Valores Que Nos Enseña La Biblia?

Valores Que Nos Enseña La Biblia
El cuento enseña diferentes valores: solidaridad, altruismo, generosidad, com- prensión, tolerancia, justicia y autoestima.

¿Qué son los principios y valores bíblicos?

Son verdades infalibles y prácticas que se encuentran en la Palabra de Dios y pueden ser aplicados a la vida cotidiana tanto en lo personal como en lo laboral. Muestra la causa, origen o fuente de cualquier cosa. Dios creó al ser humano conforme su propia imagen.

¿Qué son los valores según Jesús?

¿Qué son valores cristianos? – Para entender más a fondo la importancia de los valores cristianos, debemos saber que un valor significa crecimiento. Cuando nos llenamos de emociones negativas que no nos ayudan a crecer como persona tan sólo nos alejaremos más de Dios.

  1. Los valores cristianos van regidos hacia las revelaciones religiosas de hace aproximadamente 2000 años atrás.
  2. Son aquellos que Dios ha querido mostrarnos para poder aprender de ellos y mejorar como personas.
  3. Los valores podrían considerarse un motor en la vida.
  4. Es necesario aprender y poner en práctica cada uno de ellos, ya que lo que brindamos al prójimo volverá multiplicado en bendiciones a nuestra vida.

El evangelio es importancia, la práctica del mismo también lo es. Debemos tener plenamente confianza en él. Es por ello que queremos darte las herramientas para que en casa puedas poner en práctica los valores necesarios para seguir en sintonía con Dios.

¿Qué significa el valor en la Biblia?

Qué es Valor: – Valor es un concepto amplio que puede referirse a una cualidad, una virtud o un talento personal ; al coraje o el descaro de una persona ; a la importancia, el precio o la utilidad de algo, así como a un bien o a la validez de una cosa,

puede tratarse de un talento especial: “Este chico será un valor de la ciencia”;de firmeza, coraje y valentía en las acciones: “Tuvo el valor de anteponer sus principios morales al dinero”;de una cualidad del ánimo para enfrentarse a empresas riesgosas: “No tengo valor para nadar 30 kilómetros en mar abierto”;o puede sencillamente emplearse en sentido despectivo, como osadía o desvergüenza: “Y todavía tuvo el valor de pedirme otro préstamo”.

Como valor también se denomina la importancia, utilidad, significación o validez que le atribuimos a una cosa, ya sea una acción, una idea, una palabra o un ser. Dentro del mundo de las finanzas, como valor también se conoce al título que representa una cantidad de dinero con la que se dispone para realizar operaciones comerciales.

¿Cuáles son los valores espirituales y religiosos?

Los valores son cualidades que permiten realizar una estimación de un sujeto o de un objeto, ya sea negativa o positiva. Religioso, por su parte, es aquello vinculado a la religión (el vínculo de fe que establecen los seres humanos con las divinidades y que puede incluir dogmas, rituales y otras cuestiones). Valores Que Nos Enseña La Biblia En ocasiones, los valores religiosos también son valores morales o éticos.

¿Cuáles son los valores y en qué consisten?

Los valores son los principios por los que se rige una persona, un grupo o una sociedad. Los valores son conceptos abstractos, pero se manifiestan en cualidades y actitudes que desarrollan las personas. Por ejemplo: autodominio, compasión, franqueza, integridad.

¿Cuáles son los valores que nos dejó Jesús de Nazaret?

La etica de jesus Una de las características determinantes de la personalidad de Jesús de Nazaret es su poder de convocatoria. Los relatos del evangelio reflejan repetidamente cómo la gente acudía en masa cada vez que Jesús se hacía presente en alguno de los pueblos y aldeas de Galilea.

Cómo en alguna ocasión era tal la cantidad de gente que lo rodeaba que su propia familia no pudo abrirse paso para acercarse a él. Otras veces, cuando quiso retirarse del bullicio de la multitud, y pidió a Pedro que lo llevase en la barca a un lugar más solitario, la multitud los siguió por tierra desde la costa del lago para reencontrarlo cuando desembarcase.

El origen de este poder de convocatoria, de este atractivo que la personalidad de Jesús despertaba en la población de Galilea partía de que, cómo decían los que le escuchaban, “enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas” (Mt 7,28), que se limitaban a repetir las lecciones y textos memorizados.

Esta originalidad personal de Jesús, al presentar su visión de Dios y de la religión, consistía en que no proponía un catálogo de obligaciones y prohibiciones. Jesús fue un fiel cumplidor de la ley. Así mismo fue un lector crítico de la ley. Crítico en el sentido de que puso de manifiesto los absurdos a que se podía llegar haciendo de la ley un lectura meramente literal, sin penetrar en el sentido subyacente a sus enunciados.

La frase de Jesús es significativa: “El sábado se ha hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado”, El mensaje que Jesús transmitía era una proclamación de valores superiores inspiradores de la vida del hombre en su camino hacia Dios. Las parábolas, mediante las cuales pretendió explicar en forma popular su personal concepción de la vida humana, no contienen obligaciones ni prohibiciones, sino planteamientos globales sobre el sentido y la razón de ser de la vida.

  1. El tesoro oculto con mayor valor que cualquier otra cosa, la semilla (palabra de Dios al hombre) que se pierde o fructifica, el samaritano que interrumpe su viaje para atender a un herido son formas globales de explicar por qué y para qué vivimos.
  2. Esta forma de expresarse fue la que a unos los entusiasmaba y a otros les causaba desconcierto.

Desconcierto que les llevó a pensar que Jesús era un personaje peligroso porque ponía en cuestión la doctrina dominante de los teólogos de la época (los escribas), incluso las estructuras de la organización religiosa del Templo de Jerusalén. Haciendo una síntesis de los valores que Jesús personalmente apreció, y pretendió transmitir a sus seguidores, pudiéramos subrayar tres fundamentales: la pobreza, la verdad, la misericordia.

Jesús fue amante de la pobreza, no de la miseria. En una sociedad dominada por poderosos terratenientes, por funcionarios del imperio o de los reyes subordinados al imperio, por la clase sacerdotal de los saduceos, que cobraban exacciones a las clases inferiores de campesinos y artesanos, Jesús se situó en este último grupo.

Sea su propia familia, sean las personas que incorporó a su grupo, pertenecían a este sector social de menor renta. Fue crítico respecto del comportamiento de la clase dominante de la época. No se puede servir a Dios y al dinero afirmó en cierta ocasión, otra vez dijo que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico se incorpore al proyecto del Reino de los Cielos, contrapuso la figura del rico que daba lujosos banquetes al pobre que no tenía donde caerse muerto.

El segundo valor de Jesús fue la verdad. La obsesión de Jesús por la verdad le llevó a distanciarse del grupo de los fariseos. Estos conservadores religiosos habían reducido las relaciones del hombre con Dios a ritos y normativas legales rigurosas. Les dijo claramente que lo que mancha al hombre no es comer carne de cerdo, de vacuno o de pollo.

Eso para Dios es insignificante. Lo que mancha al hombre son las intenciones que alberga en su corazón. Finalmente, la misericordia. El evangelio de Mateo resume en dos dimensiones la actividad de Jesús adulto. “Recorría Galilea proclamando el evangelio y sanando toda enfermedad, toda dolencia del pueblo” (Mt 4,23).

Después de la muerte y resurrección de Jesús, Pedro sintetizó su vida diciendo “pasó por el mundo haciendo el bien” (Hech 10,38). Todos los milagros de Jesús que relata el evangelio tienen una raíz de humanismo y de compasión. Enfermos desasistidos, viudas que pierden al hijo único, leprosos excluidos de los núcleos urbanos, mendigos al borde del camino, niños pequeños.

Se negó rotundamente a ejercer su poder taumaturgo en beneficio propio, ni para despertar la espectacularidad tirándose desde la explanada del Templo al barranco del arroyo Cedrón. Este fue Jesús de Nazaret. Solamente a través de El podemos llegar a hacernos idea de cómo es Dios.

¿Cuál es el valor fundamental que mueve la vida de Jesús?

Respuesta. El arrepentimiento mueve la vida de Jesús.

¿Cuáles son los principios y valores que nos presentan los Evangelios?

Los primeros principios y ordenanzas del Evangelio Los primeros principios y ordenanzas del Evangelio Capítulo 4 ¿Cómo podemos ser más fieles en la obediencia a los primeros principios y ordenanzas del Evangelio y perseverar hasta el fin? Llegar a ser puro y santo en el modo de vivir y de ser es el deseo de todo fiel Santo de los Últimos Días.

  1. El presidente Harold B.
  2. Lee enseñó que la manera de alcanzar la pureza y la santidad es aceptar los primeros cuatro principios y ordenanzas del Evangelio, que son: fe en el Señor Jesucristo, arrepentimiento, bautismo y recibir el don del Espíritu Santo; y, en seguida, perseverar hasta el fin en el cumplimiento de todos los mandamientos de Dios.

El presidente Lee dijo: “Las leyes de Dios que se han dado al género humano se encuentran plasmadas en el plan del Evangelio, y la Iglesia de Jesucristo tiene la responsabilidad de enseñar esas leyes al mundo. Las ha dado nuestro Padre Celestial con un solo fin: el de que ustedes que son gobernados por la ley sean también preservados por la ley y por ella sean perfeccionados y santificados (véase D.

  1. Y C.88:34).
  2. El máximo de todos los dones de Dios es ser salvos en Su reino”.
  3. Además, enseñó: “El conocimiento de Dios y de Jesús, Su Hijo, es fundamental para la vida eterna, pero el guardar los mandamientos de Dios debe preceder a la adquisición de ese conocimiento o inteligencia”.
  4. En este capítulo se trata la forma en que los primeros cuatro principios y ordenanzas del Evangelio y el perseverar hasta el fin en la rectitud nos conducen hacia la vida eterna.
See also:  Significado De Soñar Hacer Del Baño Frente A Alguien?

La fe aplicada a la religión es su principio básico y, en realidad, es la fuente de toda la rectitud que dirige al hombre en sus esfuerzos por obtener la vida eterna en el mundo venidero; se centra en Dios, quien, por medio de la fe, es reconocido como la fuente de todo poder y de toda sabiduría en el universo, y la Inteligencia que dirige “todas las cosas visibles e invisibles que evidencian Su sabiduría”.

Por la fe en Dios, entonces, ustedes también pueden llegar a estar en armonía con el Infinito y, mediante el poder y la sabiduría que obtengan de su Padre Celestial, utilizar los poderes del universo y valerse de ellos cuando los necesiten para solucionar los problemas que sean demasiado grandes para su fortaleza o inteligencia humanas.

¿Cómo cultivar esa fe? La respuesta es por medio del estudio, de las obras y de la oración. El apóstol Pablo hizo la pregunta: “¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quién les predique?” (Romanos 10:14). Nosotros debemos responder, ellos no pueden hacerlo.

La fe, entonces, sólo se recibe cuando se oye la palabra de Dios de labios de los que predican la verdad. La predicación de la verdad con respecto a Dios y Sus propósitos se ha comparado con el sembrar una semilla: si la semilla es buena, empezará a brotar y a crecer en el corazón de ustedes con las siguientes condiciones: Primero, que se plante en el rico y fértil suelo de la sinceridad y del verdadero deseo; segundo, que se cultive con el estudio y la investigación diligentes; y, tercero, que se riegue con el templado rocío espiritual y se le dé calor con los rayos de la inspiración que provienen de la humilde oración.

La cosecha de ese cultivo sólo la recoge quien actúa de acuerdo con las verdades que ha aprendido y reforma su vida de pecado, y llena sus días de resuelto comportamiento al guardar los mandamientos de Dios, en quien tiene fe, y al prestar servicio a su semejantes.

Por la fe los diez mandamientos del monte Sinaí se transforman de meras banalidades de filósofo en la voz resonante de autoridad desde lo alto, y las enseñanzas de los profetas vienen a ser la palabra revelada de Dios para guiarnos a nuestro hogar celestial Por la fe llegamos a entender que cualquier cosa que lleve en la vida a revitalizar la norma de Jesús: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” es para nuestro bien y para nuestro beneficio eterno aun cuando el proceso refinador suponga el castigo severo de Dios que todo lo sabe: “Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo”,

Todo hijo debe aprender que la fe necesaria para la perfección sólo se cultiva mediante el sacrificio, y si no aprende a sacrificar sus apetitos y sus deseos en obediencia a las leyes del Evangelio, no puede ser santificado ante el Señor. A fin de que el bien florezca, debe cultivarse y ejercitarse mediante la práctica constante, y, para ser verdaderamente recto, es preciso podar todos los días los crecimientos de lo malo en nuestro ser por medio del arrepentimiento diario del pecado Ahora bien, ¿qué pasos deben darse para recorrer el camino del arrepentimiento, de manera de ser dignos del perdón de Dios, mediante la redención del sacrificio expiatorio del Maestro, y de recibir los privilegios de la vida eterna en el mundo venidero? Nuestro Padre Celestial, con sabiduría universal, al prever que algunos caerían en pecado y que todos tendríamos necesidad de arrepentirnos, ha proporcionado en las enseñanzas de Su Evangelio y por conducto de la Iglesia el plan de salvación que describe el claramente definido camino del arrepentimiento.

  • Primero, los que hayan cometido pecados deben confesarlos: “Por esto sabréis si un hombre se arrepiente de sus pecados: He aquí, los confesará y los abandonará” (D.
  • Y C.58:43).
  • La confesión debe hacerse primero a la persona que haya resultado más perjudicada por sus actos.
  • Una confesión sincera no equivale tan sólo a admitir la culpa después de que la prueba se haya puesto en evidencia.

De haber “ofendido públicamente a muchas personas”, deberán reconocer su falta públicamente y ante quienes hayan ofendido a fin de que manifiesten su vergüenza, su humildad y buena disposición para recibir la merecida reprensión. De haber sido su acto secreto y de no haber perjudicado a nadie más sino a ustedes mismos, su confesión deben hacerla en secreto, a fin de que nuestro Padre Celestial que oye en lo secreto los recompense en público.

  1. Los actos que puedan afectar su condición en la Iglesia, o su derecho a privilegios o a ser avanzados en la Iglesia, deben confesarlos sin demora al obispo, a quien el Señor ha designado como pastor de cada rebaño y comisionado para que sea juez común en Israel.
  2. Él puede oír esa confesión en secreto y tratar el asunto con justicia y misericordia, como lo merezca el caso Después de la confesión, la persona que se encuentre en pecado debe poner de manifiesto los frutos de su arrepentimiento mediante obras buenas que compensen las malas o que las superen.

Debe esforzarse al máximo de lo que le sea posible por restituir debidamente lo que haya quitado o por reparar el daño que haya hecho. Quien así se arrepienta de sus pecados y se aparte totalmente de ellos, para no volver más a repetirlos, tiene derecho a la promesa de recibir el perdón de sus pecados, si es que no ha cometido el pecado imperdonable, como lo manifestó el profeta Isaías: “si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana” (Isaías 1:18).

Reconozcamos que todos hemos hecho algo que no debíamos haber hecho, o que no hemos cumplido con lo que debíamos haber cumplido. Todos, entonces, hemos cometido errores, por lo cual cada uno de nosotros tiene necesidad de arrepentirse. El diablo antiguo desea que piensen que si han cometido un error, ¿por qué no han de seguir cometiéndolo? Es Satanás que intenta decirles que no hay oportunidad alguna de volver atrás.

Pero ustedes deben volver el rostro hacia lo recto y, mediante el arrepentimiento, apartarse de lo malo que hayan hecho y no volver a cometerlo nunca más. El Señor ha dicho: “id y no pequéis más; pero los pecados anteriores volverán al alma que peque, dice el Señor vuestro Dios” (D.

  1. Y C.82:7).
  2. Si han cometido errores, hagan del día de hoy el comienzo de un cambio en su vida.
  3. Apártense de lo malo que hayan estado haciendo.
  4. El más importante de todos los mandamientos de Dios es aquel que les resulte más difícil de guardar hoy.
  5. Si se trata de falta de honradez, de falta de castidad, de falsedad, de no decir la verdad, hoy es el día para comenzar a esforzarse por vencerlo hasta que puedan superar esa debilidad.

Corrijan ese problema y en seguida encárguense del siguiente mandamiento que les resulte más difícil de cumplir. Ésa es la forma de santificarse: guardar los mandamientos de Dios. Cuando entramos en las aguas del bautismo, hicimos el convenio con el Señor de que haríamos todo lo que pudiésemos por guardar los mandamientos de Dios, con el entendimiento de que el Señor nos daría promesas, de que Su gloria sería aumentada para siempre jamás y de que permitiríamos que nuestra vida fuera dirigida, de tal manera que seríamos testigos de Dios en todo lugar hasta la muerte.

Ése fue el convenio que hicimos cuando fuimos bautizados miembros de esta Iglesia. El bautismo por inmersión para la remisión de pecados es para los que hayan llegado a la edad de responsabilidad, una preparación necesaria para comparecer ante nuestro Dios. Por ese medio llegan a ser “hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos” (Gálatas 3:26–27), o, en otras palabras, por medio del bautismo han recibido “poder para ser hijos e hijas de Dios”.

Por ese medio pueden aplicar a ustedes mismos la sangre expiatoria de Cristo, para que reciban el perdón de sus pecados y sean purificados sus corazones. Para ser dignos de ese perdón después de haber sido bautizados, deben humillarse, invocar a Dios todos los días y andar constantemente a la luz de las enseñanzas del Evangelio Sólo los que se arrepientan y sean bautizados para la remisión de sus pecados tendrán pleno derecho a reclamar la sangre expiatoria de la expiación del Señor.

  • El Salvador mismo fue bautizado por Juan el Bautista, como dijo Él, para ” toda justicia” (Mateo 3:15).
  • Si el Señor cumplió así, ¿qué pasa con nosotros? A Nicodemo se le dijo: “el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:5).
  • El Maestro no dejó ninguna duda en cuanto al porqué del bautismo que Él enseñó.
See also:  Soñar Con La Muerte De Alguien Lejano?

“Y nada impuro puede entrar en su reino; por tanto, nada entra en su reposo, sino aquellos que han lavado sus vestidos en mi sangre, mediante su fe, y el arrepentimiento de todos sus pecados y su fidelidad hasta el fin” (3 Nefi 27:19). Por esa razón Pedro amonestó a los que le oían: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38), porque por medio del bautismo efectuado por quien tenga autoridad, el que lo recibe en realidad puede, con sentido figurado, lavar sus vestidos en la sangre del Hijo de Dios, que expió los pecados de todos los que le reciben y entran por la puerta del redil por medio del bautismo.

  • Mas si no se arrepienten”, ha dicho el Salvador con claridad, “tendrán que padecer así como yo” (D.
  • Y C.19:17).
  • A todo miembro bautizado los élderes le han puesto las manos sobre la cabeza y, tras confirmarle miembro de la Iglesia, le han dicho: “Recibe el Espíritu Santo”.
  • En seguida, pueden haber repetido las palabras que el Maestro habló a Sus discípulos cuando les habló del Consolador, o sea, el Espíritu Santo, que había de venir: Te recordará todo.

Te enseñará todas las cosas. Te hará saber las cosas que habrán de venir. Entonces, si yo le estuviese confirmando a usted miembro de la Iglesia, le conferiría el don del Espíritu Santo, que siempre será lámpara a sus pies y guía a su camino, que le enseñará todas las cosas y le recordará todo, y le hará saber todas las cosas que habrán de venir.

  • El Señor dice: “Y éste es mi evangelio: Arrepentimiento y bautismo en el agua, tras lo cual viene el bautismo de fuego y del Espíritu Santo, sí, el Consolador, el cual manifiesta todas las cosas y enseña las cosas apacibles del reino” (D.
  • Y C.39:6).
  • Cuando un hombre tiene el don del Espíritu Santo, posee lo que es necesario para revelarle todo principio y ordenanza de salvación relacionados con el hombre aquí en la tierra.

Lo ideal es decir que, cuando la persona es bautizada en el agua y recibe las bendiciones del Espíritu por la imposición de manos, se ha efectuado en ella un nacer de nuevo. Es un nuevo nacimiento por motivo de que ha sido traída desde esa muerte espiritual a la presencia de uno de los miembros de la Trinidad, a saber, el Espíritu Santo.

Por eso, cuando a usted se le confirma, se le dice: “Recibe el Espíritu Santo”. Ese don se da al creyente que es fiel y que vive digno de reclamar esa bendición, el derecho de tener intercomunicación con uno de los miembros de la Trinidad y anular esa muerte espiritual. El bautismo por inmersión simboliza la muerte y la sepultura del hombre de pecado, y el salir del agua, la resurrección a una nueva vida espiritual.

Después del bautismo, se ponen las manos sobre la cabeza del creyente bautizado y éste es bendecido para recibir el Espíritu Santo. De ese modo, el que ha sido bautizado recibe la promesa o don del Espíritu Santo, o sea, el privilegio de ser llevado nuevamente a la presencia de uno de los miembros de la Trinidad; por su obediencia y fidelidad, el que así es bendecido puede recibir la orientación y la guía del Espíritu Santo en lo que haga y diga todos los días, aun como Adán, en el Jardín de Edén, anduvo y habló con Dios, su Padre Celestial.

  1. Recibir esa orientación y guía del Espíritu Santo es nacer de nuevo espiritualmente.
  2. En los principios básicos del Evangelio —fe, arrepentimiento, bautismo y el recibir el Espíritu Santo, mediante cuyo poder todas las cosas pueden ser reveladas—, podremos comenzar a comprender lo que el profeta José Smith posiblemente quiso decir cuando, en una ocasión en la que le preguntaron por qué esta Iglesia era diferente de todas las demás Iglesias, él respondió que lo era porque tenemos el Espíritu Santo.

Cuando se tiene ese poder por el cual todas las cosas pueden ser reveladas, se puede establecer la plenitud del Evangelio de Jesucristo. ¿Cuáles son las leyes y los medios por los cuales recibimos ? Y bien, tenemos los primeros principios y ordenanzas del Evangelio: fe, arrepentimiento, bautismo y el Espíritu Santo; y en el reino de Dios hay leyes que nos enseñan el camino que conduce a la perfección.

  1. Cualquier miembro de la Iglesia que esté aprendiendo a vivir con perfección cada una de las leyes que hay en el reino está aprendiendo la manera de llegar a ser perfecto.
  2. No hay ningún miembro de esta Iglesia que no pueda vivir la ley, cada ley del Evangelio, con perfección.
  3. Todos podemos aprender a hablar con Dios en oración.

Todos podemos aprender a vivir con perfección la Palabra de Sabiduría. Todos podemos aprender a santificar el día de reposo con perfección. Todos ustedes pueden aprender a guardar la ley del ayuno con perfección. Sabemos de qué forma guardar la ley de castidad con perfección.

  • Ahora bien, al aprender a guardar una de esas leyes de un modo perfecto, nos encontramos en el camino que conduce a la perfección.
  • Podrían ustedes preguntarme: ¿Cómo se santifica uno, cómo se hace uno santo de manera de que esté preparado para andar en la presencia del Señor? El Señor dice lo siguiente: “Y además, de cierto os digo que lo que la ley gobierna, también preserva, y por ella es perfeccionado y santificado” (D.

y C.88:34). ¿Qué ley? Las leyes del Señor que se encuentran en el Evangelio de Jesucristo; el guardar esas leyes y ordenanzas constituye el medio por el cual somos purificados y santificados. El guardar cada una de las leyes que el Señor nos ha dado es un paso que nos acerca más al recibir el derecho de entrar un día en la presencia del Señor.

En otra revelación nos ha dado la fórmula mediante la cual podemos prepararnos a medida que vayan pasando los años: “De cierto, así dice el Señor: Acontecerá que toda alma que deseche sus pecados y venga a mí, invoque mi nombre, obedezca mi voz y guarde mis mandamientos, verá mi faz y sabrá que yo soy” (D.

y C.93:1). Sencillo, ¿no es así? Pero presten atención una vez más. Todo lo que tienen que hacer es desechar sus pecados, venir a Él, invocar Su nombre, obedecer Su voz y guardar Sus mandamientos, y entonces verán Su rostro y sabrán que Él es. Ésta es la obra del Señor y cuando Él da un mandamiento a los hijos de los hombres, prepara la vía para que cumplan ese mandamiento.

  1. Si Sus hijos hacen todo lo que pueden por ayudarse a sí mismos, el Señor bendecirá sus esfuerzos.
  2. El Señor espera que hagamos todo lo que podamos por salvarnos nosotros mismos, y después de que hayamos hecho todo lo posible por salvarnos nosotros mismos, podremos apoyarnos en las misericordias de la gracia de nuestro Padre Celestial.

Él dio a Su Hijo para que, por medio de la obediencia a las leyes y las ordenanzas del Evangelio, pudiéramos obtener nuestra salvación, pero no sino hasta que hayamos hecho todo lo hayamos podido por nosotros mismos. El Señor da a cada uno de nosotros una lámpara para llevar, pero el que tengamos o no aceite en nuestra lámpara depende exclusivamente de cada uno.

  • El que guardemos los mandamientos y nos proveyamos del aceite necesario para iluminar nuestro camino, así como para guiarnos en nuestro recorrido, depende de cada uno de nosotros en forma individual.
  • No podemos depender de nuestra calidad de miembros de la Iglesia para suministrar aceite para nuestra lámpara, ni tampoco podemos depender para ello de un linaje ilustre.

El que tengamos o no aceite para nuestra lámpara, repito, depende única y exclusivamente de cada uno de nosotros; eso queda determinado por nuestra fidelidad en el cumplimiento de los mandamientos del Dios Viviente. Todos los principios del Evangelio y todas las ordenanzas del Evangelio no son más que una invitación al aprendizaje del Evangelio mediante la práctica de sus enseñanzas.

Eso es todo lo que son: una invitación a venir a ponerlas en práctica a fin de que puedan saber A mí me parece claro que bien podríamos decir que en realidad no llegamos a conocer ninguna de las enseñanzas del Evangelio sino hasta que las hayamos experimentado una por una al vivirlas. En otras palabras, aprendemos el Evangelio cuando lo vivimos.

El mejor mensaje que el que se encuentre en este lugar podría dar a los miembros de la Iglesia es el de guardar los mandamientos de Dios, puesto que en ello yace la seguridad de la Iglesia y la seguridad de la persona, individualmente. Guarden los mandamientos.

  • ¿Cómo podemos cultivar una mayor fe en el Señor Jesucristo? ¿Por qué la fe nos ayuda a vivir los mandamientos en lugar de tomarlos a la ligera? ¿En qué ocasión su fe en Dios les ha permitido “solucionar problemas que hayan sido demasiado grandes para su fortaleza o inteligencia humanas”?
  • ¿Por qué es importante la confesión para el proceso del arrepentimiento? ¿Por qué debemos comenzar hoy a arrepentirnos de nuestros pecados y cambiar nuestra vida en lugar de postergar nuestro arrepentimiento para después?
  • ¿En qué forma “con sentido figurado, lavamos nuestros vestidos en la sangre del Hijo de Dios”?
  • Según el presidente Lee, ¿en qué forma el recibir el don del Espíritu Santo nos hace vencer la muerte espiritual? ¿Qué podemos hacer para recibir más plenamente la orientación y la guía del Espíritu Santo “en lo que hagamos y digamos todos los días”?
  • ¿Qué se nos enseña en Doctrina y Convenios 93:1 acerca de la importancia de perseverar hasta el fin en el cumplimiento de los mandamientos?
  • ¿De qué forma el vivir una enseñanza del Evangelio en particular le ha servido a usted para saber que es verdadera?
See also:  Que Significa Soñar Que Alguien Te Reemplaza?

Notas

  1. The Teachings of Harold B. Lee, editado por Clyde J. Williams, 1996, pág.19.
  2. ” ‘And This Is Life Eternal’ “, Relief Society Magazine, abril de 1950, pág.225.
  3. Decisions for Successful Living, 1973, págs.75–76.
  4. ” ‘Put on the Whole Armor of God’ “, Church News, 30 de mayo de 1942, pág.8.
  5. “For Every Child, His Spiritual and Cultural Heritage”, Children’s Friend, agosto de 1943, pág.373.
  6. Decisions for Successful Living, págs.94, 98–99.
  7. The Teachings of Harold B. Lee, pág.115.
  8. The Teachings of Harold B. Lee, pág.82.
  9. Discurso pronunciado para la “Mutual Improvement Association”, 1948, pág.5, Archivo General del Departamento Histórico, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
  10. Decisions for Successful Living, págs.116, 118.
  11. Stand Ye in Holy Places, 1974, págs.316–317.
  12. Discurso pronunciado en una conferencia para la juventud celebrada en Billings, Montana, el 10 de junio de 1973, pág.4, Archivo General del Departamento Histórico, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
  13. Stand Ye in Holy Places, pág.51.
  14. Discurso pronunciado durante la convención de seminarios en Jordan, el 26 de febrero de 1947, pág.5, Archivo General del Departamento Histórico, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
  15. The Teachings of Harold B. Lee, pág.95.
  16. Discurso pronunciado durante el seminario para los nuevos presidentes de misión, celebrado el 29 y el 30 de junio de 1972, pág.5, Archivo General del Departamento Histórico, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
  17. Discurso pronunciado durante una conferencia de distrito celebrada en Lima, Perú, el 1° de noviembre de 1959, págs.6–7, Archivo General del Departamento Histórico, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
  18. The Teachings of Harold B. Lee, pág.166; dividido en párrafos.
  19. En “Conference Report”, Conferencia de Área de Munich, Alemania, 1973, pág.7.
  20. En “Conference Report”, octubre de 1951, pág.30.
  21. “Learning the Gospel by Living It”, discurso pronunciado en la conferencia anual de la Primaria número 52, realizada el 3 de abril de 1958, pág.3, Archivo General del Departamento Histórico, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
  22. Ensign, agosto de 1972, cubierta posterior.

: Los primeros principios y ordenanzas del Evangelio

¿Cuál es el valor del ser humano según la Biblia?

El hombre, imagen de Dios, es un reflejo del misterio de Dios mismo y en la esencia más profunda de su espíritu transforma visiblemente quien es como Dios es, es decir persona pura en perfecto amor y libertad. El hombre es una criatura libre, a quien el Creador le dio la capacidad de amar.

¿Cuál es el significado de los valores?

Sabemos que el significado de valor es el grado de estimación que se le tiene a una persona o cosa, también la cualidad o característica que posee una persona o un Page 3 VALORES UNIVERSALES objeto y que lo hace estimable.

¿Que se entiende por un valor?

1.m. Grado de utilidad o aptitud de las cosas para satisfacer las necesidades o proporcionar bienestar o deleite.

¿Cuáles son los valores espirituales y religiosos?

Los valores son cualidades que permiten realizar una estimación de un sujeto o de un objeto, ya sea negativa o positiva. Religioso, por su parte, es aquello vinculado a la religión (el vínculo de fe que establecen los seres humanos con las divinidades y que puede incluir dogmas, rituales y otras cuestiones). Valores Que Nos Enseña La Biblia En ocasiones, los valores religiosos también son valores morales o éticos.

¿Qué valores debemos vivir los cristianos para sentirnos parte de la familia?

Los valores del reino de Jesús Hoy, último domingo del año litúrgico, la Iglesia celebra la festividad de Jesucristo Rey del Universo. Una festividad de alto contenido teológico, pero que aún no ha llegado a ser una fiesta popular, ni parece que tenga especial significación para la espiritualidad de la gran mayoría de los cristianos.

Y es que el título de «rey» aplicado a Jesús, tropieza con dos dificultades: primera, la secular «mundanización»; segunda, el exagerado «misticismo». El título de rey es un título secular que, además, está asociado, en la mentalidad de mucha gente, a las antiguas monarquías absolutas. Por eso, aplicarle a Jesús el título de «rey» tiene el peligro de evocar el poder político que tuvo la religión de Israel y el poder temporal que, desde el emperador Constantino, la Iglesia ha ejercido con tanta frecuencia.

Y el exagerado «misticismo» se puede dar en aquellas personas que, cuando piensan en Jesucristo Rey, lo ven clavado en la cruz y asocian la cruz solamente con el sufrimiento y no con «la lucha contra el sufrimiento». Jesús murió crucificado, no porque Dios quiere el sufrimiento, sino porque no lo quiere.

  1. Jesús vivió para hacer el bien y aliviar el dolor del mundo.
  2. Eso, llevado hasta las últimas consecuencias, es lo que llevó a Jesús a la cruz.
  3. La fiesta de hoy nos invita a contemplar la realeza de Cristo y los valores de su reino.
  4. «El reinado de Dios consiste -nos dice el obispo de la diócesis, Demetrio Fernández, en su carta semanal- en el desbordamiento del amor de Dios sobre los hombres, en el amor a toda la humanidad, sin excluir a nadie.

Un amor que brota del corazón de Dios y se ha hecho carne en el corazón de Cristo. Un amor que no busca el dominio despótico, ni ejerce la violencia, ni tiene a su servicio los ejércitos y las armas de guerra, sino un amor que se propone para que el hombre libremente corresponda por su parte con un amor del mismo calibre.

El amor de Dios es un amor provocativo de nuestro amor, al que libremente se responde, dejando que Dios reine en nuestro corazón». Esta es la esencia de la fiesta de Cristo Rey. Y estos son los valores de su reino: verdad, amor, justicia y libertad. La verdad nos hará libres; el amor nos unirá como hermanos; la justicia nos hará solidarios; y la libertad nos hará sentirnos «hijos de Dios».

El reinado de Cristo no es la imposición de una monarquía en la sociedad, es el afianzamiento de la fe en Jesús, el único que salva. Tras épocas en que la imagen de Jesucristo Rey del Universo acercaba a la Iglesia a los poderosos de este mundo, las palabras y los gestos del Papa Francisco nos han ayudado a restituir esta imagen a su justo lugar: «Los pobres, los mendigos, son los protagonistas de la historia.

  1. En mitad de un mundo que duerme agazapado entre pocas certezas, los humildes preparan «la revolución de la verdad».
  2. El poeta Carlos Aganzo, en su libro Arde el tiempo, pone en labios de Jesús esta plegaria, desde la cruz: «¿Cómo has podido, Padre,/ dejarme aquí tan solo,/ oyendo únicamente la voz de los soldados/ que se juegan mi túnica/ y ese sordo lamento/ de los que esperan la muerte/ sin remisión posible?/ ¿Por qué este aliento amargo/ de hiel que hay en mi boca/ rota de ángel caído?».

Pero será ese amor de Cristo Rey, implantado en una nueva «civilización», la «civilización del amor», la que salve a la humanidad. : Los valores del reino de Jesús

¿Cuáles son los principios de los cristianos?

¿Qué es el cristianismo? – El cristianismo es una de las religiones más grandes del mundo con seguidores en todo el mundo. Los cristianos creen que Jesús era Dios y siguen un código de ética establecido en su libro sagrado, La Biblia. La religión tiene raíces en el judaísmo, toma influencias de la historia romana temprana y tiene muchas facciones diferentes bajo el mismo paraguas.

  1. Es parte de las religiones abrahámicas, que también incluye el Islam.
  2. Después de la muerte de Jesús, la religión cristiana comenzó siendo pequeña, pero pronto se extendió por las sociedades griegas y romanas.
  3. Gran parte de la forma del mundo sucedió debido a la historia cristiana y su interacción con otras religiones importantes de la época y después.

Hay muchas escuelas diferentes de cristianismo, pero el principio definitorio sigue siendo la creencia en un dios en la forma de la Trinidad (Padre, Hijo y El Espíritu Santo), la creencia de que Jesús era dios (también conocido como el hijo de dios), y que uno debe aceptar que Jesús era Dios para estar con Dios en la vida eterna.

¿Qué son los principios y los valores?

Los principios son el conjunto de valores, creencias, normas, que orientan y regulan la vida de la organización. Son el soporte de la visión, la misión, la estrategia y los objetivos estratégicos. Estos principios se manifiestan y se hacen realidad en nuestra cultura, en nuestra forma de ser, pensar y conducirnos.