Que Dice La Biblia Sobre La Musica?

Que Dice La Biblia Sobre La Musica
Usos de la música – En la Biblia encontramos que había situaciones especificas en las que la música tenía un propósito. Por ejemplo, muchos de los Salmos fueron escritos como canciones, los cuales eran parte de la riqueza cultural y musical de Israel.

  1. En otras historias vemos que la música era una forma de expresión y alabanza a Dios cuando ocurría un momento importante; por ejemplo, cuando los ángeles cantaron al anunciar el nacimiento de Jesús (Lucas 2:13-14).
  2. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento vemos que la música siempre estuvo presente.

Al leer podemos ver que la música tiene diferentes propósitos, como:

Alabar y adorar a Dios (Hechos 16:25; Romanos 15:9; Salmos 92:1-3).Demostrar alegría (Santiago 5:13).Medio de comunicación con Dios (1 Corintios 14:15; Salmos 72:20; Efesios 5:19).Medio para que Dios se manifieste (1 Samuel 16:15-23), Agradecer a Dios (Colosenses 3:16),

En algunos casos, la música estaba acompañada de danzas. Y los casos en donde la música se daba en el templo o con el pueblo en general, esta era ejecutada por músicos profesionales que se dedicaban exclusivamente a esa tarea (ej: 1 Crónicas 6:31-47),

¿Qué dice la Biblia de los artistas?

CARTA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A LOS ARTISTAS A los que con apasionada entrega buscan nuevas « epifanías » de la belleza para ofrecerlas al mundo a través de la creación artística. « Dios vio cuanto había hecho, y todo estaba muy bien » ( Gn 1, 31) El artista, imagen de Dios Creador 1.

  1. Nadie mejor que vosotros, artistas, geniales constructores de belleza, puede intuir algo del pathos con el que Dios, en el alba de la creación, contempló la obra de sus manos.
  2. Un eco de aquel sentimiento se ha reflejado infinitas veces en la mirada con que vosotros, al igual que los artistas de todos los tiempos, atraídos por el asombro del ancestral poder de los sonidos y de las palabras, de los colores y de las formas, habéis admirado la obra de vuestra inspiración, descubriendo en ella como la resonancia de aquel misterio de la creación a la que Dios, único creador de todas las cosas, ha querido en cierto modo asociaros.

Por esto me ha parecido que no hay palabras más apropiadas que las del Génesis para comenzar esta Carta dirigida a vosotros, a quienes me siento unido por experiencias que se remontan muy atrás en el tiempo y han marcado de modo indeleble mi vida. Con este texto quiero situarme en el camino del fecundo diálogo de la Iglesia con los artistas que en dos mil años de historia no se ha interrumpido nunca, y que se presenta también rico de perspectivas de futuro en el umbral del tercer milenio.

En realidad, se trata de un diálogo no solamente motivado por circunstancias históricas o por razones funcionales, sino basado en la esencia misma tanto de la experiencia religiosa como de la creación artística. La página inicial de la Biblia nos presenta a Dios casi como el modelo ejemplar de cada persona que produce una obra: en el hombre artífice se refleja su imagen de Creador,

Esta relación se pone en evidencia en la lengua polaca, gracias al parecido en el léxico entre las palabras stwórca (creador) y twórca (artífice). ¿Cuál es la diferencia entre « creador » y « artífice »? El que crea da el ser mismo, saca alguna cosa de la nada — ex nihilo sui et subiecti, se dice en latín— y esto, en sentido estricto, es el modo de proceder exclusivo del Omnipotente.

  1. El artífice, por el contrario, utiliza algo ya existente, dándole forma y significado.
  2. Este modo de actuar es propio del hombre en cuanto imagen de Dios.
  3. En efecto, después de haber dicho que Dios creó el hombre y la mujer « a imagen suya » (cf.
  4. Gn 1, 27), la Biblia añade que les confió la tarea de dominar la tierra (cf.

Gn 1, 28). Fue en el último día de la creación (cf. Gn 1, 28-31). En los días precedentes, como marcando el ritmo de la evolución cósmica, el Señor había creado el universo. Al final creó al hombre, el fruto más noble de su proyecto, al cual sometió el mundo visible como un inmenso campo donde expresar su capacidad creadora.

  • Así pues, Dios ha llamado al hombre a la existencia, transmitiéndole la tarea de ser artífice.
  • En la «creación artística» el hombre se revela más que nunca «imagen de Dios» y lleva a cabo esta tarea ante todo plasmando la estupenda « materia » de la propia humanidad y, después, ejerciendo un dominio creativo sobre el universo que le rodea.

El Artista divino, con admirable condescendencia, trasmite al artista humano un destello de su sabiduría trascendente, llamándolo a compartir su potencia creadora. Obviamente, es una participación que deja intacta la distancia infinita entre el Creador y la criatura, como señalaba el Cardenal Nicolás de Cusa: «El arte creador, que el alma tiene la suerte de alojar, no se identifica con aquel arte por esencia que es Dios, sino que es solamente una comunicación y una participación del mismo»,

Por esto el artista, cuanto más consciente es de su «don», tanto más se siente movido a mirar hacia sí mismo y hacia toda la creación con ojos capaces de contemplar y de agradecer, elevando a Dios su himno de alabanza. Sólo así puede comprenderse a fondo a sí mismo, su propia vocación y misión. La especial vocación del artista 2.

No todos están llamados a ser artistas en el sentido específico de la palabra. Sin embargo, según la expresión del Génesis, a cada hombre se le confía la tarea de ser artífice de la propia vida; en cierto modo, debe hacer de ella una obra de arte, una obra maestra.

  • Es importante entender la distinción, pero también la conexión, entre estas dos facetas de la actividad humana.
  • La distinción es evidente.
  • En efecto, una cosa es la disposición por la cual el ser humano es autor de sus propios actos y responsable de su valor moral, y otra la disposición por la cual es artista y sabe actuar según las exigencias del arte, acogiendo con fidelidad sus dictámenes específicos,

Por eso el artista es capaz de producir objetos, pero esto, de por sí, nada dice aún de sus disposiciones morales. En efecto, en este caso, no se trata de realizarse uno mismo, de formar la propia personalidad, sino solamente de poner en acto las capacidades operativas, dando forma estética a las ideas concebidas en la mente.

  • Pero si la distinción es fundamental, no lo es menos la conexión entre estas dos disposiciones, la moral y la artística.
  • Éstas se condicionan profundamente de modo recíproco.
  • En efecto, al modelar una obra el artista se expresa a sí mismo hasta el punto de que su producción es un reflejo singular de su mismo ser, de lo que él es y de cómo es.

Esto se confirma en la historia de la humanidad, pues el artista, cuando realiza una obra maestra, no sólo da vida a su obra, sino que por medio de ella, en cierto modo, descubre también su propia personalidad, En el arte encuentra una dimensión nueva y un canal extraordinario de expresión para su crecimiento espiritual.

Por medio de las obras realizadas, el artista habla y se comunica con los otros, La historia del arte, por ello, no es sólo historia de las obras, sino también de los hombres. Las obras de arte hablan de sus autores, introducen en el conocimiento de su intimidad y revelan la original contribución que ofrecen a la historia de la cultura.

La vocación artística al servicio de la belleza 3. Escribe un conocido poeta polaco, Cyprian Norwid: «La belleza sirve para entusiasmar en el trabajo, el trabajo para resurgir», El tema de la belleza es propio de una reflexión sobre el arte. Ya se ha visto cuando he recordado la mirada complacida de Dios ante la creación.

Al notar que lo que había creado era bueno, Dios vio también que era bello, La relación entre bueno y bello suscita sugestivas reflexiones. La belleza es en un cierto sentido la expresión visible del bien, así como el bien es la condición metafísica de la belleza, Lo habían comprendido acertadamente los griegos que, uniendo los dos conceptos, acuñaron una palabra que comprende a ambos: « kalokagathia », es decir « belleza-bondad ».

A este respecto escribe Platón: «La potencia del Bien se ha refugiado en la naturaleza de lo Bello», El modo en que el hombre establece la propia relación con el ser, con la verdad y con el bien, es viviendo y trabajando. El artista vive una relación peculiar con la belleza.

En un sentido muy real puede decirse que la belleza es la vocación a la que el Creador le llama con el don del « talento artístico ». Y, ciertamente, también éste es un talento que hay que desarrollar según la lógica de la parábola evangélica de los talentos (cf. Mt 25, 14-30). Entramos aquí en un punto esencial.

Quien percibe en sí mismo esta especie de destello divino que es la vocación artística —de poeta, escritor, pintor, escultor, arquitecto, músico, actor, etc.— advierte al mismo tiempo la obligación de no malgastar ese talento, sino de desarrollarlo para ponerlo al servicio del prójimo y de toda la humanidad.

  • El artista y el bien común 4.
  • La sociedad, en efecto, tiene necesidad de artistas, del mismo modo que tiene necesidad de científicos, técnicos, trabajadores, profesionales, así como de testigos de la fe, maestros, padres y madres, que garanticen el crecimiento de la persona y el desarrollo de la comunidad por medio de ese arte eminente que es el «arte de educar».

En el amplio panorama cultural de cada nación, los artistas tienen su propio lugar. Precisamente porque obedecen a su inspiración en la realización de obras verdaderamente válidas y bellas, non sólo enriquecen el patrimonio cultural de cada nación y de toda la humanidad, sino que prestan un servicio social cualificado en beneficio del bien común.

La diferente vocación de cada artista, a la vez que determina el ámbito de su servicio, indica las tareas que debe asumir, el duro trabajo al que debe someterse y la responsabilidad que debe afrontar. Un artista consciente de todo ello sabe también que ha de trabajar sin dejarse llevar por la búsqueda de la gloria banal o la avidez de una fácil popularidad, y menos aún por la ambición de posibles ganancias personales.

Existe, pues, una ética, o más bien una « espiritualidad » del servicio artístico que de un modo propio contribuye a la vida y al renacimiento de un pueblo. Precisamente a esto parece querer aludir Cyprian Norwid cuando afirma: «La belleza sirve para entusiasmar en el trabajo, el trabajo para resurgir».

  1. El arte ante el misterio del Verbo encarnado 5.
  2. La ley del Antiguo Testamento presenta una prohibición explícita de representar a Dios invisible e inexpresable con la ayuda de una «imagen esculpida o de metal fundido» ( Dt 27, 25), porque Dios transciende toda representación material: «Yo soy el que soy» ( Ex 3, 14).

Sin embargo, en el misterio de la Encarnación el Hijo de Dios en persona se ha hecho visible: «Al llegar la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer» ( Ga 4, 4). Dios se hizo hombre en Jesucristo, el cual ha pasado a ser así «el punto de referencia para comprender el enigma de la existencia humana, del mundo creado y de Dios mismo»,

Esta manifestación fundamental del «Dios-Misterio» aparece como animación y desafío para los cristianos, incluso en el plano de la creación artística. De ello se deriva un desarrollo de la belleza que ha encontrado su savia precisamente en el misterio de la Encarnación. En efecto, el Hijo de Dios, al hacerse hombre, ha introducido en la historia de la humanidad toda la riqueza evangélica de la verdad y del bien, y con ella ha manifestado también una nueva dimensión de la belleza, de la cual el mensaje evangélico está repleto.

La Sagrada Escritura se ha convertido así en una especie de «inmenso vocabulario» (P. Claudel) y de «Atlas iconográfico» (M. Chagall) del que se han nutrido la cultura y el arte cristianos. El mismo Antiguo Testamento, interpretado a la luz del Nuevo, ha dado lugar a inagotables filones de inspiración.

A partir de las narraciones de la creación, del pecado, del diluvio, del ciclo de los Patriarcas, de los acontecimientos del éxodo, hasta tantos otros episodios y personajes de la historia de la salvación, el texto bíblico ha inspirado la imaginación de pintores, poetas, músicos, autores de teatro y de cine.

Una figura como la de Job, por citar sólo un ejemplo, con su desgarradora y siempre actual problemática del dolor, continúa suscitando el interés filosófico, literario y artístico. Y ¿qué decir del Nuevo Testamento? Desde la Navidad al Gólgota, desde la Transfiguración a la Resurrección, desde los milagros a las enseñanzas de Cristo, llegando hasta los acontecimientos narrados en los Hechos de los Apóstoles o los descritos por el Apocalipsis en clave escatológica, la palabra bíblica se ha hecho innumerables veces imagen, música o poesía, evocando con el lenguaje del arte el misterio del «Verbo hecho carne».

Todo ello constituye un vasto capítulo de fe y belleza en la historia de la cultura, del que se han beneficiado especialmente los creyentes en su experiencia de oración y de vida. Para muchos de ellos, en épocas de escasa alfabetización, las expresiones figurativas de la Biblia representaron incluso una concreta mediación catequética,

Pero para todos, creyentes o no, las obras inspiradas en la Escritura son un reflejo del misterio insondable que rodea y está presente en el mundo. Alianza fecunda entre Evangelio y arte 6. La auténtica intuición artística va más allá de lo que perciben los sentidos y, penetrando la realidad, intenta interpretar su misterio escondido.

  • Dicha intuición brota de lo más íntimo del alma humana, allí donde la aspiración a dar sentido a la propia vida se ve acompañada por la percepción fugaz de la belleza y de la unidad misteriosa de las cosas.
  • Todos los artistas tienen en común la experiencia de la distancia insondable que existe entre la obra de sus manos, por lograda que sea, y la perfección fulgurante de la belleza percibida en el fervor del momento creativo: lo que logran expresar en lo que pintan, esculpen o crean es sólo un tenue reflejo del esplendor que durante unos instantes ha brillado ante los ojos de su espíritu.

El creyente no se maravilla de esto: sabe que por un momento se ha asomado al abismo de luz que tiene su fuente originaria en Dios. ¿Acaso debe sorprenderse de que el espíritu quede como abrumado hasta el punto de no poder expresarse sino con balbuceos? El verdadero artista está dispuesto a reconocer su limitación y hacer suyas las palabras del apóstol Pablo, según el cual «Dios no habita en santuarios fabricados por manos humanas», de modo que «no debemos pensar que la divinidad sea algo semejante al oro, la plata o la piedra, modelados por el arte y el ingenio humano» ( Hch 17, 24.29).

  • Si ya la realidad íntima de las cosas está siempre «más allá» de las capacidades de penetración humana, ¡cuánto más Dios en la profundidad de su insondable misterio! El conocimiento de la fe es de otra naturaleza.
  • Supone un encuentro personal con Dios en Jesucristo.
  • Este conocimiento, sin embargo, puede también enriquecerse a través de la intuición artística.
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Un modelo elocuente de contemplación estética que se sublima en la fe son, por ejemplo, las obras del Beato Angélico. A este respecto, es muy significativa la lauda extática que San Francisco de Asís repite dos veces en la chartula compuesta después de haber recibido en el monte Verna los estigmas de Cristo: «¡Tú eres belleza.

Tú eres belleza!», San Buenaventura comenta: «Contemplaba en las cosas bellas al Bellísimo y, siguiendo las huellas impresas en las criaturas, seguía a todas partes al Amado», Una sensibilidad semejante se encuentra en la espiritualidad oriental, donde Cristo es calificado como «el Bellísimo, de belleza superior a todos los mortales»,

Macario el Grande comenta del siguiente modo la belleza transfigurante y liberadora del Resucitado: «El alma que ha sido plenamente iluminada por la belleza indecible de la gloria luminosa del rostro de Cristo, está llena del Espíritu Santo. es toda ojo, toda luz, toda rostro»,

Toda forma auténtica de arte es, a su modo, una vía de acceso a la realidad más profunda del hombre y del mundo. Por ello, constituye un acercamiento muy válido al horizonte de la fe, donde la vicisitud humana encuentra su interpretación completa. Este es el motivo por el que la plenitud evangélica de la verdad suscitó desde el principio el interés de los artistas, particularmente sensibles a todas las manifestaciones de la íntima belleza de la realidad.

Los principios 7. El arte que el cristianismo encontró en sus comienzos era el fruto maduro del mundo clásico, manifestaba sus cánones estéticos y, al mismo tiempo, transmitía sus valores. La fe imponía a los cristianos, tanto en el campo de la vida y del pensamiento como en el del arte, un discernimiento que no permitía una recepción automática de este patrimonio.

Así, el arte de inspiración cristiana comenzó de forma silenciosa, estrechamente vinculado a la necesidad de los creyentes de buscar signos con los que expresar, basándose en la Escritura, los misterios de la fe y de disponer al mismo tiempo de un « código simbólico », gracias al cual poder reconocerse e identificarse, especialmente en los tiempos difíciles de persecución.

¿Quién no recuerda aquellos símbolos que fueron también los primeros inicios de un arte pictórico o plástico? El pez, los panes o el pastor evocaban el misterio, llegando a ser, casi insensiblemente, los esbozos de un nuevo arte. Cuando, con el edicto de Constantino, se permitió a los cristianos expresarse con plena libertad, el arte se convirtió en un cauce privilegiado de manifestación de la fe.

  1. Comenzaron a aparecer majestuosas basílicas, en las que se asumían los cánones arquitectónicos del antiguo paganismo, plegándolos a su vez a las exigencias del nuevo culto.
  2. ¿Cómo no recordar, al menos, las antiguas Basílicas de San Pedro y de San Juan de Letrán, construidas por cuenta del mismo Constantino, o ese esplendor del arte bizantino, la Haghia Sophia de Constantinopla, querida por Justiniano? Mientras la arquitectura diseñaba el espacio sagrado, la necesidad de contemplar el misterio y de proponerlo de forma inmediata a los sencillos suscitó progresivamente las primeras manifestaciones de la pintura y la escultura.

Surgían al mismo tiempo los rudimentos de un arte de la palabra y del sonido. Y, mientras Agustín incluía entre los numerosos temas de su producción un De musica, Hilario, Ambrosio, Prudencio, Efrén el Sirio, Gregorio Nacianceno y Paulino de Nola, por citar sólo algunos nombres, se hacían promotores de una poesía cristiana, que con frecuencia alcanzaba un alto valor no sólo teológico, sino también literario.

Su programa poético valoraba las formas heredadas de los clásicos, pero se inspiraba en la savia pura del Evangelio, como sentenciaba con acierto el santo poeta de Nola: «Nuestro único arte es la fe y Cristo nuestro canto», Por su parte, Gregorio Magno, con la compilación del Antiphonarium, ponía poco después las bases para el desarrollo orgánico de una música sagrada tan original que de él ha tomado su nombre.

Con sus inspiradas modulaciones el Canto gregoriano se convertirá con los siglos en la expresión melódica característica de la fe de la Iglesia en la celebración litúrgica de los sagrados misterios. Lo « bello » se conjugaba así con lo «verdadero», para que también a través de las vías del arte los ánimos fueran llevados de lo sensible a lo eterno.

En este itinerario no faltaron momentos difíciles. Precisamente la antigüedad conoció una áspera controversia sobre la representación del misterio cristiano, que ha pasado a la historia con el nombre de « lucha iconoclasta ». Las imágenes sagradas, muy difundidas en la devoción del pueblo de Dios, fueron objeto de una violenta contestación.

El Concilio celebrado en Nicea el año 787, que estableció la licitud de las imágenes y de su culto, fue un acontecimiento histórico no sólo para la fe, sino también para la cultura misma. El argumento decisivo que invocaron los Obispos para dirimir la discusión fue el misterio de la Encarnación: si el Hijo de Dios ha entrado en el mundo de las realidades visibles, tendiendo un puente con su humanidad entre lo visible y lo invisible, de forma análoga se puede pensar que una representación del misterio puede ser usada, en la lógica del signo, como evocación sensible del misterio.

  1. El icono no se venera por sí mismo, sino que lleva al sujeto representado,
  2. La Edad Media 8.
  3. Los siglos posteriores fueron testigos de un gran desarrollo del arte cristiano.
  4. En Oriente continuó floreciendo el arte de los iconos, vinculado a significativos cánones teológicos y estéticos y apoyado en la convicción de que, en cierto sentido, el icono es un sacramento,

En efecto, de forma análoga a lo que sucede en los sacramentos, hace presente el misterio de la Encarnación en uno u otro de sus aspectos. Precisamente por esto la belleza del icono puede ser admirada sobre todo dentro de un templo con lámparas que arden, produciendo infinitos reflejos de luz en la penumbra.

  1. Escribe al respecto Pavel Florenskij: «El oro, bárbaro, pesado y fútil a la luz difusa del día, se reaviva a la luz temblorosa de una lámpara o de una vela, pues resplandece en miríadas de centellas, haciendo presentir otras luces no terrestres que llenan el espacio celeste»,
  2. En Occidente los puntos de vista de los que parten los artistas son muy diversos, dependiendo en parte de las convicciones de fondo propias del ambiente cultural de su tiempo.

El patrimonio artístico que se ha ido formando a lo largo de los siglos cuenta con innumerables obras sagradas de gran inspiración, que provocan una profunda admiración aún en el observador de hoy. Se aprecia, en primer lugar, en las grandes construcciones para el culto, donde la funcionalidad se conjuga siempre con la fantasía, la cual se deja inspirar por el sentido de la belleza y por la intuición del misterio.

De aquí nacen los estilos tan conocidos en la historia del arte. La fuerza y la sencillez del románico, expresada en las catedrales o en los monasterios, se va desarrollando gradualmente en la esbeltez y el esplendor del gótico. En estas formas, no se aprecia únicamente el genio de un artista, sino el alma de un pueblo.

En el juego de luces y sombras, en las formas a veces robustas y a veces estilizadas, intervienen consideraciones de técnica estructural, pero también las tensiones características de la experiencia de Dios, misterio « tremendo » y « fascinante ». ¿Cómo sintetizar en pocas palabras, y para las diversas expresiones del arte, el poder creativo de los largos siglos del medioevo cristiano? Una entera cultura, aunque siempre con las limitaciones propias de todo lo humano, se impregnó del Evangelio y, cuando el pensamiento teológico producía la Summa de Santo Tomás, el arte de las iglesias doblegaba la materia a la adoración del misterio, a la vez que un gran poeta como Dante Alighieri podía componer « el poema sacro, en el que han dejado su huella el cielo y la tierra », como él mismo llamaba la Divina Comedia,

Humanismo y Renacimiento 9. El fértil ambiente cultural en el que surge el extraordinario florecimiento artístico del Humanismo y del Renacimiento, tiene repercusiones significativas también en el modo en que los artistas de este período abordan el tema religioso. Naturalmente, al menos en aquéllos más importantes, las inspiraciones son tan variadas como sus estilos.

No es mi intención, sin embargo, recordar cosas que vosotros, artistas, sabéis de sobra. Al escribiros desde este Palacio Apostólico, que es también como un tesoro de obras maestras acaso único en el mundo, quisiera más bien hacerme voz de los grandes artistas que prodigaron aquí las riquezas de su ingenio, impregnado con frecuencia de gran hondura espiritual.

  • Desde aquí habla Miguel Ángel, que en la Capilla Sixtina, desde la Creación al Juicio Universal, ha recogido en cierto modo el drama y el misterio del mundo, dando rostro a Dios Padre, a Cristo juez y al hombre en su fatigoso camino desde los orígenes hasta el final de la historia.
  • Desde aquí habla el genio delicado y profundo de Rafael, mostrando en la variedad de sus pinturas, y especialmente en la « Disputa » del Apartamento de la Signatura, el misterio de la revelación del Dios Trinitario, que en la Eucaristía se hace compañía del hombre y proyecta luz sobre las preguntas y las expectativas de la inteligencia humana.

Desde aquí, desde la majestuosa Basílica dedicada al Príncipe de los Apóstoles, desde la columnata que arranca de sus puertas como dos brazos abiertos para acoger a la humanidad, siguen hablando aún Bramante, Bernini, Borromini o Maderno, por citar sólo los más grandes, ofreciendo plásticamente el sentido del misterio que hace de la Iglesia una comunidad universal, hospitalaria, madre y compañera de viaje de cada hombre en la búsqueda de Dios.

  • El arte sagrado ha encontrado en este extraordinario complejo una expresión de excepcional fuerza, alcanzando niveles de imperecedero valor estético y religioso a la vez.
  • Sea bajo el impulso del Humanismo y del Renacimiento, sea por influjo de las sucesivas tendencias de la cultura y de la ciencia, su característica más destacada es el creciente interés por el hombre, el mundo y la realidad de la historia.

Este interés, por sí mismo, en modo alguno supone un peligro para la fe cristiana, centrada en el misterio de la Encarnación y, por consiguiente, en la valoración del hombre por parte de Dios. Lo demuestran precisamente los grandes artistas apenas mencionados.

  1. Baste pensar en el modo en que Miguel Ángel expresa, en sus pinturas y esculturas, la belleza del cuerpo humano,
  2. Por lo demás, en el nuevo ambiente de los últimos siglos, donde parece que parte de la sociedad se ha hecho indiferente a la fe, tampoco el arte religioso ha interrumpido su camino.
  3. La constatación se amplía si, de las artes figurativas, pasamos a considerar el gran desarrollo que también en este período de tiempo ha tenido la música sagrada, compuesta para las celebraciones litúrgicas o vinculada al menos a temas religiosos.

Además de tantos artistas que se han dedicado preferentemente a ella —¿cómo no recordar a Pier Luigi da Palestrina, a Orlando di Lasso y Tomás Luis de Victoria—, es bien sabido que muchos grandes compositores —desde Händel a Bach, desde Mozart a Schubert, desde Beethoven a Berlioz, desde Liszt a Verdi— nos han dejado asimismo obras de gran inspiración en este campo.

  1. Hacia un diálogo renovado 10.
  2. Es cierto, sin embargo, que en la edad moderna, junto a este humanismo cristiano que ha seguido produciendo significativas obras de cultura y arte, se ha ido también afirmando progresivamente una forma de humanismo caracterizado por la ausencia de Dios y con frecuencia por la oposición a Él.

Este clima ha llevado a veces a una cierta separación entre el mundo del arte y el de la fe, al menos en el sentido de un menor interés en muchos artistas por los temas religiosos. Vosotros sabéis que, a pesar de ello, la Iglesia ha seguido alimentando un gran aprecio por el valor del arte como tal.

En efecto, el arte, incluso más allá de sus expresiones más típicamente religiosas, cuando es auténtico, tiene una íntima afinidad con el mundo de la fe, de modo que, hasta en las condiciones de mayor desapego de la cultura respecto a la Iglesia, precisamente el arte continúa siendo una especie de puente tendido hacia la experiencia religiosa.

En cuanto búsqueda de la belleza, fruto de una imaginación que va más allá de lo cotidiano, es por su naturaleza una especie de llamada al Misterio. Incluso cuando escudriña las profundidades más oscuras del alma o los aspectos más desconcertantes del mal, el artista se hace de algún modo voz de la expectativa universal de redención.

Se comprende así el especial interés de la Iglesia por el diálogo con el arte y su deseo de que en nuestro tiempo se realice una nueva alianza con los artistas, como auspiciaba mi venerado predecesor Pablo VI en su vibrante discurso dirigido a los artistas durante el singular encuentro en la Capilla Sixtina el 7 de mayo de 1964,

La Iglesia espera que de esta colaboración surja una renovada « epifanía » de belleza para nuestro tiempo, así como respuestas adecuadas a las exigencias propias de la comunidad cristiana. En el espíritu del Concilio Vaticano II 11. El Concilio Vaticano II ha puesto las bases de una renovada relación entre la Iglesia y la cultura, que tiene inmediatas repercusiones también en el mundo del arte.

Es una relación que se presenta bajo el signo de la amistad, de la apertura y del diálogo. En la Constitución pastoral Gaudium et spes, los Padres conciliares subrayaron la «gran importancia» de la literatura y las artes en la vida del hombre: « También la literatura y el arte tienen gran importancia para la vida de la Iglesia, ya que pretenden estudiar la índole propia del hombre, sus problemas y su experiencia en el esfuerzo por conocerse mejor y perfeccionarse a sí mismo y al mundo; se afanan por descubrir su situación en la historia y en el universo, por iluminar las miserias y los gozos, las necesidades y las capacidades de los hombres, y por diseñar un mejor destino para el hombre »,

Sobre esta base, al concluir el Concilio, los Padres dirigieron un saludo y una llamada a los artistas: «Este mundo en que vivimos —decían— tiene necesidad de la belleza para no caer en la desesperanza. La belleza, como la verdad, pone alegría en el corazón de los hombres; es el fruto precioso que resiste a la usura del tiempo, que une a las generaciones y las hace comunicarse en la admiración»,

Precisamente en este espíritu de estima profunda por la belleza, la Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la Sagrada Liturgia había recordado la histórica amistad de la Iglesia con el arte y, hablando más específicamente del arte sacro, « cumbre » del arte religioso, no dudó en considerar « noble ministerio » a la actividad de los artistas cuando sus obras son capaces de reflejar de algún modo la infinita belleza de Dios y de dirigir el pensamiento de los hombres hacia Él,

También por su aportación «se manifiesta mejor el conocimiento de Dios» y «la predicación evangélica se hace más transparente a la inteligencia humana», A la luz de esto, no debe sorprender la afirmación del P. Marie Dominique Chenu, según la cual el historiador de la teología haría un trabajo incompleto si no reservara la debida atención a las realizaciones artísticas, tanto literarias como plásticas, que a su manera no son «solamente ilustraciones estéticas, sino verdaderos ‘lugares’ teológicos»,

  1. La Iglesia tiene necesidad del arte 12.
  2. Para transmitir el mensaje que Cristo le ha confiado, la Iglesia tiene necesidad del arte,
  3. En efecto, debe hacer perceptible, más aún, fascinante en lo posible, el mundo del espíritu, de lo invisible, de Dios.
  4. Debe por tanto acuñar en fórmulas significativas lo que en sí mismo es inefable.
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Ahora bien, el arte posee esa capacidad peculiar de reflejar uno u otro aspecto del mensaje, traduciéndolo en colores, formas o sonidos que ayudan a la intuición de quien contempla o escucha. Todo esto, sin privar al mensaje mismo de su valor trascendente y de su halo de misterio.

  • La Iglesia necesita, en particular, de aquellos que sepan realizar todo esto en el ámbito literario y figurativo, sirviéndose de las infinitas posibilidades de las imágenes y de sus connotaciones simbólicas.
  • Cristo mismo ha utilizado abundantemente las imágenes en su predicación, en plena coherencia con la decisión de ser Él mismo, en la Encarnación, icono del Dios invisible.

La Iglesia necesita también de los músicos. ¡Cuántas piezas sacras han compuesto a lo largo de los siglos personas profundamente imbuidas del sentido del misterio! Innumerables creyentes han alimentado su fe con las melodías surgidas del corazón de otros creyentes, que han pasado a formar parte de la liturgia o que, al menos, son de gran ayuda para el decoro de su celebración.

  • En el canto, la fe se experimenta como exuberancia de alegría, de amor, de confiada espera en la intervención salvífica de Dios.
  • La Iglesia tiene necesidad de arquitectos, porque requiere lugares para reunir al pueblo cristiano y celebrar los misterios de la salvación.
  • Tras las terribles destrucciones de la última guerra mundial y la expansión de las metrópolis, muchos arquitectos de la nueva generación se han fraguado teniendo en cuenta las exigencias del culto cristiano, confirmando así la capacidad de inspiración que el tema religioso posee, incluso por lo que se refiere a los criterios arquitectónicos de nuestro tiempo.

En efecto, no pocas veces se han construido templos que son, a la vez, lugares de oración y auténticas obras de arte. El arte, ¿tiene necesidad de la Iglesia? 13. La Iglesia, pues, tiene necesidad del arte. Pero, ¿se puede decir también que el arte necesita a la Iglesia ? La pregunta puede parecer provocadora.

En realidad, si se entiende de manera apropiada, tiene una motivación legítima y profunda. El artista busca siempre el sentido recóndito de las cosas y su ansia es conseguir expresar el mundo de lo inefable. ¿Cómo ignorar, pues, la gran inspiración que le puede venir de esa especie de patria del alma que es la religión? ¿No es acaso en el ámbito religioso donde se plantean las más importantes preguntas personales y se buscan las respuestas existenciales definitivas? De hecho, los temas religiosos son de los más tratados por los artistas de todas las épocas.

La Iglesia ha recurrido a su capacidad creativa para interpretar el mensaje evangélico y su aplicación concreta en la vida de la comunidad cristiana. Esta colaboración ha dado lugar a un mutuo enriquecimiento espiritual. En definitiva, ha salido beneficiada la comprensión del hombre, de su imagen auténtica, de su verdad.

Se ha puesto de relieve también una peculiar relación entre el arte y la revelación cristiana. Esto no quiere decir que el genio humano no haya sido incentivado también por otros contextos religiosos. Baste recordar el arte antiguo, especialmente griego y romano, o el todavía floreciente de las antiquísimas civilizaciones del Oriente.

Sin embargo, sigue siendo verdad que el cristianismo, en virtud del dogma central de la Encarnación del Verbo de Dios, ofrece al artista un horizonte particularmente rico de motivos de inspiración. ¡Cómo se empobrecería el arte si se abandonara el filón inagotable del Evangelio! Llamada a los artistas 14.

  1. Con esta Carta me dirijo a vosotros, artistas del mundo entero, para confirmaros mi estima y para contribuir a reanudar una más provechosa cooperación entre el arte y la Iglesia.
  2. La mía es una invitación a redescubrir la profundidad de la dimensión espiritual y religiosa que ha caracterizado el arte en todos los tiempos, en sus más nobles formas expresivas.

En este sentido os dirijo una llamada a vosotros, artistas de la palabra escrita y oral, del teatro y de la música, de las artes plásticas y de las más modernas tecnologías de la comunicación. Hago una llamada especial a los artistas cristianos. Quiero recordar a cada uno de vosotros que la alianza establecida desde siempre entre el Evangelio y el arte, más allá de las exigencias funcionales, implica la invitación a adentrarse con intuición creativa en el misterio del Dios encarnado y, al mismo tiempo, en el misterio del hombre,

  • Todo ser humano es, en cierto sentido, un desconocido para sí mismo.
  • Jesucristo no solamente revela a Dios, sino que «manifiesta plenamente el hombre al propio hombre»,
  • En Cristo, Dios ha reconciliado consigo al mundo.
  • Todos los creyentes están llamados a dar testimonio de ello; pero os toca a vosotros, hombres y mujeres que habéis dedicado vuestra vida al arte, decir con la riqueza de vuestra genialidad que en Cristo el mundo ha sido redimido : redimido el hombre, redimido el cuerpo humano, redimida la creación entera, de la cual san Pablo ha escrito que espera ansiosa «la revelación de los hijos de Dios» ( Rm 8, 19).

Espera la revelación de los hijos de Dios también mediante el arte y en el arte. Ésta es vuestra misión. En contacto con las obras de arte, la humanidad de todos los tiempos —también la de hoy— espera ser iluminada sobre el propio rumbo y el propio destino.

Espíritu creador e inspiración artística 15. En la Iglesia resuena con frecuencia la invocación al Espíritu Santo: Veni, Creator Spiritus, – « Ven, Espíritu creador, visita las almas de tus fieles y llena de la divina gracia los corazones que Tú mismo creaste », El Espíritu Santo, «el soplo» ( ruah ), es Aquél al que se refiere el libro del Génesis : «La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas» (1, 2).

Hay una gran afinidad entre las palabras « soplo-espiración » e « inspiración ». El Espíritu es el misterioso artista del universo. En la perspectiva del tercer milenio, quisiera que todos los artistas reciban abundantemente el don de las inspiraciones creativas, de las que surge toda auténtica obra de arte.

Queridos artistas, sabéis muy bien que hay muchos estímulos, interiores y exteriores, que pueden inspirar vuestro talento. No obstante, en toda inspiración auténtica hay una cierta vibración de aquel « soplo » con el que el Espíritu creador impregnaba desde el principio la obra de la creación, Presidiendo sobre las misteriosas leyes que gobiernan el universo, el soplo divino del Espíritu creador se encuentra con el genio del hombre, impulsando su capacidad creativa.

Lo alcanza con una especie de iluminación interior, que une al mismo tiempo la tendencia al bien y a lo bello, despertando en él las energías de la mente y del corazón, y haciéndolo así apto para concebir la idea y darle forma en la obra de arte. Se habla justamente entonces, si bien de manera análoga, de «momentos de gracia», porque el ser humano es capaz de tener una cierta experiencia del Absoluto que le transciende.

La « Belleza » que salva 16. Ya en los umbrales del tercer milenio, deseo a todos vosotros, queridos artistas, que os lleguen con particular intensidad estas inspiraciones creativas. Que la belleza que transmitáis a las generaciones del mañana provoque asombro en ellas, Ante la sacralidad de la vida y del ser humano, ante las maravillas del universo, la única actitud apropiada es el asombro.

De esto, desde el asombro, podrá surgir aquel entusiasmo del que habla Norwid en el poema al que me refería al comienzo. Los hombres de hoy y de mañana tienen necesidad de este entusiasmo para afrontar y superar los desafíos cruciales que se avistan en el horizonte.

  1. Gracias a él la humanidad, después de cada momento de extravío, podrá ponerse en pie y reanudar su camino.
  2. Precisamente en este sentido se ha dicho, con profunda intuición, que «la belleza salvará al mundo»,
  3. La belleza es clave del misterio y llamada a lo trascendente.
  4. Es una invitación a gustar la vida y a soñar el futuro.

Por eso la belleza de las cosas creadas no puede saciar del todo y suscita esa arcana nostalgia de Dios que un enamorado de la belleza como san Agustín ha sabido interpretar de manera inigualable: «¡Tarde te amé, belleza tan antigua y tan nueva, tarde te amé!»,

  • Os deseo, artistas del mundo, que vuestros múltiples caminos conduzcan a todos hacia aquel océano infinito de belleza, en el que el asombro se convierte en admiración, embriaguez, gozo indecible.
  • Que el misterio de Cristo resucitado, con cuya contemplación exulta en estos días la Iglesia, os inspire y oriente.

Que os acompañe la Santísima Virgen, la «tota pulchra» que innumerables artistas han plasmado y que el gran Dante contempla en el fulgor del Paraíso como « belleza, que alegraba los ojos de todos los otros santos », «Surge del caos el mundo del espíritu».

Las palabras que Adam Michiewicz escribía en un momento de gran prueba para la patria polaca, me sugieren un auspicio para vosotros: que vuestro arte contribuya a la consolidación de una auténtica belleza que, casi como un destello del Espíritu de Dios, transfigure la materia, abriendo las almas al sentido de lo eterno.

Con mis mejores deseos. Vaticano, 4 de abril de 1999, Pascua de Resurrección. IOANNES PAULUS PP. II Dialogus de ludo globi, Lib. II: Philosophisch-Theologische Schriften, Viena 1967, III, p.332. Las virtudes morales, y entre ellas en particular la prudencia, permiten al sujeto obrar en armonía con el criterio del bien y del mal moral, según la recta ratio agibilium (el justo criterio de la conducta).

El arte, al contrario, es definido por la filosofía como recta ratio factibilium (el justo criterio de las realizaciones). Promtehidion : Bogumil vv.185-186: Pisma wybrane, Varsovia 1968, vol.2, p.216. La versión griega de los Setenta expresó adecuadamente este aspecto, traduciendo el término tōb (bueno) del texto hebreo con kalón (bello).

Filebo, 65 A. Carta enc. Fides et ratio (14 septiembre 1998), 80: AAS 91 (1999), 67. San Gregorio Magno formuló magistralmente este principio pedagógico en una carta del 599 al Obispo de Marsella, Sereno: «La pintura se usa en las iglesias para que los analfabetos, al menos mirando a las paredes, puedan leer lo que no son capaces de descifrar en los códices», Epistulae, IX, 209: CCL 140 A, 1714.

Alabanzas al Dios altísimo, vv.7 y 10: Fonti Francescane, n.261, Padua 1982, p.177. Leyenda mayor, IX, 1: Fonti Francescane, n.1162, l.c., p.911. Enkomia del Orthós del Santo y Gran Sábado, Homilía, I, 2: PG 34, 451. « At nobis ars una fides et musica Christus »: Carmen 20, 31: CCL 203, 144. Cf. Carta ap.

Duodecimum saeculum, al cumplirse el XII centenario del II Concilio de Nicea (4 diciembre 1987), 8-9: AAS 80 (1988), 247-249. La prospettiva rovesciata ed altri scritti, Roma 1984, p.63. Paraíso XXV, 1-2. Cf. Homilía durante la Santa Misa al término de los trabajos de restauración de los frescos de Miguel Ángel (8 abril 1994): L’Osservatore Romano, ed.

semanal en lengua española, 15 abril 1994, 12. Cf. AAS 56 (1964), 438-444.N.62. Mensaje a los artistas (8 diciembre 1965): AAS 54 (1966), 13. Cf.n.122. Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 62. La teologia nel XII secolo, Jaca Book, Milán 1992, p.9. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past.

Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 22. Himno de Vísperas de Pentecostés,F. Dostoievski, El Idiota, p. III, cap.V. « Sero te amavi! Pulchritudo tam antiqua et tam nova, sero te amavi! »: Confesiones, 10, 27, 38: CCL 27, 251. Paraíso, XXXI, 134-135.

¿Qué significa la música para Dios?

Para el pueblo judeocristiano, el objetivo principal de la música siempre ha sido el de alabar, adorar y glorificar a Dios. No obstante, en el relato bíblico se describen muchos múltiples usos y escenarios en los que la música se presentaba, tanto en las tradiciones del pueblo Israelita, como en la doctrina cristiana.

¿Cuál fue el primer músico en la Biblia?

Jubal ( Biblia ) – Wikipedia, la enciclopedia libre.

¿Como debe ser la música para Dios?

3. DEBE TENER EL CARÁCTER DE DIOS, – Mucha de la música de hoy, aunque tenga el nombre de «cristiana», está conformada más al sistema del mundo que al carácter santo de Dios. Nosotros somos llamados a iluminar con la luz de Cristo al mundo (Filipenses 2:15), y no al revés (Jeremías 15:19).

¿Cuál es el instrumento más nombrado en la Biblia?

– SHOFAR o cuerno: Es el instrumento más mencionado en la Biblia : y el más antiguo (unos 3.000 años). Se hacía de cuerno de animal puro (kosher), como el ovino o el caprino.

¿Quién es el creador de la música?

¿Desde cuando existe la música? – Origen de la música El mito griego del origen de la música se lee así: la música fue entregada a los seres humanos por Apolo y las musas; el mensajero de los dioses, Hermes, trajo consigo al mundo la lira; la diosa de la guerra, Atenea, trompetas y chirimías; y el dios pastor Pan, la flauta.

¿Dónde se origina la música según la Biblia?

La música tenía lugar en casi todas las actividades de la vida del pueblo de Israel. La más antigua referencia a la música se encuentra en la lista de los descendientes de Caín en el libro de Génesis: Adá dio a luz a Jabal, de quien descienden los que viven en tiendas de campaña y crían ganado.

¿Quién fue el músico de Dios?

El músico de Dios Columna Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado Leyendo las pinceladas biográficas de ese genio informático venerado por casi todos que fue Steve Jobs, me encuentro con esta respuesta dada al virtuoso Yo-Yo Ma cuando éste tocó en su casa un tema de Bach con un stradivarius de 1733: ‘Tu interpretación es el mejor argumento que he oído nunca sobre la existencia de Dios’.

Lo que me resulta sorprendente no es la exclamación en sí, sino la cantidad de personas que han dejado testimonio de la misma impresión. Poco antes se lo había leído a Coetzee: ‘La mejor prueba de que tenemos de que la vida es buena y de que después de todo tal vez exista un Dios que se preocupa por nuestro bienestar, es que a cada uno de nosotros, el día que nacemos, le llega la música de Johann Sebastian Bach.

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Nos llega como un regalo que no nos hemos ganado, inmerecido, gratis’. Y sabía que mucho antes Goethe también lo había resaltado: ‘Al oír la música de Bach tengo la sensación de que la eterna armonía habla consigo misma, como debe haber sucedido en el seno de Dios poco antes de la creación del mundo’.

El más radical de los testimonios, sin embargo, es el de Cioran, que no acostumbraba a andarse con chiquitas: ‘He dicho que Dios le debe todo a Bach. Sin Bach, Dios sería un personaje de tercera clase. La música de Bach es la única razón para pensar que el Universo no es un desastre total. Con Bach todo es profundo, real, nada es fingido.

El compositor nos inspira sentimientos que no nos puede dar la literatura, porque Bach no tiene nada que ver con el lenguaje. Sin Bach yo sería un perfecto nihilista’. No sé ustedes, pero también yo he sentido más de una vez algo parecido escuchándole.

  1. Y no necesariamente en sus grandes oratorios, pues el efecto es mayor, en realidad, en sus obras para un solo instrumento, como en las maravillosas Variaciones Golberg, el Clave bien temperado o las Suites para violonchelo.
  2. Una pureza, una armonía, una belleza que no parecen de este mundo, que nos elevan y nos sacan de aquí.

De un aquí hecho de pequeñas miserias cotidianas, un aquí trivial y claroscuro, un aquí ordinario y chato. ¿Cómo puede la música generar un sentimiento, un determinado estado anímico? ¿Y por qué uno y no otro? Es un hecho misterioso. La música pop que nos rodea por todas partes y a todas horas nos produce según los casos alegría, tristeza, irritación o indiferencia, pero en cualquier caso es una música que canta a la cotidianidad, una melodía mundana que ensalza la normalidad del aquí y ahora.

  1. En cambio, Bach creaba tanto sus obras sacras como profanas para ensalzar ‘la gloria de Dios’.
  2. Y lo impresionante es que siglos más tarde sigue generando en el que las oye -aunque seamos tan ateos como el mismo Cioran- una elevación del espíritu, una sensación de grandeza, un henchimiento extraordinario.

Una belleza desbordante. Que la disfruten. Urte berri on! Lo que más afecta es lo que sucede más cerca. Para no perderte nada, suscríbete. : El músico de Dios

¿Cuál es el origen de la música?

El origen de la música es desconocido, ya que inicialmente no se utilizaban instrumentos musicales para interpretarla, sino la voz humana, o la percusión corporal, que no dejan huella en el registro arqueológico. Se puede inferir que la música se descubrió en un momento similar a la aparición del lenguaje.

¿Qué música se debe escuchar según la Biblia?

Qué tipo de música preferimos depende de quién somos, nuestra educación y nuestra personalidad, y no es posible decirle a la gente lo que deben gustar y no gustar. Sin embargo, como cristianos, reconocemos ciertas directivas en todas nuestras opciones, cómo nos vestimos, lo que comemos, lo que hacemos, nuestras carreras, nuestros socios de la vida, y así también la música que escuchamos.

La principal directiva debe ser «sea que coman, sea que beban, o cualquier otra cosa que hagan, háganlo todo para gloria de Dios» (1 Corintios 10:31); y «todo lo que puedan decir o hacer, háganlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de Él» (Colosenses 3:17). Además Pablo nos dice: «Por último, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, fíjense en estas cosas’ (Filipenses 4:8) Hay una gran cantidad de música popular que en el texto, el ritmo, o el clip de vídeo se centra en el sexo de una manera que no está honrando a Dios.

El sexo se comercializa como un artículo de consumo para disfrutar en cualquier momento, con cualquier persona, en cualquier lugar. Sin embargo, la Bíblia nos enseña que el objeto del sexo es que funcione como una unión gloriosa de un marido y mujer dentro del matrimonio.

  • No pertenecemos a este mundo pecaminoso.
  • La creación de actitudes erróneas hacia el sexo y deseos sexuales pecaminosos son probablemente los principales problemas asociados con la música popular.
  • Aparte de eso existe música que glorifica la violencia o el uso de drogas, y música que habla con odio o desprecio de ciertos grupos humanos.

Así que cuando la música que escuchamos es agradable a Dios, de tal manera que estaremos encantados de que el Señor venga y se siente junto a nosotros mientras estamos escuchando nuestra música, lo más probable es que esa música es muy buena. Además, si el texto o el estado de ánimo de la música es edificante y nos lleva a alabar al Señor, confiarlo, y acercarse más a Él, entonces este tipo de música es probablemente aceptable para un cristiano.

Si tienes alguna duda de si la música que estás escuchando es sospechosa, o si te sientes un poco infeliz al escucharla, entonces es muy probable que el Espíritu Santo te está advirtiendo que dejes de escuchar. Es mejor alejarse, y no participar en la escucha a este tipo de música. Es un hecho bien conocido que la música puede afectar tu estado de ánimo, tus actitudes y tu mente subconsciente, y por lo tanto tu relación con Dios.

La palabra de Dios nos dice que guardemos nuestro corazón: «Por encima de todas las cosas cuida tu corazón porque de él mana la vida» (Proverbios 4:23). Cuando nos enfocamos en el Señor, también en la manera de seleccionar la música que nos permitos escuchar, podemos aplicar la promesa de Filipenses 4:7 a nuestra vida: «La paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús».

  • Por supuesto, escuchar música cristiana, sea ‘gospel’ moderno, himnos, o la música clásica, es una gran manera de dar honra y gloria a Dios.
  • A la vez, tal música te inspirará a alabar al Señor.
  • En lugar de tratar de determinar hasta qué límite podrías usar la música sin que Dios se ponga demasiado enojado, ¿por qué no buscar la música que es más agradable a Él y más saludable espiritualmente para ti mismo? Si deseas ser un cristiano fuerte y efectivo, tal como en el caso de la música que escuchas como en cualquier otra cosa que haces, es de vital importancia entender que no tenemos el derecho de tomar nuestras propias decisiones.

Pertenecemos a Cristo y hay que someterse a Él. Cuando la paz de Dios llena nuestras vidas, mentes y corazones, eso es una buena posición de ánimo para saber si hemos tomado las decisiones correctas o no.

¿Qué quiere decir el Salmo 103?

1. (1-2) Bendecir a Dios por todos sus beneficios. – Bendice, alma mía, a Jehová, Y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficios.a. Bendice : David no quiso decir esto en el sentido de que una persona mayor otorga una bendición a una persona menor.

  • Dios es infinitamente más grande que el hombre, y el hombre nunca podría darle una bendición a Dios.
  • David quiso decir esto en el sentido de que Dios es bendecido y honrado cuando sus criaturas lo alaban y le agradecen apropiadamente.b.
  • Bendice, alma mía, a Jehová : David llama a su alma a bendecir a Jehová.

Era como si David mirara su alma y entendiera que no estaba alabando a Dios lo suficiente. Él llama a su alma a hacer más.i. David entendía que la verdadera adoración era algo profundamente interno, del alma, No se trata solo de formas o expresiones externas, sino también de algo real del alma,

La música del alma es el alma misma de la música’. (Spurgeon) ii. ‘Que otros murmuren, pero tú bendice, Que otros se bendigan a sí mismos y a sus ídolos, pero tú bendice al Señor, Que otros usen solo sus lenguas, pero en lo que a mí respecta, clamaré: ‘Bendice, alma mía, al Señor”. (Spurgeon) c. Y bendiga todo mi ser su santo nombre : David también entendía que la adoración tenía que ser más que superficial; tenía que ofrecerse de la forma más completa posible.

Quería que todo su ser alabara a Dios. Él afina su corazón así como sus instrumentos.i. A menudo alabamos y agradecemos a Dios a medias – ¡o menos! David pide que todo lo que hay dentro de él ( todo su ser ) dé honor y alabanza a Dios. ii. Todo mi ser : ‘Qué reprimenda para mucho de lo que pasa por alabanza en nuestras asambleas.

Venimos a la iglesia, pero dejamos nuestras mentes en casa. Escuchamos de la gracia de Dios, pero nuestro corazón ha sido endurecido por un espíritu crítico y quejumbroso’. (Boice) iii. ‘El cantor se dirige a sí mismo. Se da cuenta de que tiene poder sobre sí mismo, de que puede dar o retener lo que se le debe a Dios’.

(Morgan) iv. ‘El único valor de estas palabras iniciales es que nos muestran que la adoración no es involuntaria, automática. Ella requiere la coordinación de todos nuestros poderes El santuario no es un salón, un lugar de relajación. Debemos entrar en él con todos los poderes de la personalidad detenidos, arreglados, dedicados.

  1. Entonces podremos rendir un servicio de alabanza que sea digno y aceptable’.
  2. Morgan) v.
  3. Bendiga su santo nombre : ‘Sólo el santo puede deleitarse en las cosas santas.
  4. La santidad es el terror de los impíos; aman el pecado y lo consideran libertad, pero la santidad es para ellos una esclavitud.
  5. Si somos santos, bendeciremos a Dios por su santidad’.

(Spurgeon) d. Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios : En el patrón de la poesía hebrea, David usa la repetición para enfatizar. Luego agrega una idea importante – que esta alabanza y honor a Dios se le debe dar por razones racionales, no sobre la base de una mera emoción o entusiasmo.

Dios da verdaderos beneficios a su pueblo, y no debemos olvidarlos, En cambio, debemos usar el recuerdo de esas cosas como razones para alabar.i.2 Crónicas 32:25 describe a un rey que se olvidó de los beneficios de Dios, al menos por un tiempo: Mas Ezequías no correspondió al bien que le había sido hecho, sino que se enalteció su corazón, y vino la ira contra él, y contra Judá y Jerusalén.

ii. ‘El Día de Acción de Gracias no puede ser sincero y cordial, a menos que un hombre tenga grabado en su mente, en ese momento, un sentido rápido de los ‘beneficios’ recibidos’. (Horne) iii. ‘La alabanza es la respuesta de asombro a Dios, mientras se reflexiona sobre lo que el Señor ha hecho por el pueblo de Dios a lo largo de la historia de la redención, por la creación en general, por la comunidad y por uno mismo’.

¿Qué dice Dios sobre el arte?

El arte en la Biblia – Podemos hablar mucho de lo que pudiéramos hacer con la herramienta del arte, pero para ello es necesario conocer principios bíblicos para plantear de una forma más clara y precisa, la propuesta que hacemos en este documento. ¿Qué dice la Biblia acerca del arte? Felizmente, la Biblia no nos pide que despreciemos el arte.

  1. De hecho, el arte es imperativo cuando se lo considera desde el mandato bíblico donde todo lo que hagamos debe ser hecho para la gloria de Dios (1 Co.10:31).
  2. Debemos ofrecerle lo mejor que tengamos, intelectual, artística y espiritualmente.
  3. Además, en el centro mismo de nuestra fe se encuentra una de las revelaciones más maravillosas que Dios nos dejó y es ‘la Palabra hecha carne’, un evento que identificó a Dios con el mundo físico y le dio dignidad,

Un Hombre real murió en la cruz y fue depositado sobre una tumba real y dura como una piedra. Las ideas griegas de ‘otro mundo’ que fomentaron una perspectiva manchada y depravada de la naturaleza (y, por ende, de la estética ) no encuentran lugar en nuestra posición bíblica.

La dicotomía entre lo sagrado y lo secular es, por tanto, ajena a la fe bíblica. La afirmación de Pablo, ‘todas las cosas son puras para el puro’ (Tito 1:15), incluye el arte. Si bien podemos reconocer que la creatividad humana, como todos los demás dones que Dios nos otorgó, puede ser usada incorrectamente, aunque no hay nada malo o más malo en el arte que en otras áreas de la actividad humana.

Por eso estamos seguros que al formar a nuestros artistas bajo conceptos de la Cultura del Reino y en una visión de difundir el mensaje del evangelio a toda criatura, se minimizarán los errores cometidos hasta el día de hoy. Tendremos una generación que pueda expresar artísticamente lo que Dios ponga en el corazón de nuestras autoridades espirituales y llevarlas al mundo físico por medio de las manifestaciones artísticas, no siendo uno más del montón, sino hombres y mujeres comprometidos con una visión y una línea de pensamiento según los principios de Dios, plasmando por medio de nuestras obras lo que Él quiere establecer en la tierra.

¿Quién es el Dios de los artistas?

¿Qué sabes de Xochipilli, la deidad mexica de los artistas? E n la Excan Tlatoloyan, el imperio que conformaban Tenochtitlan, Texcoco y Tlacopan y que hoy es la gran ciudad de México, había un aspecto que estaba por sobre todas las cosas: la educación.

  • La educación fue la que permitió que el imperio azteca creciera como lo hizo ( puedes leer más sobre esto).
  • No sé trataba solo de modales y de la enseñanza de las costumbres y tradiciones, sino sobre todo de cultivar la cultura y el arte, que son los factores más importantes de cualquier civilización.

Era tal la importancia de estos aspectos que existió un dios para los artistas, los poetas, los pintores, los cantantes y los escultores: Xochipilli, ‘el príncipe de las flores’, quien inspiraba a quienes se dedicaban a las artes y quien también era el señor protector de las plantas, de los juegos, de la danza y de los placeres.

En su representación, Xochipilli lleva tatuadas en su cuerpo algunas plantas y podemos verlo en trance, meditando, por lo que pareciera ser el consumo de las plantas sagradas. También era símbolo de fertilidad, de los juegos en la infancia y todas las expresiones de felicidad humana. Otro nombre con el que se le conoce es Macuilxochitl (cinco-flor) y, en otros relatos que se refieren a esta deidad, también lo asocian con el pasaje de los hombres desde la niñez a la adolescencia y a la energía sexual que se despierta.

Por ello no es de extrañarse que se le asocie con las flores que surgen en el campo producto del calor y la humedad de los ciclos naturales. Su compañera es Xochiquetzal (imagen), su contraparte femenina, pero su pareja es Mayahuel, aquella que una vez Quetzalcóatl invitó a bajar a la tierra y que por ello fue castigada con la muerte por su abuela,,

¿Qué significa cantores según la Biblia?

A diferencia de los profetas, los cantores tenían un oficio regular legítimamente establecido, y eran remunerados participando del diezmo para su sostenimiento. Estaban apartados para el ministerio, y normalmente no se dedicaban a otra cosa más que al culto a Dios.

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