Que Es La Mentira Segun La Biblia?

Que Es La Mentira Segun La Biblia
MENTIRA v. Engaño, Falso Exo 23:7 palabra de m te alejarás, y no matarás 1Ki 22:22; 2Ch 18:21 seré espíritu de m en boca Job 6:28 y ved si digo m delante de vosotros 13:4 manifestación contraria a la verdad, cuyo fin es el engaño. Con este término se designa en las Escrituras desde el simple embuste hasta el fraude y la falsedad.

Se puede caer en la m. mediante la palabra o de obra.M. es cultar una verdad mediante respuestas evasivas, como la de Caí­n cuando Yahvéh le preguntó por su hermano Abel: †œNo sé. ¿Soy yo acaso el guarda de mi hermano?†, Gn 4, 9. Se pueden decir verdades a medias, que constituyen mentiras, puesto que se dicen con el propósito de engañar, como cuando Abraham presentó a su mujer como hermana ante Abimelec, Gn 20, 2 y 12.

Guardar silencio, como Judas Iscariote, quien no se dio por aludido cuando el Señor, en la última cena, se refirió a él indirectamente como el que lo traicionarí­a y lo entregarí­a, Jn 13, 21-30. Los í­dolos y la idolatrí­a en general son llamados en las Escritura m.

  1. Am 2, 4; Mi 2, 11.
  2. En el N.T. la m.
  3. Aparece como el medio de que se sirve el demonio †œpadre de la mentira†, para engañar, Jn 8, 44. La m.
  4. Contraria a la verdad está unida al mal, Rm 1, 25; 2 Ts 2, 9-12.
  5. En Hch 5, 1-11, se refiere un fraude, el de Ananí­as y su mujer, de quienes el apóstol Pedro dice que Satanás se apoderó de sus corazones, pues pretendieron engañar a los apóstoles por codicia, y que fueron terriblemente castigados.

El apóstol Pablo, hablando de la nueva vida en Cristo, exhorta a los fieles cristianos: †œPor tanto, desechando la m., decid la verdad unos a otros, pues somos miembros unos de otros†, Ef 4, 25; Col 3, 9.

  • Diccionario Bí­blico Digital, Grupo C Service & Design Ltda., Colombia, 2003
  • Fuente: Diccionario Bíblico Digital
  • (decir lo contrario de lo que uno piensa, o tiene en mente).
  • – No mentir, es el 8 mandamiento de la Ley de Dios, Exo 20:16.
  • – Prohibida y aborrecible a Dios, Lev 19:11, Pro 6:16-19, Col 13:9, Pro 12:22.

– Satanás es el padre de la mentira, y nos induce a ella, Jua 8:44, 1 R.22:22 – Excluye del Cielo, Rev 21:27, Rev 22:15. – Senal de apostasí­a, 2Te 2:9, 1Ti 4:2. – Jesús es la verdad, Jua 1:14, Jua 1:16, Jua 14:6. Diccionario Bí­blico Cristiano Dr.J. Dominguez

  1. http://biblia.com/diccionario/
  2. Fuente: Diccionario Bíblico Cristiano
  3. tip, LEYE

vet, Prohibida en la Palabra de Dios (Ex.23:7) y aborrecida por el justo (Pr.13:5); se anuncia castigo sobre el que la practica (Pr.19:5, 9). El convertido a Cristo se aparta de su antigua forma de vivir y, andando en novedad de vida, debe desechar la mentira y hablar la verdad (Ef.4:25; cfr.

  1. Mt.5:33-37).
  2. La mentira por antonomasia es la negación y oposición a Cristo, negando el testimonio de Dios (1 Jn.2:22; 5:10).
  3. El origen de la mentira está en Satanás (Jn.8:44), que presentó una falsa imagen de Dios a Eva, empujando a la primera pareja a la muerte (Gn.3:1-6).
  4. Los hombres se pueden mentir a sí­ mismos (Stg.1:22), confundiendo los propios deseos con la realidad; pueden mentirse entre sí­ (Lv.19:11); pueden mentir a Dios (Hch.5:3, 4), aunque desde luego no puedan engañarlo.

La mentira es aborrecida por Dios porque destruye la recta comprensión de la realidad (“andamos en tinieblas”, cfr.1 Jn.1:6), con lo que el hombre se desví­a del verdadero conocimiento y comunión con Dios. La mentira destruye la confianza entre los hombres, oscurece el entendimiento, y lleva a la destrucción eterna (Ap.21:7; 22:15).

Dios no miente ni puede mentir (Nm.23:19), no cabiendo ni pudiendo caber en El por cuanto El es la realidad primera y última y absoluta contra la que atenta toda mentira (cfr.1 S.15:29; Tit.1:2; He.6:18). Por su parte, Jesús, Dios mismo manifestado en carne, es la misma “verdad”, la verdad acerca de Dios, y la verdad de lo que Dios querí­a que fuera el hombre, el cúmulo de todas las perfecciones (cfr.

Jn.14:6). Por ello, aquel que tiene comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo, exclama de corazón: “la mentira aborrezco y abomino; tu ley amo” (Sal.119:163). Fuente: Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado Ocultación voluntaria de la verdad ante aquel que tiene derecho a conocerla.

  • Pedro Chico González, Diccionario de Catequesis y Pedagogí­a Religiosa, Editorial Bruño, Lima, Perú 2006
  • Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagogía Religiosa
  • (v. verdad)
  • (ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelización, BAC, Madrid, 1998)
  • Fuente: Diccionario de Evangelización

La mentira es la negación de la ver-dad; la mentira no puede ser de la verdad (1 Jn 2,21). La mentira nace del Diablo, que es su padre. Cuando el Diablo dice mentira, está hablando de su propio ser, nos está manifestando su propia esencia, pues posee una naturaleza mentirosa (Jn 8,44).

Vivir en la verdad es estar con Dios y con los hombres (Jn 3,21; 14,6; 18,37), y vivir en la mentira es ponerse a espaldas de Dios y de los hombres, ser del Diablo (Jn 8,44).E.M.N. FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jesús de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001 Fuente: Diccionario de Jesús de Nazaret TEOLOGíA MORAL SUMARIO Premisa.I.

La negatividad ética de la mentira: 1. Perspectiva antropológica; 2. Perspectiva bí­blico-teológica; 3. Perspectiva histórica. II. El caso de conflicto; 1. A modo de ejemplo; 2. Intentos de solución; 3. Observaciones crí­ticas; 4. La solución dialéctica. III. Dimensión colectiva y pública de la mentira.

  1. Premisa En la conciencia de los valores constitutivos de la persona y de la comunidad, el sujeto ético reconoce y afirma la verdad como bien originario, decisivo e imprescindible.
  2. La verdad significa para la libertad un pluralismo de tareas y compromisos, sintetizables y unificables en el deber ético y en la virtud moral de la veracidad.

Esta es la disposición permanente y dinámica de la libertad hacia lo verdadero, lo cual implica permeabilidad, respeto, demostración; en una palabra, fidelidad a la verdad. Por eso mismo rechaza el pacto con la falsedad, excluye toda doblez, repudia el engaño; es decir, rechaza la “mentira” como antí­tesis y contradicción de sí­ mismo.

La mentira toma forma en la palabra. No sólo en la palabra simplemente hablada, sino expresada en cualquier tipo de manifestación por el ser humano. Donde lo que se manifiesta no es signo efectivo, sino distorsionante y desviado de lo verdadero, existe una mentira, que asume la forma del engaño, de la ficción o de la hipocresí­a.I.

La negatividad ética de la mentira La veracidad consiente el dinamismo creador de la verdad en la persona y en la sociedad; la mentira interfiere en él, impidiéndolo o descomponiéndolo con sentido negativo. La mentira no representa, de ninguna manera, una posibilidad, sino una mistificación que la conciencia humana y cristiana estigmatiza y prohí­be como un mal y un vicio: “No mientas”.1.

PERSPECTIVA ANTROPOLí”GICA. El hombre vive una í­ntima tendencia a la verdad. Una vez alcanzada, reconocida, no lo deja indiferente.-es decir, libre para adherirse o nó a ella-,,sino que crea por sí­ misma una fidelidad. Reconocimiento de la verdad y fidelidad a la verdad forman una unidad, éticamente indisociable.

La mentira interviene en esta unidad rompiéndola; es infidelidad a la verdad, su desconocimiento ético, El hombre es fiel a la verdad en la “palabra según verdad” que él pronuncia para si mismo y para los demás. Ante todo para sí­ mismo, porque es la primera relación, la relación interior consigo mismo.

  1. Por esto la primera mentira es la simulación o disimulación de la verdad a sí­ mismo, según un proceso de “acomodación” más o menos reflejo de la verdad, que se encuentra.
  2. En el origen de tantos engaños que el hombre no consigue ya o no es capaz nunca de confesarse a sí­ mismo.
  3. Por eso toda mentira es siempre un “autoengaño” que disocia a la persona en sí­ misma.

Esta no está ya confirmada y reconciliada por la verdad, sino alienada por la imagen que tiende a acreditar de sí­ y de la realidad. La mentira, además, atenta contra el significado propio de la palabra de ser signo manifestativo del pensamiento interior.

Ninguna interioridad es transparente por sí­ misma, sino por la mediación simbólica del lenguaje. Este tiene como finalidad intrí­nseca ser vehí­culo del pensamiento. La mentira interfiere en esta finalidad, expropiando al lenguaje de su propia e intrí­nseca función de signo e instrumentalizándolo para fines que le son extraños.

En ella la palabra no está al servicio de la verdad, sino del interés. La mentira, finalmente, traiciona la confianza y la promesa que toda palabra-signo significa para el otro, con efectos socialmente destructores. Toda comunidad y sociedad procede del encuentro libre de personas que se comunican, abriéndose mutuamente en la verdad del propio pensamiento.

  • La palabra, pronunciada o expresada de cualquier manera, es un acto de mutua confianza, instauradora de relaciones humanas.
  • Comunicar es dar fe a la palabra.
  • Toda mentira atenta contra este crédito de la palabra.
  • Viola la promesa que toda palabra significa para el destinatario, lo induce a error, desviándolo para placer propio e hiriéndole en su dignidad de persona.

Toda mentira es un abuso de confianza, que aleja a las personas y alienta la ruptura de los ví­nculos sociales. La mentira engaña al otro, con consecuencias socialmente envilecedoras, contagiosas e involutivas. “Envilecedoras”: el otro -sobre todo el más pequeño, el más indefenso- sufre inconscientemente el engaño, y de esa manera es manipulado y condicionado.

“Contagiosas”: el otro, descubierto el engaño, simula o se enmascara a su vez, respondiendo a la falsedad con la falsedad. “Involutivas”: desvelado el embrollo o el engaño, el otro sufre una decepción, se recluye en sí­ mismo, desconfí­a de la sociedad. En todo caso y en cualquier forma que se exprese, la mentira atenta contra la comunidad humana, convirtiéndose en factor de desunión.2.

PERSPECTIVA BíBLICO-TEOLí”GICA. Criatura y compañero, dentro de la alianza; de un Dios que en sí­ mismo es émeth, verdad que se manifiesta en el don del amor creador y liberador, el hombre es constituido en la verdad y llamado a una fidelidad de lealtad que no tolera doblez alguna: “Los labios mentirosos los abomina el Señor, que se complace en cuantos actúan con sinceridad” (Pro 12:22).

De ahí­ la exigencia prescriptiva de la ley: “No mintáis, no os engañéis unos a otros” (Lev 19:11; cf Exo 23:7; Sir 7:13-14), apoyada en la oración: “Aleja de mí­ la falsedad y la mentira” (Pro 30:8). Este ser de la verdad y en la verdad de Dios se realiza de un modo supremo en la personificación en un hombre nuevo en Cristo, “creado según Dios en la justicia y en la santidad de la verdad” (Efe 4:24).

Por lo cual la incompatibilidad entre mentira y vida cristiana es reflejo operativo de la contraposición ontológica entre hombre viejo y hombre nuevo: “No os engañéis mutuamente, ya que os habéis despojado del hombre viejo y os habéis revestido del hombre nuevo” (Col 3:9-10).

  1. De la razón “personalista” se ha derivado la “ecleslal”: “Por eso, apartaos de la mentira; decid cada uno la verdad al prójimo, para que seamos miembros los unos de los otros” (Efe 4:25).
  2. El ví­nculo que une a los miembros entre sí­ haciendo de ellos “un solo cuerpo en Cristo” es una “caridad sin ficción” (cf Rom 12:4-9).

En esta oposición consciente y activa a la mentira, el cristiano se inspira en el ejemplo de lealtad perfecta de Cristo, que reprueba y desenmascara toda falsedad e hipocresí­a (cf Mat 23:27-28). Y tiene la conciencia de la fe: así­ como el que dice y atestigua la verdad es de Dios (cf 1Jn 3:9.19; Jua 18:37) y participa de la herencia de la gloria de Cristo (cf Apo 14:15), del mismo modo el que miente y finge está en la órbita de atracción y acción del maligno, por sí­ mismo “mentiroso y padre de la mentira” (cf Jua 8:44) y está fuera del reino de Dios (cf Apo 21:27; Apo 22:15).

  • En la teologí­a de Juan mentira, tinieblas y muerte se implican mutuamente en su oposición a verdad, luz y vida.
  • La veracidad sustrae del poder maléfico y mortal de la mentira, abriendo la posibilidad de la luz y de la vida que aporta la verdad.3.
  • PERSPECTIVA HISTí”RICA.
  • La doctrina tradicional considera la mentira como “lenguaje contrario al propio pensamiento, con voluntad de engañar”.

Para que exista una mentira en sentido ético-formal, la oposición debe ser con el propio pensamiento (con la verdad interior), no con la realidad o con los hechos (con la verdad objetiva). Por lo tanto, una afirmación conforme con el propio pensamiento pero contraria a la realidad no es formalmente una mentira; el que afirma se equivoca, no miente.

  1. E, inversamente, una afirmación contraria al propio pensamiento, pero conforme con la realidad es formalmente una mentira; quien afirma miente, aunque, sin querer, diga materialmente la verdad.
  2. En la definición de la mentira entra también la voluntad de engaño: “La mentira es una comunicación (significado) falsa,unida a la intención de engañar” (SAN AGUSTIN, Contra mendacium, 26: PL 40,537).

Pero, precisa santo Tomás, la intención de engañar (voluntas fallendi) entra como elemento no esencial en cuanto “pertenece a la perfección, y no a la esencia de la mentira”. De forma que ésta queda ya calificada moralmente por la falsedad formal, es decir, por la simple voluntad de decir lo que es falso, de expresar algo contrario al propio pensamiento (cf S.

Th., II-II, q.110, a.1). De ahí­ la concepción común de la mentira como “locutio contra mentem”. Por razón de la diversidad de motivación, a partir de santo Tomás (cf ib, a.2) se ha distinguido la mentira en: “jocosa”, dicha por diversión; para muchos no se trata de una mentira propiamente, porque por el contexto resulta evidente que no se quiere afirmar lo que se dice, sino divertir simplemente; “oficiosa”, dicha por necesidad: para evitar un mal o procurar un bien; “perniciosa”, dicha para hacer daño a alguien.

En torno a las reflexiones de san Agustí­n y de santo Tomás se ha agrupado la doctrina tradicional sobre la intrí­nseca inmoralidad de la mentira; según ella, la mentira es siempre un mal que hay que evitar, porque por sí­ misma se opone a la verdad, contradice la finalidad propia de la palabra, destruye la convivencia social y está condenada en la Sagrada Escritura.

  • Esta doctrina es apoyada por la mayor parte de los Padres y de los teólogos y caracteriza de forma clara y continua la tradición eclesial, aunque no existe una definición del magisterio.
  • Fuera del ámbito teológicoeclesial ha tenido algunos eminentes defensores, como Cicerón en la antigüedad y Kant en la época moderna.

A lo largo de esta tradición se ha constituido una tendencia minoritaria que trata de legitimar la mentira en los casos en que decir la verdad puede traer graves consecuencias a alguien. Entre los Padres: Clemente de Alejandrí­a, Orí­genes, san. Juan Crisóstomo, san Hilario, Casiano.

El mismo san Agustí­n experimentó vivamente estos casos: “La cuestión de la mentira -escribe- es difí­cil y frecuentemente nos angustia en nuestra actividad cotidiana” (De mendacio 1, 1: PL 40,487). Entre los teólogos medievales: Guillermo de Auxerre, Alejandro de Hales y san Buenaventura. Con el advenimiento de la era moderna, que ha desarrollado la atención al sujeto y a las relaciones sociales, se ha abierto camino otra concepción de la mentira como “rechazo de la verdad debida”.

La atención se traslada aquí­ de la relación palabra-pensamiento a la relación palabra-destinatario; la esencia de la mentira se determina subjetivamente, ya no objetivamente, por el derecho del interlocutor a la verdad. Con la disminución de tal derecho la mentira se harí­a lí­cita.

  • En este caso ya no existirí­a formalmente una mentira, sino un “falsiloquio”; una mentira en sentido sólo material o psicológico, no ético-formal.
  • Esta teorí­a, que se remonta al calvinista H.
  • Grozio (1583-1645) y se desarrolló en el ámbito protestante y jurí­dico, ha comenzado a encontrar consenso recientemente también entre los católicos.

II. El caso de conflicto Hay dos datos que emergen sin duda ninguna del análisis histórico: la tradición mayoritaria en favor de la intrí­nseca malicia de la mentira y el reconocimiento de casos particulares en los que decir la verdad se convierte en daño para alguien.

  • El primer dato expresa la negatividad ética de la mentira “a nivel objetivo” como traición de la doble fidelidad que se debe a la veracidad: la fidelidad a la verdad, según la cual es inmoral falsificar lo verdadero, y la fidelidad a la caridad, según la cual es inmoral engañar al prójimo.
  • El segundo dato refleja el conflicto-discordia, que puede establecerse a “nivel subjetivo”, entre la exigencia de no engañar diciendo lo falso y la de no hacer daño diciendo lo verdadero.1.

A MODO DE EJEMPLO. En caso de conflicto, una primera posibilidad, con frecuencia obligada, es el silencio, Pero se dan situaciones en las que es imposible evadirse y callar no resuelve, cuando no agrava. Parecerí­a justo hablar simulando o disimulando la verdad.

Son casos que afectan “a la persona misma a la que se habla”, como el ejemplo del drogodependiente o del alcohólico que pregunta con vehemencia a los padres si hay dinero en casa; el ejemplo del enfermo afectado por un mal incurable o bajo un fuerte shock, no preparado todaví­a para conocer la verdad cruda; el ejemplo del director que obligado por el descubrimiento de un explosivo o por un conato de incendio a hacer evacuar el teatro sin provocar pánico ni salidas tumultuosas con peligro, alega otro motivo.

Otros casos afectan “a las personas de las cuales nos vemos forzados a hablar”, como el ejemplo del inocente que se refugia en casa de un amigo para esconderse de las amenazas de un injusto agresor, el cual pregunta si el buscado está con él; o también el ejemplo del prepotente que interroga sobre algún secreto ajeno.

  • La persona de la que se está obligado a hablar puede ser el mismo que está siendo interrogado, como en el caso de preguntas indiscretas o impúdicas sobre uno mismo.
  • Se trata de casos evidentemente graves y serios; en ellos hay siempre en juego un bien inalienable de la persona, en ningún caso la comodidad o el provecho de alguien.

En casos de este tipo también santo Tomás, que sostuvo que “no es lí­cito decir mentiras por alejar un peligro cualquiera de una persona”, citando a san Agustí­n afirma que “es lí­cito esconder prudentemente la verdad con alguna excusa” (S. Th., Il-II, q.110, a.3, ad 4).

  1. Expresión muy vaga, pero reveladora de la discordia profundamente sentida y del deseo de encontrarle remedio.2.
  2. INTENTOS DE SOLUCIí”N.
  3. Para hacer frente al conflicto se han propuesto dos tipos de solución: el primero gira en torno al planteamiento deontológico, que defiende la intrí­nseca malicia de la mentira; el segundo a partir del planteamiento teleológico, que une su malicia al fin buscado.

En el primer caso se ha afirmado la teorí­a de la “restricción mental” o “anfibolia”, consistente en una expresión o palabra ambivalente, susceptible de ser entendida en su exacto sentido por quien la pronuncia y en otro sentido, al menos así­ se espera, por quien la escucha.

Para obviar que la restricción de significado esté toda y sólo en lo interior de quien habla, se ha distinguido una “restricción mental estricta” (“restrictio stricte mentalis’~, que puede ser entendida sólo por quien la formula y no por quien la escucha: ésta la Iglesia la ha condenado como un abuso, por decreto de Inocencio XI en el año 1679 (DS 1176ss); y una “restricción mental lata” (“restrictio late mentalis”), que surge, en cambio, del tono de las palabras y expresiones utilizadas y/o del contexto en que son pronunciadas y escuchadas.

En el segundo caso encontramos la teorí­a del “falsiloquio”, según la cual toda expresión contraria al pensamiento, con la intención de hacer prevalecer un fin sobre la verdad, no es objetivamente una mentira, sino simple falsiloquio. De la lógica del falsiloquio toma su influencia la teorí­a del derecho a la verdad, en cuyo contexto se ha desarrollado originariamente.

En los casos mencionados, el otro no tendrí­a o habrí­a perdido el derecho a la verdad.3. OBSERVACIONES CRITICAS. La teorí­a de la restricción mental no está libre de sospechas y dificultades. Muchos autores, incluso en el catolicismo (cf L. GODEFROY, 567), demuestran que entre restricción mental y mentira de hecho no existe diferencia; lo que es decisivo en la mentira no es la palabra interior, en el significado que quien la pronuncia le reconoce, sino la palabra exterior, en el significado en que el interlocutor la percibe, que es el falso, tal como efectivamente se esperaba.

Incluso en el caso de que la teorí­a sea intachable, no está al alcance de todos, sobre todo de los más simples y menos expertos en el manejo del lenguaje y en aprovecharse de la ambigüedad de las palabras y expresiones. Además está el hecho de que en manos de los más hábiles se presta fácilmente al abuso; la misma separación entre restricción mental lata y estricta no es una cosa clara y simple, ni sus lí­mites están bien definidos, por lo cual se les puede desplazar fácilmente.

  • Una misma expresión, en un mismo caso, es propuesta por un autor como ejemplo de restricción mental lata (cf K.H.
  • PESCHKE, Etica cristiana 781-782), y por otro como ejemplo de restricción mental estricta, y por lo tanto como una bonita y piadosa mentira (cf A.
  • GÚNTHÜR, 452-453); y se trata de especialistas.

Además la restricción mental no consigue su objetivo en el caso de personas avisadas y hábiles en captar y desenmascarar reservas mentales y lenguajes velados, dando lugar así­ a desconfianzas, sospechas y desilusiones. Por estos motivos la teorí­a de la restricción mental no goza, sobre todo actualmente, de una acogida favorable; es poco creí­ble; sirve de subterfugio y expediente a los más elocuentes, que encuentran en ella la fácil justificación de las propias mentiras, y no protege a los más simples, que se encuentran expuestos a decir mentiras sin más.

  1. No es entendida como una propuesta formativa de promoción ética de las conciencias, sino como un medio ingenioso de salvaguardia práctica del principio en que se fundamenta.
  2. De hecho no ha contribuido a la prevención de la mentira, ya que, incluso en el terreno de su divulgación, proliferan con plena tranquilidad de conciencia.

El rigor que posee a nivel teóretico-formal no se corresponde con una conciencia análoga a nivel práctico-concreto; aquí­ se produce una inflación ética, que es la mentira fácil sin remordimiento. ¿Se debe entonces renunciar a la malicia intrí­nseca de la mentira y valorarla sólo en función de los bienes y males que entran en juego en algunas ocasiones? ¿Dejará de ser un mal en sí­ misma para convertirse en la traición de un derecho que puede darse o no darse? ¿Se puede, por esto, cambiar su naturaleza objetiva, de mentira o falsiloquio, cada vez que se persiga algún bien considerado superior a la verdad? Por una parte, no se ve cómo se puede desconocer la malicia, definida en sí­ misma, de la palabra infiel a la verdad; la fidelidad de la palabra al pensamiento, espejo de la verdad de lo real, es un bien por sí­ mismo que la mentira traiciona.

Si algo es falso, permanece tal siempre, aún con las mejores intenciones. La tradición teológico-moral se habrí­a equivocado no poco al declarar esta primera y decisiva malicia. Por otra parte, deducir la naturaleza de la mentira sólo de la traición a otra persona, y además determinarla por el derecho del interlocutor a la verdad, parece muy unilateral y minimiza la importancia ética de la mentira.

Se declara indiferente el fines operis como fuente de moralidad, reduciendo ésta al finis operantis: a la intención subjetiva de engañar y de desconocer el derecho de otro. “Todas las teorí­as que parten únicamente del derecho del interlocutor descuidan el hecho de que es una caracterí­stica de las leyes especí­ficas del lenguaje el estar ordenadas a la comunicación.

  • Y por lo tanto, el lenguaje está ordenado a la comunicación no sólo subjetiva, sino objetivamente.
  • De ahí­ que la obligación de la veracidad venga determinada a partir del deber de quien habla, y no en primer lugar del derecho de quien escucha” (W.
  • MOLINSKI, 627).4.
  • LA SOLUCIí”N DIALECTICA.
  • No se da un conflicto de deberes a nivel objetivo; a este nivel verdad y caridad se implican y se integran creativamente.

La discordia-contraste se establece siempre y sólo a nivel subjetivo, a nivel situacional. La solución debe ser, pues, de tipo dialéctico entre las exigencias de la norma, que no puede desconocer la objetiva inmoralidad de la mentira, y las de la situación, que no puede abandonar al sujeto a la angustia y a la arbitrariedad.

Indicativo e iluminador de esta mediación dialéctica es la orientación paulina: “Hacer la verdad en la caridad” (Efe 4:15). Lo que la conciencia diga, movida e informada por el ví­nculo perfeccionador de la caridad (cf Col 3:14), será la palabra con la que resolver la situación conflictiva. Podrá ser una palabra no conforme al pensamiento, y por tanto objetivamente falsa, pero subjetivamente tolerable.

Esto significa que las circunstancias particulares y la intención subjetiva que inducen a decir una palabra contraria al pensamiento, aunque no pueden cambiar la cualidad ética de la mentira y ésta permanece objetivamente siendo lo que es, pueden, sin embargo, hacerla menos culpable, inculpable y subjetivamente defendible (cf CONGREGACIí”N DEL CLERO, Caso Washington, 26 de abril de 1971).

No hay caridad sin verdad; la caridad “se complace en la verdad” (1Co 13:6) y huye de la mentira (cf Rom 12:9; 1Co 6:6). Ni tampoco se da verdad sin caridad; la verdad no engaña. Pero ni siquiera es indiferente, irrespetuosa, impúdica; no es nunca injusta, delatora, traidora o disgregadora. Está dentro de la sintoní­a de la caridad, con valor propio en situaciones normales y decisiva en situaciones conflictivas.

Es la caridad que en la palabra se hace piedad hacia el enfermo no todaví­a dispuesto y preparado para conocer la cruda realidad; defensa del débil frente al arrogante y el opresor; discreción y pudor con el inoportuno y el imprudente; prudencia benévola con quien no esté en condiciones de recibir el “hecho”.

  • La mentira que “la veracidad” de la caridad tolera sigue siendo en sí­ misma una palabra contraria al pensamiento y engañosa para el otro: la caridad no puede cambiarle su naturaleza objetiva.
  • Pero la dice en la longitud de onda del amor que debe promover la vida, la justicia, el respeto, la comunión, cuando la situación se vuelve conflictiva, tensa, de contrastes.

La existencia humana está llena de situaciones de éstas. No es posible cerrar los ojos y arrojarse a un objetivismo ingenuo e irreal. Pero no se puede caer tampoco en la simpleza de no querer llamar mentira a una mentira. De esta manera escapamos tanto a la intransigencia de una deontologí­a que no tiene en cuenta la singularidad de la situación como de la subjetividad de una teleologí­a que devalúa el significado objetivo de la acción.

  • Que vuestra caridad -exhorta el apóstol- se enriquezca cada vez más en el conocimiento y en todo tipo de discernimiento para que podáis elegir lo mejor” (Col 3:14).
  • Lo “mejor” que elige en cada situación la caridad rica en conocimiento y discernimiento, fruto de la acción iluminadora del Espí­ritu en la conciencia, es la palabra que permanece en la órbita creadora de la caridad.

De ahí­ la tarea de liberar a la caridad de cualquier interés larvado y condescendiente y de llenarla de amor de Dios, que de la inteligencia, sabidurí­a y consejo de su Espí­ritu irradia nuestra caridad. Si la dialéctica mediadora de la caridad trata de superar con serenidad y confianza la situación conflictiva, no deja espacio alguno para dudar y relativizar la verdad.

  1. Porque la caridad no se reconcilia con la mentira y no concede reposo hasta que no está en la verdad.
  2. La caridad no admite ninguna componenda ni interés, ningún oportunismo o acomodo.
  3. En la medida en que se infiltra un mí­nimo de egoí­smo, yo no estoy “haciendo” la verdad: soy un mentiroso. III.
  4. Dimensión colectiva y pública de la mentira La mentira, aunque dicha o en todo caso expresada por un individuo, posee también una dimensión colectiva y pública, que en nuestro tiempo se va ampliando en proporción directa a la intensificación y extensión de las comunicaciones sociales.

Esta dimensión está fundamentalmente ligada al ejercicio y a la incidencia del l poder en todas sus formas. Por sí­ misma, la comunicación se ejerce como servicio a la verdad y en beneficio de la sociedad. Pero existe la tentación de centrarse en sí­ mismo, vehiculando una visión interesada, y por lo mismo adulterada, de la verdad, que en sí­ misma es una mentira.

Una primera perspectiva para ver esta adulteración de la verdad es la relativa al poder de la palabra pública que, preocupada por crear consenso y por lo tanto por persuadir (l Comunicación social 11, 2), puede estar dictada más por lo verosí­mil que por lo verdadero, en cuyo caso la palabra -la técnica oratoria, propagandí­stica o publicitaria – tiene el riesgo de no apoyar a la verdad.

Cuando la retórica o el sofisma, ejercitados de cualquier modo y en cualquier ámbito, se convierten en técnicas valoradas en sí­ mismas, con independencia de la verdad o incluso contra ella, pertenecen al mundo de la mentira; son una ficción que “da el poder de disponer de las palabras al margen de las cosas y de disponer de los hombres por el uso de las palabras” (P.

RICOEUR, La métaphore vive, 15). No se discute el criterio de la verosimilitud. Pero cuando éste se impone sobre la verdad y prescinde de ella, está dominado por el espí­ritu de la mentira que pervierte la búsqueda de la verdad. Hoy este riesgo es potencialmente mayor: por una parte, por la necesidad de asegurarse el voto y, por lo tanto, de cuidar la imagen; por otra, por las tecno-estructuras de producción y estandarización de los mensajes en un sistema de comunicación no a medida de las personas, sino al servicio de la industria y el comercio.

Por ello la tentación de manipulación de la verdad es más fuerte y rentable. Una segunda perspectiva, puesta en evidencia por P. Ricoeur, es la de la apropiación autoritaria y uniforme de la palabra veraz. Es la pretensión del poder, en todas sus expresiones, de poseer la verdad y acreditarla verazmente a todos.

Es una presunción que se apoya en la tendencia a la unidad de lo que es verdadero y que caracteriza a la búsqueda humana de la verdad, en contraposición al proceso inverso de diferenciación y pluralismo de lo verdadero. El poder se presenta como autoridad totalizadora en formas cada vez más exclusivas, monopolistas, totalitarias y dominadoras hasta acallar y doblegar cualquier voz y expresión distinta.

No se discute aquí­ la función unificadora y coordinadora de la autoridad, puesto que es competencia suya irrenunciable, sino el ceder a las “pasiones del poder”, lo que induce ala unidad violenta y totalizadora de la verdad. Esta es “la mentira inicial” o simplemente “la mentira de la verdad” (P.

  1. RICOEUR, Verité et mensonge, 177): Porque la ataca precisamente en su principio, allí­ donde la verdad “se hace” y la persona y la comunidad son constituidas en la verdad.
  2. En ella toma cuerpo el espí­ritu de la mentira, que contamina y pervierte la búsqueda de la verdad en su fundamental exigencia de unidad: “Ese es el paso falso de lo total a lo totalitario” (ib 191).

No afecta a la verdad conocida, sino a la verdad por conocer, que él condiciona según la voluntad totalizadora del poder. Como tal, es anterior a todas las mentiras y la fuente de donde brotan y proliferan. Toda conciencia amante de la verdad está llamada a una doble tarea de vigilancia y de denuncia crí­tica.

  1. La conciencia cristiana vislumbra allí­ el poder perverso de la “bestia”, denunciado por el Apocalipsis, que el “fiel” y “veraz” desenmascara como mentira, seducción y engaño, y lo vence liberando al hombre de su yugo y de sus pasiones.
  2. Para la libertad nos ha liberado Cristo” (Gál 5:1).
  3. Es la libertad de la verdad que libera (cf Jua 8:32) y que pone en guardia al cristiano frente a cualquier cesión activa o pasiva a la mentira.

Esta libertad denuncia como irreconciliable con la fe todo poder que adultere la verdad y todo sometimiento condescendiente con él. No somos solamente responsables de la palabra contraria al pensamiento, sino de todo poder de la palabra que no sirve a la verdad para una mayor comunión en la comunidad, sino que se busca a sí­ misma para dominar sobre la sociedad.

BIBL.: AA. V V., La verdad y sus ví­ctimas, en “Con” 220 (1988) 346-507; AA.VV., Verité et mensonge dares la domaine de la santé, en “Le Supplément” 117 (1976) 131-198; AA.VV., Autour du mensonge, en “Le Supplément” 139 (1981) 473-578; Bnscou J.R., El niño y la mentira, Herder, Barcelona 1977; BRAGME E., ¿Por qué debemos enseñar a nuestros hijos a no mentir?~ en “Revista Católica Internacional” 9 (1987) 339-507; BRUNEC M., Mendacium, intrinsece malum, sed non absolute, en “Sln” 26 (1964) 608682; CHIAVACCI E., Principi di morale sociale, Dehoniane, Roma 1971; DEL VECCHIO G., La veritá nella morale e nel diritto, Studium, Roma 1952; GATTI G., 1 contenutti mora/i della catechesi II, Ldc, Turí­n 1986; GEETS C., Verité el mensonge dans la relation au malade, en “RTL” 65 (1985) 119-120; GODEFROY L., Mensonge, en DthC X/ 1, 555-569; GUNTHER W., BECKER V.

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See also:  Que Significa Soñar Que Alguien Te Rechaza?

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  • Generalmente implica decir algo falso a alguien que tiene el derecho de saber la verdad con la intención de engañar o perjudicar a esa persona o a otra.
  • La mentira no tiene por qué ser siempre algo que se dice; también se puede mentir por la manera de actuar, es decir, una persona puede estar viviendo una mentira.

El verbo hebreo que transmite la idea de decir lo que no es verí­dico es ka·záv. (Pr 14:5.) Otro verbo hebreo, scha·qár, significa †œobrar o tratar con falsedad†, y la forma sustantiva se traduce †œmentira; engaño; falsedad†. (Le 19:11; Sl 44:17; Le 19:12; Sl 33:17; Isa 57:4.) El término hebreo schaw´, que a veces se traduce †œfalsedad†, se refiere básicamente a algo que es inútil, vano, sin valor.

Sl 12:2; Dt 5:20; Sl 60:11; 89:47; Zac 10:2.) El significado primario del verbo hebreo ka·jásch (engañar) es †œresultar desilusionador†. (Le 19:11; Os 9:2.) El término griego pséu·dos y otros de la misma familia están relacionados con la mentira y la falsedad. El padre u originador de la mentira es Satanás el Diablo.

(Jn 8:44.) Su mentira, transmitida por medio de una serpiente a Eva, la primera mujer, resultó finalmente en la muerte tanto de ella como de su esposo Adán. (Gé 3:1-5, 16-19.) Aquella primera mentira nació de un deseo egoí­sta e incorrecto. Su propósito era desviar el amor y la obediencia de la primera pareja humana hacia el mentiroso, que se hizo pasar por un †œángel de luz† o un benefactor.

Compárese con 2Co 11:14.) Todas las demás mentiras maliciosas que se han pronunciado desde entonces han sido también la expresión de un deseo egoí­sta e incorrecto. Se miente para escapar de un castigo merecido, beneficiarse a expensas de otros o conseguir o mantener ciertas ventajas, recompensas materiales o la alabanza de los hombres.

Las mentiras religiosas han sido especialmente graves, pues han puesto en peligro la vida futura de los engañados. Jesucristo dijo: †œÂ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos, hipócritas!, porque atraviesan mar y tierra seca para hacer un solo prosélito, y cuando este llega a serlo, lo hacen merecedor del Gehena dos veces más que ustedes†.

(Mt 23:15.) El cambiar la verdad de Dios por †œla mentira† y la falsedad de la idolatrí­a puede hacer que una persona realice prácticas degradantes y viles. (Ro 1:24-32.) El caso de los lí­deres religiosos del judaí­smo en el tiempo del ministerio terrestre de Jesús muestra lo que puede suceder si se abandona la verdad.

Ellos tramaron la ejecución de Jesús. Luego, cuando se le resucitó, sobornaron a los soldados que habí­an guardado la tumba para que ocultaran la verdad y propagaran una mentira sobre la desaparición del cuerpo de Jesús. (Mt 12:14; 27:1, 2, 62-65; 28:11-15; Mr 14:1; Lu 20:19.) Jehová Dios no puede mentir (Nú 23:19; Heb 6:13-18) y odia una †œlengua falsa†.

  • Pr 6:16-19.) La ley que dio a los israelitas exigí­a que se hiciera compensación por los daños que resultaban del engaño o de la mentira maliciosa.
  • Le 6:2-7; 19:11, 12.) Además, si una persona daba falso testimonio, tení­a que recibir el mismo castigo que deseaba infligir a otro por medio de sus mentiras.

(Dt 19:15-21.) El punto de vista de Dios en cuanto a la mentira maliciosa que se reflejaba en la Ley no ha cambiado. Los que desean conseguir su aprobación no pueden practicar la mentira. (Sl 5:6; Pr 20:19; Col 3:9, 10; 1Ti 3:11; Rev 21:8, 27; 22:15.) Tampoco pueden vivir una mentira, como en el caso de los que alegan amar a Dios mientras que al mismo tiempo odian a su hermano.

(1Jn 4:20, 21.) Ananí­as y su esposa perdieron la vida por mentir y tratar de burlar al espí­ritu santo. (Hch 5:1-11.) No obstante, la persona que en un momento dado se ve impulsada a decir una mentira no se hace culpable automáticamente de un pecado imperdonable. El caso de Pedro, que negó a Jesús tres veces, ilustra que Dios perdona a la persona que se arrepiente de corazón.

(Mt 26:69-75.) El que en la Biblia se condene claramente la mentira maliciosa no significa que una persona esté obligada a divulgar información verí­dica a quien no tenga derecho a conocerla. Jesucristo aconsejó: †œNo den lo santo a los perros, ni tiren sus perlas delante de los cerdos, para que nunca las huellen bajo los pies, y, volviéndose, los despedacen a ustedes†.

  1. Mt 7:6.) Por esta razón en ciertas ocasiones Jesús se abstuvo de dar información completa o respuestas directas a ciertas preguntas, pues ese proceder podrí­a haber causado dificultades innecesarias.
  2. Mt 15:1-6; 21:23-27; Jn 7:3-10.) El comportamiento de Abrahán, Isaac, Rahab y Eliseo al informar erróneamente u ocultar parte de los hechos a quienes no eran adoradores de Jehová tuvo esa misma motivación.

(Gé 12:10-19; cap.20; 26:1-10; Jos 2:1-6; Snt 2:25; 2Re 6:11-23.) Jehová permite que se produzca una †œoperación de error† en aquellas personas que prefieren la falsedad, a fin de que †œlleguen a creer la mentira† y no las buenas nuevas acerca de Jesucristo.

  • 2Te 2:9-12.) Un ejemplo de este principio es lo que sucedió hace siglos en el caso del rey israelita Acab.
  • Unos profetas mentirosos le aseguraron a Acab que vencerí­a en la batalla contra Ramot-galaad, mientras que Micaya, el profeta de Jehová, predijo calamidad.
  • Como se le reveló en visión a Micaya, Jehová permitió que una criatura celestial actuara como un †˜espí­ritu engañoso en la boca de los profetas†™ de Acab, es decir: esta criatura celestial influyó sobre ellos para que no hablaran la verdad, sino lo que ellos mismos deseaban decir y Acab deseaba oí­r.

Aunque recibió advertencia, Acab prefirió que le engañaran, y eso le costó la vida. (1Re 22:1-38; 2Cr 18.) Fuente: Diccionario de la Biblia /Decálogo II, 8.1.4 Fuente: Diccionario Católico de Teología Bíblica El empleo bí­blico de la palabra mentira recubre dos sentidos diferentes, según que se trate de las relaciones del hombre con su prójimo o de sus relaciones con Dios.I.

  • MENTIRA EN LAS RELACIONES CON EL PRí”JIMO.1. En el AT.
  • La prohibición de la mentira en la ley atiende en los orí­genes a un contexto social preciso: el del falso testimonio en los procesos (decálogo: Ex 20,16 y Dt 5,20; reiterado en Ex 23,1ss.6ss; Dt 19,16-21 ; Lev 19,11); esta mentira, dicha bajo juramento, es además una profanación del *nombre de Dios (Lev 19,12).

Este sentido restringido subsiste en la enseñanza moral de los profetas y de los sabios (Prov 12,17; Zac 8,17). Pero el pecado de mentira se entiende también en forma mucho más amplia: es el dolo, el engaño, el desacuerdo entre el pensamiento y la *lengua (Os 4,2; 7,1; Jer 9,7; Nah 3,1).

A todo esto tiene horror Yahveh (Prov 12,22), al que no se puede engañar (Job 13,9); así­ el mentiroso va a su pérdida (Sal 5,7; Prov 12,19; Eclo 20,25). Incluso Jacob, el astuto que captó la bendición paterna, fue a su vez engañado por su suegro Labán (Gén 29, 15-30).2. En el NT formula Jesús la obligación de una lealtad total: “Sea vuestro lenguaje: sí­, sí­; no, no” (Mt 5,37; Sant 5,12), y Pablo hace de ello su regla de conducta (2Cor 1,17s).

Así­ vemos reiteradas las enseñanzas del AT, aunque con una motivación más profunda: “No mintáis ya unos a otros; os habéis despojado del hombre viejo y revestido del* hombre nuevo” (Col 3,9s); “Decí­os la verdad, pues somos miembros los unos de los otros” (Ef 4,25).

  1. La mentira serí­a una vuelta a la naturaleza pervertida; irí­a contra nuestra solidaridad en Cristo.
  2. Se comprende que, según los Hechos, Ananí­as y Safira al mentir a Pedro mintieran en realidad al Espí­ritu Santo (Act 5,1-11); la perspectiva de las relaciones sociales queda desbordada cuando entra en juego_ la comunidad cristiana.I.

MENTIRA EN LAS RELACIONES CON Dios.1. Desconocimiento del verdadero Dios. Yahveh es el *Dios de verdad. Desconocerlo volviéndose a los *í­dolos engañosos es la mentira por excelencia, no la de los *labios, sino la de la vida. Los autores sagrados denuncian a porfí­a esta impostura, asaeteando con coplas satí­ricas (Jer 10,1-16; Is 44,9-20; Sal 115,5ss), anécdotas burlonas (Dan 14), epitafios infamantes: nada (Jer 10,8), horror (4,1), vanidad (2,5), impotencia (2,11) A sus ojos, toda conversión supone primero que se confiese el carácter mentiroso de los í­dolos a que se habí­a servido (16,19).

Así­ lo entiende también Pablo cuando intima a los paganos que se aparten de los í­dolos de mentira (Rom 1,25) para *servir al Dios vivo y verdadero (lTes 1,9).2. Pecado de mentira y vida religiosa. a) El AT conoce también una manera más sutil de desconocer al verdadero Dios: consiste en aclimatar en la propia vida el hábito de la mentira.

Tal es la manera de proceder de los *impí­os, enemigos del hombre de bien: son astutos (Eclo 5,14), que sólo tienen la mentira en la boca (Sal 59,13; Eclo 51,2; Jer 9,2); se refugian en la mentira (Os 10,13), se aferran a ella hasta negarse a convertirse (Jer 8,5), y hasta sus aparentes conversiones son mentirosas (3,10).

  • Es inútil abrigar ilusiones acerca del hombre abandonado a sí­ mismo; es espontáneamente mentiroso (Sal 116,11).
  • Por el contrario, el verdadero fiel proscribe de su vida la mentira para estar en comunión con el Dios de verdad (Sal 15,2ss; 26,4s).
  • Así­ hará en los últimos tiempos el *siervo de Yahveh (ls 53,9), así­ como el humilde *resto que Dios dejará entonces a su pueblo (Sof 3,13).

b) El NT halla este ideal realizado en Cristo (1Pe 2,22). Por eso la renuncia a toda mentira es una exigencia primaria de la vida cristiana (IPe 2,1). Con esto se ha de entender no sólo la mentira de los labios, sino la que está incluida en todos los vicios (Ap 21,8): ésta no la han conocido jamás los elegidos, compañeros de Cristo (14,5).

Muy especialmente merece el nombre de mentiroso el que desconoce la *verdad divina revelada en Jesús: el *anticristo, que niega que Jesús sea Cristo (Un 2,22). En él la mentira no es ya de orden moral, es religiosa por esencia, al igual que la de la idolatrí­a.3. Los fautores de mentira. a) Ahora bien, para precipitar a los hombres en este universo mentiroso que se yergue delante de Dios en un gesto de desafí­o, existen guí­as engañosos en todas las épocas.

El AT conoce *profetas de mentira, de los que Dios se rí­e en ocasiones (1Re 22,19-23), pero que más a menudo son denunciados por los verdaderos profetas en términos severos: así­ por Jeremí­as (5,31; 23,9-40; 28,15s; 29, 31s), Ezequiel (13) y Zacarí­as (13,3).

  • En lugar de la *palabra de Dios aportan al pueblo mensajes adulterados.
  • B) En el NT también Jesús denuncia a los guí­as ciegos del pueblo judí­o (Mt 23,16).
  • Estos *hipócritas que se niegan a creer en él, son mentirosos Un 8,55).
  • Preludian a los otros mentirosos que surgirán en todos los siglos para retraer a los hombres del Evangelio: anticristos (Un 2,18-28), falsos apóstoles (Ap 2,2), falsos profetas (Mt 7,15), falsos mesí­as (Mt 24,24; cf.2Tes 2,9), falsos doctores (2Tim 4,3s; 2Pe 2,1ss, cf.

ITim 4,1s), sin contar a los judí­os que impiden la predicación del Evangelio (ITes 2,14ss) y a los falsos hermanos, enemigos del verdadero Evangelio (Gál 2,4) Son otros tantos fautores de mentira con que deben enfrentarse los cristianos, como lo hací­a Pablo en el caso del mago Elimas (Act I3,8ss).

  • III. SATíN, PADRE DE MENTIRA.
  • Así­ se divide el mundo en dos campos: el del bien y el del mal, el de la verdad y el de la mentira, en el doble sentido moral y religioso.
  • El primero es concretamente el de Dios.
  • El segundo tiene también su jefe: *Satán, la antigua serpiente que seduce al mundo entero (Ap 12,9) desde el dí­a en que sedujo a Eva (Gén 3,13) y, separándola del árbol de vida, fue “homicida desde el principio” (Jn 8,44).

El es el que induce a Ananí­as y a Safira a mentir al Espí­ritu Santo (Act 5,3), y el mago Elimas es “*hijo” suyo (Act 13,10). De él dependen los judí­os incrédulos que se niegan a creer en Jesús: son hijos del diablo, mentiroso y padre de mentira (Jn 8,41-44); así­ quieren matar a Jesús, porque “les ha dicho la *verdad” (Jn 8,40).

El es quien suscita a los falsos doctores, enemigos de la verdad evangélica (ITim 4,2); él, quien para guerrear contra los cristianos (Ap 12,17), da sus poderes a la *bestia del mar, el imperio “totalitario”, con la boca llena de blasfemias (13,1-8); y la bestia de la tierra que maneja a los falsos profetas para engañar a los hombres y hacerle adorar al í­dolo mentiroso, depende también de él (13,11-17).

El eje del mundo pasa entre estos dos campos, e importa que los cristianos no se dejen seducir por los ardides del diablo hasta el punto de corromperse su fe (2Cor 11,3). Para permanecer en la verdad deben, pues, orar a Dios que los libre del maligno (Mt 6,13).

  1. -> Error – Hipócrita – ídolos – Impí­o – Lengua – Labios – Palabra humana – Satán – Simple – Verdad.
  2. LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teologí­a Bí­blica, Herder, Barcelona, 2001
  3. Fuente: Vocabulario de las Epístolas Paulinas

El hebreo usa varias palabras para la mentira, las más comunes son kāzāḇ y šeqer, La idea básica es engaño o vacuidad; lo que se representa bien en el NT por pseudos, La mentira es ante todo un mensaje falso o engañador de Dios o acerca de él (Jer.14:14; Ez.13:9; Ro.1:25).

Tiene su propio atractivo (Sal.62:4) y crea una seguridad falsa (Is.28:15); pero su único resultado es crear error y desilusión (Jer.23:32), minar las normas morales (Ro.1:26ss.), traer disolución cuando se descubre su falacia (Is.28:17); y se incurre en el juicio de Dios, quien no puede mentir (1 S.15:29; Tit.1:2) y delante de quien ninguna mentira puede permanecer (Hch.5:3s.).

También puede haber mentira en las relaciones del hombre con el hombre, como se tipifica en el AT por el falso testigo (Pr.6:19). La ley prohíbe la mentira (Ex.20:16; Lv.19:11), y pertenece a la vida antigua que debe ser desechada por el creyente (Col.3:9).

  • Es un poderoso aliado de pecados más horrendos (2 S.11:6ss.; 1 R.21:10), y se le advierte al mentiroso que no escapará (Pr.19:5, 9).
  • Si hay o no ocasiones para estratagemas inocentes o necesarias (cf.1 S.16:2s.) es un tema muy discutido por la casuística.
  • Pero la mentira como tal es obviamente odiosa al Dios de verdad, y no habrá lugar para ninguna forma de engaño, pretensión o hipocresía en la santa Jerusalén (Ap.21:27; 22:15).

William Kelly Harrison, E.F., Bromiley, G.W., & Henry, C.F.H. (2006). Diccionario de Teología (386). Grand Rapids, MI: Libros Desafío. Fuente: Diccionario de Teología : MENTIRA

¿Qué significa la mentira en la Biblia?

La palabra hebrea emet designa, a la vez, verdad, coherencia de vida y fidelidad y, en este sentido, en la Biblia, la mentira no se refiere primeramente a una voluntad de no describir con exactitud unos hechos, sino a la actitud de una persona que no inspira confianza.

¿Cuál es el pecado de la mentira?

La mentira es reprobable porque es un pecado, porque lleva al deshonor, porque es una traición a la libertad de sí mismo o porque es una violación a la libertad y al derecho del otro. Nuestro propósito es entonces responder a las preguntas: ¿Con qué argumentos se han obligado los hombres a la veracidad?

¿Cómo explicar que es la mentira?

LA VERDAD Y LA MENTIRA – Psicología ACADEMIA MEXICANA DE PSIQUIATRÍA Y PSICOANÁLISIS CONSEJO DOCTORAL Y ÉTICA Trabajo valorado académicamente.28 de Julio de 2021 “LA VERDAD Y LA MENTIRA” (009675) Autor: Don Francisco del Cueto y Dondé Doctor Honoris Causa Académico de número Catedrático, investigador y escritor.

  • LA VERDAD Y LA MENTIRA
  • Investigación, recopilación, selección, diseño, redacción, edición y revisión académica de la AMSS.
  • Por Francisco del Cueto y Dondé
  • “Si es posible hacer que alguien crea como cierto algo que no lo es, entonces es posible que ciertas verdades, cuyo recuerdo me amenaza, no son ciertas.”

* Significado de la verdad * Que es la verdad? * Que significa la mentira? * Por que miente un ser humano? * Consecuencias emocionales de la mentira. * Características de la mentira. * Reacción del que miente cuando es descubierto culpable? * Mentiras afectan la relación de pareja.

  • Consecuencias emocionales a la pareja.
  • Los mentirosos nunca cambian.
  • Deontología y la verdad.
  • Sinceridad y sincericidio.
  • Nobleza y cobardía.
  • Por Francisco del Cueto y Dondé * Significado de la verdad.
  • El uso de la palabra verdad abarca asimismo la honestidad, la buena fe y la sinceridad humana en general; el acuerdo de los conocimientos con las cosas que se afirman como realidades: los hechos o la cosa en particular y, finalmente, la relación de los hechos o las cosas en su totalidad en la constitución del Todo, el Universo.

* Definición de la verdad La verdad es la coincidencia entre una afirmación y los hechos, o la realidad a la que dicha afirmación se refiere o la fidelidad a una idea. El término se usa en un sentido técnico en diversos campos como la ciencia, la lógica, las matemáticas y la filosofía.

  • La verdad en psicoanálisis Hay que decir que la verdad puede no ser ni bella ni buena, sino tal vez dolorosa y fea.
  • La verdad no es la exactitud, como en las Ciencias Exactas, es la verdad de una subjetividad, de una singularidad, por eso no es medible ni calculable, sino algo que se construye.
  • La verdad según Freud.

En ese sentido, la verdad es una relación de referencia que aparece imposibilitada a la conciencia, por el mismo funcionamiento psíquico2. Esta línea argumental de Freud se podría emparentar a la sostenida por los griegos: la verdad * Lacan sobre la verdad.

  • Dice Lacan: «No puede hacerse ninguna referencia a la verdad sin indicar que únicamente es accesible a un medio decir, que no puede decirse por completo, porque más allá de esa mitad no hay nada que decir» La verdad sólo puede medio decirse.
  • La verdad para Foucault.
  • La verdad para Foucault se entiende en dos niveles: por un lado, implica el efecto político que involucra la correspondencia, aceptación o validez de tal o cual enunciado; y por otro lado, la producción de determinados mecanismos que sirven para poner en práctica esos enunciados.

El conducto analítico de Foucault permitió descubrir la profunda relación existente entre el poder y el saber, sustrayendo del saber su presupuesto de neutralidad. * La verdad según Wikipedia. La verdad es la coincidencia entre una afirmación y los hechos, o la realidad a la que dicha afirmación se refiere o la fidelidad a una idea.

  • El término se usa en un sentido técnico en diversos campos como la ciencia, la lógica, las matemáticas y la filosofía.
  • Las cosas son verdaderas cuando son «fiables», fieles porque cumplen lo que ofrecen.
  • La verdad es la coincidencia entre una afirmación y los hechos, o la realidad a la que dicha afirmación se refiere o la fidelidad a una idea.

Si existen las revelaciones o la verdad puede alcanzarse tan solo mediante la experiencia, el entendimiento y la razón. Si la verdad es subjetiva u objetiva. * Qué es la verdad para mí Paquito, así como cuál es la fórmula. La verdad es la correspondencia entre lo que intuimos o sabemos con la realidad.

En este sentido, la verdad supone la concordancia entre aquello que afirmamos con lo que se sabe, se siente o se piensa. De allí que el concepto de verdad, también abarque valores como la honestidad, la sinceridad y la franqueza. ¿Quedó claro? * La fórmula de la mentira. Si es posible hacer que alguien crea como cierto algo que no lo es, entonces es posible que ciertas verdades, cuyo recuerdo me amenaza, no son ciertas”.

Algunos estudiosos han seguido esta línea y piensan que las mentiras están motivadas por fantasías inconscientes que generan vergüenza y culpa, y por el miedo a que éstas sean descubiertas. ️ “Mentir es una medida económica, busca reprimir un impuso sexual inconsciente y percibido como peligroso.” Freud”donde la mentira tiene como base un deseo incestuoso por el padre”.️ * Cuál es el significado de la mentira? Una mentira es una declaración realizada por alguien que sabe, cree o sospecha que es falsa en todo o en parte, esperando que los oyentes le crean, de forma que se oculte la realidad o la verdad en forma parcial o total.

* Por qué un ser humano miente? La mentira en el caso de los mentirosos patológicos es un acto inconsciente por adicción a mentir. Mentir en frecuencia es un síntoma de varias enfermedades mentales. Por ejemplo, las personas que sufren de trastorno de personalidad antisocial, psicópatas narcisistas, utilizan las mentiras sencillamente porque necesitan afecto.

* La mentira como metáfora. Vi que varios autores como Otto Fenichel pensaron en la mentira como una forma de negar y esconder partes desagradables del mundo interno, e involucrar al mundo externo para que las crean. En su libro “La sombra del objeto”, Christopher Bollas profundiza sobre la relación entre las mentiras y el mundo interno y expone que “la mentira del mentiroso es una expresión de su realidad psíquica”, y por lo tanto es en cierta forma una verdad.

Se pregunta: “Es indudable que (el mentiroso) ha mentido acerca de lo que ocurrió en la realidad, pero ¿mintió acerca de su realidad psíquica?” * Consecuencias emocionales de la mentira, para mi Paquito. La consecuencia más directa que surge de la mentira es el daño emocional que hacemos a la persona que mentimos.

Ésta, se siente engañada y traicionada lo que le hace tener sentimientos negativos asociados a sensaciones dolorosas. Genera tristeza, amargura, desolación y pena. Directo a la conciencia y el alma, mentir es de cobardes. * Características de la mentira, según Paquito.

La mentira es faltar a la verdad, es ser deshonesto, es decir lo que no se piensa, es expresar sentimientos que no se tienen, es crear vanas ilusiones, es ofrecer impresiones falsas, es ser infiel a nosotros mismos y a nuestros allegados, es temer a las consecuencias de la sinceridad, es engañar y, sobre todo, fallar a la lealtad y confianza de a quienes mintieron.

* Reacción de la persona que miente cuando es culpable. Cuando nos sentimos culpables, a menudo atacamos a los demás con el humor ya que lo utilizamos como un arma para desplazar nuestros sentimientos, intentando que la otra persona se sienta culpable.

  1. Por eso, en muchos casos la tendencia a culpabilizar a los demás esconde una culpa interior no reconocida.
  2. Es natural en psicópatas narcisistas, por ejemplo, y además se enfada porque una persona que es muy mentirosa también es manipuladora, al estar al descubierto todas y cada una de sus mentiras, una forma de manipularte al enfadarse así la gana terreno * Las mentiras afectan gravemente una relación de pareja.

Las mentiras grandes o negras pueden destruir nuestra relación en el momento de ser descubiertas. Estas normalmente van acompañadas de infidelidad, desequilibrios emocionales, colopatías, etc. Con ellas, se destruye por completo la confianza, la cual es muy difícil de volver a recuperar.

  1. Las consecuencias emocionales de la mentira a la pareja.
  2. La mentira deriva de importantes factores como el estrés, angustia, dolor y baja autoestima.
  3. La grave consecuencia es perder la moral y aumentar nuestro estado interno de angustia.
  4. Como solución es conveniente decir siempre la verdad, aunque duela.

La mentira se ve reflejada en lapsos de tiempo y como consecuencia de ello puedes sufrir alteraciones de humor, irritabilidad, ansiedad Provoca angustia: El principal peligro de la mentira es que conduce a perder la moral por ese estado de angustia interna y su gran malestar emocional.

  1. * La deontología y la verdad Si algo ha beneficiado mi conciencia ética empresarial como consultor y especialista en temas de gestión de crisis de comunicación, ha sido mi estudio de posgrado en Deontología de la Comunicación, en la Universidad de Navarra, además de siempre incluir principios deontológicos, éticos, morales, cívicos y en los últimos dos años, el importantísimo contenido emocional positivo o negativo en las personas, también mi concepto de lo que significa el criterio.
  2. En materia de consultoría y acompañamiento, por ya más de 36 años, he intentado siempre buscar la verdad que hay detrás de una o varias decisiones de nuestros asesorados, de sus prejuicios o de sus creencias interiorizadas, su criterio.
  3. No tienen ni la menor idea, la frecuente cantidad de veces que los problemas crecen exponencialmente porque algunos clientes no se han atrevido a decir la verdad y a utilizar la sinceridad como forma de empatía con sus públicos objetivo.

¿cultura, educación, o miedo? Decir la verdad es una manera de empatizar y construir relaciones fuertes y duraderas. Decir la verdad nos hace más humanos, más cercanos y nos permite relacionarnos más y mejor con las personas a las que queremos o con las que tenemos un proyecto en común (como logros y metas).

  • Sinceridad y sincericidio.
  • Ahora bien, una cosa es la sinceridad y otra el sincericidio.
  • Hay veces que por ser demasiados sinceros tocamos emociones difíciles controlar.
  • Y aquí es donde es fundamental aplicar la sensibilidad en todo lo que decimos, en cómo lo decimos, en cuándo, en donde, en la preparación previa, es cuando aplicamos el criterio de la o las personas involucradas.

El sincericidio es el comportamiento de una persona que se cree valiente y honesta. Se muestra sincera ante los demás sin ningún tipo de filtro, incluso cuando nadie le ha pedido su opinión. El sincericidio, por tanto, alude al ‘suicidio’ por exceso de verdad.

  1. Cuántos problemas pasados fueron evitados por decir y sobre todo por escuchar la verdad.
  2. Hoy, únicamente quiero tratar con gente que me hablé con la verdad, quedé asqueado de las personas que mienten, inclusive viéndome a la cara.
  3. Me ahorrarán tiempo, disgustos y disfrutaré mis relaciones sinceras con los demás y conmigo mismo.

Yo, nunca miento por alma y conciencia.

  • Y tú ¿estás dispuesto/a a escuchar la verdad, aunque duela?
  • Al final me queda más grabada que nunca la famosa frase de Sir William Shakespeare:
  • “TELL ME NO QUESTIONS AND I SHALL TELL YOU LIES”
  • “NO ME HAGAS PREGUNTAS Y ASÍ EVITAS QUE TE RESPONDA CON MENTIRAS”

: LA VERDAD Y LA MENTIRA – Psicología

¿Qué pasa con las personas que dicen mentiras?

¿En qué se diferencian las mentiras esporádicas de la mitomanía? – La mentira no nos resulta ajena, recurrimos a ella desde la infancia e incluso siendo adultos. Un estudio realizado en la Universidad de Massachusetts reveló que el 60% de las personas mienten al menos una vez durante una conversación de diez minutos, caen en lo que se conoce como “mentiras esporádicas”. Sin embargo, detrás de la costumbre de mentir compulsivamente no siempre se esconde el deseo de obtener algo o evitar un castigo, el mitómano suele mentir sin tener un motivo válido, por compulsión, Esa tendencia a mentir compulsivamente puede colocarle en situaciones ridículas o llevarle a inventar historias insostenibles.

De hecho, aunque el mitómano sepa que lo han descubierto, puede seguir mintiendo y complicar aún más su narración. Para el mitómano, mentir se convierte en un hábito, es su forma de relacionarse. Esta persona no solo siente la necesidad de mentir en las situaciones que están en su contra para evitar las consecuencias sino también en los pequeños detalles, aunque no gane nada con ello.

Quien padece mitomanía puede sentirse raro diciendo la verdad pero se siente cómodo mintiendo. El problema es que cuando faltar a la verdad se convierte en un hábito y se cae en la mentira patológica, el mitómano tendrá que enfrentarse a diferentes dificultades debido a que pierde la confianza de los demás.

¿Cuál es la raíz de la mentira?

MENTIR – El verbo mentir viene del latn mentiri (mentir, urdir un embuste con la mente). De ah tambin mentira, que primitivamente fue mentida (a partir de un participio), mentiroso y fementido. El verbo latino mentiri se asocia a una raz indoeuropea * men-1, vinculada a la idea de operaciones o estados de la mente y el pensamiento, reconstruida con enorme seguridad a partir de la gran cantidad de vocablos que la contienen en un alto nmero de lenguas indoeuropeas antiguas y modernas.

  • Men s, men tis, que da mente, demente, vehemente, mentecato y todos los adverbios acabados en -mente, como por ejemplo violentamente (del latn violenta mente, “con mente violenta”).
  • El verbo reduplicado (1) me min isse (recordar) de donde viene el latinismo memento (acurdate, acordaos), que se refiere a ciertas partes de la liturgia de una misa cristiana, cuando esta se dedica a los difuntos.
  • El verbo com min isci (imaginar, tramar) que nos da comentar, y el verbo re min isci (recordar) que nos da reminiscencia.
  • La palabra men tio, men tionis (mencin, recordatorio), de donde mencin y mencionar.

En grado o la presenta el latn en:

  • El verbo mon ere (hacer pensar, advertir, aconsejar) y sus compuestos latinos, que nos dan amonestar, admonicin, moneda y monumento.
  • El verbo mon strare (hacer entender, hacer ver, sealar) de donde mostrar, demostrar y monstruo.

El griego presenta esta raz en grado cero en el verbo reduplicado μιμνῄσκειν (“mi mn eskein), que significa recordar y con cuya raz se relacionan las palabras de origen griego a mn esia, a mn ista y mn emotecnia, as como Mn emosine, el nombre de la diosa de la memoria.

  1. La presenta en cambio en grado o alargado en la palabra Μοῦσα (” Mu sa”), alargamiento voclico y cierre provocado por la prdida de la n radical, dado que toda n cae ante silbante ese.
  2. Es este el nombre genrico de cada una de las nueve diosas compaeras de Apolo e hijas de Mnemosine, guardianas de la memoria de las artes, ciencias y letras, e inspiradoras de la mente de sus creadores.

De su nombre derivamos musa, museo, msica y murga. NOTAS:

La reduplicacin radical es un procedimiento intensivo del indoeuropeo que afecta a algunas races verbales y que conservan algunas lenguas indoeuropeas antiguas como por ejemplo el latn, el griego o el snscrito. Consiste en duplicar, delante de la raz, la primera consonante de esta raz, acompaada de vocal i si se trata de la raz de infectum de un verbo (la raz que forma las acciones durativas o en desarrollo), o bien acompaada de vocal e si se trata de la raz de perfectum (la que expresa las acciones cumplidas o terminadas). A travs de estas lenguas antiguas, especialmente del latn que es nuestra lengua madre, la lengua hija que es el espaol conserva an algn escaso ejemplo. Por ejemplo el verbo sistere latino es un reduplicado intensivo de stare (si- st -ere), y de ah conservamos insistir, asistir, consistencia, etc., vocablos todos que contienen una vieja raz reduplicada.

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¿Cuál es el origen de la mentira?

Ruskpp Toma su forma a partir del verbo mentir, remitiendo al latín como mentīri, expresando una raíz en el indoeuropeo *men(1), señalando la mente. Mentīri hace alusión a la construcción de una falsa realidad a partir de saberes firmes, considerando que toda deformación de la verdad es un constructo de la misma. De este modo, replica la interpretación actual: decir algo sabiendo que es falso.

¿Cómo se llama la mentira?

Concepto – Una mentira es una declaración realizada por alguien que sabe, cree o sospecha que es falsa en todo o en parte, esperando que los oyentes le crean, de forma que se oculte la realidad o la verdad en forma parcial o total. ​ Una cierta oración puede ser una mentira si el interlocutor piensa que es falsa o que oculta parcialmente la verdad,

En función de la definición, una mentira puede ser una falsedad genuina o una verdad selectiva, exagerar una verdad, si la intención es engañar o causar una acción en contra de los intereses del oyente. Las ficciones, aunque falsas, no se consideran mentiras. Mentir es decir una mentira. A las personas que dicen una mentira, especialmente a aquellas que las dicen frecuentemente, se las califica de mentirosas,

Mentir implica falsear intencionalmente y conscientemente. Tiene como sinónimos parciales: embuste, bola, bulo, calumnia, coba o falacia, También es mentira el acto de la simulación o el fingir. Por ejemplo: si alguien atropella a una persona y huye del lugar sin ser identificado y, después de un tiempo, regresa y se mezcla con los curiosos y finge indignación por lo ocurrido, está mintiendo a todos aquellos ante quienes simula o finge inocencia.

¿Qué dice Juan 8 44?

1 Y Jesús se fue al monte de los Olivos.2 Y por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino a él; y sentado él, les enseñaba.3 Entonces los escribas y los fariseos le llevaron una mujer sorprendida en a adulterio ; y poniéndola en medio, 4 le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio; 5 y en la a ley, Moisés nos mandó apedrear a tales mujeres; tú, pues, ¿qué dices? 6 Mas esto decían tentándole, para tener de qué acusarle.

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Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en la tierra con el a dedo,7 Y como insistieron en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de entre vosotros esté sin a pecado sea el b primero en arrojar la piedra contra ella.8 E inclinándose de nuevo, siguió escribiendo en la tierra.9 Al oír esto, acusados por su a conciencia, salieron uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los últimos; y quedaron solo Jesús y la mujer, que estaba en medio.10 Y enderezándose Jesús y no viendo a nadie más que a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te ha condenado? 11 Y ella dijo: Ninguno, Señor.

Entonces Jesús le dijo: Ni yo te a condeno ; vete, y b no peques c más,12 Y Jesús les habló otra vez, diciendo: Yo soy la a luz del mundo; el que me sigue no andará en b tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.13 Entonces los fariseos le dijeron: Tú das testimonio de ti mismo; tu testimonio no es verdadero.14 Respondió Jesús y les dijo: Aunque yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé a de dónde he venido y a dónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo ni a dónde voy.15 Vosotros juzgáis según la carne, pero yo no juzgo a nadie.16 Y si yo juzgo, mi a juicio es verdadero, porque no soy yo b solo, sino yo y el Padre que me envió.17 Y en vuestra ley está escrito que el a testimonio de dos hombres es verdadero.18 Yo soy el que doy a testimonio de mí mismo, y el b Padre que me envió da testimonio de mí.19 Y le dijeron: ¿Dónde está tu Padre? Respondió Jesús: Ni a mí me conocéis, ni a mi Padre; si a mí me a conocieseis, también a mi Padre conoceríais.20 Estas palabras habló Jesús en el lugar de las ofrendas, enseñando en el templo; y nadie le prendió, porque aún no había llegado su hora.21 Y les dijo otra vez Jesús: Yo me voy, y me buscaréis, pero en vuestro a pecado moriréis; a donde yo voy, vosotros no podéis ir.22 Decían entonces los judíos: ¿Acaso se irá a matar, que dice: A donde yo voy, vosotros no podéis ir? 23 Y les dijo: Vosotros sois de abajo; yo soy de arriba; vosotros sois de este a mundo ; yo no soy de este mundo.24 Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados, porque si no a creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis.25 Y le dijeron: Tú, ¿quién eres? Entonces Jesús les dijo: Lo que desde el principio os he dicho.26 Muchas cosas tengo que decir y juzgar de vosotros, pero el que me envió es verdadero; y yo, lo que he a oído de él, esto hablo al mundo.27 Pero no entendieron que él les hablaba del Padre.28 Les dijo, pues, Jesús: Cuando a hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces sabréis que yo soy, y que b nada hago por mí mismo, sino que, como el Padre me enseñó, c así hablo.29 Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado a solo el Padre, porque yo hago siempre lo que a él le b agrada,30 Al decir él estas cosas, muchos a creyeron en él.31 Dijo Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros a permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis b discípulos ; 32 y conoceréis la a verdad, y la verdad b os hará libres.33 Y le respondieron: Linaje de a Abraham somos y jamás hemos sido esclavos de nadie.

¿Cómo dices tú: Seréis libres? 34 Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que comete a pecado, b esclavo es del pecado.35 Y el esclavo no se queda en la casa para siempre, mas el hijo sí se queda para siempre.36 Así que, si el Hijo os hace libres, seréis verdaderamente libres.37 Sé que sois descendientes de Abraham; sin embargo, procuráis matarme, porque mi palabra no tiene cabida en vosotros.38 Yo hablo lo que he visto estando junto al Padre; y vosotros hacéis lo que habéis visto junto a vuestro padre.39 Respondieron y le dijeron: Nuestro padre es Abraham.

Jesús les dijo: Si fuerais a hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais.40 Pero ahora procuráis matarme a mí, un hombre que os ha hablado la verdad, la cual he oído de Dios; eso no hizo Abraham.41 Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Entonces le dijeron: Nosotros no hemos nacido de fornicación; un padre tenemos, que es Dios.42 Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuera Dios, ciertamente me amaríais, porque yo de Dios he salido y he venido; pues no he venido por mí mismo, sino que él me envió.43 ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis a oír mi palabra.44 Vosotros sois de vuestro padre el a diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer.

Él ha sido homicida desde el principio y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de sí mismo habla, porque es b mentiroso y padre de la mentira.45 Y a mí, porque yo digo la verdad, no me creéis.46 ¿Quién de vosotros me acusa de pecado? Pues si digo la verdad, ¿por qué vosotros no me creéis? 47 a El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios.48 Respondieron entonces los judíos y le dijeron: ¿No decimos bien nosotros que tú eres samaritano y que tienes a demonio ? 49 Respondió Jesús: Yo no tengo demonio, antes bien honro a mi Padre; y vosotros me deshonráis a mí.50 Pero yo no busco mi a gloria ; hay quien la busca y juzga.51 De cierto, de cierto os digo que el que guarda mi palabra no verá la a muerte jamás.52 Entonces los judíos le dijeron: Ahora sabemos que tienes demonio.

Abraham murió, y también los profetas, y tú dices: El que guarda mi palabra no a gustará la muerte jamás.53 ¿Eres tú acaso mayor que nuestro padre Abraham, que murió? También los profetas murieron; ¿quién te haces a ti mismo? 54 Respondió Jesús: Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria no es nada; mi Padre es el que me glorifica, el que vosotros decís que es vuestro Dios.55 Y vosotros no le conocéis, pero yo sí le conozco; y si digo que no le conozco, sería mentiroso como vosotros; pero le conozco y guardo su palabra.56 Abraham, vuestro padre, se regocijó de que a vería mi día; y lo vio y se regocijó.57 Le dijeron entonces los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham? 58 Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: a Antes que Abraham fuese, b yo soy,59 Tomaron entonces a piedras para arrojárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo; y atravesando por en medio de ellos, b se fue.

¿Qué filósofo habla sobre la mentira?

NIETZSCHE: LA FILOSOFIA NARRATIVA DE LA MENTIRA, LA METAFORA Y EL SIMULACRO.

¿Qué pasa en el cerebro de un mentiroso?

Un estudio de científicos de Reino Unido revela que la repetición del engaño hace que el cerebro pierda sensibilidad ante la mentira y se produzca una escalada de falsedades. La investigación, publicada en la revista Nature Neuroscience, proporciona evidencia empírica de cómo ocurre este proceso en el cerebro.

La repetición hace que el cerebro pierda sensibilidad ante la deshonestidad y se produzca una escalada de falsedades El equipo de la University College de Londres (UCL) escaneó el cerebro de 80 voluntarios mientras participaban en tareas en las que podían mentir para obtener beneficios personales. Los autores encontraron que la amígdala –una parte del cerebro asociada con la emoción– se activaba cuando las personas mentían para lograr un beneficio.

La respuesta de la amígdala a la mentira disminuía con cada engaño, mientras que la magnitud de las mentiras se intensificaba. Según explica Tali Sharot, investigador de piscología experimental y coautor del trabajo, “cuando mentimos interesadamente, nuestra amígdala produce una sensación negativa que limita el grado en que estamos dispuestos a mentir.

  1. Sin embargo, esta respuesta se desvanece a medida que continuamos mintiendo y cuanto más se reduce esta actividad más grande será la mentira que consideremos aceptable.
  2. Esto conduce a una pendiente resbaladiza donde los pequeños actos de insinceridad se convierten en mentiras cada vez más significativas”, subraya.

Experimento con voluntarios Cuando mentimos, nuestra amígdala produce una sensación negativa que se desvanece a medida que continuamos engañando Los voluntarios del estudio –de edades que iban entre los 18 y los 65 años– participaron en una tarea que consistía en adivinar el número de monedas que había en un tarro de vidrio.

  • Después debían enviar por ordenador sus cálculos a los otros participantes.
  • Esto se llevó a cabo en varios contextos diferentes.
  • En el escenario básico, acercarse lo más posible a la cifra exacta de monedas les beneficiaría a ellos y a su compañero de juego.
  • En otros casos, sobreestimar o subestimar la cantidad les beneficiaría a ellos a expensas de su compañero, o a ambos, o a su compañero, o solo a uno de ellos sin efecto sobre el otro.

Cuando la sobreestimación de la cantidad beneficiaba a los voluntarios a expensas de su pareja de juego, la gente empezó a exagerar ligeramente sus cálculos, lo cual provocó una fuerte respuesta de la amígdala. Sus exageraciones se intensificaban a lo largo del experimento, mientras que las respuestas de la amígdala se reducían.

  1. Es probable que la respuesta embotada del cerebro ante la repetición de la mentira refleje una respuesta emocional reducida a estos actos”, dice Neil Garrett, otro de los autores.
  2. Esto está en línea con la idea de que nuestra amígdala registra la aversión a los actos que consideramos malos o inmorales.

En este caso, hemos estudiado la insinceridad, pero el mismo principio podría aplicarse a la progresión de otras acciones como los actos de riesgo o los comportamientos violentos”, destaca. Referencia bilbiográfica: Neil Garrett, Stephanie C Lazzaro, Dan Ariely Tali Sharot.

¿Cuál es la diferencia entre mentir y engañar?

I. Preámbulo En ocasiones es muy útil para fines filosóficos tratar de correlacionar las expresiones de nuestros juegos de lenguaje con las acciones naturales o espontáneas que se vinculan con ellos. De lo que se trata es de determinar qué clase de reacciones y qué líneas de conducta pre-lingüística subyacen a dichos juegos de lenguaje.

Es evidente, pienso, que esta clase de exploración no es practicable con, por ejemplo, juegos de lenguaje teóricos. La razón es obvia: no hay ninguna conducta peculiar conectada con, por ejemplo, el lenguaje sobre átomos, el simbolismo de ecuaciones diferenciales o el discurso sobre la formación de galaxias.

No es este el caso, sin embargo, de otras conductas, como engañar y esto no parece ser muy difícil de mostrar. Tomemos por caso la cacería. Una leona, verbigracia, al acechar a su presa está tratando de confundirla, de engañarla, ocultándose mientras se aproxima, por ejemplo.

  • Y por su parte la presa hace exactamente lo mismo: trata de confundirse con la vegetación o con otros miembros de su especie, es decir, de hacer caer en el error a su enemigo mortal.
  • En casos así hasta podríamos querer describir las situaciones diciendo que tanto predador como presa se ocultan mutuamente información.

El lenguaje, como L. Wittgenstein lo enseñó y lo dejó en claro, por ejemplo, en el caso del lenguaje psicológico, es una prolongación y un refinamiento de conductas y acciones espontáneas o naturales. Deseo sostener que ese también es precisamente el caso de otro grupo de nociones que forman una especie de familia.

  1. Me refiero a la familia de nociones emparentadas con “mentir”.
  2. Obviamente, los juegos de lenguaje correspondientes dan lugar o permiten líneas de conducta mucho más sofisticadas y sutiles que las correspondientes conductas pre-lingüísticas.
  3. Por ejemplo, los hablantes aprenden a chantajear, a amenazar, a blofear, a engatusar, a desorientar y así sucesivamente, esto es, a desplegar conductas que obviamente no vamos a encontrar en el reino de los seres que no disponen de un lenguaje suficientemente articulado o desarrollado.

Un niño chiquito, en cambio, muy rápidamente aprende a condicionar a sus padres mediante su llanto, al grado de que puede obligarlos a que sistemáticamente lo carguen, inclusive si nada malo le pasa. Como era de esperarse, los hablantes participan en ciertas formas de vida para lo cual es indispensable que sean usuarios de juegos de lenguaje como los mencionados, esto es, los juegos de lenguaje del engaño, la desorientación, etc., y, sobre todo, del mentir.

  1. Por lo pronto, me parece que de entrada, antes de propiamente hablando discutir el tema, podemos apuntar a un resultado que, como veremos, se contrapone a lo que sostienen muchos filósofos que se ocupan del tema de la mentira, a saber, que se puede mentir sin intención de engañar.
  2. Esto, aparte de sumamente contraintuitivo, choca con lo sugerido por nuestro ejemplo de la leona.

Si no me equivoco, lo que este sencillo ejemplo permite entrever es precisamente que engañar es más básico o elemental que mentir : una leona puede engañar mas no mentir, puesto que carece de un lenguaje suficientemente elaborado para ello. Yo pienso que ese resultado vale por igual para el lenguaje humano y si ello es así, entonces podemos estar seguros de que va a ser imposible demostrar que se puede mentir sin pretender engañar o, como gustan los filósofos de expresarse, sin tener la intención de engañar.

  1. Si bien desde el punto de vista de su gestación o conformación, el concepto de mentir presupone que ya está en circulación el concepto de engañar, desde el punto de vista de los hablantes el verbo que se vuelve prominente es ‘mentir’.
  2. Esto, sin embargo, no es inexplicable.
  3. Engañar’ apunta a conductas que pueden presuponer tanto un contexto lingüístico como uno meramente práctico y que pueden ser tanto simples como muy complicadas; ‘mentir’ en cambio es un verbo reservado para cierta clase de acciones que sólo seres lingüistizados pueden efectuar.

Sólo alguien que hable, que domine el lenguaje, es susceptible de mentir. Ahora bien, “mentir” forma parte de un grupo de conceptos que están entrelazados y que en ocasiones se sobreponen unos a otros. Esta situación puede generar confusiones no tanto para el hablante común, quien obviamente los usa y los aplica correctamente, pero sí en filosofía, puesto que entonces se pueden inventar situaciones en las que los usos paradigmáticos de las palabras relevantes se ven alterados y se propician así cambios desconcertantes en las significaciones de los términos que se estén empleando.

La labor de análisis conceptual se vuelve, pues, indispensable. En concordancia con ello, en este trabajo me propongo examinar tres conceptos íntimamente relacionados tratando de mostrar que no dan lugar ni a paradojas ni a situaciones incomprensibles o inexplicables. Las nociones de las que quiero ocuparme son las de mentira (y mentir), engaño (y engañar) y desorientación (y desorientar).

II. Mentira y engaño Es curioso el que, hasta donde logro ver, nadie haya reparado en el hecho de que la caracterización usual de la mentira es ab initio errada. En general, se define ‘mentira’ como sigue: alguien miente si y sólo si:

dice algo (emplea una oración ‘p’) el hablante cree que ‘p’ es falsa el hablante usa ‘p’ para engañar a su interlocutor. La premisa que en general se discute en la literatura es (c), porque dada la existencia de lo que en español podríamos llamar ‘mentiras descaradas’ ( bald-face lies ) la intención de engañar como elemento del mentir se vuelve un asunto de debate. En mi opinión esta idea es errónea y diré por qué más abajo, pero no es la cuestión que en este momento quisiera considerar. Lo que por ahora me propongo cuestionar es la formulación de la premisa (b), porque pienso que tal como se da está mal. Yo sostengo que no basta con que el hablante “crea” que lo que dice es falso. Se requiere una condición más fuerte y la única alternativa es la siguiente: b’) el hablante sabe que ‘p’ es falsa.

¿Cómo se puede hace ver que (b) es inadecuada? Una forma efectiva de lograrlo es simplemente mediante contra-ejemplos, mostrando que éstos se pueden fácilmente reproducir y, a partir de ello, generalizar nuestro punto de vista. Así, pues, daré un ejemplo que, como podrá fácilmente apreciarse, apunta en la dirección apropiada para establecer nuestro punto de vista.

Supongamos entonces que A y B son dos alumnos de una misma clase de historia y que están a punto de entrar a un examen. Imaginemos también que todo mundo sabe que para los exámenes el profesor pide fechas concretas concernientes a diversos sucesos y en clase se ha estado tratando el tema de la conquista de México.

Ahora bien, resulta que A es un alumno de no buenos sentimientos y no quiere que B obtenga una mejor calificación que él. Supongamos que antes de entrar al examen B le pregunta a A si recuerda la fecha de la caída de Tenochtitlán y A le responde, con la intención de engañarlo, que eso pasó en 1521.

O sea, A afirma que p (donde ‘p’ = Tenochtitlán cayó en 1521), él cree que ‘p’ es falsa y usa esa oración con la intención de engañar a B, es decir, de inducirlo a que dé una respuesta equivocada. A, por consiguiente, está convencido de que le mintió a B, Para su desgracia, sin embargo, resulta que la fecha que él dio es la correcta y B saca una buena calificación, contrariamente a lo que A pretendía con lo que él creía que era información equivocada, i.e.

, su mentira. O sea, A genuinamente creía que p era falsa pero estaba en un error, es decir, lo que le dijo a B era verdad. Por lo tanto, él no le mintió a B, puesto que lo que le dijo no es falso, a pesar de que él creía lo contrario y, por consiguiente, de que lo estaba engañando.

  • Esto es así porque, salvo en casos especiales que habría que analizar, en general podemos sostener que no se miente cuando se enuncian proposiciones verdaderas o, dicho de manera más coloquial, no se puede mentir con la verdad, por más que uno crea que está mintiendo.
  • Si lo que se dice es verdad, aunque el hablante esté totalmente convencido de que está mintiendo, entonces no está mintiendo.

Ciertamente, como veremos, se puede desorientar o inclusive engañar a alguien con la verdad, pero no mentirle. De ahí que una condición necesaria para poder hablar de mentira es que uno sepa que lo que afirma es falso, no nada más que lo crea. El otro debate interesante, y con mucho el más discutido, en relación con la naturaleza de la mentira y del mentir tiene que ver con el elemento subjetivo de la intención del hablante al mentir.

‘p’ es verdadera A cree que p, y A está justificado en creer que p,

Lo que Gettier pone en tela de juicio es (3) y ofrece en su famoso artículo un par de supuestos contra-ejemplos para mostrar que alguien puede cumplir con las condiciones enunciadas y, sin embargo, no saber que p, No voy a discutir el punto de vista de Gettier, dado que no es mi tema y que ya dije lo que tenía que decir al respecto en otro lugar.2 Aquí yo sólo quería señalar que hay un cierto paralelismo entre quienes cuestionan la premisa (3) de la definición clásica de ‘conocimiento’ y quienes cuestionan la condición (c) de la definición usual de ‘mentir’.

  1. Mi posición es entonces que así como pienso que Gettier no demuestra lo que él cree demostrar y que sus contra-ejemplos a final de cuentas no son convincentes, también pienso que lo mismo sucede, mutatis mutandis, en el caso de la mentira.
  2. Una vez hecha esta aclaración podemos ahora sí abordar nuestro tema.

Quienes cuestionan la idea de que mentir comporta la intención de engañar en general lo hacen a través de ejemplos e introducen la noción (ya mencionada) de mentira descarada. ¿Qué es una mentira descarada? Es simplemente una mentira que el oyente sabe que es mentira.

Del hecho de que el oyente sepa que el hablante está mintiendo y de que el hablante sepa que el oyente sabe que está mintiendo, parecería desprenderse la idea de que entonces el hablante no puede tener la intención de engañar al oyente, por la sencilla razón de que él sabe que el oyente ya sabe que no está diciendo la verdad.

¿Se dan casos así? Yo creo que sí, pero lo que no creo es que en general estén bien analizados por quienes piensan que podemos desligar conceptualmente la idea de mentir de la idea de tener la intención de engañar. Ejemplifiquemos esto con algún ejemplo conocido en la literatura sobre el tema.

  1. Supongamos que A ve que un peligroso delincuente, miembro de alguna asociación de gángsters, mata a una persona.
  2. A es citado a declarar pero, conociendo el carácter peligroso del sujeto y de su asociación se rehúsa a declarar que él lo vio matar a la persona en cuestión.
  3. Como la escena habría quedado grabada en un video, el juez, los miembros del jurado, el fiscal, etc., todos saben que el sujeto vio cuando se cometió el crimen pero saben también que, motivado por el miedo, cuando él niega haber visto que el delincuente mataba a la persona él está descaradamente mintiendo.

Todo mundo sabe por qué lo hace y él sabe que los demás saben que está mintiendo. En esas condiciones parecería seguirse que el sujeto no puede estar pretendiendo engañar a nadie con su mentira (“nunca vi que alguien matara a una persona”), puesto que todos están, por así decirlo, prevenidos: ya saben que miente.

  1. A partir del momento en que él sabe que todos ellos saben que miente, entonces su intento de engaño automáticamente pierde sentido y queda bloqueado.
  2. Su declaración sería una “mentira descarada”, esto es, una mentira inoperante.
  3. Parecería entonces que en efecto “mentir descaradamente” cancela toda pretensión de engañar al (los) interlocutor(es) por parte del hablante.

Si ello es así, se habría entonces demostrado que efectivamente la condición (c) no entra en la definición de ‘mentira’. El ejemplo suena plausible. No obstante, yo creo que no tiene el carácter demostrativo que usualmente se le adscribe. Yo creo que la conclusión que mucha gente extrae de este y de otros ejemplos como este es completamente equivocada, dado que se funda en un mal análisis de la situación.

Por ejemplo: ¿es siquiera concebible que alguien jure ante un juez, en un tribunal, durante un juicio, no decir más que la verdad y únicamente la verdad para inmediatamente después decir algo que es palpablemente falso, algo que el juez sabe que es falso, cuando además el hablante sabe que el juez, los fiscales, etc., saben que lo que estaría diciendo es falso? De entrada, la situación es sumamente artificial, por no decir ininteligible.

¿Qué significado y qué interés tendría mentir en semejantes circunstancias? Más que una mentira lo que tenemos aquí es una parodia de mentira. Dudas como estas hacen pensar que quizá podríamos encontrar razones suficientemente sólidas como para rechazar como viable la disociación del mentir y el tener la intención de engañar.

Veamos, pues, qué se puede decir al respecto. A mí me parece, en primer lugar, que se puede hacer ver que la situación ab initio está mal descrita cuando se dice que el hablante está “mintiendo descaradamente”, puesto que se reconoce al mismo tiempo que hay un sentido importante en el que no es él quien se está expresando, sino el delincuente que lo chantajea.

Este es un caso en el que tendría sentido afirmar que alguien habla a través de otra persona. Es por eso que no se le puede adscribir al hablante la intención de mentir, puesto que en cierto sentido no es él quien se está pronunciando. Esto no es muy difícil de hacer ver, porque ¿qué diferencia esencial habría entre la situación del ejemplo y otra en la que por tener el hablante una pistola puesta en su sien declarara que no fue testigo de ningún crimen? A partir del momento en que el acto de habla no es libre, la adscripción de intenciones automáticamente se modifica.

  • No se puede, por lo tanto, afirmar que estamos frente a un caso en el que el hablante miente sin tener la intención de engañar a sus interlocutores, porque en cierto sentido no es él quién habla ( i.e.
  • Su lenguaje es impuesto por otro hablante).
  • Ahora bien, si aceptamos que hay un sentido en el que es el delincuente quien habla a través de la persona a quien tiene chantajeada o amenazada, entonces de inmediato nos volvemos a topar con la idea de que mentir sí entraña el intentar engañar a los demás, porque es claro que el delincuente, sí está, pretende engañar al jurado y al juez.

Así, pues, el ejemplo, tal como es presentado y utilizado, es insuficiente para romper la vinculación que se da entre la mentira y la idea de pretender engañar a los oyentes. En segundo lugar, creo que para que el ejemplo permitiera extraer en forma válida la idea de que la intención de engañar no está presente en el acto de mentir se tendría que hacer ver que es lógicamente imposible que hubiera alguien entre los oyentes que le creyera al hablante.

  1. Pero esa imposibilidad no fue establecida.
  2. Lo único que se establece es que el juez, los miembros del jurado, la policía, etc., de facto no le creen, pero no está excluida la posibilidad de que alguna de las personas en la sala acepte su versión, por la razón que fuera.
  3. Alguien, por ejemplo, podría pensar que en el momento en que pasaron las cosas al hablante se le nubló la vista y entonces, efectivamente, él no pudo ver lo que estaba pasando a pesar de estar presente.

Siguiendo con el ejemplo, queda claro que la posibilidad lógica de que a pesar de haber estado allí el hablante no hubiera sido testigo del crimen no queda cancelada. En tercer lugar, me parece que dado el contraste tan marcado entre lo que el hablante afirma y lo que otras personas vieron ( i.e.

, quienes vieron que él era un testigo presencial del crimen), lo que habría que inferir es que en realidad el acto de habla del sujeto equivale a otra cosa que a una declaración de ignorancia de los hechos. Así, a través de la enunciación de algo que todo mundo de entrada sabe que es falso lo que el hablante parece estar diciendo es más bien algo como “Por favor, no me hagan declarar”, “Mi declaración no tiene ningún valor”, “Es obvio que no me estoy expresando libremente”, etc.

Casi podría decirse que en circunstancias como las del ejemplo lo único que el hablante no podría hacer sería mentir! Por último, quisiera decir que me parece obvio que la categoría de “mentira descarada” está siendo en general mal empleada. Desde el punto de vista del mentiroso toda mentira es una mentira “descarada”, puesto que el mentiroso conscientemente emplea una oración que sabe que es falsa.

Por lo tanto, la idea de “mentira descarada” no se aplica a su acto de habla. Para quien sí tiene sentido la diferencia entre mentira común y mentira descarada es para el oyente: es porque el oyente está persuadido de que el hablante está mintiendo que lo que el hablante dice le parece una “mentira descarada”.

Pero es muy importante que el oyente no sepa, en el sentido estricto de ‘saber’, que el hablante está mintiendo, porque si él lo supiera entonces la mentira quedaría automáticamente bloqueada. ¿Qué pasaría en ese caso? La mentira ya no cumpliría su función, que es obviamente la de engañar al oyente.

De hecho, más que de calificarlo como ‘descarado’ habría que decir de quien miente cuando su interlocutor sabe que miente que es un tonto, puesto que estaría intentando engañar a alguien que tiene cómo neutralizar su “pseudo-información” y que, por lo tanto, es inmune a su engaño. Si lo que he dicho es acertado, podemos inferir que no se ha demostrado que se pueda desligar la idea de mentir de la idea de pretender engañar o de tener la intención de engañar al oyente.

Desde mi perspectiva, como ya dije, intentar eso es como pretender desligar la idea de conocimiento de la idea de justificación. Pienso que los “contra-ejemplos” que se dan aparentemente logran su cometido sólo porque constituyen descripciones fantásticas, mutiladas o declaradamente absurdas de situaciones.

En casos así sí se puede efectuar el corte conceptual que algunos piensan que se debería reconocer. Este punto es interesante porque nos lleva al núcleo del concepto de mentira, respecto del cual quisiera decir unas cuantas palabras. III. Utilidad y peligros del mentir Debería ser evidente que si nuestro lenguaje incorpora un verbo como ‘mentir’ es porque éste es absolutamente imprescindible en la vida humana.

Pensar que podría haber un mundo en el que los usuarios del lenguaje en ese mundo no tuvieran que recurrir a dicho verbo es algo tan fantasioso, en el peor de los sentidos de la palabra, como pensar que podría haber un mundo en el que los usuarios del lenguaje en ese mundo no usaran nunca la negación o que no dijeran nunca algo falso.

  1. Así de absurdo es pensar que el verbo ‘mentir’ y palabras de uno u otro modo vinculadas a él podrían no formar parte de nuestro léxico.
  2. Mentir es un juego de lenguaje como cualquier otro y, por lo tanto, cumple una función benéfica en multitud de circunstancias.
  3. Mentir es algo que los hablantes hacen, es una práctica, una forma de vida.

‘Mentir’, por lo tanto, es un instrumento lingüístico crucial en la vida humana. No hay más que pensar un momento en todo lo que nos estaría faltando, en todo lo que no podríamos hacer, en la cantidad inmensa de situaciones problemáticas que no podríamos eludir si no dispusiéramos del verbo ‘mentir’ para ipso facto darnos cuenta de la importancia del concepto de mentir en nuestras vidas.

Mentir, como acabo de decir, es una técnica (lingüística) y, como cualquier otra dicha técnica puede ser empleada para bien o para mal, signifique eso lo que signifique. O sea, la interiorización de la práctica no garantiza que siempre se haga un uso positivo de ella. Alguien de manera espontánea podría protestar exclamando que no puede haber “usos positivos de mentiras”.

Yo creo que no tendríamos que ir muy lejos para refutarlo. En verdad, sólo un rigorista de corte kantiano podría intentar negar la utilidad del mentir sin darse cuenta de que el intento mismo de hacerlo le estaría automáticamente poniendo límites a la validez de su teoría ética o, para decirlo con todas sus palabras, a la validez del imperativo categórico como regla suprema para medir el valor moral de una acción.

  1. Ejemplos tanto imaginarios como reales de la utilidad del mentir abundan.
  2. Considérese el caso de un delincuente que asalta en la calle a una persona y exige que le entregue todo su dinero.
  3. La persona en cuestión mete la mano en el bolsillo derecho, saca unos billetes, se los entrega y el delincuente se va contento y convencido de que había logrado extraer de su víctima todo su dinero.

Lo que esta, sin embargo, no le dice es que en su bolsillo izquierdo llevaba diez veces la cantidad de dinero que le entregó cuando le dijo que era todo lo que tenía. Es obvio que el sujeto mintió, pero ¿se atrevería alguien con un mínimo de sensatez a decir que hizo mal en mentirle al asaltante? Sinceramente, no lo creo.

Demos otro ejemplo. Un niño de, digamos, 5 años, corre peligrosamente a lo largo de una azotea. Alguien lo ve y para evitar que se caiga y se mate lo llama prometiéndole que le va a comprar un chocolate. El niño entonces se acerca y la persona en cuestión lo toma de la mano, lo pone a buen resguardo, lo regaña severamente y, a manera de castigo, no le da ningún chocolate.

Ciertamente, la persona que evitó que el niño muriera lo engañó puesto que no le dio lo que le había prometido, pero ¿podría alguien decir que hizo mal al engañarlo? ¿Cómo podría ser una mala acción mentir para salvar a un niño de un peligro inminente? Dado que ejemplos como estos se pueden reproducir por miríadas, sinceramente, no creo que la idea de que mentir es siempre una acción condenable resista el examen.

Es muy importante entender que el mentir es, como dije, un instrumento por lo que, como todo instrumento, puede tener tanto un uso perfectamente justificado o justificable como uno imposible de justificar. Lo que quiero decir es que mentir en sí mismo es éticamente neutro. Lo que determina el status moral del mentir son las razones que se tienen o que se puedan ofrecer para justificar la mentira en cada caso particular.

Es quizá probable que, por su propia naturaleza, en la mayoría de las veces mentir sea una acción reprobable, pero lo importante es entender que eso no se puede establecer a priori para todos los casos. Podríamos quizá expresar la idea de este modo: puede ser que mentir de entrada no sea aceptable, pero su justificación no es excluible a priori,

Salvo en casos un tanto extraños, el hablante normal no miente por el mero gusto de mentir. En principio, todo hablante que miente lo hace por alguna razón. Lo que complica el asunto es, evidentemente, que en numerosísimas ocasiones puede hacerse ver que las razones que se ofrecen para justificar la mentira son malas razones, pero en todo caso eso sólo puede quedar establecido empíricamente, esto es, ex-post facto,

De todos modos, cabe preguntar: si para todo caso de mentira se podría en principio ofrecer alguna razón que permitiera justificarla: ¿por qué no podemos o nos resulta tan difícil desprendernos de la idea de que mentir es algo esencialmente condenable? ¿Se trata acaso de un mero prejuicio de nuestra parte, por ejemplo de un prejuicio en favor de la verdad? Presentado de esa manera sería un tanto difícil armar un caso en contra del mentir.

  • El asunto, evidentemente, no es de psicología.
  • Yo pienso que el problema radica en algo distinto, a saber, en algo que tiene que ver con el aprendizaje del lenguaje.
  • Cuando un ser de nuestra especie aprende a hablar, lo que aprende es a usar las palabras para decir cómo son las cosas,
  • O sea, lo que en primer lugar se nos enseña cuando aprendemos a hablar es a decir la verdad o, como se dice, a hablar con la verdad,
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Este proceso es fundamental, porque es sobre la base del aprendizaje del lenguaje que se refuerzan los vínculos entre las personas. La comunicación se funda en la confianza generalizada que se genera con el uso espontáneo o de arranque del lenguaje. El verbo ‘mentir’ sólo puede empezar a ser empleado por el hablante cuando éste ya domina suficientemente el lenguaje.

Es evidente que mentir es algo que vendrá a incrustarse o sobreponerse al uso natural o normal del lenguaje y de alguna manera mina o debilita nuestra plataforma lingüística inicial. Así entendido, aunque reconocemos que podría haber una justificación para cualquier mentira, comprendemos también que salvo de manera excepcional mentir equivale prima facie a deshacer o romper vínculos entre las personas.

Esto nos resulta obvio tan pronto caemos en la idea de que el lenguaje, con todo lo que él acarrea, no podría arrancar a base de mentiras. Si mentir fuera, por así decirlo, una necesidad orgánica, el lenguaje desaparecería. Si los padres no tuvieran bases para creer lo que sus hijos les dicen o, peor aún, pensaran que sus hijos los engañan todo el tiempo, la relación entre ellos simplemente se derrumbaría.

  1. En otras palabras: mentir es en primera instancia condenable porque atenta contra vínculos fundamentales entre los seres humanos en la medida en que tiende a alterar el modus operandi normal del lenguaje y eso, sin duda alguna, tiene graves consecuencias.
  2. Una razón por la que el recurso a la mentira es peligroso se debe simplemente a que se trata de un expediente que muy fácilmente puede convertirse en un hábito lingüístico reforzando así conductas en principio anti-sociales.

El problema es que la frontera entre una mentira defendible y la mentira sistemática es apenas perceptible y es muy fácil de cruzar. Quien miente una, dos, tres veces termina mintiendo por mentir, desvirtuando así la técnica lingüística del mentir. Es importante entender que en principio mentir es un mecanismo ideado para salir de aprietos, evitar peligros, resolver problemas y cosas por el estilo.

O sea, un hablante normal que en algún momento dado, en una situación determinada se ve forzado a mentir ofrece sus razones, se justifica y sigue adelante usando el lenguaje de manera normal, en tanto que quien transforma la técnica del mentir en una práctica miente por mentir, es decir, ya sin necesidad alguna de mentir.

Quien evoluciona en esa dirección es alguien que ya deformó su técnica lingüística y desde luego alguien que vició ya de raíz sus relaciones con los demás. Quien miente sistemáticamente le miente a sus adversarios, rivales, enemigos, etc., pero también a sus padres, amigos, parientes y demás.

Por eso es aconsejable mentir lo menos posible. En resumen: mentir es una técnica lingüística más, por lo que en sí misma es éticamente neutra, pero es de entrada una práctica sospechosa por sus potenciales efectos negativos en la comunicación y en las relaciones humanas. Es evidente a priori que la práctica de la mentira no se puede generalizar y que el lenguaje se auto-bloquearía si se pretendiera hacerlo arrancar a base de mentiras.

La carga moral de la mentira, por lo tanto, recae sobre las razones que se ofrezcan como su justificación. IV. Engañar y desorientar Es obvio que hay vínculos interesantes y no del todo fáciles de sacar a la luz entre los conceptos de mentir, engañar y desorientar, aunque obviamente tienen aplicaciones que son claramente diferenciables.

Para desentendernos por el momento del mentir, podemos contentarnos con la definición de ‘mentir’ como ‘deliberadamente no decir la verdad’, independientemente de los objetivos que se persigan al mentir. Así entendido el mentir, de inmediato nos damos cuenta de que tanto engañar como desorientar son prácticas lingüísticas mucho más sofisticadas y, por así decirlo, refinadas que el burdo mentir.

Ahora bien, para nosotros aquí se complican un poco las cosas porque a las dificultades conceptuales tenemos que añadir algunas complicaciones lingüísticas propias de la lengua española. El verbo ‘engañar’, por ejemplo, tiene dos sentidos, sentidos que en inglés quedan recogidos respectivamente por los verbos ‘ deceive ‘ y ‘ mislead ‘.

  1. En ambos casos en español hablamos de “engañar”, pero ciertamente podemos querer decir cosas muy diferentes por medio de una y la misma palabra.
  2. Por una parte, a alguien se le engaña cuando se le miente y el receptor de la mentira le da, por así decirlo, el visto bueno a la falsa información.
  3. Un padre, por ejemplo, podría decirle a su hijo: “Me engañaste.

Me dijiste que habías pasado los exámenes y reprobaste”. En este primer caso, ‘engañar’ quiere simplemente decir: ser objeto de una mentira exitosa, es decir, el hablante mintió, el oyente le dio crédito a una falsedad y, por lo tanto, generó una creencia falsa (‘ he was deceived ‘).

  1. Pero hay también otro sentido de ‘engañar’, como cuando el hablante logra generar en el oyente una creencia falsa pero no por medio de una mentira, sino por medio de un enunciado verdadero, de una verdad.
  2. O sea, contrariamente a lo que pasa con mentir, en el caso del engañar es tan factible engañar o ser engañado (según la perspectiva) tanto con la mentira como con la verdad.

Es a esto último a lo que se le llama ‘desorientar’ o ‘hacer creer’. En este segundo sentido, ‘me engañaste’ significa lo mismo que ‘me desorientaste’ o, de manera más coloquial, ‘me hiciste creer algo que no era el caso; no me mentiste, pero me engañaste’ (‘ I was mislead by what you said ‘).

Así, pues, engañar en el sentido interesante es inducir una creencia falsa en alguien a través de una verdad, ¿Es eso algo que realmente se dé? A mi modo de ver es de lo más común, como intentaré hacer ver a través de un par de ejemplos. Consideremos el siguiente ejemplo imaginario. María es novia de Juanito, pero no sabe que su amiga Luisa está perdidamente enamorada de él.

Ésta sabe que no puede romper la relación entre María y Juanito, pero está convencida de que puede contribuir a su deterioro. Entonces una tarde platicando le dice a María: “¡Qué éxito tiene tu novio con las mujeres!”. Supongamos que María es una persona insegura y entonces interpreta lo que Luisa le dice como si ésta le estuviera transmitiendo genuina información en forma discreta.

Ahora bien, es perfectamente imaginable que María no hubiera mentido, porque de hecho Juanito, por sus cualidades personales (es bien parecido, es buen conversador, da buenos consejos, no es mal intencionado, es simpático, se sabe muchos chistes, etc.) sería alguien de mucho éxito con las mujeres. María, sin embargo, cae víctima de una creencia falsa, porque lo que ella cree ahora, inducida por Luisa, es que Juanito tiene muchas aventuras y que la está traicionando con otras mujeres.

Así, ella es engañada por alguien que, aprovechando astutamente un contexto particular, le dice algo que es verdad, pero que la desorienta, esto es, la encamina por la vertiente de las creencias falsas. Eso es engañar con la verdad y en eso consiste el desorientar.

Por lo pronto a nuestra convicción de que si se miente se engaña podemos añadir la de que no es cierto que si se engaña entonces también se miente. Eso es precisamente lo que no tiene por qué ser el caso puesto que, como lo aclaramos al principio, engañar es más básico que mentir. Ahora bien ¿cómo se produce el fenómeno del engaño en su versión de desorientación? Es obvio que la desorientación sólo puede producirse si se está en el contexto apropiado para ello.

Pero ¿cuál es ese contexto? Son incontables los contextos de relaciones humanas en los que un hablante pueda querer desorientar a otro. Eso es algo que uno intentaría hacer si tuviera celos, envidia, resentimientos, deseos de diversa índole, objetivos ocultos, si se es diplomático, agente secreto, hombre de negocios, alumno, vendedor de seguros y así indefinidamente.

O sea, en prácticamente cualquier contexto discursivo cualquier hablante puede en principio querer generar en su interlocutor creencias falsas sin mentir, es decir, usando verdades. Ahora bien, el juego de lenguaje de la desorientación no es tan simple, es decir, no es un juego de lenguaje del cual automáticamente cualquier hablante pueda hacerse usuario.

Se requieren habilidades lingüísticas desarrolladas, cierta clase de astucia, claridad de objetivos, sentimientos muy bien definidos, etc. El juego de lenguaje de la desorientación es un poco como el juego de lenguaje del contrapunto o de la teoría de conjuntos: no todos toman parte en ellos.

  • Pero dejando de lado este aspecto del asunto, hay otro que quisiera resaltar y que tiene que ver más bien con las personas qua hablantes.
  • Me refiero a lo que podríamos llamar las ‘etapas de la desorientación’.
  • Primero, quien engaña desorientando a un interlocutor usa una oración verdadera; segundo, el oyente tiene la opción de tomar lo que se dijo literalmente o interpretarlo.

Tercero, si el oyente toma lo que se le dijo literalmente, entonces el acto lingüístico de desinformación falló. En nuestro ejemplo, se trata tan sólo de una observación sobre Juanito. Por último, si lo que se produce es desorientación lo que sucede entonces es más bien que el hablante le apuesta a que, por el contexto de la conversación, su conocimiento del interlocutor y el trasfondo de los hechos, su oyente/receptor del mensaje optará por interpretar lo que él dice de una manera acorde a su situación personal (sus sentimientos, sus tendencias, su estado anímico, etc.).

Si opta por interpretar lo que se le dijo, entonces (por así decirlo) cayó en la trampa, puesto que de ahí en adelante habrá hecho suya una creencia falsa. Empero, lo interesante del caso es que lo que la víctima de la desorientación ahora cree no es necesariamente lo que el hablante dijo. Siguiendo con nuestro ejemplo, María sólo insinuó algo y era prerrogativa de Luisa qua oyente aceptar la insinuación o conformarse con tomar al pie de la letra lo que el hablante dijo.

¿Cómo se le llama a la persona que es especialista en inducir en la gente creencias falsas a través de verdades? Se les llama ‘insidiosos’ y ‘pérfidos’. Moralmente, desde luego que los insidiosos y los pérfidos son en general reprochables, pero es indudable que verbalmente tienen que ser muy hábiles.V.

Mentir y moralidad Yo sería de la opinión de que podemos corregir de lo que hemos dicho que el carácter moral del mentir es, si no contradictorio, por lo menos sumamente complejo y quizá no esté de más empezar por señalar que lo que puede tener un cariz moral no es una mentira sino la acción de mentir, esto es, algo que un hablante hace o puede hacer.

Una mentira es simplemente una oración falsa usada deliberadamente por alguien que tiene un objetivo preciso para emplearla durante una conversación, de manera que una mentira en sí misma no tiene ningún status moral. Por otra parte, lo que hemos expuesto deja en claro que es lógicamente imposible catalogar a priori y de una vez por todas el mentir como una acción moralmente condenable, por la sencilla razón de que son múltiples las ocasiones en las que mentir es precisamente lo que se debe hacer.

Si unos sicarios entran al salón buscando a una persona para hacerle daño, le preguntan al profesor si la persona a la que señalan se llama de tal y cual manera y el profesor miente, de entrada diríamos que lo que el profesor hizo es correcto. Hay desde luego situaciones imaginables en las que, si nos dejamos llevar por las apariencias, la acción de mentir por parte del profesor sería criticable, 3 pero aceptemos que en condiciones normales mentir sería en casos así una acción laudable.

La moraleja es simple: no podemos determinar a priori, en cada caso de acción mentirosa, si la acción es loable o condenable. Para ello, necesitamos conocer la situación así como las razones de los hablantes involucrados. Por otra parte, es innegable que aunque íntimamente relacionados, el mentir, el engañar y el desorientar no tienen el mismo valor moral.

  • Supongamos que un hablante tiene intenciones aviesas respecto a un conocido suyo a quien quiere ganarle un negocio y que intenta, primero, desorientarlo, posteriormente engañarlo y, por último, cuando se encuentra con él, le miente.
  • Las tres acciones son condenables, pero su grado de maldad es diferente aunque sea por lo siguiente: en su intento de desorientarlo y de engañarlo, el hablante puede en todo momento fallar, pero en lo que no puede equivocarse es en mentirle.

El oyente puede ser lo suficientemente inteligente como para bloquear la desorientación y el engaño, pero él no puede hacer nada frente a la mentira. Es factible desorientar a alguien sin darse cuenta, por ejemplo. Eso se vería posteriormente al hacer aclaraciones.

El hablante podría decir algo como: “No, pero lo que quise decir fue “. Y aunque es menos fácil imaginar una situación semejante con el engaño, de todos modos es lógicamente posible: es imaginable que alguien engaña a una persona sin querer hacerlo, por error, por ejemplo porque el agente le da el documento importante a la persona equivocada y entonces la engaña sin pretender hacerlo.

Cosas así pueden suceder, pero lo que ciertamente no puede pasar es que el hablante le mienta a su interlocutor sin saber que le está mintiendo. Uno podría ciertamente transmitir “información falsa” sin saber qué es eso lo que está haciendo, pero lo que no podría pasar es que el hablante mintiera, por así decirlo, inconscientemente, sin darse cuenta de lo que estaba haciendo, como si quisiera decir una cosa pero de su boca saliera un enunciado diferente.

Esa posibilidad no la reconocemos. La expresión ‘todo acto de mentir es consciente y deliberado’ es una verdad gramatical, no un descubrimiento empírico (esto, obviamente, no vale para mentiras forzadas). Lo que eso significa es simplemente que ‘mentir inconscientemente’ no tiene sentido, no es una expresión que se pueda usar significativamente.

Pero eso tiene consecuencias respecto al valor moral del mentir: el mentir (en condiciones normales, desde luego) no tiene excusas. Yo puedo afirmar, hablando con amigo: ‘Discúlpame, sin quererlo te engañé, porque lo que yo quería decir era’, pero no puedo decir ‘Discúlpame, porque te mentí sin darme cuenta de que te estaba mintiendo’.

  1. Eso no tiene sentido.
  2. La implicación de estas consideraciones es simplemente que si un hablante miente y su acto de mentir es condenable (porque no tiene justificación), entonces no hay forma de eximirlo de su culpabilidad, de redimirlo.
  3. El mentiroso, salvo cuando se logra demostrar que su mentira sirvió para salvar a alguien, para rescatar a alguien, para evitar una injusticia, etc., no queda nunca moralmente limpio, puesto que siempre habría estado consciente de que estaba actuando mal y, sobre todo, de que en principio podía haber actuado de un modo diferente.

La evaluación del mentir resulta ser un asunto sumamente complicado, porque muy pronto nos damos cuenta de que de hecho en la vida cotidiana real es prácticamente imposible no mentir, que los hablantes mienten permanentemente, en las más variadas circunstancias y que hay toda una gama abierta de atenuantes y justificaciones de la acción mentirosa.

  1. Es vital entender, primero, que ‘mentir’ es un instrumento y, por lo tanto, se puede hacer tanto un buen uso como un mal uso de él.
  2. O sea, mentir no es esencialmente malo, salvo cuando no tiene en lo absoluto la más mínima justificación.
  3. Pero pensar que mentir es siempre condenable es un prejuicio del que debemos desprendernos.

Y, segundo, con simplemente examinar las situaciones por las que uno pasa a lo largo de un día basta para entender que no podríamos vivir sin ese instrumento. Demos un par ejemplos. A) Un profesor sale de la Facultad al terminar su clase y se dirige con ansiedad a ver a un amigo que acaba de llegar del extranjero y que no ha visto en mucho tiempo.

Cuando está por abordar su auto, un colega lo interpela para preguntarle sobre algún evento que habría de realizarse la semana siguiente en la Facultad. El sujeto se ve un tanto inquieto y entonces su conocido le pregunta: ¿tienes prisa? Como el sujeto no quiere ser rudo con su colega pero como tiene razones para apresurarse, le dice algo como: “Sí, mira, tengo que ir al hospital y me están esperando.

Nos vemos mañana y te digo qué pienso sobre eso”. El sujeto ciertamente miente pero, sin haberle hecho daño a nadie, su mentira le sirve para sortear un obstáculo que le impedía irse lo más pronto posible a ver a su amigo. Mentir le sirvió para superar un pequeño escollo, resolver una pequeña dificultad.

  • Situaciones como esas se producen todo el tiempo.
  • B) Un sujeto invita a un amigo a cenar.
  • El invitado sabe que su anfitrión gusta de beber alcohol y que fácilmente se molesta cuando no comparten con él la bebida.
  • El problema es que el invitado definitivamente no quiere ingerir alcohol esa noche.
  • Estando ya sentados a la mesa el anfitrión le ofrece a su amigo algo de tomar y entonces éste le responde que desafortunadamente no puede acompañarlo porque “está tomando antibióticos”.

Supongamos que su amigo acepta de buena gana la explicación, ya no insiste y la cena se desarrolla en una buna atmósfera. El hecho es que el invitado mintió, pero es fácil imaginar por qué lo hizo: no quería tener una discusión exasperante con su amigo, quería pasar un buen rato con él, no tenía el menor deseo de tomar ese día, etc.

Mentir como lo hizo era el expediente fácil para salir del apuro. ¿Hizo mal? ¿Debió haberle dicho a quien lo estaba invitando que no quería compartir con él lo que le estaba ofreciendo a sabiendas de que eso podría generar una molestia, arruinar la cena, etc.? Prima facie, no. Tal como considero el asunto, lo problemático con el mentir radica, primero, en que nunca es totalmente transparente la determinación de si mentir es inocuo o no, de si está justificado o no, si valía la pena o no; y, segundo, que es muy fácil transitar de la utilización de un mecanismo para sortear un obstáculo a convertir dicho mecanismo en un hábito, de manera que quien a él recurre termina por convertirse en un mentiroso total.

El peligro consiste en que es en verdad muy fácil transformarse en alguien que miente sistemáticamente pero eso ya tiene otras implicaciones, tanto vitales como morales, todas ellas indeseables y que desde luego debemos a toda costa tratar de evitar.

El problema real es: ¿cómo vivir sin mentir nunca? ¿Habrá habido alguien en la historia de la humanidad que nunca haya mentido? Lo menos que podemos decir es que ello no es verosímil. VI. Consideraciones finales Parte del problema con mi punto de vista es que podría sentirse que lo que en el fondo estoy haciendo es elaborar una apología del mentir.

Pienso que eso sería una crítica injusta. Lo que pasa es que yo pienso que la vida humana es mucho más compleja de lo que permite entrever una fácil dicotomización de “decir la verdad/bueno y “mentir/ malo”. Yo sé perfectamente bien que un porcentaje inmenso de las mentiras que los hablantes emiten diariamente son tan superfluas como injustificables, pero sé también que en muchas ocasiones mentir puede ser un instrumento utilizado en favor de la vida, de que ésta fluya sin demasiados obstáculos, barreras, cortes.

De hecho, creo que en principio se podría establecer toda una taxonomía de mentiras (superfluas, piadosas, crueles, descaradas, etc.), desarrollar una fenomenología del mentir (¿hay algo así como la experiencia del mentir, alguna emoción especial quizá?) y efectuar un análisis gramatical de “mentira” y nociones con ella vinculadas (‘Mientes’, ‘él mintió cínicamente’, ‘yo no recuerdo haber mentido’, ‘ella no reconoce que mintió’, ‘todos ellos son unos grandes embusteros’, etc.).

Dada la complejidad de la temática, una investigación así es forzosamente material propio de otro trabajo. Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons

¿Por qué el mentiroso se enoja?

Cómo actúa un mentiroso El mentiroso cuando se ve descubierto se enfada o se hace la víctima, desviando así la atención de la mentira y proyectándola hacia el enfado o la tristeza. Una vez alguien descubre su mentira, seguirá negándolo hasta que su historia ya no se sostenga por ninguna parte.

¿Cuál es la primera reaccion de un mentiroso?

Atrapar a los mentirosos M entir es un acto consciente y deliberado, no un accidente como a menudo el mentiroso nos quiere hacer creer. Hay dos formas básicas de mentir: la primera es ocultar, y consiste en retener cierta información sin decir nada que no sea verdad.

  • La segunda es falsear, y se basa en presentar la información falsa como si fuera cierta.
  • El ocultamiento es pasivo, mientras que el falseamiento es activo.
  • Desde esta perspectiva, la persona que oculta suele sentirse menos culpable que la que falsea, aunque en ambos casos las consecuencias pueden ser igual de perjudiciales para sus víctimas.

Por lo general, la gran mentira se teje con el tiempo. Se empieza con un engaño banal, al que sigue un segundo engaño algo mayor. No pasa nada, y el mentiroso no es detectado. Esto le da alas para cometer un engaño todavía mayor, en un proceso que no conoce límite hasta que comete algún error y es desenmascarado.

  • Sófocles afirmaba: “Una mentira nunca vive hasta hacerse vieja”.
  • Porque no se puede controlar ni esconder todas las conductas El mentiroso habitual se crece hasta que, creyéndose más listo que los demás, relaja el control y baja la guardia, momento en el que comete un desliz y es descubierto.
  • Como afirma el profesor Ekman, “la práctica del engaño, así como el éxito reiterado en instrumentarlo, reducirá siempre el recelo a ser detectado”.

mentir no es complicado. Lo que es complicado es aguantar una mentira en el tiempo. Alexander Pope decía que el que dice una mentira está obligado a decir veinte más para sostenerla, y Abraham Lincoln declaró en una ocasión que no tenía suficiente memoria como para ser un buen mentiroso.

  1. Cuando uno miente, puede tener preparada una buena explicación para quien le interpele, pero va a tener que recordarla porque en el momento menos pensado alguien volverá a preguntar, y si no somos rápidos en la respuesta, quedaremos en evidencia.
  2. Además, en el curso de una mentira solemos improvisar respuestas a preguntas que no habíamos previsto, creando un montón de mentiras adicionales.

Se requiere una habilidad prodigiosa para recordarlas a fin de evitar delatarnos. Así pues, no es fácil que la mentira -especialmente la mentira reiterada- dure siempre. Sófocles afirmaba que “una mentira nunca vive hasta hacerse vieja”, porque el mentiroso no puede controlar ni esconder todas sus conductas.

Parece haber también una relación entre el tiempo en que se aguanta una mentira y el número de gente a la que se quiere engañar, ya que a más gente por engañar, más posibilidades hay de cometer un desliz. Como dijo J.F. Kennedy, “se puede engañar a muchos poco tiempo, o a pocos mucho tiempo. Pero no se puede engañar a todos todo el tiempo”.

Desenmascarando la mentira. La mentira se desenmascara por errores que comete el mentiroso. No hay garantía de que los cometa, sobre todo si la mentira se sostiene por un corto periodo de tiempo, con lo que no todas las mentiras necesariamente fallan. Pero lo normal es que lo haga.

Aunque hay verdaderos “profesionales de la mentira” que evitan cualquier signo delator, la mayoría de nosotros cometeremos más bien pronto que tarde errores evidentes que desenmascararán nuestro engaño. Y aun en el caso de grandes mentirosos, nadie puede controlar todo lo que ocurre a su alrededor ni evitar que un suceso fortuito le delate.

Hay, según el profesor Ekman, dos indicios fundamentales del engaño: los indicios revelatorios y los indicios de comportamiento mentiroso. En el primer caso se trata de manifestaciones que hacemos sin querer y que ponen de manifiesto la verdad (por ejemplo, mentimos afirmando que estamos reunidos con el jefe, y a los tres días accidentalmente negamos haber hablado con él).

En el segundo caso, el mentiroso, sin decir nada que le delate específicamente, se comporta de manera que revela que lo que nos está diciendo no es cierto. Los indicios revelatorios son más fáciles de controlar que los de comportamiento. Saber lo que uno está diciendo es relativamente fácil, mientras que conocer lo que nuestra expresión verbal o facial revela es complicado.

Además, la expresión facial está conectada con zonas del cerebro vinculadas a las emociones, que son de difícil control voluntario. En la voz y en los gestos encontraremos grandes pistas para detectar la mentira. Dentro de los indicadores de voz, pausas demasiado largas o frecuentes, y vacilaciones al empezar a hablar cuando nos interpelan, nos han de poner en alerta.

  • Y dentro de los gestos, un parpadeo inusualmente rápido o la incapacidad de sostener la mirada serán claramente delatores.
  • El mentiroso puede hacer gestos muy elocuentes que contradigan lo que dice o reducir notablemente la gesticulación, señalando que inventa lo que dice.
  • Es importante tener en cuenta dos aspectos: el primero, que hay gente entrenada a lo largo de los años para mentir que no caerán en los errores obvios.

El segundo, que la valoración de todas las expresiones corporales sólo puede hacerse en comparación con el nivel habitual del sujeto: si uno vacila habitualmente al hablar y no lo sabemos, podemos estar pensando que miente por un comportamiento que es natural en él.

Las pistas que no engañan y escapan del control del mentiroso son las relacionadas con la alteración fisiológica del cuerpo: respiración entrecortada, sudoración, enrojecimiento pero aun así los mentirosos compulsivos aprenden a no sentir la tensión de estas reacciones. A veces, sin darse cuenta, el que engaña da muchas más explicaciones de las solicitadas.

Y otra técnica consiste en decir la verdad de forma inverosímil para que no se crea (por ejemplo, admito haber pasado la noche fuera no con una, sino con tres mujeres, y describo una gran cantidad de detalles de la fiesta). CONSECUENCIAS DE LA MENTIRA.

  • Mentir no es neutro y tiene fatales consecuencias para las relaciones.
  • La confianza se teje poco a poco, y se rompe con una sola mentira.
  • Tras una mentira podemos obtener el perdón, pero seremos objeto de sospecha en adelante.
  • Se necesitarán muchas verdades y mucho tiempo para volver a merecer la confianza de aquel a quien hemos mentido.

Como afirmó Nietzsche, “lo que me preocupa no es que me hayas mentido, sino que de ahora en adelante ya no podré creer en ti”.1. un libro. El psicólogo Paul Ekman (Washington, 1934) ha dedicado una buena parte de su trabajo de investigación a la mentira.

En su libro ‘Cómo detectar mentiras’ (Paidós, 2005) nos ofrece una completa guía de cómo desenmascarar a los mentirosos, y en su página ‘web’ (www.paulekman.com) ofrece programas de entrenamiento para detectar las expresiones faciales.2. una teleserie. La serie ‘Miénteme’ (Antena 3) ofrece casos de investigación que son resueltos a partir de la capacidad de un grupo de expertos de detectar las mentiras a través de las microexpresiones faciales.3.

una película. ‘La cortina de humo’ es una excelente sátira sobre la mentira y el poder. Tras ser pillado ‘in fraganti’ en un desliz amoroso, el presidente de EE UU inventa una guerra en Albania para distraer a la prensa de su ‘affaire’. : Atrapar a los mentirosos

¿Cómo se define a una persona mentirosa?

Adjetivo –

Singular Plural
Masculino mentiroso mentirosos
Femenino mentirosa mentirosas

1 Se dice de la persona que falta a la verdad, que miente,

Uso: Se usa también como sustantivo. Sinónimos: embustero, aranero, mendaz, trolero, bulero, patrañero, mojonero (Venezuela, malsonante), cobero, Hipónimos : grupiento, embaucador, chivero, Hiperónimos : engañador, engañoso, falso,

¿Qué significa una persona mentirosa?

Adjetivo. Se dice de la persona que falta a la verdad, que miente. Uso: Se usa también como sustantivo. Sinónimos: embustero, aranero, mendaz, trolero, bulero, patrañero, mojonero (Venezuela, malsonante), cobero.

¿Qué dice Proverbios 12 22?

1 El que ama la disciplina ama el conocimiento, pero el que aborrece la a reprensión es un necio.2 El bueno alcanzará el favor de Jehová, mas él condenará al hombre de malos pensamientos.3 El hombre no se afirmará por medio de la maldad, pero la raíz de los justos no será removida.4 La mujer a virtuosa es corona de su marido, pero la que lo avergüenza es como podredumbre en sus huesos.5 Los pensamientos de los justos son justicia; los consejos de los malvados, engaño.6 Las palabras de los malvados son acechanzas para derramar sangre, pero la boca de los rectos los librará.7 Los malvados son derribados y ya no existen, pero la casa de los justos permanecerá firme.8 Según su sabiduría será alabado el hombre, pero el perverso de corazón será despreciado.9 Más vale el menospreciado que tiene quien le sirva que el que se jacta y carece de pan.10 El justo cuida de la vida de su bestia, pero los sentimientos de los malvados son crueles.11 El que labra su tierra se saciará de pan, pero el que va tras lo vano es falto de entendimiento.12 Desea el malvado la red de los malos, pero la raíz de los justos dará fruto.13 El malvado se enreda en la a transgresión de sus labios, pero el justo saldrá de la tribulación.14 Por el fruto de su boca el hombre se saciará de bien, y volverá a él la recompensa de sus manos.15 El camino del necio es recto ante sus propios ojos, pero el que escucha el consejo es sabio.16 El necio al punto da a conocer su ira, pero el prudente disimula la ignominia.17 El que dice la verdad declara justicia, pero el testigo falso, engaño.18 Hay quien habla como dando estocadas de espada, pero la lengua de los sabios es medicina.19 El labio veraz permanecerá para siempre; pero la lengua mentirosa, solo por un momento.20 Engaño hay en el corazón de los que maquinan el mal, pero alegría en el de los que aconsejan el bien.21 Ningún mal le acontecerá al justo, pero los malvados serán colmados de males.22 Los labios a mentirosos son abominación a Jehová, pero los que b actúan con verdad son su deleite.23 El hombre prudente disimula el a conocimiento, pero el corazón de los necios proclama la necedad.24 La mano de los a diligentes gobernará, pero la negligencia será tributaria.25 La congoja en el corazón del hombre lo abate, pero la buena palabra lo alegra.26 El justo es guía para su prójimo, pero el camino de los malvados los hace errar.27 El perezoso no asará lo que ha cazado, pero la posesión del hombre diligente es preciosa.28 En el camino de la a justicia está la vida, y en su senda no hay muerte.

¿Qué enfermedad es cuando una persona miente mucho?

Mitomanía en adolescentes| Inmens La mitomanía es un trastorno psicológico que consiste en repetir el acto de mentir de forma espontánea para conseguir atención, admiración o para justificarse. La mitomanía, también conocida como pseudología fantástica, es un trastorno psicológico que consiste en una conducta repetitiva del acto de mentir.

La persona mitómana suele mentir de manera espontánea con el fin de conseguir beneficios como atención, admiración o bien evitar un castigo. El tiende a encuadrarla dentro del trastorno de personalidad antisocial, puesto que se caracteriza por crisis emocionales y rasgos de personalidad. Aun así, no se considera una entidad aparte, puesto que no tiene una descripción acurada y es sintomática.

A menudo, la mitomanía puede ir acompañada por otros problemas. Un estudio de la Universidad de California observó que el 40% de los mitómanos sufría epilepsia y tenía antecedentes traumáticos o infecciosos (de dolencias como la meningitis que pueden tener un impacto en el desarrollo otras afecciones neuronales).