrar a todos los judíos del mundo y exterminarlos como si fuesen cucarachas por un odio sedimentado durante siglos en Europa tuvo un éxito casi total.

  • En pocos años liquidó un tercio de ese pueblo gracias a la sistemática técnica industrial de la muerte.
  • Ese plan recibió el apoyo del líder árabe de Palestina Haj Amín el Huseini, gran muftí de Jerusalén.
  • Este clérigo fanático, que espoleaba a destruir las comunidades judías porque importaban costumbres ‘degeneradas’ como la igualdad de la mujer, la apertura de teatros y orquestas, la edición masiva de libros, los ideales de la democracia y el socialismo, se ofreció a colaborar con la Solución Final.

Viajó a Berlín por un largo período y prometió erradicar cada judío de Palestina y sus alrededores ‘con los métodos científicos del Tercer Reich’. Planeó erigir otro Auschwitz en Nablús, sobre las colinas de Samaria. Su lema, difundido por radios nazis, fue: ‘Mata a los judíos dondequiera los encuentres, para agradar a Alá y a la Historia’.

Se fotografió varias veces con Hitler. Apareció en los noticieros de cine haciendo el saludo nazi. También se reunió con el nazi y asesino croata Ante Pavelic, para sellar el mismo pacto. Debemos tenerlo en cuenta, porque este dirigente fascista tuvo un protagonismo que la narrativa árabe quiere a borrar.

No sólo organizó ataques contra las comunidades judías antes de la independencia de Israel, sino que se negó a aceptar la partición decidida por las Naciones Unidas del 29 de noviembre de 1947 para el nacimiento de un Estado arabe y otro judío que viviesen lado a lado y en fraterna colaboración.

Como frutilla del postre, tuvo la idea brillante de ordenar a su gente que abandonase Palestina rápido, para permitir que Siria, Irak, Líbano, Egipto, Arabia y Transjordania pudiesen empujar a los judíos al mar sin tener que molestarse en esquivar la presencia de árabes en su camino. Esta orden se difundió como un incendio.

Algunos se negaron a obedecerla y lucharon contra los judíos, otros –en especial en la Galilea– se limitaron a quedarse en sus casas y ahora son ciudadanos israelíes. Recordemos que los árabes israelíes conforman el 20% de la población del país. ¿Cuántos judíos quedan en los Estados árabes? Mientras los Estados árabes pueden vanagloriarse de ser Judenrein, Israel es acusado de hacer discriminación étnica.

¡Qué hipocresía! Además, en Israel no existe ningún diario, radio o TV que incite al odio contra los árabes. En el mundo árabe, por el contrario, casi no hay medio de comunicación que alguna vez, o muchas veces, deje de incitar al odio hacia los judíos e Israel. Un país no árabe como Irán, pero líder del fundamentalismo islámico, profirió en su Asamblea parlamentaria el grito: ‘¡Muerte a Israel!’.

¿No es escandaloso? ¿En la Kneset se profirió alguna vez una frase que invite a liquidar otro país? El poder del odio El odio árabe aumentó de forma sustantiva cuando fueron derrotados en la guerra de la independencia (1948-9). No los había vencido una potencia colonial, sino una comunidad minúscula que ni siquiera contaba con un solo tanque ni un solo avión.

  1. El pueblo más inerme del planeta, más despreciado, que acababa de ser reducido a escombros por los nazis, el pueblo al que le habían cerrado los puertos antes, durante y después del Holocausto, pudo triunfar.
  2. Era una insoportable herida que puso en marcha una febril venganza mediante la expulsión de casi todos los judíos residentes en los países árabes.

El sueño de Hitler de conseguir países Judenrein ¡fue un logro árabe! (anticipado por los ingleses al decretar que no se afincasen judíos en Transjordania). Es importante insistir en que los cientos de miles de refugiados judíos provenientes de Europa y del mundo árabe fueron recibidos e integrados en Israel, con esfuerzos enormes, desproporcionados a la riqueza que entonces tenía el país.

Mientras los atendía, no era posible descuidar la seguridad de sus fronteras precarias. Esa tarea humanitaria sólo obtuvo la ayuda de los judíos afincados en la Diáspora, sin que los organismos internacionales se interesaran siquiera en el asunto. El único país que más tarde aportó, pero por otras razones, fue Alemania, en concepto de devolución de los bienes que había rapiñado el régimen nazi a los judíos; no se trataba de reparaciones por los crímenes, que jamás pueden ser pagados.

Los refugiados árabes que produjo la indeseada guerra de la independencia de Israel, en cambio, fueron amontonados por sus hermanos en campos especiales, como prisiones de las cuales no podían salir, excepto en Jordania. Jordania llevó adelante otra política, porque deseaba asimilar la Cisjordania a su propio territorio de una forma tan intensa que nunca más se la quitasen.

Pero tampoco puso fin a la existencia de refugiados en su territorio, por razones difíciles de explicar. O fáciles de explicar: los refugiados eran un peón que podían lucir para victimizarse y recibir dinero. Por esta razón los países árabes recibieron en forma directa o indirecta fondos multimillonarios.

Pero en lugar de utilizarlos para resolver el drama, los usaban para eternizarlo. Consiguieron que los refugiados árabes de Palestina se conviertieran en el único caso de refugiados sin solución. Es importante hacer énfasis en este punto, porque forma parte del conflicto árabe-israelí.

  1. A lo largo del siglo XX no hubo dos, tres o diez millones de refugiados, sino ¡cientos de millones! Sí, cientos de millones.
  2. Todos, absolutamente todos, consiguieron resolver su problema.
  3. La única excepción ha sido la de los refugiados árabes, cuyo número original no llegaba al millón, un número parecido al de los refugiados judíos expulsados de los países árabes.

Tan firme fue la resistencia de los Estados árabes a resolver la cuestión de sus refugiados que cuando empezó la explotación petrolera intensiva en Libia y Kuwait y hacía falta mano de obra sólo se permitía que fuesen hacia allí varones palestinos solos, para que sus familias permanecieran en los campos como rehenes; luego de unos pocos años esos trabajadores, en lugar de afincarse en un sitio mejor, debían retornar a los ominosos campamentos.

  • Ese odio –sostenido e incrementado sin cesar– impide discernir por dónde pasa el camino que los llevaría al bienestar.
  • Golda Meir pronunció una famosa reflexión: ‘Podemos perdonar a los árabes que asesinaron a nuestros chicos.
  • No los podemos perdonar por forzarnos a matar los suyos.
  • Sólo tendremos paz cuando ellos quieran a sus hijos más de lo que nos odian a nosotros’.

Por desgracia, en algunos sitios ahora es peor: ciertas madres bendicen a sus hijos que se atan cinturones con explosivos para suicidarse en operaciones criminales. Con la técnica del ‘miente, miente que algo queda’, los antisemitas buscan imponer la versión de que el Estado de Israel es un producto artificial del Holocausto y fue creado de la nada por las Naciones Unidas.

Falso, basta leer la prensa de entonces. Debemos insistir una y otra vez en que la construcción del tercer Estado judío (los dos primeros están descriptos en la Biblia) empezó de forma intensa en el último cuarto del siglo XIX, cuando todavía era dueño del Medio Oriente el Imperio Otomano y no había señales de nacionalismo árabe, que recién apareció en Siria a principios del XX.

El flamante movimiento sionista (movimiento de liberación nacional y social del pueblo judío) creó en 1903 el Keren Kayemeth Leisrael para reacaudar dinero con el cual comprar a los efendis radicados en Beirut o Damasco sus pobres tierras palestinas y erigir los primeros kibutzim en forma legal.

También se usaba parte del dinero para una campaña frenética de forestación, la primera en la historia, que aún los partidos ecologistas no se atreven a reconocer. El Imperio Turco miraba con sospecha estas actividades de crecimiento acelerado, máxime cuando Palestina era parte del marginal y pobrísimo Vilayato de Jerusalén.

Israel: el Estado vino después Necesitamos machacar ciertos datos para entender mejor el conflicto árabe-israelí. En 1909 nació Tel Aviv sobre dunas de arena, sólo habitada por arañas y cangrejos. En la década del 20 los pioneros judíos fundaron la Universidad Hebrea de Jerusalén, entre cuyos primeros gobernadores de honor figuraron Albert Einstein y Sigmund Freud.

  • También se creó la primera Orquesta Filarmónica del Medio Oriente, inaugurada por el director antifascista Arturo Toscanini.
  • Surgió el dinámico teatro Habima.
  • Se estableció un Instituto de Ciencias en Rehovot, la Universidad Técnica en Haifa y la Escuela de Artes Bezalel en Jerusalén.
  • Se fundó la Histadrut, primera central obrera del Medio Oriente, toda una revolución social.

Se multiplicaron los kibutzim, los moshavim, las aldeas y las ciudades, se tendieron caminos, abrieron puertos y fundaron instituciones educativas. Vastas extensiones desérticas se cubrieron con el manto esmeralda de los naranjales. Las colinas pedregosas y ardientes de Judea, devastadas por los dientes de las cabras y el abandono de siglos, empezaron a ser embellecidas por el color de los pinos que se plantaban en sus laderas.

El pantano del extremo norte, Hula, generador de una epidemia sostenida de paludismo, del que no se salvaba nadie, ni David ben Gurión, fue poco a poco desecado. La febril actividad judía inyectó a ese pequeño país más prosperidad de la que existía en los grandes vecinos. Era un ariete ciclópeo de modernidad, progreso, cultura.

Revolucionaba toda la región. Y, sin embargo, ¡aún no se había producido el Holocausto ni las Naciones Unidas habían tomado cartas en el asunto! Pero había nacido el conflicto árabe-israelí. No tanto porque aumentaba el número de judíos ni porque estos judíos quitasen algo a los árabes.

  • No. El conflicto radicaba en la oferta,
  • Esa oferta era progreso, modernidad, ciencia, arte, estudios seculares, igualdad de la mujer, democracia.
  • Una oferta que impulsaba a dejar la Edad Media.
  • Gran insulto a los cavernarios.
  • El país más vulnerable El presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, el hombrecito de la sonrisa cínica y los ojitos de rata, envió una misiva de diez folios a Angela Merkel, canciller de Alemania, que, luego de ser traducida, provocó un ataque de náuseas.

Ella decidió no contestar. El iraní pedía la obscena colaboración de Alemania para destruir Israel y el judaísmo, autores de todos los males que aquejan al mundo. Los considera el mal absoluto, capaces de las peores atrocidades. Llamea odio, además de fanatismo irracional.

  • ¿Dónde radica el mal de Israel? En sus virtudes, desde luego.
  • Virtudes insoportables para quienes se empeñan en vivir como Mahoma en el siglo VII.
  • La diferencia de Israel y Occidente con nosotros –ha dicho el líder del Hezbolá– es que ellos aman la vida y nosotros la muerte’.
  • Para que no haya equívocos, Nasrala suele gritar: ‘¡Amo la muerte!’.

Pulsión tanática igual a la de los nazis. Las SS usaban trajes negros y calaveras porque también amaban la muerte y consiguieron su objetivo: 50 millones de cadáveres en Europa, además de la ruina total de Alemania. El ayatolá Rafsanyani lo confirmó: Con nuestra bomba atómica mataremos los 5 millones de judíos de Israel, y aunque Israel pueda enviarnos bombas de respuesta, sólo mataría 15 millones de iraníes, cifra despreciable ante los 1.300 millones de musulmanes que somos en el mundo.

Los ojitos de rata y sus patrones de la teocracia fundamentalista quieren asesinar, porque suponen que los asiste un ideal superior. Empiezan con los judíos y seguirán con el resto, los enloquece una ensoñación parecida a la de sus maestros del Tercer Reich. Por eso Jomeini mandó oleadas de niños iraníes a la muerte, para desmoralizar a las tropas de Irak.

Por eso Hezbolá y Hamás lanzan sus cohetes desde escuelas, hospitales y barrios superpoblados, para que la respuesta israelí los asesine y puedan exhibir los cadáveres como prueba de la perversidad israelí. Los cobardes organismos internacionales no han repudiado a Hezbolá y a Hamás por el crimen de usar escudos humanos.

  • Los medios de comunicación tampoco muestran desde dónde disparan los fundamentalistas y son cómplices, por lo tanto, de falsificar la información sobre cómo funciona el conflicto árabe-israelí.
  • En los tiempos de la postmodernidad, importa cada vez menos por dónde pasa lo bueno y por dónde lo malo.
  • ¿Interesa, por ejemplo, que los jóvenes israelíes sueñen con ser inventores y científicos, mientras que los de Hezbolá y Hamás sueñan con ser mártires? No, no interesa.

¿Interesa que en Israel no se predique el odio a los árabes, que constituyen el 20 por ciento de su población y viven mejor que en muchos países árabes, mientras entre los árabes son superventas Los protocolos de Sión y Mein Kampf y en la TV egipcia se ha difundido una serie vomitiva donde los judíos extraen sangre de niños para bárbaros rituales? Lo único que interesa es que los palestinos parecen más débiles frente al poderío de Israel.

Pero ¿acaso el conflicto es palestino-israelí, o árabe-israelí? ¿No fueron los Estados árabes quienes frustraron la pacífica partición de Palestina en dos Estados? ¿No fueron los que iniciaron las grandes guerras del Medio Oriente? ¿No son los que expulsaron a todos sus judíos? ¿No son los que han evitado resolver el drama de los refugiados? El conflicto no es palestino-israelí sino árabe-israelí; o, mejor dicho, entre la modernidad democrática y un autoritarismo revestido de variadas tendencias que se mezclan con fijaciones teocráticas o nostalgias medievales.

Israel es el país más vulnerable del planeta, rodeado por un mar de fundamentalistas, predicadores alucinados y dictadores que ansían barrerlo de mapa. Es la frontera de la racionalidad, la legalidad, el pluralismo, la libertad y la democracia. Por eso es inmoral dejarlo solo.

¿Quién le puso Palestina a Israel?

2. ¿Por qué se fundó Israel en Medio Oriente? – La tradición judía indica que la zona en la que se asienta Israel es la Tierra Prometida por Dios al primer patriarca, Abraham, y a sus descendientes. La zona fue invadida en la Antigüedad por asirios, babilonios, persas, macedonios y romanos.

  • Roma fue el imperio que le puso a la región el nombre de Palestina y que, siete décadas después de Cristo, expulsó a los judíos de su tierra tras combatir a los movimientos nacionalistas que perseguían la independencia.
  • Con el surgimiento del Islam, en el siglo VII después de Cristo, Palestina fue ocupada por los árabes y luego conquistada por los cruzados europeos.

En 1516 se estableció la dominación turca que duraría hasta la Primera Guerra Mundial, cuando se impuso el mandato británico. El Comité Especial de las Naciones Unidas sobre Palestina (UNSCOP, por sus siglas en inglés) aseguró en su informe a la Asamblea General del 3 de septiembre de 1947 que los motivos para que un Estado judío se estableciera en Medio Oriente se centraban en ‘argumentos basados en fuentes bíblicas e históricas’, la Declaración de Balfour de 1917 en la que el gobierno británico se declara a favor de un ‘hogar nacional’ para los judíos en Palestina y en el Mandato británico sobre Palestina.

  1. Título del video, Cómo una carta cambió el destino de Medio Oriente Allí se reconoció la conexión histórica del pueblo judío con Palestina y las bases para reconstituir el Hogar Nacional Judío en dicha región.
  2. Tras el Holocausto nazi contra millones de judíos en Europa antes y durante la Segunda Guerra Mundial, creció la presión internacional para el reconocimiento de un Estado judío.

Al no poder resolver la polarización entre el nacionalismo árabe y el sionismo, el gobierno británico llevó el problema a la ONU. El 29 de noviembre de 1947 la Asamblea General aprobó un plan para la partición de Palestina, que recomendaba la creación de un Estado árabe independiente y uno judío y un régimen especial para la ciudad de Jerusalén.

  1. El plan fue aceptado por los israelíes pero no por los árabes, que lo veían como una pérdida de su territorio.
  2. Por eso nunca se implementó.
  3. Un día antes de que expirara el Mandato británico de Palestina, el 14 de mayo de 1948, la Agencia Judía para Israel, representante de los judíos durante el Mandato, declaró la independencia del Estado de Israel.

Al día siguiente Israel solicitó ser miembro de Naciones Unidas, estatus que finalmente logró un año después. El 83% de los miembros actuales reconocen a Israel (162 de 193, a partir de diciembre de 2019). Fuente de la imagen, AFP/Getty Images Pie de foto, El primer primer ministro israelí, David Ben-Gurion, en la proclamación oficial del Estado de Israel, el 14 de mayo de 1948, en Tel Aviv.

¿Qué diferencia hay entre palestinos e israelíes?

Israel es un país libre a la vanguardia del progreso, la investigación y la tecnología. Palestina vive de la ayuda internacional y es incapaz de organizar una sociedad democrática, moderna y productiva.

¿Qué fue de Ismael en la Biblia?

Personaje bblico, hijo de Abraham y de su esclava Agar. Segn la Biblia, Sara, la esposa legtima de Abraham, era estril, pero tras rogar a Dios dio luz a Isaac, el legtimo heredero. Sara exigi entonces a Abraham que Ismael y su madre fuesen expulsados del hogar paterno. Agar e Ismael en el desierto Errando por el desierto, un ngel les salv la vida al indicarles una fuente de agua viva. Sus descendientes, los ismaelitas, se establecieron entre la frontera de Egipto y el golfo Prsico. El mismo Mahoma coloc a Ismael a la cabeza de su genealoga.

¿Qué significa la palabra palestinos?

1. adj. Natural de Palestina, país de Oriente medio.

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