Como Es Jesus Segun La Biblia?

Como Es Jesus Segun La Biblia
Hebreos 1:1 ‐4 ‐ Cristo es la culminación de la creación, así como el principio de ella: Cristo es la encarnación de la palabra de poder de Dios. Colosenses 1:17 ‐18 ‐ El es antes de todas las cosas, y todas las cosas en el subsisten: si no estuviera bien sembrada esa piedra de esquina, la creación se desploma.

¿Cuál era el aspecto de Jesús?

Edison VeigaMilán, para BBC Brasil

30 marzo 2018 Fuente de la imagen, Cícero Moraes/BBC Brasil Pie de foto, La recreación elaborada por Cícero Moraes muestra que los judíos que vivían en Medio Oriente en el siglo I tenían la piel, el cabello y los ojos oscuros. Después de siglos y siglos de eurocentrismo —tanto en el arte como en la religión— se sedimentó la imagen más conocida de Jesús: un hombre blanco, barbudo, de cabello largo castaño claro y ojos azules.

A pesar de ser un retrato ya conocido por la mayoría de los cerca de 2.000 millones de cristianos que hay en el mundo, se trata de una recreación que debe haber tenido poco que ver con la realidad. El Jesús histórico, señalan expertos, muy probablemente era moreno, bajito y mantenía el cabello recortado, como los otros judíos de su época.

La dificultad para saber cómo lucía Jesús viene del mismo origen del cristianismo : el Nuevo Testamento, la parte de la Biblia que narra la vida de Jesús, no hace ninguna descripción de su aspecto. “Los evangelios no lo describen físicamente, no dicen si era alto o bajo, guapo o fuerte.

  • Lo único que dicen es su edad aproximada, unos 30 años”, comenta la historiadora neozelandesa Joan E.
  • Taylor, autora del nuevo libro What Did Jesus Look Like? (“¿Cómo lucía Jesús?”) y profesora del Departamento de Teología y Estudios Religiosos del King’s College de Londres, Reino Unido.
  • Pie de foto, Ilustración que hizo el especialista Richard Neave para un documental de la BBC en 2001.

“Esta ausencia de datos es muy significativa. Parece indicar que los primeros seguidores de Jesús no se preocupaban por tal información, que para ellos era más importante registrar las ideas que decir cómo era físicamente”, afirma el historiador André Leonardo Chevitarese, profesor del Instituto de Historia de la Universidad Federal de Río de Janeiro y autor del libro “Jesús Histórico.

¿Cómo se define a Jesús?

Cristianismo – La creencia cristiana afirma que Dios se manifestó a los hombres en la persona de Jesús de Nazaret (en hebreo: Yeshúa ), siendo el Hijo de Dios hecho hombre y, por tanto, el Mesías anunciado por los profetas en las escrituras, y ansiosamente esperado por Israel,

Escrituras, ​ De hecho, Jesús mismo afirmó ser el Cristo. ​ En el Evangelio de Juan, cuando Jesús habla con la mujer samaritana, se registra el siguiente evento: La mujer le dijo: «Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando él venga, nos anunciará todo». Jesús le respondió: «Soy yo, el que habla contigo».

(Juan 4:25-26) A raíz de esto, se narra a los samaritanos diciendo: «nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.» (Juan 4:42) En el Evangelio de Marcos también se narra a Jesús afirmando ser el Mesías, cuando los sacerdotes del templo estaban interrogándolo: El Sumo Sacerdote lo interrogó nuevamente: «¿Eres el Mesías, el Hijo de Dios bendito?». Jesús respondió: «Así, yo lo soy: y ustedes verán al Hijo del hombre sentarse a la derecha del Todopoderoso y venir entre las nubes del cielo». El cristianismo surgió como una comunidad, la Iglesia, inspirada en las enseñanzas de Jesús de Nazaret, Según san Lucas (en Hechos de los Apóstoles 11:26), los discípulos de Jesús fueron llamados «cristianos» por primera vez en Antioquía de Siria, La misión que los unía era la prédica de estas enseñanzas por todo el mundo, prédica inicialmente llevada a cabo por sus discípulos directos, llamados apóstoles,

Según los Evangelios, Dios preparó un pueblo, prefigurado en el pueblo de Israel, conducido por Moisés y los profetas y al que Cristo encabeza como jefe y salvador. Con este pueblo, Cristo realizaría una nueva alianza. El fin de este pacto es que todos conozcan a Dios Padre y a Jesucristo su Hijo y en Él tengan vida eterna (según el Evangelio de Juan 3.16).

Según el cristianismo, Jesús de Nazaret es el Cristo (el Mesías), Hijo de Dios hecho hombre (según el Evangelio de Mateo ), ​ concebido por el Espíritu Santo y nacido de la virgen María, Después de la crucifixión, al tercer día resucitó y posteriormente subió al Cielo; y se espera su regreso al final de los tiempos en lo que se llama la «segunda venida de Cristo», o Parusía,

¿Qué dice la Biblia acerca de Jesús?

La Biblia nos enseña sobre las parábolas de Jesús, sus milagros y por supuesto, Su vida; un ejemplo perfecto para nosotros. Por medio de la Biblia, podemos llegar a conocer y amar a Jesús. La vida de Jesucristo está registrada en los primeros cuatro libros del Nuevo Testamento, los cuales son conocidos como los cuatro Evangelios. Cada Evangelio se atribuye a un autor diferente: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Mateo y Juan fueron Apóstoles de Jesús quienes vivieron y atestiguaron estos eventos.

  • Cada autor ofrece un relato de principio a fin del ministerio de Jesús en la antigua Judea.
  • Esto significa que tenemos cuatro perspectivas diferentes sobre la vida de Jesucristo, cada uno con su percepción y punto de vista propios y únicos.
  • Juntos, nos proporcionan un testimonio inolvidable de las enseñanzas de Jesús, Su ejemplo y Su sacrificio.

Durante Su vida, las enseñanzas de Jesucristo tomaron muchas formas diferentes. Algunas fueron respuestas a preguntas que le hicieron y otras fueron sermones que dio a Sus seguidores, tal como el Sermón del Monte. Muchas veces enseñó con parábolas o relatos simples para enseñar principios de Su Evangelio en una manera entendible para aquellos que buscaban la verdad.

  • A pesar de las diferentes maneras que Él escogió para entregar Su mensaje, surgieron temas comunes.
  • Jesús enseñó la importancia de asegurarnos de ser justos no solo en nuestras acciones, sino también en nuestros pensamientos, sentimientos y motivaciones.
  • Expresó la necesidad de cuidar a los más vulnerables entre nosotros y desaprobó la hipocresía y el orgullo.

Él glorificaba a Su Padre Celestial continuamente y motivaba a Sus seguidores a fortalecer su relación con Dios por medio de la oración. El hijo pródigo Leer Jesús enseña el perdón a través de la historia de un padre que da la bienvenida de regreso a casa a su hijo descarriado. El buen samaritano Leer Jesús enseña el amor al prójimo a través de la historia de un hombre que dejó todo para ayudar a un extraño que había sido golpeado y robado. La parábola de la oveja perdida Leer Jesús enseña el valor de cada alma a través de la historia del pastor que deja sus noventa y nueve ovejas para encontrar a la que está perdida. La parábola de los talentos Leer Jesús enseña la importancia del crecimiento personal a través de la historia de tres siervos a quienes se les dan dones que se espera que nutran y hagan crecer. Jesús nos mostró la manera de vivir no solo por medio de Sus palabras, sino por medio de Sus acciones.

  1. Cuando leas los cuatro Evangelios, verás ejemplos de Jesús usando Su tiempo para sanar al enfermo, alimentar al hambriento y consolar a los afligidos.
  2. Él expresó amor a otros y estaba dispuesto a defender lo que sabía que era correcto.
  3. A diferencia de Jesús, nosotros no podemos vivir una vida sin pecado, pero podemos hacer nuestro mejor esfuerzo para seguir el ejemplo que Él nos ha dado.

Sin importar lo mucho que intentemos aprender las enseñanzas de Jesucristo y seguir Su ejemplo, todos cometeremos errores. Ahí es cuando el verdadero poder de Jesucristo, enseñado en los cuatro Evangelios, surte efecto. Juan 3:16 declara: “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna”.

Los cuatro Evangelios nos enseñan que durante la semana final de Su vida, Jesucristo sufrió y murió para pagar el precio por nuestros pecados. A este sacrificio se le llama Expiación. Gracias al sacrificio expiatorio de Jesucristo, podemos arrepentirnos y ser perdonados de nuestros pecados para volver un día a la presencia de Dios.

Después que Jesús murió, Él resucitó. Gracias a que Jesucristo venció la muerte, todos podemos tener la esperanza de una vida más allá del sepulcro. De todo lo que podemos aprender de Jesús en la Biblia, la realidad de Su sacrificio es el principio más poderoso que podemos llegar a entender.

¿Cómo se describe a Dios en la Biblia?

Dios en la Biblia “Ya que es de Dios de quien estamos hablando, vosotros no lo entendéis —observó San Agustín en una de sus famosas disertaciones sobre su tema favorito—. Si pudiereis entenderlo, no sería Dios”. La ligereza teológica de siglo cuarto de San Agustín me sorprende por su total modernidad y su adecuada vaguedad.

  • Nuestro sentido de alejamiento de Dios ya llevaba un siglo cuando la revista Time publicó famosamente en su portada: “Dios ha muerto”.
  • Para un hombre tan distante de los dogmas de la Sagrada Escritura como Jean-Paul Sartre, la búsqueda de verdad espiritual es un esfuerzo desesperado por llenar lo que llamó el “vacío en forma de Dios” en la psique humana.

Y Salman Rushdie, cruelmente castigado por juzgar mal la naturaleza medieval de la fe a finales del siglo XX, confiesa que él también ha luchado por dar sentido al vacío que Sartre describió. “Incapaz de aceptar los irrefutables preceptos absolutos de la religión —escribe Rushdie—, he tratado de llenar el vacío con literatura”.

Irónicamente, ambos humanistas seculares se alejan del punto central de las escrituras sagradas, reunidas y preservadas en el libro al que llamamos Biblia. Los hombres y las mujeres que deslizaron la pluma en el pergamino, en primera instancia, ya sea que los consideremos profetas y apóstoles inspirados por Dios o —según lo describe un especialista de la Biblia— “artesanos literarios antiguos”, se afanaron en describir lo divino mediante la dudosa herramienta del lenguaje humano.

“En el principio era el Verbo —dice la primera línea de apertura del Evangelio según San Juan—, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios” (Juan 1:1). Por supuesto, Juan concebía al “Verbo” como un concepto profundamente místico (más que débilmente gnóstico).

Sin embargo, es una verdad literal y evidente que todos los autores bíblicos se vieron precisados a utilizar meras palabras para expresar lo inexpresable. Tal es la razón de que en la Biblia nunca se defina o se describa a Dios con claridad, coherencia o congruencia. Más bien, para crédito de los autores originales de la Biblia (y los editores que compilaron sus escritos), pretendieron ofrecernos una vasta antología de relatos acerca de Dios, rica y diversa, y tuvieron la suficiente entereza para invitarnos a elegir entre las varias caras de Dios que ahí encontramos.

La Biblia es también un esfuerzo por colmar con literatura el vacío en forma de Dios. A imagen suya El esfuerzo por comprender a Dios inicia en la misma primera línea de la Biblia. “En el principio creó Dios el cielo y la tierra” (Gén.1:1). Pero, ¿cómo debemos imaginar a Dios en el momento de la creación? En principio se presenta como una deidad sin rostro y sin forma, cuya simple voluntad da existencia al mundo: “Dijo, pues, Dios: ‘Sea hecha la luz’.

  1. Y la luz quedó hecha” (Gén.1:3).
  2. Pero entonces, sólo unas líneas después, se representa a Dios como una especie de escultor cósmico, quien se adentra en el fango para crear con sus propias manos y su propio aliento al primer ser humano: “Formó, pues, el Señor Dios al hombre del lodo de la tierra, e inspiróle en el rostro un soplo de vida” (Gén.2:7).

La línea más provocativa en toda la Biblia nos impele a concebir a Dios en la forma que mejor conocemos, la humana: “Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya” (Gén.1:27). Aun cuando posteriormente los Diez Mandamientos nos advierten no adoptar ninguna imagen de Dios, ya que, de hacerlo, caeríamos en el pecado de idolatría (Éxodo 20:4), la Biblia misma nos invita con frecuencia a ver a la divinidad como puramente antropomórfica.

De pequeño, así como otros innumerables niños a lo largo del milenio, siempre imaginé a Dios como un hombre de edad avanzada, con una larga barba, y lo veía ir de cama en cama para atender a la incalculable cantidad de chicos de todo el mundo durante sus oraciones nocturnas. ¡Recuerdo la angustia de mis primeros años porque no llegara Él a mi cama antes de que me rindiera el sueño! Por supuesto, es casi imposible leer la Biblia sin evocar la misma imagen familiar.

Nunca se muestra a Dios manifestándose a sí mismo en la forma del sol o de la luna, de piedra o de árbol, de toro o de serpiente. En realidad, la Biblia condena todas aquellas expresiones simbólicas de lo divino, tan comunes y tan socorridas durante las prácticas rituales del mundo antiguo, como una “abominación”.

Entonces se nos deja con el mandato de vernos a nosotros mismos en la imagen de Dios, y con el impulso de verlo a él estrechamente parecido a nosotros. Es así que, cuando un artista medieval presentó en el Libro del Éxodo la escena donde Dios permite a Moisés verlo de espaldas, su figura es encorvada, tiene la cabeza calva y rizos plateados que alcanzan el cuello de su vestido.

En otras palabras, Dios es un anciano al que le hace falta un corte de pelo. A veces, Dios es representado de una manera deliberadamente nebulosa en las páginas de la Biblia. En un momento, se hace oír como una voz que sale de en medio de una zarza que está ardiendo pero que no se consume (Éxodo 3:2); en otro momento, se manifiesta como “una columna de fuego por la noche, una columna de nube durante el día” (Éxodo 13:22).

Sin embargo, con mayor frecuencia, aun cuando los varios autores bíblicos no se ponen de acuerdo sobre quién es Dios o qué es lo que Él quiere, parecen coincidir en que debemos observarlo. Para el patriarca Abraham, Dios tomó la forma de un vagabundo que apareció en su tienda un día caluroso, mendigando alimento —ya que las leyes dietéticas que prohibían la mezcla de leche con carne no se entregarían a Moisés sino hasta siglos después, Dios se sintió en libertad de sentarse al festín de chuletas de ternera, de requesón y de leche (Gén.18:8).

Según Daniel, intérprete de los sueños mucho antes que Freud, Dios era la “Antigüedad de los Días”, un potentado de barba y túnica, sentado sobre un trono celestial, mientras miles y miles de ángeles corales acudían a su más mínimo capricho. De acuerdo con Moisés, Dios pudo haberse mostrado en forma totalmente humana —Dios tuvo el cuidado de cubrir los ojos de Moisés “mientras mi gloria pasaba por ahí”, permitiéndole verlo sólo por la espalda; pero la palabra hebrea normalmente traducida como “gloria” significa también “hígado”, y en ocasiones la Biblia la usa de modo idiomático para hacer referencia al órgano reproductor masculino.

  1. El hecho de que el Señor quiera ser visto sólo por detrás —explica Jack Miles en Dios: una biografía — puede sugerir que está ocultando a Moisés sus genitales”.
  2. Para el profeta Elías, quien suplicó a Dios se le revelara en toda su gloria así como lo había hecho alguna vez ante Moisés, Dios se manifestó con más elegancia e, incluso, apremio.

En la cima de una montaña sagrada, escondido en la hendedura de una roca, Elías esperó la aparición prometida del Todopoderoso y la Biblia describe lo que vio: Y he aquí que pasó el Señor, y delante de él corrió el viento fuerte e impetuoso, capaz de trastornar los montes y quebrantar las peñas a su paso, pero no estaba el Señor en el viento; y después del viento vino un temblor de tierra, pero no estaba el Señor en el terremoto; y luego de éste vino un fuego, pero el Señor no estaba en el fuego; y tras el fuego, llegó un soplo de un aura apacible y suave (Reyes 19:11-12).

  • La Biblia nunca explica del todo la referencia oblicua a un “soplo de un aura apacible y suave” —algunos lectores podrían interpretarlo como la voz de la conciencia y otros podrían llamarle “Dios”.
  • Para Elías, Dios era algo menos palpable que el fatigado extraño con quien compartió Abraham los alimentos; algo más modesto que la Antigüedad de los Días que deslumbró a Daniel, y aun así el pasaje invita al investigador más empeñoso a hacer una conexión particularmente íntima con Dios.

Es muy significativo que se trate de un enlace que no requiere de sacerdote, de rabino o de ministro alguno; de una iglesia o de una sinagoga, ¡o incluso de una copia de la Biblia! Confieso que, por una razón completamente personal, yo encuentro en la representación de Dios referida como un “soplo de un aura apacible y suave” una resonancia profunda.

  • Si alguna vez he experimentado la voluntad de Dios, fue el día que vi a un pequeño niño cruzando distraídamente una calle en hora pico y, sin pensarlo, paré mi carro, atravesé la vía en pleno tránsito, levanté al pequeño, lo llevé a un lugar seguro, regresé a mi carro y seguí mi camino.
  • No estoy proponiendo que actué con heroísmo.

Todo lo contrario; lo hice sin reflexión o intención verdadera. De alguna manera, sin saber por qué o cómo, me encontré llamado a hacer lo que podía para salvar al niño del peligro. Para decirlo de otra forma, un “soplo de un aura apacible y suave” me instruyó a que lo hiciera.

La Biblia, si leemos y reflexionamos sobre lo que en ella está realmente escrito, nos da el poder a cada uno de nosotros para que actuemos como nuestro propio teólogo. La enseñanza esencial de la Biblia hebrea es que los seres humanos tenemos la bendición del libre albedrío y que estamos llamados a tomar nuestras propias decisiones morales.

No hay milagro, mandamiento, promesa o recompensa celestial, no existe amenaza de castigo divino en modo alguno suficiente para constreñir a un ser humano a actuar con honradez, o de esa suerte lo descubrió para sí el Dios omnisciente y omnipresente de la Biblia.

  1. Te he propuesto la vida y la muerte, la bendición y la maldición —declaró Moisés en su protesta final—, elige desde ahora la vida” (Deut.30:19).
  2. La palabra operativa es “elige”.
  3. La distinción mosaica Por supuesto que la Biblia no siempre representa a Dios como a alguien de mentalidad abierta.
  4. En varias partes de la saga bíblica, se muestra a Dios exigiendo (o, al menos, aceptando) purgas sangrientas, guerras de exterminio, incluso uno o dos sacrificios de infantes.

Si leemos la Biblia sesgadamente —práctica alevosa pero trágicamente común— podemos salir con la idea de que Dios es arbitrario, caprichoso y sanguinario. “Suena extraño: Dios no es un santo —escribe Jack Miles—. Gran parte de lo que la Biblia dice sobre él rara vez se predica desde el púlpito, ya que, visto de muy cerca, resulta un escándalo”.

La historia prueba con exactitud cuán peligroso puede ser leer la Biblia con un móvil ulterior. Los fundamentalistas del judaísmo, cristianismo e islamismo comparten la creencia de que la Biblia es Escritura Sagrada, y aun así cada fe encuentra una revelación por completo diferente dentro de sus páginas.

En realidad, las tres grandes ramas religiosas se han astillado en innumerables sectas, denominaciones y movimientos, todos y cada uno convencidos de que su interpretación de la Biblia es la correcta y que la de cualquier otro no lo es. El resultado ha sido dos mil años de violencia trágica, que va desde las Cruzadas y la Inquisición hasta el último incidente de agresión sectaria en Belfast y Jerusalén.

Irónicamente, la mayor innovación teológica en la Biblia —la idea de monoteísmo— es precisamente lo que ha inspirado la máxima expresión de la violencia. Los antiguos eran flexibles frente a los asuntos de la fe; libremente se pedían prestados los dioses y las diosas, y asimismo unos ofrecían sacrificios en los templos de los otros; si peleaban brutalmente los unos contra los otros, tanto en la guerra como en la paz, la matanza nada tenía que ver con el temor o el odio de una fe rival.

No es sino hasta el Pentateuco de Moisés que se encuentra la noción de que, a excepción del Dios de Israel, todos los demás son falsos, los “no dioses”, de acuerdo con una curiosa frase que aparece en la Canción de Moisés (Deut.32:21). De manera más crucial todavía, Moisés insistió en que el culto a tales dioses no era sólo una práctica fútil, sino corrupta y perversa —una “abominación”, según lo repite, como un mantra, la Biblia.

  1. La intolerancia religiosa —observa Freud— inevitablemente nació con la creencia en un solo Dios”.
  2. Aquí está el lado oscuro de la teología de la Biblia hebrea: Dios nos bendice cuando estamos con él y nos maldice cuando no.
  3. Yo esconderé de ellos mi rostro —advirtió Dios—.
  4. Y estaré mirando su fin desgraciado” (Deut.32:20).

Es una teología que sugiere una respuesta perturbadora a la pregunta: “¿dónde estaba Dios en Auschwitz?” Mucho antes del Holocausto, y mucho después, se ha invocado el mismo credo desapacible con resultados sangrientos en manos de cruzados e inquisidores, autócratas y teócratas, para castigar a cualquiera cuyas creencias difieran de las propias.

  • Permítasenos llamar a la distinción entre lo verdadero y lo falso en religión la ‘Distinción Mosaica’ —propone el egiptólogo Jan Assman—, ya que la tradición la adscribe a Moisés”.
  • No obstante, en ciertos momentos sublimes, Moisés también puede ser visto como un hombre compasivo e indulgente que comprendía las debilidades de sus congéneres; como un ser intrépido y valiente que reprendió a Dios por haber amenazado con exterminar al Pueblo Elegido tan sólo a causa de su escasa piedad y de su desobediencia.

“¿Por qué, oh Señor, se enardece así tu furor contra el pueblo tuyo?”, desafía Moisés a Dios, quien amenazara con “borrar al pueblo de la faz de la tierra” por haber rendido culto al becerro dorado (Éxodo 32:11-12). El ejemplo de Moisés puede sorprender a quienes creen que la única actitud apropiada que un ser humano puede asumir ante la voluntad del Todopoderoso es de complacencia abyecta.

De hecho, podríamos estar tentados a preguntar: “¿dónde estaba Moisés en Auschwitz?” Un Dios más afable y benévolo Si se nos convocara a seleccionar y a escoger entre las diferentes y contradictorias visiones de Dios que se encuentran en la Biblia, por mi parte me inclinaría siempre por la del Dios más afable y benévolo.

En realidad, el verdadero reto al leer la Biblia es el lograr algún grado de entendimiento común sobre cómo un artículo de fe se traduce en un acto concreto de la conducta humana. Ésa es, precisamente, la razón de nuestra hambre de palabras de instrucción moral provenientes del Creador, para llenar en nuestras almas el hoyo en forma de Dios; palabras que pueden ser comprendidas y llevadas a los actos, no en el cielo sino aquí y ahora.

  • Siempre se ha prestado demasiada atención a los aspectos externos de la práctica religiosa, pero la Biblia muestra a Dios como muy poco interesado en tales temas.
  • Las elaboradas ceremonias de adoración, independientemente de qué tan solemnes y reverentes sean, carecen de significado ante los ojos de Dios si no se acompañan con misericordia y justicia, tal como nos lo dicen los más desafiantes, y los más eminentes, de los profetas hebreos.
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“Vuestras calendas y solemnidades son por lo mismo odiosas a mi alma; las tengo aborrecidas, cansado estoy de aguantarlas —advirtió el Señor a Isaías—. Y cuantas más oraciones me hiciereis, tanto menos os escucharé” (Isa.1:14-15). La naturaleza de Dios puede ser compleja, como San Agustín lo advirtió.

  • Sin embargo, lo que en realidad quiere de nosotros es simple y directo, fácil de entender, aunque no así de llevar a cabo.
  • Se trata de que compartas tu pan con el hambriento,Y que a los que no tienen hogar los acojas en tu casa;Y vistas al que veas desnudo; Y no desprecies tu propia carne.(Isa.58:7).

Decir que el Dios bíblico es un Dios de amor no es una mera perogrullada, es un deber moral que proclama al sentido vehemente de justicia social que la Biblia difunde. Sólo tres veces a lo largo de la Biblia hebrea se nos ordena amar. “Amarás, pues, al Señor Dios tuyo, con todo tu corazón”, dice el Deuteronomio 6:5.

El Levítico, 19:18, nos dice: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” y, posteriormente, 19:34, eleva el amor a nuestros semejantes a nivel de deber sagrado: “El forastero que viniere a vuestra tierra vivirá entre vosotros como natural del país, y le amaréis como a vosotros mismos”. Si existe un leitmotiv moral en un libro tan complejo y contradictorio como lo es la Biblia, con seguridad se trata del mandato de amar al prójimo.

“Es una sentencia que resume, en principio, cualquier revelación que se presentare posteriormente —escribe Cynthia Ozick—. Sobre ella hemos construido cada idea de civilización moral”. El rostro de Dios En las inmediaciones de Tucson, Arizona, en la cima de la montaña Kitt Peak —que se levanta abruptamente, contrastando sobre la planicie del desierto sudoccidental—, está en operación un observatorio astronómico de vanguardia.

Con frecuencia, la autopista que lleva a través de una reservación india hacia Kitt Peak está decorada a lo largo de la acotación con pequeños altares —cruces, velas y flores— en conmemoración a las víctimas de accidentes automovilísticos recientes. El sentido de lo sagrado sólo se aprecia hasta la propia cima: los telescopios están inmersos en prístinos domos blancos que se antojan como templos griegos, y los astrónomos parecen sacerdotes que llevan a cabo sus rituales tan sólo de noche.

“¡Silencio!, ¡durmientes diurnos!”, reza la advertencia afuera del dormitorio que alberga a estos adeptos, muy a la manera de un retiro en el desierto. Durante un ascenso a Kitt Peak, cualquiera que conozca la historia del Éxodo recordará a Moisés en Sinaí.

Es seguro que Moisés haya experimentado algo parecido a la sensación de lo sagrado que yo percibí cuando, parado en esa elevación helada, miré al vasto desierto extenderse muy por debajo de mis pies. Y cuando observé las imágenes de los distantes enjambres de estrellas que los astrónomos habían captado con sus instrumentos científicos, tuve la fantasía de que estaba contemplando el propio rostro de Dios o, al menos, lo que ahora se interpreta como Dios en ciertos círculos.

Aun así, la sola idea de que la cara oculta de Dios puede verse en una supernova desde algún rincón muy remoto del cosmos es, en última instancia, insuficiente, incluso aterradora. Si la Biblia define a Dios en modo alguno, la definición debe expresarse en el vocabulario de moralidad humana: “¿Y qué es lo que el Señor pide de ti? —preguntó el profeta Miqueas—.

Sólo que obres con justicia y que ames la misericordia, y que andes solícito en el servicio de tu Dios” (Miqueas 6:8). De esta suerte, me veo arrastrado de nuevo hacia el manantial de la literatura más que hacia la cima glacial de la ciencia, en el esfuerzo por resolver el misterio de quién es Dios y qué es lo que quiere.

Cuando observabas a un hombre o a una mujer con cuidado, siempre podías empezar a sentir piedad, cualidad ésta que la imagen de Dios traía consigo —escribe Graham Greene en El poder y la gloria, novela que se desarrolla en México durante la época en que un cura era hombre perseguido—.

Cuando veías las líneas en las comisuras de la boca, cuando veías cómo crecía el cabello, era imposible odiar. El odio era sólo un fracaso de la imaginación. Al fin, la sola noción de Imago Dei —la aspiración humana de moldearnos a nosotros y a nuestras vidas según la imagen de Dios— debe reducirse a términos puramente humanos.

Nikos Kazantzakis, a quien la Iglesia Ortodoxa Griega expulsó y negó entierro en suelo sagrado debido a lo que escribiera acerca de Jesús de Nazareth en La última tentación de Cristo, narra la anécdota de un indigente que, así como Elías, suplicó se le permitiera mirar a Dios, aunque se preguntaba cómo podría verle sin que su luz divina lo cegara.

  • Entonces, Dios se convirtió en trozo de pan, en vaso de agua fresca, en túnica tibia, en cabaña, en mujer que amamanta a un infante —escribió Kazantzakis—.
  • ‘Te agradezco, Señor —murmuró—.
  • Te humillaste a ti mismo por mí.
  • Te transformaste en pan, agua, en túnica tibia y en mi esposa e hijo para que yo pudiera verte.

Y te vi. ¡Hago reverencia y honro tu amado rostro de múltiples rostros!” Además de sublime —yo siempre me estremezco al leer estas palabras: “pan, agua, una túnica tibia y mi esposa e hijo”—, el relato expresa una verdad fundamental acerca de la forma del vacío en forma de Dios en su alma y en la mía.

¿Qué dice la Biblia de la apariencia fisica de Jesús?

La imagen que tenemos de Jesús de Nazaret delgado, de piel clara, pelo liso y largo. no se corresponde, probablemente, con cómo sería un judío de Galilea del siglo I d.C. a pesar de todas las pinturas, esculturas e imaginaria variada sobre su figura – Imaginamos a Jesús de Nazaret delgado, de piel clara, pelo liso y largo.

  • Esta es la representación de Richard Neave 21/02/2019 Actualizado 22/02/2019 a las 12:27h.
  • La imagen que tenemos de Jesús de Nazaret delgado, de piel clara, pelo liso y largo.
  • No se corresponde probablemente con cómo sería en realidad a pesar de todas las pinturas, esculturas e imaginaria variada que se ha creado sobre su figura.

Y es que la Biblia no describe a Jesús físicamente, como cuenta «History», y, de hecho, la evidencia que tenemos indica más bien que probablemente Jesús era muy diferente de cómo ha sido retratado. La Biblia cuenta que Jesús tenía alrededor de 30 años cuando comenzó su obra, que nació en Belén y fue criado en Nazaret, pero no se dice nada de su aspecto.

  1. Y eso mismo, ya es decir algo.
  2. Como dice «History», cuando Judas Iscariote tuvo que señalar a Jesús entre sus discípulos para que le distinguieran sus soldados, probablemente porque todos se parecían bastante.
  3. Así, Jesús tenía que parecer, porque lo era, «un judío de Galilea que vivía en el primer siglo», según Robert Cargill, profesor asistente de estudios clásicos y religiosos en la Universidad de Iowa y editor de Biblical Archaeology Review,

Las primeras respresentaciones, del II d.C. en las catacumbas de Santa Domitila en Roma, representan a Jesús como el Buen Pastor, un hombre joven, de pelo corto y sin barba, con un cordero al hombro. Otra pronta representación, del VI d.C. descubierta en el sur de Israel, lo presenta con el pelo más corto y rizado, una representación que era común en la región oriental del imperio bizantino.

  • La imagen de Jesús, de pelo largo y barbudo, que surgió a partir del siglo IV d.C., fue fuertemente influenciada por las representaciones de los dioses griegos y romanos, en particular por Zeus,
  • «El objetivo de estas imágenes nunca fue mostrar a Jesús como hombre, sino hacer puntos teológicos sobre quién era Jesús como Rey e Hijo divino», dice Joan Taylor, profesora de orígenes cristianos en el King’s College.

Y luego, por otro lado y además, están las representaciones de Jesús en otras culturas diferentes al canón occidental, que son también diferentes. Hay que decir, respecto a la conocida como Sábana Santa de Turín, que «History» expone que muchos expertos descartaron la cubierta por ser una falsificación, y que el propio Vaticano mismo se refiere a ella como un «icono» en lugar de una reliquia.

¿Cuál es el verdadero rostro de Dios?

Un grupo de investigadores de la Universidad de Carolina del Norte realizaron un estudio para descubrir cómo es que se veía en realidad la cara de Dios, y lo que hallaron es que no se parece ni un poco al que muestran en las iglesias. La investigación se llevó a cabo con base en un sondeo que se les hizo a 511 cristianos estadounidenses a quienes se les presentaban una serie de imágenes de rostros y se les pedía que eligieran el que ellos creyeran que se parecía más a Dios. Foto: Universidad de Carolina del Norte-Chapel Hill Para sorpresa de los científicos el resultado fue la imagen de una persona joven, con rasgos delicados y la cara un poco redonda, algo muy alejado del hombre anciano con barba y pelo blanco, y rasgos caucásicos que usualmente se muestra en todas partes.

Te puede interesar: Un predicador africano asegura que puede hablar con Dios por celular Los investigadores revelaron que esto se debe a que cada uno de los participantes elegía una foto que reflejara algunos de sus rasgos, e incluso hubo quienes afirmaban que el Dios de la foto incluso tenía sus propios ideales políticos.

Joshua Conrad Jackson, responsable de la investigación, explicó que este cambio en la idea de cómo debe lucir un dios podría estar relacionado con las nuevas ideas liberales de la población, pues a diferencia de las generaciones conservadoras no buscan imponer a alguien todopoderoso para controlar a la sociedad, sino una imagen más cercana a ellos,

¿Cuáles son los rasgos humanos y divinos de Jesús?

Es humilde, justo, cercano, atento y preocupado por las personas; siempre amoroso, solidario, esperanzador, como amigo que cree en nosotros y nos enseña como ser mejores. O sea, Dios es amor.

¿Qué significa que Jesús es igual que nosotros?

Sé que Él es el Creador del mundo y de todo lo que hay en él; que Él es nuestro Salvador, que nos ama a cada uno y murió en la cruz por nosotros ; es quien nos enseña la compasión y el perdón, el amigo de todos, el que sana a los enfermos, el que da paz a todos los que escuchen y crean.

¿Qué es lo que nos enseña Jesús?

Nos enseñó a amarnos y a servirnos unos a otros. Nos enseñó en cuanto al sacerdocio, los convenios y las ordenanzas y todo lo que debemos saber, hacer y ser para venir a Él. Nosotros también debemos enseñar el Evangelio según ha sido revelado en las Escrituras y en las palabras de los profetas de los últimos días.

¿Cómo se le decía a Jesús?

La Luz del mundo – Jesús también enseñó: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas” ( Juan 8:12 ). Además declaró: “Yo soy el camino, y la verdad y la vida” ( Juan 14:6 ). Él es el camino y Él es la luz porque Sus enseñanzas iluminan nuestro camino en la vida mortal y nos muestran el camino de regreso a nuestro Padre.

¿Donde dice que Jesús es el mismo Dios?

Josué 24:3–13; 1 Nefi 17:23–32.

¿Cómo se presenta Dios?

Revelación, tradición e inculturación. Pautas para un ensayo – A) LA REVELACIÓN Y SU ACOGIDA EN LA FE Dios se da a conocer al hombre por medio de la creación ( 1 ). Así, en sentido amplio, se podría hablar de una revelación por la creación. También intuimos su presencia en lo profundo de nuestro interior: hacia Él, suma Verdad y sumo Bien, tiende todo el dinamismo humano, y en Él encuentra la felicidad.

Pero Dios, en su amor y libertad absoluta, puede venir al encuentro del hombre en la historia, autorrevelársele ( 2 ). De hecho, fue así y su autocomunicación culminó en la donación de sí mismo en Jesucristo mediante el Espíritu. La pascua de Jesús, su muerte y resurrección (con la donación de su Espíritu), es esa culminación, el comienzo de lo definitivo (escatología), de la venida del reinado de Dios.

Pero para que haya revelación, para que sea salvadora respecto al hombre concreto, ella tiene que ser recibida, es decir, necesita la respuesta de la fe ( 3 ). Esto es esencial al proceso de la autocomunicación de Dios: acoger su Palabra. La Palabra de Dios se la acoge propiamente en la fe, por la que el hombre se entrega a Dios en la obediencia de la fe ( 4 ).

  1. La fe viva es transformante y el pecador es justificado.
  2. Lo que recibe no es un recuerdo de Cristo, sino al mismo Cristo actuante en su Espíritu, y así el creyente pasa a ser una nueva creación ( 5 ) en Cristo, un hijo de Dios, con acceso al Padre por Cristo en el Espíritu ( 6 ).
  3. La fe es un don gratuito de Dios ( 7 ).

Por eso se puede recibir a Dios sin convertirlo en ídolo, a la medida humana: en el fondo, Dios se recibe a sí mismo en nuestro acto de fe. La fe es eclesial. ¿Cómo creeríamos si no se nos anuncia el Evangelio? ( 8 ). La Palabra reveladora de Dios convoca una comunidad, Iglesia, y es confiada a ella para su transmisión.

  • Siempre que se recibe la Palabra, se produce (consuma) la revelación para ese individuo o comunidad.
  • Lo que se revela y comunica es Dios mismo y su plan de salvación (economía) ( 9 ).
  • Es la revelación del reinado de Dios y su venida en la historia y como historia.
  • Se comunica, pues, al hombre la verdad y amor salvíficos, la vida eterna, la comunión con Dios.

Dios es la Verdad que se comunica. La revelación, por tanto, es la autocomunicación salvadora de Dios al hombre en la historia, que se recibe en la fe eclesial. B) LA TRANSMISIÓN DE LA REVELACIÓN Dios revela en la historia y utiliza a los hombres y comunidades creyentes para transmitir su revelación de unos a otros ( 10 ).

  • El hombre es así asociado a la acción de Dios.
  • Así Jesús encargó a sus apóstoles (y sucesores) el anunciar el Evangelio, y todo fiel cristiano tiene el deber profético de testimoniarlo y proclamarlo ( 11 ).
  • Esa transmisión, que incluye la Escritura como forma privilegiada de ella, se llama también `tradición’, en un sentido amplio de esta palabra ( 12 ).

En el sentido restringido, Tradición se contrapone a la Escritura. Así el concilio Vaticano II dice que la Tradición ( 13 ) y la Escritura están íntimamente conectadas y se comunican, formando, de algún modo, una unidad ( 14 ). “La Sagrada Escritura, en efecto, es la locución de Dios, en cuanto, por inspiración del Espíritu Santo, se consigna por escrito; y la sagrada tradición, por su parte, transmite íntegramente la palabra de Dios, confiada por Cristo Señor y el Espíritu Santo a los Apóstoles, a los sucesores de ellos” ( 15 ).

  1. Ambas constituyen el `depósito de la revelación’, un tesoro entregado a la Iglesia para ser conservado y transmitido en forma íntegra y vital a todos los hombres que lo reciban en la misma fe.
  2. Escritura y Tradición son dos modos diferentes (íntimamente conectados y formando una unidad) en que nos llega la única revelación, la Palabra viva y operante de Dios, el Evangelio de Cristo ( 16 ).

Porque la única revelación transmitida oralmente por los apóstoles, fue consignada por escrito, en forma privilegiada ( 17 ), por inspiración del mismo Espíritu que asistía a los apóstoles en su predicación ( 18 ). La Iglesia venera la Palabra de Dios con igual afecto en la Tradición y en la Escritura ( 19 ).

  • La Iglesia no saca solo de la Escritura su certeza de todo lo revelado ( 20 ).
  • La íntima trabazón entre Tradición y Escritura ( 21 ) corresponde muy bien a la naturaleza histórica y social del hombre.
  • Así la objetividad (en cierto sentido la letra) de la Escritura, que no admite cambio ( 22 ), parece indispensable para que la Tradición no se desvíe ( 23 ).; y a su vez, la Tradición parece indispensable para que recibamos (interpretemos) la Escritura en forma vital y salvífica en los diversos tiempos y circunstancias ( 24 ).

En la Tradición, gracias al Espíritu Santo, la Iglesia reconoce lo que es Escritura inspirada y declara el canon de esta. Gracias al Espíritu, la Iglesia sabe que la revelación pública de Dios terminó con los tiempos apostólicos, que nos transmiten lo de Cristo, el Hijo, palabra definitiva de Dios, en el que ella culmina (Hb 1, 1s) ( 25 ).

“De donde se sigue que la economía cristiana, como nueva y definitiva alianza, no pasará jamás, y ya no hay que esperar nueva revelación pública antes de la gloriosa manifestación de nuestro Señor Jesucristo (cf.1Tm 6, 14; Tt 2, 13)” ( 26 ). Así la revelación queda constituida delimitadamente como hecho histórico ( 27 ), y la tradición posterior se mueve en torno a la acogida y continua interpretación de una revelación ya históricamente realizada.

Y es esa culminación conclusiva (escatológica) en Cristo, la que nos permite interpretarla desde Él y su pascua. De lo contrario, al no estar cerrada como revelación, no tendríamos una clave segura de interpretación. Y esa misma culminación conclusiva de la revelación en Cristo contribuye a que la Tradición sea un constante volver a esa su fuente para una mejor interpretación de la revelación en el presente.

  1. Así la Tradición, transmitiendo la revelación, vive reinterpretándola, explicitando y profundizando, pero no añadiendo nuevo contenido, porque la revelación pública ya está terminada ( 28 ).
  2. Es interpretación sobre todo de la Biblia ( 29 ), pero también de los testimonios de la tradición eclesiástica para llegar a escuchar lo que la Palabra de Dios, siempre actual, nos quiere decir ahora, a la luz del testimonio interior del Espíritu.

Pero, gracias al Espíritu Santo, la Tradición termina en una nueva acogida en la fe, lo que constituye a su vez revelación para ese nuevo creyente (30). De esta manera la revelación continúa aconteciendo salvadoramente para nosotros, en nuestra apropiación vital por la fe.

Nos dice el Concilio: “Por la misma Tradición conoce la Iglesia el canon íntegro de los libros sagrados, y las mismas sagradas letras son en ella entendidas más a fondo y se tornan constantemente operantes; y así Dios, que habló antaño, sigue hablando sin intermisión con la esposa de su Hijo amado; y el Espíritu Santo, por quien la voz viva del Evangelio resuena en la Iglesia y por ella en el mundo, conduce a los creyentes a toda la verdad y hace que en ellos habite copiosamente la palabra de Cristo (cf.

Col 3, 16)” ( 31 ). Así la revelación va llegando a los hombres a lo largo de la historia. No es, como ya dijimos, que Dios nos dé una nueva revelación pública, sino que se trata de la misma revelación pasada que, bajo el Espíritu, se va actualizando y enriqueciendo en su comprensión por los creyentes, y a través de este proceso Dios nos sigue hablando.

Dios, por tanto, sigue obrando la historia de salvación en y a través de su revelación en Cristo. En la lectura de los signos de los tiempos ( 32 ), el Espíritu Santo nos abre a nuevas perspectivas de la acción de Dios, que nos permiten una mejor actualización de la Tradición. La Iglesia, en su doctrina, vida y culto, transmite todo lo que ella es, todo lo que cree ( 33 ).

Y no solo la jerarquía, los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica, las asociaciones de fieles, sino también todo fiel cristiano ( 34 ) está llamado a dar testimonio de su fe, a ser eslabón en esta cadena de transmisión (recepción y nuevo testimonio) de la revelación, que comenzó con el testimonio de la acogida primitiva y fundante de parte de la Iglesia apostólica ( 35 ).

En la cadena de transmisión se destaca la época de los Padres de la Iglesia ( 36 ). Pero el oficio de interpretar auténticamente la Palabra de Dios escrita o por Tradición, compete al Magisterio de la Iglesia, el que no está por sobre la Palabra de Dios sino a su servicio ( 37 ), y goza en determinadas circunstancias del carisma de infalibilidad por asistencia especial del Espíritu.

Pero, como la revelación termina en el creyente y Dios se revela a su Iglesia, a todos sus fieles, la comunidad creyente en su conjunto, conducida por el Espíritu, no puede errar en su fe ( 38 ), y al servicio de esa fe está el Magisterio. De ahí que tanto Pío IX como Pío XII, antes de proclamar respectivamente los dogmas de la Inmaculada Concepción y de la Asunción de María, hayan preguntado por la fe, en esas verdades, de todas las Iglesias particulares.

C) EL ESPÍRITU UNIVERSALIZA Y DESARROLLA EN EL TIEMPO El acontecimiento de Jesús, nuestro único mediador de la Nueva Alianza ( 39 ), fue un hecho singular en la historia, que Dios realizó una vez para siempre, como nos dice Hb respecto al sacrificio de Cristo ( 40 ). Y sin embargo, es la Palabra decisiva de salvación para todas las edades y circuntancias de los hombres.

No ha sido dado otro nombre bajo el cielo en el que uno se pueda salvar ( 41 ). El plan de Dios es recapitular todas las cosas en Cristo ( 42 ). Cristo, siempre presente, de diversas maneras ( 43 ), en su Iglesia peregrina hasta la consumación de los tiempos ( 44 ), está sentado a la diestra del Padre, donde intercede por nosotros ( 45 ), esperando que sus enemigos sean sometidos bajo sus pies ( 46 ).

Entonces entregará el reino al Padre para que Dios sea todo en todos ( 47 ). ¿Cómo se universaliza la pascua salvadora de Jesús para todos los tiempos? Por el Espíritu de filiación ( 48 ) que nos derrama el Señor resucitado ( 49 ) y constituido en espíritu vivificante ( 50 ). El Espíritu es el don de Dios en los últimos tiempos ( 51 ), que está en nuestros corazones ( 52 ) y clama al Padre a nombre nuestro ( 53 ).

Nos configura a Cristo, la Palabra de Dios. El Espíritu, que ya actuó en los profetas, en Jesús, en los apóstoles y en la fijación por escrito de la revelación, es el que actúa en la transmisión (“tradición”) de ella, en su acogida por el creyente. Es el que une (y da la identidad) a través de la pluralidad de expresiones de los hombres en la contemporaneidad, y a través de los tiempos históricos ( 54 ); y a la vez, es el que constantemente abre la Tradición a nuevas expresiones culturales en las cambiantes circunstancias.

Así como interviene en la inspiración de la Escritura, en la encarnación del Verbo, en la transubstanciación de las especies eucarísticas, así también a su nivel, en la siempre renovada inculturación de la revelación. Es la fuerza transformante de Dios para que recibamos su Palabra en la fe, su autocomunicación, y para que así seamos testigos ( 55 ).

See also:  Que Son Los Capitulos De La Biblia?

Este es el Espíritu de la verdad ( 56 ), maestro interior, que actualiza lo de Cristo para cada circunstancia y nos va conduciendo a la verdad plena ( 57 ). El conoce las profundidades de Dios y nos hace profundizar en el conocimiento del misterio ( 58 ).

  1. Y el creyente, en la medida de su conformación con Cristo (en su seguimiento) y de su apertura y docilidad al Espíritu, reflejando en sí mismo cada vez más el misterio de Dios, va creciendo en su comprensión.
  2. En ese sentido, el santo, transparencia de Dios y de Cristo, manifestación más cumplida de la revelación salvadora, es un lugar teológico para la profundización en la revelación ( 59 ).

Igualmente el pobre en el espíritu, de quien es el reino de los cielos ( 60 ), nos enseña quién es el Dios que se ha revelado y cómo corresponderle; en él encontramos a Jesús ( 61 ). Por otro lado, el Espíritu Santo es el que va purificando, vivificando y cristificando las culturas ( 62 ) en las que se presenta la revelación, se expresa la fe.

Así la inteligencia de la revelación va creciendo con el paso del tiempo, se va enriqueciendo hasta el día de la plenitud del reinado de Dios. Nos dice el Concilio: “Esta, que es la Tradición desde los apóstoles, progresa en la Iglesia bajo la asistencia del Espíritu Santo: pues crece tanto la percepción de las realidades cuanto de las palabras transmitidas, ya sea por la contemplación y estudio de los creyentes, que la confieren en su corazón (Lc 2, 19 y 51), ya sea por la íntima inteligencia de las cosas espirituales que experimentan, ya sea por el anuncio de aquellos que recibieron el carisma cierto de la verdad con la sucesión del episcopado.

Es decir, la Iglesia, en el correr de los siglos, tiende incesantemente a la plenitud de la verdad divina hasta que en ella se consumen las palabras de Dios” ( 63 ). Y en el día final ya no veremos en fragmento y en espejo, sino en la transformante visión cara a cara ( 64 ).

La comunidad de los salvados, Iglesia celeste, contemplará y alabará ( 65 ) en el gozo exuberante del cielo, en que Dios se nos comunicará directamente ( 66 ). Esto no significa que entonces se evacue el misterio del Dios uno y trino sino que este se volverá más esplendente como trascendente origen y patria de todo ( 67 ).

D) LA INCULTURACIÓN La aceptación de la revelación siempre es inculturada, porque la recibe (se la apropia) el hombre dentro de su cultura, en la que vive, piensa y se expresa; y así la transmite ( 68 ). El mismo Verbo de Dios en su Encarnación, haciendo culminar la historia salvífica, se apropió la cultura de su época y medio, expresándose en ella.

  • La autorrevelación de Dios es, pues, expresada y recibida en un lenguaje humano.
  • ¿Puede el lenguaje humano elaborado a partir de lo sensible, expresar al Dios trascendente y su acción respecto al hombre? Aunque siempre queda corto, puede analógicamente, porque el lenguaje humano está abierto a ser “vehiculado” para significar, o hacer presente y comunicar una realidad que lo trascienda.

Correspondientemente en nuestro interior experimentamos la autotrascendencia del dinamismo de nuestro espíritu hacia la Verdad y Bien absolutos. Pero nos advierte el concilio lateranense IV que en toda semejanza entre el Creador y su creatura hay que notar una mayor desemejanza ( 69 ).

  • Jesús nos habló de Dios, su Padre, y nos contó la venida de su reinado en parábolas.
  • Y ver a Jesús es ver al Padre ( 70 ), porque Cristo es la imagen del Dios invisible ( 71 ).
  • Jesús en la cruz nos revela en plenitud que Dios Padre es amor ( 72 ).
  • Este amor se muestra triunfante ( 73 ) en la pascua de Jesús, que incluye la donación del Espíritu de vida y libertad ( 74 ), de filiación.

La revelación no puede no ser inculturada, pero las culturas son diferentes y cambiantes como el hombre a través de su historia. Por eso la Tradición debe ser viva, bajo la acción del Espíritu, para que la Palabra de Dios resuene con fuerza salvadora, sea interpelante, anuncie la buena nueva en lenguaje apropiado para ese hombre en sus circunstancias ( 75 ).

  • Para esto se debe respetar la pluralidad de expresiones de la fe, p.e.
  • En la liturgia, disciplina y modo de vida, dentro de la debida unidad.
  • Para esto debería haber un cambio continuado en la forma de anunciar y presentar la Palabra conforme a la sucesión de las épocas.
  • Para realizar esto, ¿se puede distinguir fácilmente entre el contenido de la revelación y su forma de inculturación, propia esta última de una época, que puede haber ya pasado? La primera dificultad es que no podemos concebir un contenido sin algún tipo de lenguaje, que siempre lleva consigo la particularización de la cultura, debido a sus circuntancias.

Pero en la historia de la expresión de la fe, se va como decantando, sedimentando, de otra manera, el núcleo permanente de esta y, por tanto, de la revelación, a través de las nunca del todo satisfactorias expresiones de nuestro deficiente y cambiante lenguaje.

Porque la fe, comunicada y entregada al hombre en la Tradición, está siempre en busca de inteligencia y de una más adecuada expresión ( 76 ). Así, con esta transformación sucesiva del lenguaje, se va perfilando mejor el contenido de la Revelación. Es la autocomunicación de Dios que se va iluminando con las cambiantes circunstancias.

Es obvio que las diversas transculturaciones del mensaje van enriqueciendo su comprensión progresivamente. Además va creciendo, como ya dijimos, la intelección del misterio revelado, transmitido y experimentado, conduciéndonos el Espíritu a la verdad plena ( 77 ).

De esta manera, dada la mayor inteligencia y explicitación, se habla de la evolución o profundización del dogma, dentro de la misma fe ( 78 ). En la transmisión y desarrollo vital de la comprensión de la revelación encontramos, pues, una tensión permanente entre la unidad (histórica o diacrónica, y sincrónica) ( 79 ) y la diversidad plural.

El centro de unidad no solo es el origen, el contenido y la misión, sino el mismo Dios que se sigue revelando a cada hombre y comunidad en esa cadena de transmisión de la fe a través de su único Espíritu. Así los creyentes entran a participar de la única fe de la Iglesia que camina en la historia hacia la morada del Padre.

  1. Esta revelación una, continuada, plural en sus expresiones, vehiculada por la Tradición, que siempre se renueva (se pone al día) meditando sus orígenes y que va profundizando su autocomprensión, es una admirable obra del Espíritu en la historia (80 ), que nos manifiesta el amor de Dios.
  2. Es la presencia entre nosotros del Cristo glorioso, que nos va integrando a su pascua victoriosa, y a su obediente entrega al Padre.

Y esta armonía o comunión sincrónica y diacrónica ( 81 ) (con una apostolicidad que se sigue renovando en la historia y abierta a la escatología) es una gran señal de que se trata del cauce auténtico de la Tradición viva, de su verdad, cuya manifestación culminará en la plenitud de los tiempos.

Presupone la armonía con la Escritura, que nos hace siempre presente la fundante tradición apostólica ( 82 ). El sensus fidei ( 83 ), obra del Espíritu, sabe discernir si lo que se dice, obra y vive corresponde (refleja) o no lo de Jesús. Por eso que es tan importante la recepción por parte de toda la Iglesia.

La Jerarquía, además de transmitir la Tradición en su predicación, etc., es la gran garante de su autenticidad, bajo la asistencia del Espíritu. El gran lugar teológico es, pues, la Iglesia. El acto de fe, como dice Santo Tomás ( 84 ), no termina en las palabras o expresiones sino en la realidad.

  • Como comenta el Catecismo de la Iglesia Católica ( 85 ), “nos acercamos a estas realidades con la ayuda de las formulaciones de la fe”.
  • Y el misterio siempre va a estar más allá, va a exceder a sus formulaciones.
  • Pero porque el hombre siempre es el mismo, sus expresiones, si son fieles, alcanzan un valor universal, para todas las épocas, con tal que se las entienda según los contextos en que fueron definidas o adoptadas ( 86 ).

Así, por ejemplo, la liturgia ( 87 ) nos presenta un rico tesoro de expresiones de la fe; igualmente los concilios, etc. Con todo, es deber pastoral de la Iglesia seguir buscando mejores adaptaciones a las diversas culturas ( 88 ) justamente para mantener la vitalidad de la Tradición.

Mantener viva la Tradición para que la Palabra de Dios llegue a los contemporáneos en forma interpelante y salvífica, requiere de los teólogos, pastores y fieles cristianos un continuo esfuerzo hermenéutico para aggiornar el mensaje con una seria consideración de la Escritura y Tradición en sus contextos vitales y su respectiva reinterpretación también vital para el mundo de hoy.

Así se habla del círculo hermenéutico. E) EJEMPLOS DE RELECTURAS BÍBLICAS Sucesivas reinterpretaciones o desplazamientos de vocablos no solo acontecen en la tradición posbíblica, sino que estaban en el mismo corazón de la Biblia, a medida que se realizaba la progresiva revelación de Dios.

Así, por ejemplo, en el Antiguo Testamento el cumplimiento de una promesa puede convertirse en el punto de partida de otra ( 89 ); las profecías podrán ser reinterpretadas. Podríamos decir que hay una continua relectura de la revelación ya habida. Así la apocalíptica es una literatura de relectura. Y el Nuevo Testamento va a ser también una relectura fundamental del antiguo, que culmina en él.

Para el cristiano solo desde Cristo se lee en plenitud (se quita el velo ( 90 )) el Antiguo Testamento, que es una cierta preparación del nuevo, una gran profecía (en sentido amplio) de este. Pero, a su vez, solo conociendo al antiguo se domina el lenguaje que va a ser reutilizado en el nuevo.

La profecía, aunque sea sombra y tipo, sirve también para aclarar el cumplimiento. Nos dice DV 16: “Dios, por tanto, inspirador y autor de los libros de uno y otro testamento, los dispuso con tal sabiduría que el nuevo estuviera oculto en el viejo y el viejo manifiesto en el nuevo. Porque, si bien Cristo con su sangre fundó una nueva alianza (cf.

Lc 22, 20; 1Co 11, 25), sin embargo, los libros del Antiguo Testamento, asumidos íntegros en el anuncio evangélico, adquieren y muestran en el Nuevo Testamento su significación completa (cf. Mt 5, 17; Lc 24, 27; Rm 16, 25s; 2Co 3, 14-16) y, a su vez, lo iluminan y explican”.

Más de una vez en la historia, la raíz veterotestamentaria ha contribuido a que el cristianismo no derivara en gnosis. La relación del Nuevo Testamento al antiguo, como culminación, como superación y conservación a la vez, es clave para la correcta intelección del cristianismo. Si nos fijamos ahora solo en algunos de los títulos de Jesús, en el Nuevo Testamento, percibiremos desplazamientos que corresponden a condiciones culturales y espirituales de profundización o explicitación de la fe.

Así, por ejemplo, el misterioso y ambiguo `Hijo del hombre’, que rememoraba el personaje de Dn 7 y que usó Jesús, según los evangelios, para autodesignarse, desaparece rápidamente en los otros escritos del Nuevo Testamento, y con el tiempo “Hijo del hombre’ se contrapondrá simplemente a `Hijo de Dios’, al tratar de Cristo ( 91 ).

  • Por el contrario, el título mesiánico de `Hijo de Dios’, al que se refiere el sumo sacerdote en el interrogatorio de la pasión, pasará a significar al Hijo unigénito del Padre, que es preexistente y fue enviado.
  • Y el mismo título `Cristo’, que para un judío significaba mesías (ungido), para muchos oídos griegos pasará a integrar el nombre propio `Jesucristo’.

F) EJEMPLOS DE RELECTURAS DOGMÁTICAS Pasando a la época de los Padres de la Iglesia, época privilegiada y paradigmática de la Tradición, en que se produce la inculturación greco-latina de la revelación, también constatamos en ella desplazamientos en las expresiones de la fe.

Si nos fijamos solamente en la elaboración de las fórmulas dogmáticas, de gran trascendencia salvífica y de mucho influjo en la cultura, que expresan los misterios del Dios trino ( 92 ) y la encarnación ( 93 ), veremos lo difícil de la búsqueda, el tiempo que tomó y la recuperación de fórmulas o vocablos que podrían parecer rechazados en ciertos momentos.

Así, por ejemplo, entre Nicea y Constantinopla I, los Padres Capadocios tienen que reformular la noción de hipóstasis como diferente a la de ousía, contrariamente a la equivalencia de esos dos vocablos en Nicea. Agustín, que traduce la “hipóstasis” griega por “substancia”, dirá que la fórmula trinitaria griega quizás se deba al uso de esa lengua.

  • El hablará de “tres personas”, pero esto para no quedarse callado y por tradición, porque si persona es un absoluto (no un relativo), debería ser una ( 94 ).
  • Pasando ahora a la fórmula de la Encarnación, en Calcedonia se niega el “de dos naturalezas” de Eutiques, para afirmar la persona “en dos naturalezas”, después de la unión.

Sin embargo, una vez consolidada esta interpretación básica, se retomará el “de dos” adjuntándolo a “en dos” ( 95 ). Igualmente se propondrá una lectura ortodoxa para la fórmula de S. Cirilo de Alejandría: “una naturaleza del Logos Dios, encarnada” ( 96 ).

  • Más aún, después de la histórica y lamentable separación de la Iglesia Ortodoxa Copta respecto a la Iglesia Católica, ambas Iglesias acaban de reconocerse mutuamente la fe verdadera bajo expresiones diferentes ( 97 ).
  • Estos ejemplos nos señalan algunas de las búsquedas e insatisfacciones que rodean las fórmulas con que expresamos el misterio en el deficiente lenguaje humano y que es dependiente de las culturas.

G) REVELACIÓN CRISTIANA Y POSIBLES MANIFESTACIONES EN OTRAS RELIGIONES Vista esta presentación sumaria de algunos aspectos de la Tradición viva, terminemos considerando cómo pueda la Revelación en la práctica ser ofrecida a todos los hombres y ser aceptada, con ayuda de la gracia, por los hombres de buena voluntad, cuando estos se encuentran fuera de las fronteras del testimonio y de la predicación cristianos, cuando no están directamente al alcance de la Tradición.

  • Recordemos que la revelación es salvadora y que la fe es condición de salvación ( 98 ).
  • Por otro lado, Dios quiere que todos se salven ( 99 ) y existen masas y culturas en las que no se oye hablar de Cristo.
  • En ese contexto histórico, si la posibilidad de salvación es real, tenemos que aceptar que basta la fe implicada en una real entrega del hombre al `Dios desconocido’ ( 100 ).

Y en esa fe implícita se realiza para esos hombres, a su modo, una cierta revelación (entendiéndola no en el sentido de la revelación cristiana) o manifestación salvadora que culmina en ese acto de fe. Pero además de esto, algunos, como K. Rahner ( 101 ), se preguntan si Dios no habrá `revelado’ (en el sentido recién dicho), para algunos públicos en alguna otra religión, algo de su verdad, en los enormes espacios y tiempos de la historia, dado el corto espacio de tiempo de la revelación “oficial” judeocristiana y de su tradición posterior.

  1. Pero esos como girones de manifestación de Dios, que entonces podríamos tener en otras religiones, oscurecidos por el pecado de los hombres y pueblos, no estarían garantizados por Dios.
  2. Y la forma de discernir la posible verdad revelatoria en ellos sería con la luz del Nuevo Testamento, con el criterio de lo de Cristo Jesús.

H) CONCLUSIÓN La Revelación es, pues, la Palabra de Dios para salvación de los hombres. Está inculturada en el lenguaje humano, lenguaje que aportan las culturas y que es, a su vez, transformado por esta Palabra. Así la Palabra de Dios, revelada e inculturada, guarda una profunda similitud con Jesús, la Palabra del Padre encarnada y también inculturada, en el que culmina toda palabra, toda revelación de Dios ( 102 ).

Él, el revelador, enviado por el Padre ( 103 ), está siempre presente en su Iglesia, de la que es cabeza ( 104 ). Su Espíritu es el maestro interior que nos lleva a toda verdad sobre Él y nos lo actualiza; es el gran agente de inculturación de la revelación. En la Eucaristía, en que Cristo goza de varias presencias ( 105 ), tenemos ambas palabras de Dios: la mesa de la Escritura y la mesa en que Cristo y su sacrificio redentor se hacen verdadera y realmente presentes en misterio ( 106 ).

La primera se ordena a la segunda. Y así como la Eucaristía prolonga la Encarnación de Cristo en extrema kénosis ( 107 ), así también, en cierta manera, la Palabra de Dios (inculturada) es también una encarnación del Dios que se revela, y apunta a la Encarnación de Cristo en el seno de María la Virgen.

  • Solo queda que todo el pueblo de Dios, bajo la guía del Espíritu y siguiendo la auténtica interpretación del Magisterio, reciba siempre inculturadamente la revelación y, dando testimonio, la transmita en forma viva y creativa a otros hombres, generaciones y culturas, para la salvación.
  • Y para descubrir toda la riqueza de la Tradición debemos escuchar atentamente las expresiones del Espíritu en las otras Iglesias cristianas y comunidades eclesiales, debemos convertirnos a la Palabra viviente.

El Dios de la revelación es el Dios de la vida y de la salvación, que tiene un amor especial por los más pobres. RESUMEN El autor nos presenta un ensayo sobre la Tradición. Después de describir el papel de la Escritura y tradición en la transmisión de la revelación, destaca la gran obra del Espíritu al respecto.

La revelación sigue realizándose para el creyente que la acepta en la fe. La revelación siempre es inculturada en la diversas y cambiantes culturas humanas. En ese sentido no hay una revelación pura a la que se pueda simplemente añadir o sacar una cultura determinada. Con todo, en la historia se va como decantando, sedimentando, un núcleo permanente de la revelación, más allá de las expresiones culturales.

Se produce un progresivo enriquecimiento en su comprensión. La armonía sincrónica y diacrónica constituye una gran señal del cauce auténtico de la Tradición. Como la verdad no se agota en las palabras, el autor trae ejemplo de relecturas bíblicas y patrísticas.

Finalmente, se pregunta por posibles manifestaciones “reveladoras” de Dios, al margen de la tradición cristiana. ABSTRACT The article presents an essay on the Tradition. After describing the role of the Scriptures and the Tradition in the transmission of the revelation, the author highlights the great work of the Spirit in this respect.

He claims that the revelation is still in progress for those who accept it with faith. This revelation always appears embedded in the various changing human cultures. In this sense, there is not a pure revelation, to which a certain culture can be simply added to or removed from.

  • However, there is a certain permanent core of the revelation, which seeps into history, as sediments, going beyond cultural manifestations, and providing so a progressive enrichment to its understanding.
  • The synchronic and diachronic harmony makes up the sign of the authentic path of the Tradition.
  • Yet, as the truth can not be exhausted in words, the author presents examples of new biblical and patristic readings, and he finally sets the question of the possible “revealing” manifestations of God, beyond the Christian tradition.

(1) Sb 13, 1-9; Rm1, 19s. Cf. DS 3004; 3026. Véase Hch 17, 27s. (2) Y, como dice el concilio Vaticano I, a esta revelación se le atribuye que el hombre, en la actual condición caída del género humano, pueda conocer con facilidad, firme certidumbre y sin error, a Dios principio y fin de todo, lo que de suyo es cognoscible por la luz natural de la razón humana con certeza (DS 3005; cf.

  • DV 6). ¿Cómo puede el hombre percibir que en unos acontecimientos determinados (hechos y dichos) Dios se le está revelando? Lo percibe por la gracia de la fe y fundamenta esta percepción en signos extraordinarios como milagros, cumplimiento de profecías (cf.
  • DS 3009; 3033s), el mismo prodigioso nacimiento y desarrollo de la Iglesia a través de los siglos (cf.

DS 3013s), la sublimidad de la doctrina, la irradiación de santidad (cf. LG 50) y del amor, la respuesta a las más profundas demandas interiores del hombre, la transformación de su vida, etc. Jn va poniendo en su Evangelio los signos de Jesús para que creamos en él (p.e.

Jn 20, 30s). El gran signo es el mismo Jesús: su vida, doctrina y obra. Su resurrección es la piedra fundamental de nuestra fe. (3) La revelación es una invitación de parte de Dios, una conversación que Él entabla con los hombres como amigos, donde se revela a sí mismo y hace conocer el sacramento de su voluntad (DV 1; cf.

DV 8). (4) Rm 1, 5; 16, 26. Cf. DS 3008s; DV 5. (5) 2Co 5, 17; Ga 6, 15. (6) Ef 2, 18. Cf. DV 2. (7) Cf. DS 3010; DV 5. (8) Cf. Rm 10, 14s. (9) DV 2; 6. (10) Cf.1Co 11, 23s; 15, 1-3. Puede decirse que Tradición es la autotradición de la Palabra de Dios en el Espíritu, mediante el servicio de la Iglesia, para salvación.

Respecto a la tradición en general, nos advierte M. Seckler ( Im Spannungsfeld von Wissenschaft und Kirche, Theologie als schöpferische Auslegung der Wirklichkeit, Freiburg 1980, p.113): “El hombre es un ser de tradición, en lo bueno y en lo malo. Es indiferente cómo uno se coloca ante este hecho: si en él ve más bien lo que lo enriquece y libera, o la amenza de la libertad y de la originalidad mediante el peso del pasado.

Y es indiferente en qué tradiciones, de hecho, esté él, las que él puede afirmar y las que él rechaza. Él está inevitablemente metido en un conjunto de conexiones de tradición, y gana y pierde su vida desde ellas y contra ellas. No es posible una relación unívoca a la tradición.

Ambivalente, como ella misma es, es también nuestra posición respecto a ella”. (11) Cf. LG 35, etc. (12) Porque la palabra `tradición’ viene del verbo latino `tradere’ que significa entregar, poner en las manos de otro, lo que equivale a transmitir. Corresponde al mandato que Cristo, culminación de la revelación de Dios, dio a los apóstoles de predicar a todos el Evangelio, comunicándoles los dones divinos (DV 7).

Respecto a las diversas acepciones de la palabra `tradición’, cf.Y.M.J. Congar, La Tradition et les traditions. II: Essai théologique, Paris 1963, cap.2. Dice este autor ( Ib,, 213): “La Tradición es síntesis: es documento y realidades, dato y vida por el Espíritu, norma objetiva y sujeto viviente.

No la consideraríamos adecuadamente si quisiéramos reducirla a uno solo de sus elementos”. Observa respecto a los textos escritos en general: “lo que en el contenido total de la tradición es texto realiza imperfectamente el carácter propio de la tradición, que consiste en ser una transmisión de persona a persona, por lo que necesita un sujeto viviente” ( Ib,, 67).

(13) La Tradición, de la que aquí hablamos, se distingue de las diversas tradiciones, por muy beneméritas que estas sean, que la vehiculan, encarnan y expresan en las diversas culturas. No nos referiremos al mal uso que hacen ciertos `tradicionalistas’ de la palabra `tradición’.

  1. 14) DV 9.
  2. 15) DV 9. Cf. DV 7.
  3. 16) La Tradición corresponde al Evangelio escrito por el Espíritu en los corazones, encarnado en la vida de la Iglesia.
  4. También podemos decir que la Tradición existe porque la Revelación desborda la Escritura y porque la Escritura siempre necesita actualización, interpretación.
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(17) La predicación apostólica se expresa, de modo especial, en los libros inspirados (DV 8). (18) “El mandato fue cumplido bien fielmente, tanto por parte de los apóstoles que en la predicación oral, ejemplos e instituciones transmitieron aquellas cosas que habían recibido de la boca, trato y obras de Cristo o habían aprendido por sugestión del Espíritu Santo, como por parte de aquellos apóstoles y varones apostólicos que bajo la inspiración del mismo Espíritu Santo pusieron por escrito el anuncio de salvación” (DV 7).

  • 19) DS 1501; DV 9.
  • 20) DV 9.
  • 21) “Por tanto, la sagrada tradición y la Sagrada Escritura están estrechamente trabadas y comunicadas entre sí.
  • Puesto que ambas, por manar del mismo manantial divino, confluyen en cierto modo en uno y tienden al mismo fin” (DV 9). Cf. DV 10. (22) Cf. DV 21.
  • 23) La Escritura, Palabra de Dios inspirada, es la norma.P.

Lengsfeld ( Tradición y Sagrada Escritura: su relación, p.552, en Mysterium Salutis I, 1, Madrid 1969, pp.522-557) se expresa así: “La Escritura es palabra formal de Dios, es palabra de Dios. La tradición, por el contrario, es una palabra que formalmente procede del hombre y contiene la palabra de Dios.

Estas fórmulas expresan la convicción de que la Sagrada Escritura está más próxima a la Palabra original de Dios (el Logos personal) y a la misión del Espíritu”. (24) La Tradición viva es el lugar típico de la inteligencia de la Escritura. Cf. DV 12. Según Congar ( op. cit., 114), “hay muchas cosas que los cristianos comprendieron en los escritos apostólicos o en los testimonios más antiguos, y continúan comprendiéndolos, porque poseen las realidades de las que estos textos hablan”.

Dice este mismo autor: “Si la tradición permite sobre todo conservar la plenitud del depósito apostólico, la Escritura le permite sobre todo conservar su pureza” ( Ib,, 62). (25) Cf. DV 7. La revelación se cumplió en la acogida por la fe apostólica, que pasa a formar parte de la misma revelación.

  1. 26) DV 4.
  2. 27) Esto contribuye a hacerla plenamente humana.
  3. 28) La revelación nos da ojos nuevos para contemplar la realidad actual.
  4. 29) Pablo interpretó el Antiguo Testamento (la Escritura) desde el acontecimiento de Cristo, que es Espíritu (2Co 3, 14-18) (el espíritu se contrapone a la letra), asimismo, en cierto sentido, la Iglesia, desde el Espíritu que la acompaña, vivifica y enseña, desde el Evangelio (Tradición) vivo, va en la historia interpretando la Escritura neotestamentaria (cf.J.

Ratzinger, Ensayo sobre el concepto de tradición, I, 2, 2, en K. Rahner y J. Ratzinger, Revelación y Tradición, Barcelona 1971, pp.27-76). Nos dice el Concilio (UR, 11): “Al comparar las doctrinas, recuerden que existe un orden o `jerarquía’ en las verdades de la doctrina católica, ya que es diverso el enlace de tales verdades con el fundamento de la fe cristiana”.

(30) Afirma Congar: “En el fondo, la Escritura no es sino un testimonio de la Revelación hecha, y un medio puesto por Dios, de la Revelación que quiere hacernos de sí y de su salvación, pero esa Revelación no es plenamente ella misma sino cuando se hace a alguno, cuando es recibida actualmente por un espíritu viviente en el acto de fe, que implica una acción en nosotros del Dios viviente que da testimonio de sí mismo: `Todo aquel que cree tiene en sí el testimonio de Dios’ (1Jn 5, 10)” ( op.

cit., 158). (31) DV 8. (32) Cf UR 4; AA 14; DH 15; PO 9; GS 4; 11. Véase SC 43; GS 44. (33) “Ahora bien, lo que los apóstoles transmitieron comprende todo lo que contribuye a que el pueblo de Dios lleve vida santa y se acreciente la fe; y así la Iglesia, en su doctrina, vida y culto, perpetúa y transmite a todas las generaciones todo lo que ella misma es, todo lo que cree” (DV 8; cf.

  • DV 10). DV 7 habla de la transmisión apostólica por la predicación oral, ejemplos e instituciones.
  • Las riquezas de la Tradición, en tiempo de los Padres, se transfundían a la praxis y vida de la Iglesia creyente y orante (DV 8).
  • La Iglesia siempre es llamada por el Espíritu a una continua purificación para ser así más fiel transmisora de la Palabra viva de Dios.

La Escritura es leída en la Iglesia, pero esta se realiza por su fidelidad a la Palabra. (34) Cf. DV 10. La revelación, como autocomunicación de Dios a los creyentes, implica una Iglesia de comunión. (35) El Nuevo Testamento testimonia la fase constitutiva apostólica de la Tradición.

36) Juan Pablo II nos dice: “Los Padres son igualmente los constructores, porque, sobre la base del único fundamento puesto por los apóstoles, es decir sobre Cristo, ellos han edificado las primeras estructuras de la Iglesia de Dios. En efecto, la Iglesia vive hoy día de la vida recibida de los Padres Ellos han sido, pues, los Padres y lo serán siempre, ellos que son, por así decirlo, una estructura estable de la Iglesia y que en ella realizan, a través de los siglos, una función ininterrumpida.

Es por eso que todo anuncio del Evangelio y todo magisterio posterior, para poder ser auténticos, deben ser confrontados con su anuncio y su magisterio; todo carisma y todo ministerio deben alimentarse de la fuente viva de su paternidad; toda piedra nueva que se agrega al edificio, que crece y se extiende cada día, debe situarse en la estructura que ellos pusieron, y soldarse y unirse a ella” ( Patres Ecclesiae, 1 (2-I-1980), AAS 72 (1980)5s).

  • Por eso desde antiguo se hicieron florilegios de los textos de los Padres, que se utilizaban en los concilios.
  • Por eso también los concilios de Trento y Vaticano I dicen que no es lícito interpretar la Escritura contra el consenso unánime de los Padres (DS 1507; 3007).
  • 37) DV 10.
  • 38) “La universalidad de los fieles que tienen la unción del Santo (cf.1Jn 2, 20 y 27) no puede fallar en el creer, y ejerce esta su peculiar propiedad mediante el sentido sobrenatural de la fe de todo el pueblo, cuando `desde el obispo hasta los últimos fieles laicos’ (Agustín, De praed.

sanct,, 14, 27) manifiesta su asentimiento universal en las cosas de fe y costumbres” ( LG, 12). (39) Hb 8, 6; 9, 15; 12, 24; 1Tm 2, 5. (40) 7, 27; 9, 12.26.28; 10, 10. Cf.1P 3, 18. (41) Cf. Hch 4, 12. (42) Ef 1, 10. (43) SC 7. (44) Mt 28, 20. (45) Rm 8, 34.

Cf. Hb 7, 25. (46) Hb 10, 12s. (47) 1Co 15, 24-28. (48) Rm 8, 15s; Ga 4, 6s. (49) Jn 7, 39; 20, 22; Hch 2, 33; Tt 3, 6. (50) 1Co 15, 45. (51) Hch 2, 17ss.38; 8, 20; 10, 45; 11, 17. (52) 2Co 1, 22; Ga 4, 6. Él es las arras de nuestra herencia y nos abre a la escatología final (Rm 8, 23; 2Co 5, 5; Ga 5, 5; Ef 1, 13s).

(53) Rm 8, 26s; Ga 4, 6. (54) Respecto a la comunión en la Tradición, nos dice 1Jn 1, 3: “Lo que vimos y oímos os anunciamos también a vosotros, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros. Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo, Jesucristo”.

  1. 55) Hch 1, 8.
  2. En Hch, el Espíritu es el gran actor de la misión de la Iglesia.
  3. 56) Jn 14, 17; 15, 26; 16, 13; 1Jn 4, 6; 5, 6. (57) Cf.
  4. Jn 14, 26; 15, 26; 16, 13-15.
  5. 58) 1Co 2, 10ss; Ef 3, 5.
  6. 59) “La Iglesia vive sobre todo en los santos, y también mediante los santos.
  7. Ellos son los portadores de la Tradición con una autoridad superior” (Congar, op.

cit., 206). “Esta Iglesia existe principalmente en los hombres espirituales o, en sentido paulino y agustiniano de la palabra, en los santos. Sancti, es también el título que los Escolásticos dieron a las `autoridades’, es decir a los hombres que, por una revelatio o una inspiratio de Dios, habían recibido el don de la inteligencia o habían penetrado la allegoria del texto sagrado” ( Ib,, 152s).

  1. 60) Mt 5, 3. (61) Cf.
  2. Mt 25, 31-46.
  3. 62) Mucho debe la cultura occidental al cristianismo, entre otras cosas, en su concepción de la dignidad de la persona humana.
  4. 63) DV 8.
  5. 64) 1Co 13, 12. Cf. DV 7.
  6. 65) Cf.S.
  7. Agustín, De civitate Dei, XXII, 30, 5.
  8. 66) Sin mediación de creatura alguna que tenga razón de objeto visto (DS 1000).

(67) Dios revelándose se esconde, y escondiéndose se revela. (68) El testimonio, con que se transmite, implica inculturación. (69) DS 806. (70) Jn 12, 45; 14, 9. (71) Col 1, 15. Cf.2Co 4, 4. (72) 1Jn 4, 8.16. Cf. Rm 5, 8; 8, 32; 1Jn 4, 10. (73) Cf. Jn 16, 33; Ap 3, 21; 5, 5; 17, 14.

74) Rm 8, 2.10; 2Co 3, 6.17 (75) “Las Iglesias jóvenes toman prestado de las costumbres y tradiciones de sus pueblos, de su sabiduría y doctrina, de sus artes y disciplinas, todo aquello que puede servir para confesar la gloria del Creador, para ilustrar la gracia del Salvador y para ordenar debidamente la vida cristiana” (AG 22).

Cf. GS 44; 58. La misma fidelidad a la Tradición, para mantener esta su identidad viva, impone una continua renovación en expresiones, etc., en consonancia con los cambios de la cultura. “Fidelidad a la tradición dice, pues, no ciega fidelidad a las formas del testimonio transmitido, sino viviente y razonable fidelidad a aquello que estas formas debían testimoniar en cuanto sentido y lo que ahora quizás mediante otras formas puede ser mejor representado” (Seckler, op.

  1. Cit., 123).
  2. 76) Fides quaerens intellectum era el título que S.
  3. Anselmo había dado a su Proslogion ( Proslogion, prooem.).
  4. 77) Jn 16, 13. Cf. DS 3016. (78) Cf.
  5. DS 3020; 3043.
  6. 79) Corresponden a la apostolicidad y catolicidad de la Tradición.
  7. 80) En las herejías rompemos, por nuestro pecado, la unidad de la Tradición, distorsionamos la cadena de transmisión y, por tanto, no nos reconocemos unos a otros en la misma fe.

(81) El consenso sincrónico se basa en el diacrónico. (82) El Nuevo Testamento consignó por escrito la tradición apostólica constitutiva. La pregunta por la historia que está detrás.p.e. la pregunta por el Jesús histórico, sirve no solo para entender el sentido del Evangelio sino también para aprender de su forma de inculturación.

Según H.J. Pottmeyer ( Normen, Kriterien und Strukturen der Überlieferung, en Handbuch der Fundamental-Theologie, IV: Theologische Erkennntnis-Lehre, p.144ss., Freiburg 1988, pp.124-152), norma suprema de la fe y del conocimiento teológico es la Palabra de Dios que en Jesucristo tomó carne. Es accesible a nosotros en su perenne novedad mediante los profetas y apóstoles (cuyo testimonio cristalizó en la Escritura), juntamente con el testimonio del mismo Espíritu en los corazones creyentes y en la Iglesia.

La Escritura inspirada es norma normada primaria para la siguiente tradición eclesial, y esta última es norma normada secundaria. Ya la misma Escritura nos enseña cómo hacer hermenéutica. El concilio de Trento hablaba de tradiciones de los apóstoles. A este respecto comenta J.G.

Boeglin ( La question de la Tradition dans la théologie catholique contemporaine, Paris 1998, p.50): ” El Concilio renunció a proponer una lista exhaustiva de tradiciones que había que recibir, pero él definió los criterios, a partir de los cuales se puede efectuar la distinción entre las tradiciones que hay que recibir y las simplemente humanas.

Estos criterios son los siguientes: – estas tradiciones tienen por origen la palabra de Cristo confiada a los apóstoles, o la acción del Espíritu ( dictante Spiritu ): se trata, por tanto, de un origen divino; – estas tradiciones se refieren a la fe y a las costumbres; las tradiciones `ceremoniales’ no son tomadas en cuenta; – estas tradiciones son transmitidas por los apóstoles a las generaciones siguientes y son conservadas en la Iglesia según un proceso de `sucesión ininterrumpida’; – estas tradiciones son `no escritas’: más tarde se precisará que ellas no figuran en los escritos inspirados, pero que pueden figurar en los escritos no inspirados”.

(83) “Con ese sentido de la fe que el Espíritu de la verdad suscita y sostiene, el pueblo de Dios, bajo la conducción del sagrado magisterio, al que se somete fielmente, recibe no ya la palabra de los hombres, sino la verdadera palabra de Dios (cf.1Ts 2, 13); se adhiere indefectiblemente a la fe dada de una vez para siempre a los santos (cf.

Jud 3), penetra más profundamente en ella con juicio recto y la aplica con mayor plenitud en la vida” ( LG, 12). (84) Summa Theologiae, II II, 1, 2, ad 2. (85) Núm.170. Esta párrafo comienza diciendo: “No creemos en las fórmulas, sino en las realidades que estas expresan y que la fe nos permite `tocar'”.

(86) Así, a través de los siglos, recitamos el mismo Credo del concilio de Constantinopla I. (87) Lugar privilegiado de la actualización de la Palabra. La liturgia es una epifanía de la Tradición. “La liturgia es el lugar privilegiado en el que se conserva y se comunica la Tradición: ya que es la primera de las cosas que se hacen en la Iglesia y con mucho la principal.

Es, en efecto, la celebración activa y operante del misterio cristiano. Y así como celebra y contiene íntegramente el misterio, transmite todo lo esencial de lo que debe transmitirse” (Congar, op. cit., 117; cf. Ib,, 191). (88) Cf. GS 44 y 62. (89) Entre otras, la posesión de la tierra prometida se expandirá a la espera del mesías davídico (el mismo mesianismo se desplazará); la antigua alianza se pondrá a la espera de la nueva y del profeta que ha de venir; el día de Yahweh pasará de salvación a juicio temible para Israel, y posteriormente a escatología.

90) 2Co 3, 14-16. (91) P.e. Ireneo, Adv Haer, III, 16, 3; III, 19, 1, etc. (92) Tres hipóstasis o personas de una misma substancia o naturaleza (en torno al Constantinopolitano I en el 381). (93) Una persona en dos naturalezas sin mezcla y sin división (Calcedonia en el 451). (94) Cf. De Trinitate, V, 8 (10), 43-49 (10), 11, CChL 50, p.216s; VII, 6 (10s), 1-33, CChL 50, p.261s.

Actualmente el concepto de persona, en nuestra cultura moderna, ha integrado la subjetividad perfilándose como un centro de autoconciencia y libertad, lo que podría impulsar a pensar la Trinidad en un sentido triteísta. (95) Cf. DS 506; 543; 548; 557, etc.

(96) Cf DS 429; 505. (97) Así reza la Declaración de la Comisión Conjunta (Viena, 26 a 29 de agosto de 1976): “Cuando los ortodoxos confiesan que la divinidad y humanidad de Nuestro Señor se unieron en una naturaleza, ellos de ninguna manera entienden por naturaleza una naturaleza simple, sino más bien una única naturaleza compuesta, en la que la divinidad y humanidad están unidas en forma inseparable y sin mezcla”, etc (cf.A.

Grillmeier, Jesus der Christus im Glauben der Kirche, II, 1, p.378 n, 4). Algo parecido ha sucedido con la Iglesia Asiriana de Oriente. Véase, a este respecto, la Declaración cristológica común en L’Osservatore Romano del 12 de Nov. de 1994. (98) Cf. DS 3012.

99) 1Tm 2, 4. Cf. DV 3. (100) “Pues los que inculpablemente desconocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, y buscan con sinceridad a Dios, y se esfuerzan bajo el influjo de la gracia en cumplir, en las obras, su voluntad, conocida por el dictamen de la conciencia, pueden conseguir la salvación eterna.

La divina Providencia no niega los auxilios necesarios para la salvación a los que sin culpa por su parte no llegaron todavía a un claro conocimiento de Dios y, sin embargo, se esfuerzan, no sin la gracia divina, en conseguir una vida recta” (LG 16).

  • Cf. GS 22.
  • 101) Grundkurs des Glaubens.
  • Einführung in den Begriff des Christentums, 12a ed., Freiburg 1982, pp.157-177; 303-312.
  • 102) “Las palabras de Dios, en efecto, expresadas en lenguas humanas, se han hecho semejantes al lenguaje humano, como un día el Verbo del eterno Padre, al asumir la carne de la humana debilidad, se hizo semejante a los hombres” (DV 13).

Cristo, a su vez, es dicho en la Escritura y Tradición mediante palabras y acciones. (103) El Evangelio de Jn destaca a Jesús como revelador y enviado del Padre. (104) Cf. Ef 1, 22; 4, 15; 5, 23; Col 1, 18; 2, 19. (105) Presencia de Cristo en sus ministros, presencia en la Palabra de Dios proclamada, en la comunidad reunida, en las especies consagradas (cf.

¿Quién es Jesús y quién es Jehová?

(A-2) Jehová, o sea, Jesucristo, es el Dios del Antiguo Testamento – Aunque para muchos parezca una paradoja, el Jehová del Antiguo Testamento no es nada menos que el Hijo de Dios, Jesucristo. El creó el mundo con la autoridad que le dio el Padre y bajo Su guía.

Más adelante Jehová vino a la tierra como el Salvador y el Redentor del mundo. Esta doctrina es una de las menos comprendidas en la historia de la humanidad, a pesar de que en el Antiguo Testamento y en las otras Escrituras se encuentran muchas referencias que pueden comprobarla. Antes de ir a las Escrituras, sería buena idea examinar los nombres y títulos que se aplican a Dios el Padre y a su Unigénito.

Por lo general, dos palabras del idioma hebreo se usan para nombrar a Dios en todo el Antiguo Testamento. Estas son Elohím y Jehová, Puesto que el hebreo original escribía palabras sin vocales, los eruditos no se han puesto de acuerdo en cuanto a la pronunciación original del hombre que se escribe YHWH en hebreo.

En las revelaciones modernas, sin embargo, Jesucristo aceptó el título de Jehová (véase D. y C.110:3). Jehová era el nombre o el título que se le daba en la preexistencia al Primogénito de Dios. Ahora se le llama Jesucristo. El significado del nombre Jehová fue explicado por el élder Talmage: “Jehová es la forma castellanizada del vocablo hebreo Yahveh o Jahveh, que significa El que Existe por Sí mismo o El Eterno,

El hebreo, Ehyeh, que significa Yo Soy, se relaciona por significado y derivación con el término Yahve o Jehová,” ( Jesús el Cristo, pág.37.) Para los judíos Jehová era un nombre inefable que no había de ser pronunciado; lo reemplazaron con otro nombre, el cual aunque sagrado no les era prohibido decir, a saber, Adonaí, que significa el Señor,

Jesús el Cristo, pág.38.) La palabra Elohím es la forma plural de la palabra Dios del idioma hebreo, pero a pesar de ello, los eruditos en la materia concuerdan que debe tomarse como un nombre en singular a pesar de que la terminación im indica el plural. El profeta José Smith, sin embargo, explica su punto de vista de la siguiente manera: “Si leemos más adelante, hallamos esto: ‘El principal de los Dioses dijo: Hagamos al hombre a nuestra imagen’.

En una ocasión pregunté a un judío erudito: ‘Si el idioma hebreo nos obliga a dar interpretación plural a todas las palabras que terminan en heim, ¿por qué no interpretar el primer Eloheim en plural’? (Nota del traductor: Hay ciertas variaciones en la forma de escribir la palabra Elohím.) Me contestó: ‘Esa es la regla, salvo en contadas excepciones; pero en este caso echaría a perder la Biblia’.

Admitió que yo tenía razón. “Desde su principio la Biblia muestra que hay una pluralidad de Dioses, y nadie tiene el poder para refutarlo. Es un tema importantísimo que estoy tratando. La palabra Eloheim debería entenderse en la acepción plural: DiosesLos principales de los Dioses nos señalaron un Dios; y cuando uno considera el tema desde ese punto de vista, queda uno libre para percibir toda la belleza, santidad y perfección de los Dioses.” ( Enseñanzas del Profeta José Smith, 462-463.) El élder James E.

Talmage amplía este concepto con su opinión oficial: “El nombre Elohím es un término expresivo de exaltación y poder supremos o absolutos. Elohím, como lo entiende y lo emplea la Iglesia restaurada de Jesucristo, es la combinación de nombre y título que corresponde al Padre Eterno, cuyo Hijo Primogénito en el espíritu es Jehová, el Unigénito en la carne, Jesucristo.” ( Jesús el Cristo, pág.38-39.) Es importantísimo recordar el lugar que le corresponde a Dios, el Padre: El es el Padre de nuestro espíritu (véase Hebreos 12:9) y es nuestro Dios.

  1. El hecho de que existan otros Dioses no le resta importancia.
  2. El es el autor del plan de salvación.
  3. Es esencial que también recordemos que El administra los asuntos relacionados con esta tierra por medio de su Primogénito, o sea, Jehová del Antiguo Testamento.
  4. El delegó a Jesucristo la autoridad que necesitaba para organizar y gobernar la tierra, y, a través de la Expiación, Jesucristo llegó a ser el Padre de los hombres fieles.

El Salvador, por lo tanto, llegó a ser también el mayor defensor del plan de su Padre. Debido a que Jesucristo tiene los mismos propósitos que su Padre, y a que es también un Dios, los profetas del Antiguo Testamento a veces se referían a El con las palabras “Jehová Elohím” y que fueron traducidas al castellano como “Jehová Dios”.

  1. Esta frase en hebreo no se usa mucho a partir del capítulo tercero de Génesis; más adelante se encuentra la expresión “Adonai Jehová”, que está traducida como “Señor Jehová” (véase Génesis 15:2, 8; Deuteronomio 3:24).
  2. Otro de sus títulos necesita ser explicado.
  3. La palabra Cristo viene del griego christos, que quiere decir “el ungido”.

Los griegos usaron la palabra Christos para traducir del hebreo la palabra meshiach, que quiere decir lo mismo. La palabra hebrea ahora se ha castellanizado y se dice mesías, Por lo tanto, Jesucristo quiere decir “Jesús, el Mesías”.

¿Dónde está tu Dios en la Biblia?

10 Con quebranto en mis huesos, mis enemigos me afrentan,diciéndome cada día: ¿ Dónde está tu Dios? 11 ¿Por qué a te abates, oh alma mía,y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios, porque aún he de alabarle,¡ mi salvación y mi Dios!

¿Cómo fue la vida de Jesús resumen?

​​ Según la opinión mayoritariamente aceptada en medios académicos, basada en una lectura crítica de los textos sobre su persona, Jesús de Nazaret fue un predicador judío​ que vivió a comienzos del siglo I en las regiones de Galilea y Judea, y fue crucificado en Jerusalén en torno al año 30, bajo el gobierno de Poncio

¿Cuáles fueron algunas de las enseñanzas de Jesús?

Dentro de las enseñanzas de Jesucristo encontramos el plan para nuestra felicidad, redención y salvación. Este modelo divino incluye la fe en Cristo, el arrepentimiento, el bautismo, guardar los mandamientos de Dios, recibir el Espíritu Santo y perseverar hasta el fin.

¿Qué situaciones ocurrieron durante la infancia de Jesús?

Según Mateo, vivían en Belén, pero cuando Jesús nació hubo una persecución de parte de Herodes debido a la cual tuvieron que huir a Egipto; cuando regresaban a Belén se enteraron de que había muerto Herodes y de que reinaba en su lugar su hijo Arquelao, por lo que ellos, temiendo que el hijo tuviera las mismas